Vamos avanzando
Horas más tarde, cuando Lucy me mandó el mensaje de «Ya estoy en casa», me quedé mirando el móvil un segundo más de la cuenta. Estaba en mi cuarto, sentada en la cama, con la puerta medio abierta, escuchando a mi padre trastear en la cocina.
Respiré hondo y me asomé a la escalera.
Estaba supernerviosa
—Papá, ¿puedes subir un momento?
Subió enseguida, con su cara de «algo pasa».
—¿Todo bien?
—Más o menos —dije—. Tengo que contaros una cosa a mamá y a ti.
Me senté en la cama e inicié una videollamada.
Mamá apareció en la pantalla con el pelo recogido de cualquier manera y cara de cansada, pero en cuanto me vio, sonrió.
—Hola, mi amor.
—Hola, mamá —dije—. Quiero contaros algo, aunque no sé muy bien cómo empezar.
Mi padre se sentó a mi lado, sin decir nada.
—Es sobre Instagram —solté al final—. ¿Sabéis que me dijisteis que no podía tener una cuenta? Pues… la creé igualmente. Con Lucy. —Mis padres cambiaron de expresión; parecían molestos. Iban a decir algo, pero los corté—: Y eso no es todo. Ojalá…
Mamá dejó de sonreír, pero no frunció el ceño. Ahora parecía más preocupada.
—Cuéntanos.
Entonces lo dije todo. El perfil falso, las fotos, el miedo, Lucy, lo de no haber dicho nada antes. Hablé rápido, atropellándome un poco, jugueteando con el cordón de la sudadera, como si así me fuera a costar menos. No lloré, pero se me hizo un nudo en la garganta y me agobié bastante, la verdad.
—Sé que me prohibisteis tener Instagram —añadí al final—, y lo siento mucho.
Hubo un silencio. Mi madre fue la primera en hablar.
—Gracias por contarlo —dijo—. De verdad.
No fue un gracias enfadado. Fue un gracias de esos que pesan.
Me supo fatal
Mi padre me dio la mano.
—Nos habría gustado saberlo antes —señaló—. Porque para esto estamos.
—Ya… —dije—. Lo siento.
—No pasa nada —respondió mi madre—. Bueno, sí pasa, pero lo arreglaremos. Juntos.
Mi padre asintió.
—Creo que tú misma ya has descubierto por qué te decíamos que las redes son complicadas.
—Pobre Lucy… —dijo mi madre.
No hubo bronca. Hubo otra cosa peor y mejor a la vez: decepción. No en plan drama, sino en plan «algo no hemos hecho bien si habéis sentido que teníais que engañarnos». Me lo dijeron así, tal cual, y dolió un poco, pero también tenía sentido.
—Vamos a ayudarla —decidió mi madre—. A Lucy. No puede cargar con esto sola.
—Hablaremos con sus padres —añadió mi padre—. Entre adultos veremos qué es lo mejor.
Estuvimos hablando un buen rato. De Instagram, de las fotos, de los riesgos, de confiar más en ellos. No me prohibieron la cuenta en ese momento, pero dejaron claro que ahora tocaba hacerlo todo con cabeza y acompañada.
Cuando iba a escribirle a Lucy, me llegó un audio suyo. Tenía la voz un poco temblorosa.
Lucy
Beca…, ya se lo he contado. Ha ido bien. No genial, pero bien. Mi madre está seria, pero en plan escuchar, no en plan bronca. Está muy preocupada… Por cierto, dice que gracias por apoyarme estas semanas.
Sin decir nada más, supe que lo que tenía que pasar ya estaba pasando. Que ya no había vuelta atrás.
Un rato más tarde, cuando todo se calmó un poco, Lucy y yo volvimos a escribirnos.
Lucy
Tía, qué alivio. Ojalá te hubiera hecho caso. Tendríamos que haberlo contado antes.
Yo
Sí…, pero bueno, lo importante es que al final lo hemos hecho.
Lucy
Ya. Y paso de usar Insta, al menos durante una temporada. He borrado la app.
Lucy
De verdad, siento como si me hubiera quitado un peso enorme de encima.
Lucy
Y en parte es gracias a ti, Beca. Te quiero un montón.
Yo
Y yo.
Yo
Y qué top habernos visto este finde. Me hacía falta.
Lucy
A mí también. Mucho.
Yo
¿Nos prometemos no tardar tanto la próxima vez?
Lucy
Prometido. Dos horas y media no son nada.
Lucy
Gracias por estar siempre.
Yo
Siempre
La verdad es que me quedé tranquila. Ya no porque todo estuviera resuelto, sino porque por fin nuestros padres estaban al mando.
Esa misma tarde habían reportado la cuenta, hablaron con la policía, pusieron una denuncia… Lucy borró todas las fotos de su antiguo móvil y, tal y como le aconsejaron en la comisaría, al día siguiente cambió de número, por si acaso, para que nadie pudiera volver a tener acceso a nada suyo.
Nos dijeron que en un máximo de setenta y dos horas la cuenta quedaría completamente bloqueada y nunca sabríamos quién había sido ni por qué, pero dejaría de existir. Ya no podrían subir nada más.
Por suerte, todo terminaría pronto
Me pasé el resto de la tarde con la guitarra, pensando en Lucy, en lo que había pasado… Estaba aliviada porque todo hubiera terminado, y aproveché esas emociones para seguir escribiendo mi canción. Me sirvió, porque pude sacar algunos versos más:
Y encima es tan extraño
que te hayas marchado.
Es tan raro, tan tan raro…
pasar por esto sin tenerte a mi lado
y quisiera decirte que estando contigo
todo era más fácil y más divertido
y, sin embargo,
todo ha ido encajando…
El mundo gira
y yo voy avanzando.
Supongo que el caos es parte de la vida
y en medio de él encontré a mis amigas…
No estoy perdida.
Ese lunes, al llegar a clase, me dio como una alegría especial ver a las chicas.
—¿Qué tal con Lucy? —preguntó Andrea nada más sentarnos.
—¿Ha ido todo bien? —añadió Noa.
—Sí —dije—, genial.
—Qué bien, Beca —se alegró Bel, agarrándome por los hombros en plan abrazo.
Fue guay notar que no preguntaban por cotillear, sino porque de verdad habían estado preocupadas.
Son las mejores