Cada una en su galaxia
Al salir del instituto, estuvimos despidiéndonos un par de minutos en la puerta.
—Ánimo en el conservatorio —le dijimos a Andrea, que ni siquiera tenía tiempo de ir a su casa a comer.
—Sobreviviré —afirmó, poniendo caras dramáticas, y nos echamos las cuatro a reír.
Para ir a la parada del bus, tenía que pasar necesariamente por el aparcamiento de las bicis y ahí, desenganchando la suya mientras Jorge le sujetaba el chaquetón, estaba Nico. Uf. Otra vez no estaba solo, así que opté por saludar desde lejos, en plan tengo prisa; pero ya era tarde.
—¡Ey, Beca! —dijo Nico.
Imposible pasar de largo sin parecer una pirada, así que me acerqué un poco.
—Buenas —saludó Jorge, dedicándome una sonrisa amable; luego le devolvió el chaquetón a Nico y, dándole un golpecito amistoso, le dijo—: No te olvides, bro : esta tarde a las cinco y media.
Alzó la mano para despedirse, y se fue andando.
—Hoy empiezo a entrenar con su equipo de fútbol —me explicó Nico nada más irse Jorge—. Como se han dado de baja algunos, hay hueco.
—Qué bien —contesté más seca de lo que pretendía.
—Jorge… no te cae bien, ¿verdad? —preguntó, frunciendo el ceño.
Vaya…
No me esperaba para nada esa pregunta y no sabía qué contestar.
No es que me cayera mal, porque tampoco lo conocía, pero me parecía fatal cómo se estaba portando con Bel.
Era verdad que había sido ella la que empezó montándoselo mal con Jorge y que, después de que se besaran antes de verano, tenía que haber hablado con él y no ignorar el tema y hacer como si nada…
, tan típico de Bel. Pero ya hacía un montón de meses que era Jorge quien pasaba de ella, y Bel solo quería que volvieran a ser amigos, a lo mejor no como antes, pero es que él no le daba ni la más mínima oportunidad, y ella lo había pasado horrible y le seguía doliendo un montón.
—No sé, no lo conozco. ¿Por qué lo dices? —pregunté.
—No sé, me ha dado esa impresión.
—Ya, pues no, ni bien ni mal —respondí, encogiéndome de hombros.
Quizá Jorge no le hubiera hablado de Bel, y pensé que era superfuerte que los chicos no hablaran de sus cosas.
¿Se las guardarían dentro? ¿No necesitaban compartirlas?
Igual, en algún momento, debería contárselo yo para que entendiera que no me era fácil acercarme a Jorge sin molestar a mi amiga.
Por otro lado, me alegraba por Nico. Era guay que tuviera alguien cercano en el insti; llevaba poco tiempo en la ciudad y, bueno, estaba bien que tuviese un amigo, aunque fuese Jorge.
—Por cierto —continuó, cambiando de tema—, vuelvo a pasear perros los fines de semana. Si quieres, una tarde llevamos a Calcetines a ver si hace amigos.
—¡Genial! Le vendrá bien socializar —respondí mientras pensaba: «¿Estamos quedando… o no? ¿Qué significa esto?».
Vaya lío
—Ahí está tu bus —dijo Nico, señalando la parada.
Di un paso atrás, alejándome de él.
—¿Nos vemos mañana? —pregunté.
—Claro. —Sonrió. Al ver que uno de sus hoyuelos se le marcaba en la mejilla, me giré con las mejillas encendidas.
Tras entrar en el autobús, me senté junto a la ventana y pegué la cara contra el cristal.
Me estaba poniendo los cascos cuando se me paró el corazón.
Vi a Celia y a Nico, juntos, en la calle.
Me quedé mirándolos sin parpadear. Él con la bici, ella apoyada en una valla, hablando y riéndose.
Ella en plan falsa total y él con esa sonrisa suya de buen rollo, que en ese momento me sentó fatal.
El autobús siguió avanzando, pero aún me dio tiempo a ver que echaban a caminar juntos.
Me subió un enfado… brutal. Una parte de mí decía: «Vale, relájate, no es para tanto», y otra gritaba que «claro que lo era.
¿Qué narices hacían juntos después de clase?
¿Adónde iban?». Vale, no estaban haciendo nada más que caminar mientras charlaban, pero yo tenía mil ganas de mandarlo a la mierda.
Lo de «cada una en su galaxia» había durado poquísimo. Demasiado poquísimo.
Me puse una playlist superchill a todo volumen, pero no me relajé ni un poquito.
El mosqueo siguió ahí hasta que pensé que era muy fuerte que el primer día del segundo trimestre ya tuviera a Celia ocupándome tanto espacio mental.
Eso no podía ser, ni de coña podía permitir que manipulase mis emociones y que todo girara alrededor de ella; ya tenía yo bastantes movidas en la cabeza como para darle tanto protagonismo.
¡Paso!
Así que me puse en plan «perdona, pero no» e hice una lista mental rápida.
Cosas que NO voy a hacer por culpa de Celia:
1. Mirarla cada dos segundos para comprobar si sigue existiendo.
2. Pensar que todo gira alrededor de ella (y de lo que hace con Nico).
3. Olvidarme de que tengo amigas y de que no tengo que agobiarme sola.
4. Analizar cada gesto de Nico cuando está con ella.
5. Dejar que me estropee el día, la semana o la autoestima.