Epílogo de Avi
Seis meses después
H oy es un día especial.
Llevo meses maquinando y planificando hasta el último detalle para que esta noche sea inolvidable. Ya está todo preparado.
Solo falta que llegue la persona más importante…
El cumpleañero.
Efectivamente, hoy es el cumpleaños de Kyran y le he organizado la mejor fiesta sorpresa de la historia.
Al fin y al cabo, solo se cumplen veinte años una vez, y encima da la casualidad de que mi novio está jugando en la NFL justo el día de su cumpleaños.
No todo el mundo puede presumir de algo así.
Llevamos viviendo en Filadelfia casi cinco meses, pero el tiempo se me ha pasado volando, porque cada día aquí es una locura…, y, oye, he de admitir que me encanta.
Filadelfia es una ciudad maravillosa. Me recuerda un poco a Boston. No es tan grande, ruidosa y caótica como Nueva York, pero, aun así, hay de todo para entretenerse.
«Y un montón de peña auténtica por las calles».
La NFL ha tenido a Kyran liadísimo. Por suerte, lo eligieron para participar en el campo de entrenamiento, así que pasó un montón de tiempo con su equipo, conociendo a todos y descubriendo los entresijos de la NFL.
Su entrenador es… Bueno, digamos que tiene fama de ser un tío bastante duro. Es un italiano prepotente y gritón que viene de Nueva York y que llevó a los Eagles a la Super Bowl la temporada pasada gracias a su nula paciencia con las tonterías y a su forma de entrenar, muy agresiva.
El quarterback titular lleva unos años con ellos y es uno de los mejores de la liga. Una joven promesa, igual que Kyran. Ky no tiene esperanzas de pisar mucho el campo durante la temporada regular, pero igualmente está emocionado de poder formar parte del equipo.
Por desgracia, no creo que el quarterback de los Eagles comparta su entusiasmo…
De hecho, me da a mí que le tiene envidia.
Supongo que lo ve como una amenaza, una especie de versión más joven y prometedora de sí mismo, y teme que acabe reemplazándolo.
Por supuesto, Kyran es un trozo de pan y no pretende pisar a nadie, pero a ese pavo tampoco es que le importe mucho, porque parece que ya le ha cogido manía.
Aun así, no es nada a lo que mi hombre no pueda hacerle frente.
Es el tío más increíble que he conocido en mi vida y jamás permitiría que una simple rivalidad lo apartara de sus objetivos.
Lo único que implica ese pequeño contratiempo es que va a tener que partirse aún más el lomo para demostrar su valía esta temporada y que, por consiguiente, tal vez no podamos pasar tanto tiempo juntos como antes.
Cuando formalizamos nuestra relación hace nueve meses, nos pasábamos todo el santo día pegados, y, no es por hacer la bromita, pero fue la polla.
En serio, no dejábamos de follar, hablar, salir por ahí de cita y de aventuras, reírnos y saborear cada instante juntos.
Nuestros amigos nos veían tan poco por separado que empezaron a llamarnos «Kyvi » , porque decían que parecíamos siameses unidos por la cadera.
O por otro sitio con un mejor enchufe, guiño, guiño.
Las cosas no cambiaron de forma inmediata tras mudarnos.
Es más, a pesar de lo rigurosos que fueron los horarios de entrenamiento a lo largo del verano, seguimos encontrando huecos para hacer un montón de cosas chulas.
Decoramos el piso juntos, exploramos Filadelfia…
Incluso dedicamos una semana a recorrer el país para ver todo tipo de sitios y crear nuevos recuerdos que quedasen grabados en las líneas de nuestras manos.
Fue una auténtica pasada, pero, cuando empezó la pretemporada, fuimos pasando cada vez menos tiempo juntos. No obstante, no puedo quejarme. Sabía perfectamente lo que me esperaba cuando ficharon a Kyran. Tomó una decisión y, aunque no tenía por qué, quiso hacerme partícipe de ella.
O se quedaba en la universidad, o lo dejaba todo para perseguir su sueño.
A simple vista, parece una elección fácil, pero la segunda opción no está exenta de riesgos.
El porcentaje de jugadores de fútbol americano seleccionados para la NFL que acaban con un contrato de verdad bajo el brazo no es muy alto, y ser un agente libre conlleva vivir en un estado constante de estrés.
Si no rindes tal y como se espera, pueden acabar prescindiendo de ti y dejarte con una mano delante y otra detrás.
Por no hablar de que Bridget tenía toda la razón: las estadísticas de lesiones en la NFL son tan altas que rozan la irresponsabilidad.
Sin embargo, después de tirarnos horas hablándolo en la cama, llegamos a la conclusión de que se arrepentiría para los restos si no perseguía su sueño. Al fin y al cabo, sacarse una carrera de empresariales tampoco le garantizaría un buen trabajo.
En esta vida no hay nada asegurado. Todo depende del esfuerzo que inviertas, de la salud mental que estés dispuesto a sacrificar y de las ganas que tengas de escalar hasta la cima. Y Kyran Harbor es, de lejos, el cabronazo más constante que me he echado a la cara. Si alguien puede lograrlo, es él.
