¿Por qué todo es tan complicado? (El caos de Beca 2) Nuestro San Valentín
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Nuestro San Valentín

El resto de la semana fue bastante intenso: clases, deberes, exámenes… Entré en una especie de modo organización máxima, porque me di cuenta de que venían dos fines de semana seguidos sin parar: el de San Valentín y el de la fiesta.

¡Me moría de ganas!

En cuanto escucharon la música con la que las esperaba, les dio la risa: una playlist oficialmente terrible de canciones de amor nivel pastelada, de esas que te dan vergüenza ajena pero que, por alguna razón inexplicable, te sabes enteras.

Se giraron hacia el sofá y entonces ya fue imposible no reírse más. Detrás había montado un photocall cutre, con corazones de cartulina, un cartel que ponía «LOVE MODE ON» y las luces envueltas en papel celofán rosa para que dieran una luz bien cursi.

—Esto es horrible —dijo Andrea.

—Gracias —respondí—. Ese era el objetivo.

Encima del sofá había dejado el cojín en forma de corazón que me regaló mi madre y al lado, una diadema con antenas acabadas en corazones.

Noa la cogió.

—Andreaaaa…

—Ni se te ocurra.

—Andrea —repitió Bel—, te pega muchísimo.

—Os odio un poco —dijo ella, riéndose—. Pero esperad.

Se metió las manos en los bolsillos y sacó unos coleteros con corazones de purpurina, exagerados y absurdos.

—¡¡Son horrorosos!! —exclamamos todas.

—Perfecto —contestó Andrea—. Yo la diadema y vosotras las gomas.

Ahí nos vinimos arriba, con el sentido del ridículo completamente desactivado. Nos pusimos las cosas, subimos el volumen y empezamos a hacernos fotos sin pensar: borrosas, torcidas, con caras raras, abrazadas. Lloramos tanto de la risa que acabamos agotadas.

—Esperad, esperad —dije cuando estábamos tiradas en el sofá—. Ahora viene lo mejor.

Saqué la mini impresora de fotos que le había pedido prestada a mi padre.

—He pensado que este San Valentín tiene que quedar registrado en el cuaderno.

—Qué chulada —comentó Noa—. Pero si vamos a escribir sobre este día…, yo he traído algo.

¡Por supuesto!

Entonces abrió su mochila y sacó unas pegatinas superhorteras, con nuestros nombres rodeados de purpurina: Beca, Isabel, Andrea y Noa.

—Perdón —dijo, mirando a Bel—, el día de San Valentín te llamas con tu nombre de reina de Inglaterra.

—Nooo —protestó Bel—. Entonces vais a tener que comprarme una corona.

Entre risas, nos colocamos alrededor del móvil para elegir las fotos del día.

—Esa no.

—Esa menos.

—Vale, esa es patética…, pero se queda.

Noa cogió el cuaderno azul y escribió con su letra preciosa, despacio, ocupando casi toda la hoja:

LAS CHICAS DEL CAOS. 14 DE FEbrERO

Nos pusimos a pegar las fotos debajo, torcidas a propósito, y alrededor las pegatinas hasta que quedó genial. Entonces levanté el cuaderno un poco para que lo viéramos desde lejos y algo cayó al suelo.

Noa tardó un segundo en agacharse para recoger un papel doblado.

—Esto no es nuestro.

Me lo tendió. Reconocí la letra en cuanto lo abrí.

¡Hola!

Me he autoinvitado a este cuaderno un poco por la cara, lo sé.

Solo quería daros las gracias por cuidar de Beca y por este sitio tan guay que habéis montado.

Beca habla de vosotras sin parar, y eso se nota: sois un grupo muy muy top.

Ojalá algún día pueda conoceros en persona.

Lucy

Jo, qué mona es Lucy

Andrea fue la primera en hablar.

—Yo creo que esta carta también debería de ir aquí —dijo, señalando el cuaderno.

—Claro —añadió Bel.

—¡Lucy inaugura la sección de invitados de honor! —exclamó Noa, sonriente.

Entonces sonó el móvil de Andrea.

—Es mi madre —dijo—. Nos recoge a las once y media.

—Pensé que nos recogía a las doce —dijo Noa.

—Ya…, pero es que mañana tengo práctica de baile para la muestra de fin de curso —explicó, encogiéndose de hombros.

—¡Otra vez! —protestó Bel.

—Sí, tía, y me da una pereza… Últimamente tengo cada vez menos claro lo del conservatorio. Antes no me lo planteaba tanto, pero ahora…, no sé. Es que estoy cansada. Además, cuando hablo con Claudia me lío más. Ella está supercontenta desde que lo dejó y me hace pensar.

—Tengo ganas de verla en la fiesta —dijo Bel—. Parecía muy maja.

Andrea asintió.

—Este va a ser el trimestre de los reencuentros, ¿eh, Bel? —dijo Noa con una sonrisita maliciosa.

Bel levantó una ceja.

—¿Lo dices por Jorge o qué?

—Efectivamente —respondió Andrea, poniendo caritas—. ¡Volvéis a saludaros en el insti!

—Eeeeh… sí —murmuró Bel, algo tímida—. Además…, coincidimos en los entrenos, hablamos, en plan normal. No pongas caras, Noa. Somos amigos.

Noa y yo soltamos una carcajada.

—Tengo ganas de verlo en tu cumple —apuntó Andrea.

—Por cierto, tengo algunas dudas con la fiesta. ¿Pedimos las pizzas y me ayudáis?

Más tarde nos sentamos en el suelo del garaje, con las pizzas humeantes y las manos llenas de servilletas. Entre bocado y bocado, la conversación giró en torno a la fiesta; nuestra primera fiesta de verdad, juntas.

¡Qué ganas!

—Vale —dijo Andrea—. Entonces… ¿qué hace que una fiesta salga bien?

—Hagamos una lista —sugerí.

COSAS IMPRESCINDIBLES PARA QUE LA FIESTA SEA TOP:

1. Música.

Una playlist de buen rollo total.

2. Luces.

3. Comida suficiente.

Que todo esté rico.

4. Que nadie se quede solo.

Si vemos a alguien perdido, lo rescatamos.

5. No pensar demasiado.

6. Bailar aunque nos dé vergüenza.

Eso va por ti, Beca.

Ja, ja, qué graciosas.

7. Que pase algo que luego queramos recordar.

Y lo recordemos siempre .

Seguimos hablando de la fiesta hasta que se marcharon. Ayudamos a Bel con las decoraciones y creamos la playlist , a la que añadimos un par de canciones lentas. Nos metimos con Bel y le dijimos que tenía que bailarlas con Jorge. Andrea sonrió y pidió bailar una lenta con cada una de nosotras.

Las sobras de las pizzas se enfriaron. Calcetines entró en el garaje y se quedó dormido, acurrucado a mi lado. Seguimos riendo y gastando bromas que solo podíamos entender nosotras.

Fue un San Valentín perfecto.