Apoyarse
En cuanto abrí la puerta de casa, Calcetines se me echó encima, moviendo la cola como un loco, como si llevara años sin verme. Me llenó de babas y casi me tiró al suelo de la emoción.
—Hola —dijo mi padre, sonriendo y quitándose el delantal—. ¿Qué tal el día?
—Bien —respondí, poco creíble, dejando la mochila y agachándome para achuchar a Calcetines—. ¿Por aquí qué tal ha ido?
—Aquí hemos tenido algunos problemillas: Calcetines se ha comido tus zapatillas.
—¿Qué? ¡Nooo!
Miré a Calcetines. Se sentó, bajó la cabeza y me puso esa cara de «lo siento» que solo saben poner los perros. No sabía si reír por la pose o enfadarme.
—Ay, Calcetines…
—Creo que ha entendido que no debe volver a hacerlo —comentó mi padre.
Desde la cocina me llegó el olor a lasaña y me alegré de estar en casa.
Hogar dulce hogar
Después de comer, me fui directa a hacer deberes porque, aunque fuera el primer día de clase, los profes ya iban a saco.
Sobre todo el de mates, que parecía tenerle alergia a la palabra «adaptación».
Me senté en el escritorio con muy pocas ganas y demasiadas hojas por delante.
Un rato después, acabé sacando el móvil para preguntar algo en el chat y me encontré con que las chicas estaban en las mismas.
Yo
Oye, ¿os da 7,4 el ejercicio del cono?
Noa
Sí.
Bel
Sí, a mí también.
Andrea
No lo he hecho aún.
Entre mensaje y mensaje, Bel soltó que el sábado jugaban contra un equipo bastante potente. Andrea, Noa y yo dijimos que iríamos a animarla, y cuando Bel añadió que luego su madre invitaba a tacos, el chat se vino arriba.
No quería fastidiar el tono del grupo, pero también recordé la cantidad de veces que las chicas me habían comentado que no me agobiara sola, que ellas siempre estarían ahí para escucharme. Entonces, sin pensarlo demasiado, y la verdad, sin que viniera nada a cuento, lo solté:
Yo
He visto a Nico con Celia por la calle. Iban solos. Me ha sentado fatal.
Noa
¿Quééééé?
Bel
Ya… No entiendo por qué se junta con ella.
Noa
Es solo porque están en clase juntos.
Bel
Seguro que es una plasta.
Andrea
Jajaja. Qué poética.
Bel
Dile a Nico que te molesta que se junte con ella después de cómo se ha portado contigo.
Yo
Es que paso de pedírselo yo. Tendría que salir de él. Nico sabe lo pesada que fue Celia conmigo el trimestre pasado.
Y ahí noté que ya estaba otra vez todo girando alrededor de lo mismo, así que corté.
Tenía ganas de pensar en otras cosas; hacía un montón que no pasábamos un día entero juntas.
Y me dieron ganas de plan largo, de tenerlas conmigo, de cero preocupaciones.
De uno de esos días de hablar mil horas y reírnos por cualquier cosa.
¡Mejor centrarse en lo bueno!
Yo
¿Os venís a dormir al garaje después del partido?
Bel
SÍÍÍÍÍÍ.
Noa
Me encanta. ¡Confirmo!
Andrea
Y yooooo.
Cerré el chat con una sensación de «quiero que sea sábado YA». Para estar con ellas, para reírnos hasta que no pudiéramos más, como siempre. Para poder olvidarme del tema de Nico y Celia.
Justo en el momento en que dejé el móvil en la mesita de noche, recibí una notificación de Insta: habían subido nuevas fotos al perfil falso de Lucy.
Se me encogió el cuerpo.
Eran un par de fotos nuevas de Lucy con unas chicas que yo no conocía.
Fotos normales, de esas que te haces con amigas.
En la descripción había frases que daban muy mal rollo, pensadas claramente para hacer daño: «Las amigas que no lo son duran poco».
«Todas iguales, qué aburrimiento». «Qué falsas».
Luego estaban los likes . Había un montón.
Gente que yo no conocía de nada, perfiles raros, nombres que no me sonaban.
Eso casi me dio más miedo que las frases.
Joder…
«Mierda —pensé—. Lucy tiene que estar fatal».
Lucy
Hoy ha sido horrible, Beca. De verdad. Siento que todo el mundo me mira raro en el insti.
¿Has visto el post de hoy? Son fotos que estaban en mi móvil.
No sé cómo las han sacado de ahí. No sé si me han hackeado o qué, pero estoy superagobiada.
No puedo parar de pensar que la persona que lleva la cuenta puede ser cualquiera.
Puede estar en mi clase, en el patio… Igual la veo todos los días y ni lo sé.
Se me encogió el estómago.
Le respondí casi sin pensar, diciéndole que llevábamos así desde el primer día de las vacaciones, que igual ya era hora de contárselo a sus padres y pedir ayuda. Que no tenía que hacerlo sola.
Tardó un poco en contestar. Me dijo que todavía no.
Que su madre ya tenía un montón de cosas en la cabeza y no quería agobiarla más.
Y que, además, nos iba a caer una bronca enorme por habernos hecho una cuenta de Insta sin decir nada, cuando lo teníamos prohibido.
Que lo mejor era intentar solucionarlo nosotras solas.
Le contesté que yo estaba ahí para lo que quisiera. A cualquier hora. Me mandó corazones.
Me quedé mirando la pantalla un rato, preocupada. Si no se hubiera mudado, seguramente estaríamos tiradas en el sofá de su casa, o en mi garaje, envueltas en una manta, hablando de todo esto en voz alta y pensando qué hacer. Juntas. Como antes.