Basta decir que el estrés y el poco tiempo que pasamos juntos merecen la pena con tal de verlo cumplir el sueño que tiene desde que era un crío.
Los publicistas del equipo mostraron ciertas reservas con el tema de que Kyran tuviera tanta presencia en internet, ya que el contenido que subimos mostrando nuestro día a día como pareja se vuelve viral cada dos por tres.
Sin embargo, al final decidieron que podría beneficiar al equipo…
Creo que es porque siempre buscan que haya diversidad, y contar con un quarterback abiertamente gay les serviría para quedar bien de cara al público.
Eso o están intentando desesperadamente no parecer unos homófobos.
En cualquier caso, nos dieron luz verde para continuar con lo que estábamos haciendo, siempre y cuando Kyran no apareciese en más vídeos de OnlyFans…
Tampoco es que puedan demostrar que era él, por más que lo sepa todo el mundo.
Pero la verdad es que no nos importa y, de todas formas, no habríamos dejado de presumir de nuestro amor ante el mundo entero ni aunque nos hubieran puesto pegas.
Nadie va a venir a exigirnos que ocultemos nuestros colores.
«Seguiremos retransmitiendo lo que nos dé la gana, les guste o no».
A estas alturas tenemos millones de seguidores en redes sociales, entre Instagram, Twitter y la cuenta conjunta tan adorable que nos creamos en TikTok, aunque, personalmente, me parece la aplicación más ridícula que existe sobre la faz de la tierra.
Pero todo lo hacemos por diversión. Nos gusta besarnos, ponernos mimosos y provocarnos en los vídeos, y, al parecer, a nuestros seguidores les encanta vernos, así que mejor para nosotros.
Todavía subo contenido en solitario en mi OnlyFans y, entre eso y el Patreon que abrí para mi arte, estoy ganando de sobra para costear mi carrera artística.
Además, tengo una página web donde vendo mis trabajos, tanto piezas originales como láminas, y un negocio de la zona me escribió para hacer otro mural.
Sí, las cosas nos están yendo de maravilla, pero no puedo evitar echar de menos a mi chico.
Llevamos dos días sin darle caña, por llamarlo de alguna forma, porque Kyran ha estado agotado de tanto viaje y la intensidad de los entrenamientos.
No obstante, merece la pena… Kyran se está poniendo aún más buenorro que antes.
Aunque, claro, ver esos músculos de dios griego de cerca y no poder hincarles el diente hace que todo este asunto de la abstinencia me resulte mucho más insoportable.
Con suerte, el plan que le he preparado nos ayudará a acabar con la sequía.
Hoy tiene la noche libre después del entrenamiento, así que le he organizado una fiesta sorpresa a lo grande.
Celebramos su cumpleaños, dejo que se suelte un poco para rebajar la tensión del día y, al final de la noche, me pongo sus piernas en los hombros para darle lo suyo.
Quién sabe… A lo mejor encontramos un hueco para escaquearnos al baño y echar uno rapidito mientras la fiesta continúa fuera.
«Porque, la verdad sea dicha, no creo que sea capaz de aguantar hasta que se haya ido todo el mundo».
Los invitados van llegando a cuentagotas, pero no pasa nada. Ky ha salido a cenar temprano con sus padres, que han venido solo hoy para pasar un rato con él por su cumpleaños.
«Y me han dado la excusa perfecta para mantenerlo alejado de casa mientras ultimo los detalles».
El restaurante japonés favorito de Kyran es el que se ha encargado del catering. Hemos montado un rincón de sushi en casa, con tíos enrollándolo aquí mismo y un chef preparando los aperitivos y los entrantes en nuestra enorme y opulenta cocina.
También me he asegurado de que haya una barra con un barman que se ocupe de servir cócteles elegantes y, para rematar, he comprado una tarta personalizada en Federal Donuts, la mejor tienda de dónuts del mundo.
«En serio, están tan buenos que hasta Kyran se da el gusto de pimplarse uno todos los domingos».
Todo ha salido a pedir de boca y está más que preparado; solo falta que Tom me escriba cuando Kyran venga de camino a casa para que nos escondamos.
Estoy tan emocionado que no sé ni dónde meterme. Me muero de ganas de ver la cara que pone.
—Te has superado con creces, churri —dice Frankie, acercándose a mí y rodeándome la cintura con los brazos—. A Kyran le va a flipar.
Le dedico una sonrisa, la abrazo de lado y le planto un beso en el pelo, ahora teñido de turquesa.
—Me alegro muchísimo de que hayáis podido venir.
—¿Estás de coña? —chilla Bea conforme avanza hacia nosotros, con unas botas a la rodilla supersexis que contribuyen a que su diminuta figura casi nos llegue a la barbilla al resto. Por supuesto, también va arrastrando a Theo de la mano—. ¡No nos lo perderíamos por nada del mundo!