¿Por qué todo es tan complicado? (El caos de Beca 2) ¿Me la aguantas un momento?
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¿Me la aguantas un momento?

Ya en casa, nos sentamos en el sofá, con Calcetines entre los dos. Nico le acariciaba el lomo y yo miraba cómo subía y bajaba su pecho, contando respiraciones en mi cabeza para tranquilizarme un poco.

Durante un buen rato, Calcetines estuvo apático, hasta que por fin bebió agua. Al principio tomó un poco y luego lo hizo con ganas. Luego, al darle mimos, empezó a mover un poco la cola.

—Parece que está mejor, ¿no? —Suspiré aliviada.

¡Menos mal!

—Sí —dijo Nico—. Está claro que le ha sentado bien la medicación.

Un ratito más tarde ya era él otra vez: metiendo el hocico en los bolsillos, pidiendo juego. Nico lo abrazaba, le daba besos en el morro, le hablaba bajito… casi en secreto.

Yo me quedé mirándolos, a los dos. No en plan raro, sino como con…, no sé, ¿cariño? Me fijé en que a Nico se le escapaba una sonrisa tonta cada vez que Calcetines hacía algo absurdo y yo sentí que me deshacía por dentro.

Y mientras lo miraba, casi sin darme cuenta empezaron las preguntas, todas a la vez.

¿Y si aprovechaba para preguntarle si sentía algo por mí?

Algo en plan «distinto». Algo como lo que sentía yo.

Y ¿qué era eso exactamente? Nico me gustaba.

Pero ¿me gustaba en plan «me gustas, Nico» o «quiero salir contigo, Nico»?

¿Y si se lo decía y me miraba con cara de «¿qué dices?

»? ¿Y si quedaba raro y ya no volvíamos a tener un momento especial como este nunca más?

Varios de nuestros recuerdos se entrelazaron en mi mente en plan flashback de peli: su cara riéndose, sus hoyuelos, nuestro beso… Y, no sé…, me pregunté: «¿Y si se lo pido ahora?».

Justo entonces levantó la vista y, sin querer, se encontró con la mía. La sostuvo, como si supiera qué estaba pensando. Duró nada, un segundo o menos, pero fue suficiente para que sintiera que, si no lo hacía en ese momento, me iba a arrepentir.

Y nunca antes me había sentido con esas ganas de decírselo.

Así que me quité la goma con la que me había hecho una coleta cutre en el veterinario y se la di. La idea era decirle algo claro, tipo «me gustas» o «¿quieres salir conmigo?», pero no me salió ninguna frase normal. Solo dije:

—¿Me la aguantas un momento? —con voz de ardilla deprimida, como siempre.

Nico me miró sorprendido, y la cogió… sin más.

En ese instante llegó mi padre. Me separé corriendo, sintiendo que me ardían las mejillas. ¿Por qué había dicho eso?

—Hola, papá —dije, mientras Calcetines saltaba a saludarlo. Casi parecía que no le había pasado nada.

—Eh, campeón…, ¿qué tal estás? —lo saludó, agachándose—. He venido en cuanto he podido.

—Está mucho mejor —expliqué—. Ha bebido agua y creo que ya quiere jugar.

Calcetines, como si me hubiera entendido, cogió su pelota favorita y se la llevó. Todos sonreímos.

—Gracias por todo —le dijo mi padre a Nico—. De verdad, ahora pasaré a hablar con tu madre.

—No ha sido nada —respondió él—. Mi hermana se ha enamorado de Calcetines, por cierto. Dice que quiere venir cada día a verlo.

Mi padre soltó una carcajada. Nico se levantó y metió la mano en el bolsillo. Pensé: «Vale, ahí está mi goma. Me la va a devolver y ya está. Es solo el universo riéndose de mí».

—Bueno…, yo me voy ya —dijo Nico, guiñándome un ojo—. Cuida de él.

¿Qué?

—Gracias —respondí—. En serio.

Me miró un segundo más, asintió y se fue.

A partir de ahí, mi cabeza decidió no darme tregua. Como si alguien hubiera subido el volumen del agobio al máximo.

Dormí fatal, me desperté pensando en la goma y pasé la mañana del domingo a la espera, mirando el móvil más de lo normal, fingiendo que no lo estaba mirando.

Hasta que, sobre las diez o así, recibí un mensaje de Nico. El corazón me dio un vuelco. «Vale, ahora sí. Ahora me va a decir algo».

Pero no.

Nico

Como llueve, hoy no paseo a los perros. ¿Cómo está Calcetines?

Lo leí dos veces. Luego otra.

Yo

Bien, mucho mejor.

Y ya está.

Ahí empezó la segunda fase de la rayada, más silenciosa pero más intensa, de esas que no hacen ruido, pero no se van. Poco a poco, mi agobio se fue ordenando en una lista.

Encima no paró de llover en todo el día.

1. ¿Decir «¿Me la aguantas un momento?» cuenta como intento de declaración o como el peor fallo de comunicación de la historia?

2. ¿Le tendría que haber dicho «me gustas» y ya está, aunque me diera un infarto ahí mismo?

3. ¿Ahora estamos igual que antes? ¿Peor? ¿Mejor? ¿O en un punto nuevo que todavía no sé cómo se llama?

4. ¿Nico se ha quedado con la goma porque sí… o porque significa algo?

5. ¿Y si no se ha enterado de nada y me he montado una película nivel ÓSCARS?

6. ¿Y si lo peor después de atreverte no es el rechazo, sino el silencio?

7. ¿Y por qué, cuando por fin haces algo valiente, lo siguiente siempre es esperar?