Retos
Noa se lanzó a rescatar lo que quedaba del cuaderno mientras Calcetines, asustado, salía corriendo a esconderse debajo del sillón.
—Tranquilas, no es el nuestro —dijo Andrea, sacando el cuaderno azul de la estantería.
—Menos mal —suspiró Bel.
Andrea abrió el candado del cuaderno con su llave, la del colgante que teníamos todas a juego, y empezamos a pasar las páginas despacio.
¡Habíamos escrito un montón!
Era muy guay ver las caligrafías tan distintas de cada una, o los dibujos que había hecho Noa junto a las entradas. De vez en cuando releía las cosas que habíamos escrito ahí, que eran nuestros pensamientos sin filtros; enfados medio escondidos, miedos muy nuestros.
O mis rayadas por Nico…
No sé, cada una había dejado dentro un trocito suyo, de esos que no se cuentan así como así.
—¿Y si la primera entrada de este año la hacemos ahora? —propuso de repente Bel—. Aquí, las cuatro juntas.
—¿Cómo? —pregunté.
—Una entrada conjunta —explicó—. Como una lista de propósitos para este año.
—¿Una lista compartida? —dijo Andrea.
—Sí, pero no vale ponernos intensitas —añadió Bel—, nada de propósitos en plan «voy a ser mejor persona» y cosas así.
—No, por favor —rio Noa.
—Más bien cosas que no nos atrevemos a hacer —aclaró Andrea—. Y, además, que cada una añada un reto personal.
¿Por dónde empiezo?
—Entonces hacemos una lista común de retos y uno personal —resumí.
Nos acomodamos en la alfombra con las mantas, y nos tiramos toda la tarde escribiendo, tachando y volviendo a escribir. Algunas propuestas eran para partirse de risa y otras eran demasiado serias, pero, al final, después de mucho debatir, conseguimos nuestra lista de retos:
Retos conjuntos de este año:
1. Decir las cosas antes de que se nos hagan bola.
Si no, explotan.
2. No permitir que nadie ni nada se meta entre nosotras.
Ni personas, ni rumores, ni dramas absurdos.
3. Pedir ayuda cuando la necesitemos, sin sentirnos débiles por eso.
Esto cuesta, ¡¡aviso!!
4. No dejar que los demás nos fastidien ni nos alejen de lo que queremos.
5. No hablarnos mal a nosotras mismas, ni siquiera en broma.
6. Atrevernos a decir que no cuando algo no nos apetezca.
Aunque nos dé miedo el rechazo.
7. No fingir que estamos bien solo para no molestar.
Es mejor ser nosotras mismas.
8. No minimizar lo que sentimos.
(Si para nosotras es importante, lo es y punto).
9. No reírnos de los sueños de ninguna.
Ni siquiera si suenan un poco imposibles.
Después de cenar unas pizzas increíbles, hinchamos los colchones y los colocamos debajo del ventanal. Nos metimos en los sacos con las mantas hasta la barbilla y, mirando al cielo, seguimos hablando de los retos específicos de cada una, ya medio en broma, medio en serio.
—Mi reto va a ser dejar de cumplir los retos de mi madre —dijo Andrea, riéndose. A pesar de la risa, sabía que iba en serio. Últimamente la veía mejor, pero sus padres solían presionarla demasiado.
—El mío va a ser ponerme en serio con el inglés —prometió Bel.
—Tu reto podría ser pintar algo en la pared blanca del piano —le sugerí a Noa.
—Me encantaría…, pero me da miedo cagarla.
—Los retos fáciles no cuentan —bromeó Bel.
Luego me miraron a mí.
—¿Y el tuyo? —preguntó Bel.
—Me lo pienso y os digo —respondí.
—Ya te lo digo yo: hablar claro con Nico —dijo Noa.
—O dejar de rayarte por Celia —añadió Bel.
—No —dije enseguida—. Tiene que ser algo mío mío.
—Pues sí —coincidió Andrea.
Cuando todas dormían y el garaje estaba en silencio, caí en que sí tenía un reto. Uno que solo dependía de mí: terminar de escribir mi primera canción. Una entera. Gracias a esa idea, logré relajarme hasta quedarme dormida.
Me desperté al oír que mi móvil empezó a vibrar. Me removí medio dormida; era de día, pero supertemprano para ser domingo. Pensé que sería una alarma random de las vacaciones, pero volvió a vibrar. Y otra vez.
Recogí el móvil del suelo y miré la pantalla. Tenía dos llamadas perdidas de Lucy.
Se me activó todo el cuerpo de golpe.
Antes de mirar sus mensajes, entré directa en la cuenta falsa y ahí estaba: un nuevo post con varias fotos de Lucy junto a dos chicas que yo no conocía, acompañadas de la descripción: «Cuando te juntas con cualquiera por no estar sola. Nuevas amigas, mismo rollo raro».
Lucy me había mandado un audio.
Lucy
Beca…, perdona por hablarte tan temprano, de verdad. Es que ya no sé qué hacer. Estoy muy agobiada. Reporto la cuenta, escribo, bloqueo… y sigue ahí. Como si nada. Hoy he sentido que todo me sobrepasaba. Perdona, pero necesitaba decírselo a alguien.
Me levanté con el móvil en la mano y me senté en el sillón, con Calcetines saludándome, ajeno al drama.
Ojalá ser él
—¿Qué pasa, Beca? —preguntó Noa, incorporándose en los colchones, con cara de ultradormida.
—Es Lucy.
—¿Y qué le pasa? —se interesó Andrea.
Las tres se pusieron a mi alrededor y yo, mientras les enseñaba la cuenta de Lucy, les conté la movida.
—Es asqueroso —dijo Andrea—, y muy cobarde.
—¿Cómo puede ser que lo haya reportado y la cuenta siga abierta? —añadió Noa—. Pobre Lucy.
—Tía, dile que no está sola —dijo Bel—. Que no tiene que aguantarlo todo ella.
—Oye…, ¿por qué no le dices que venga a verte? —sugirió Andrea.
Tenían razón, no podía ser tan difícil que viniera un fin de semana, al fin y al cabo no vivía tan lejos. De golpe me entraron un montón de ganas de volver a verla. Agradecí la idea y le envié un audio.
Yo
Tía…, he estado pensando, ¿y si te vienes un finde aquí? En plan estar juntas, dormir, ver pelis, lo normal. Como antes. Me haría muchísima ilusión.
Lucy no tardó nada en contestar.
Lucy
Tía…, me encantaría. Sería increíble, de verdad.
Yo
¿Sí? Qué guay que te apetezca.
Quedamos en tantearlo en nuestras casas y hablarnos luego. Apagué la pantalla con esa sensación rara de que, aunque no pudiera hacer más, al menos estaba ahí. Y pensé que, si Lucy venía, igual todo sería un poco menos cuesta arriba.