¿Por qué todo es tan complicado? (El caos de Beca 2) Dudas y recuerdos
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Dudas y recuerdos

Después de comer tacos con la madre de Bel, cogimos el bus camino a mi casa.

—La verdad es que ha sido guay ver a Jorge —comentó Bel—. Rarísimo, pero guay. Me ha… felicitado.

—Y con abrazo y todo —dijo Noa, metiendo la cabeza desde la fila de detrás.

—Ya era hora —añadió Andrea—. Después de seis meses haciéndose el invisible.

—Ojalá esto sea el principio de normalizar un poco las cosas entre nosotros —deseó Bel y, girándose hacia mí, me preguntó—: Y tú con Nico, ¿qué?

—Eso —dijo Andrea—. Menudo morro, me ha robado el sitio para sentarse a tu ladito.

—¡Y se han cogido de la mano! —insistió Noa.

—¡¿En serio?! —exclamó Andrea, abriendo los ojos.

Me hundí en el asiento y me tapé el rostro con las manos.

¡Me moría de vergüenza!

—Sí… —confirmé—. Hemos estado cogidos de la mano casi todo el segundo tiempo, pero no sé si es algo…

—¿Cómo que «no sé»? —preguntó Bel—. ¿Cómo puedes no saberlo? ¿Por qué no le dices algo?

—¿Algo como qué?

—Algo, no en plan declaración ni nada —aclaró—. Pregúntale, sácale el tema de qué sois, no sé. A ver, es que te ha cogido de la mano…

—Bueno…

—¿Qué…? —Andrea entrecerró los ojos—. Suéltalo, va.

—Que igual se la cogí yo, no sé. No lo recuerdo bien. Quizá para él no fue para tanto.

—Da lo mismo —dijo Noa—. No la soltó. Pero si quieres aclararlo, pregúntale qué ha significado para él.

—¿Y si le pregunto y me dice que nada? ¿Que ya está bien así, que no quiere etiquetas ni historias?

—Pues ya lo sabrás —respondió Bel—. Te dolerá un poco, sí, pero no te quedarás pillada sin saber nada.

—Vale, igual lo intento —dije sin mucha convicción, pero sabiendo que tenían razón.

En cuanto abrimos la verja de casa, Calcetines apareció dando saltos como un loco. Las chicas se le tiraron encima como si no lo hubieran visto en años. Papá salió de su despacho a saludarnos.

—Hola, chicas. ¿Qué tal el partido?

—Para el otro equipo, mal —contestó Bel, sonriendo.

—Ha metido un golazo brutal —dije yo.

—¡Pues enhorabuena!

Las chicas entraron al garaje y se pusieron a cotillear como si llevaran siglos sin venir. Noa fue directa al rincón del piano y la guitarra.

—Sigo pensando que a esta pared tan blanca le falta algo, ¿no?

—Totalmente —coincidí—. Así vacía da un poco de pena.

—Estas fotos son nuevas… —murmuró Bel, acercándose al corcho del escritorio.

—Sí, mi madre las mandó a imprimir cuando estuvo por aquí. Es uno de sus regalos estrella. Dice que las fotos «especiales» es mejor tenerlas en papel, que al final todo lo que está en la nube o en el móvil se acaba olvidando o perdiendo.

Quizá tenía razón

—¿Esta eres tú? —preguntó Noa, señalando una foto antigua en la que yo iba disfrazada de la novia cadáver.

—Sí —dije, sonriendo.

—¡Qué mona! —rio Andrea.

—Y este de la guitarra es Pablo, ¿verdad? —dijo Bel, abriendo los ojos, en plan «cómo mola este chico»—. Tu amigo del campamento.

—Sí —contesté—. Y aquí estoy con todos los del campamento de música de verano.

¡Los echaba mucho de menos!

—Y esta que está aquí contigo es Lucy, ¿verdad?

—Sí, es del último día que la vi.

—Este corcho pide a gritos más fotos nuestras —anunció Noa.

—Precisamente por eso dejé libre toda la parte derecha.

Mientras hablábamos, Andrea se puso a buscar algo en la mochila. Luego se dirigió al corcho, cogió una chincheta y pegó una foto suya de carné.

—Para que no te olvides de mí —dijo con cara dramática.

El resto soltamos una carcajada.

—Esto también es nuevo —señaló Bel, mirando el calendario.

—Mirad —dijo Noa, señalando el 14 de febrero—. San Valentín, en rojo. Drama.

—Qué horror —soltó Andrea—. Dentro de nada habrá corazones hasta en la sopa.

—Sí —añadió Noa—. En San Valentín, si no estás enamorada, parece que no existas.

—Pues este año va a ser San Valentín de las chicas del caos —anunció Andrea, dibujando un corazón y escribiendo «CdelC» sobre la fecha—. ¿No?

—¡Me parece perfecto! —exclamó Noa.

—Pero ojo —dijo Bel, señalando el 20 de febrero—. Guardaros este día, que es mi cumple.

Justo entonces, Noa pegó un grito digno de peli de terror. Me giré y lo vi: Calcetines estaba feliz, demasiado feliz, destrozando un cuaderno que había pillado de la estantería.