Epílogo de Kyran
Tres meses después
–D ale duro, cari. Menea ese culo.
Hundo la cara aún más en el edredón, me apoyo en las rodillas para levantar el trasero y muevo las caderas como si estuviera perreando en el aire.
—Vale… Espera. Tengo que recolocarme la polla —murmura Avi, y me echo a reír.
—¿Quieres grabar el puñetero vídeo de una vez? —le grito entre carcajadas.
—Ya está. Listo. —Suspira y me doy la vuelta para lanzarle una mirada asesina que no engaña a nadie, porque destila demasiado amor.
Suelta el móvil en la cama, trepa por el colchón hasta agarrarme las muñecas y me las inmoviliza por encima de la cabeza mientras se sienta a horcajadas sobre mí—.
Creo que con esto conseguiríamos todavía más likes …
Restriega la polla contra la mía, provocando que se me estremezca todo el cuerpo.
—No seas pícaro. —Sonrío, y pone un puchero—. Ya les hemos dado a los fans una despedida en condiciones. A partir de ahora tendrán que conformarse con contenido para mayores de trece.
—Lo sé, es que estoy visualizando todo el dinero que podríamos ganar saliendo por la ventana y esfumándose con el viento —murmura.
Se inclina sobre mí y beso cada una de las onzas que componen su tableta, pensando en sus palabras.
Hace tres meses, Avi y yo terminamos cediendo y volvimos a hacer contenido para el OnlyFans. Al parecer, pudo recuperar la cuenta porque solo la había desactivado temporalmente. Le pusieron una multa, pero era calderilla en comparación con la suma que ganamos en cuanto reabrimos el perfil.
Eso sí, resultaba evidente que era yo el de los vídeos, pero, como tenía la cara difuminada, tampoco había forma de demostrarlo, así que se nos ocurrió que podíamos continuar grabándonos juntos lo justo para ahorrar un poco más de dinero y después borrar todos los vídeos en los que saliéramos los dos; de ese modo, Avi podría conservar la cuenta en solitario.
Y eso fue lo que hicimos. Hace dos semanas, anunciamos a todo el mundo que el perfil pasaba a ser solo de Avi, como en los viejos tiempos, y que el misterioso @NoSoyTuCari no aparecería en más vídeos.
Pero aquí viene lo mejor. Desde la primera vez que desactivamos la cuenta, la gente ha estado rogándonos que volviéramos, y no solo por los vídeos calentorros…
, sino porque querían vernos juntos, como pareja.
Así que empezamos a crear contenido para Instagram, reels y cosas así, mostrándonos simplemente como nosotros mismos: pasándolo bien, haciendo el tonto y queriéndonos. Y nos han estado pagando por ello.
Kyran y Avi, la pareja estrella de las redes sociales, acumulan millones de visitas en casi cada vídeo, lo cual ha permitido que él se dedique a su arte a tiempo completo y yo me centre en el gran acontecimiento que me cambiará la vida a partir de este verano…
La NFL.
Porque sí, a este cari de aquí lo ficharon la semana pasada. Dentro de dos meses, estaré en el campo de entrenamiento como el quarterback suplente de los Philadelphia Eagles.
«De unos Eagles a otros… Hay que ver qué cosas tiene la vida».
Todavía me parece un sueño. Recuerdo que cuando recibí la llamada me sentí como si me fuera a desmayar. Me eligieron en la tercera ronda del draft. Estaba dispuesto a irme a cualquier sitio en el que me aceptasen, pero se rumoreaba que sería Filadelfia o Nueva York.
Al final ganó Filadelfia.
Y, a pesar de que no me han destinado a Nueva York, Avi está emocionadísimo. Sí, le habría encantado volver a vivir allí, pero Filadelfia será igual de increíble. Al fin y al cabo, es como una especie de Boston con aire neoyorquino, así que nos ha hecho una ilusión tremenda a ambos.
Tendremos que viajar un montón, pero ese detalle tampoco parece importarle, y yo no puedo estar más feliz de tenerlo a mi lado en esta aventura, animándome y apoyándome como siempre, porque es mi compañero, mi socio, mi mascota…
«Mi ángel de la guarda con labios sabor a fresa».
La semana que viene firmamos los papeles de una casa adosada en Federal Hill y Avi ya tiene preparada toda una lista de planes para cuando lleguemos a Filadelfia.
Sé que le va a costar separarse de Hannah.
Le propusimos que se viniera con nosotros, pero le gusta el trabajo que tiene en Boston y se ha buscado un buen sitio en Cambridge, así que prefiere quedarse.
Además, por mucho que vaya a echarla de menos, Avi dice que ya va siendo hora de alejarse del nido y desplegar sus alas de águila.
«Es que es para comérselo».
Siempre serán mejores amigos, pero esta aventura nos toca vivirla solo a nosotros dos. Bueno, a nosotros… y a los fans.
—No te preocupes, mi ángel —murmuro, recorriéndole el pecho con la lengua y sintiendo cómo tiembla bajo mi tacto—. Tu novio, el quarterback de la NFL, se encargará de traer el pan a casa.
—Ve preparándote, porque pienso convertirme en la esposa mantenida de un futbolista de renombre —bromea, y suelto una risotada, intentando zafarme de él, pero sigue inmovilizándome con el peso de su cuerpo.
Estamos tan ensimismados tonteando que ni siquiera nos percatamos de los pasos que se acercan.
—Chicos, voy a… ¡Dios bendito! Perdón, perdón.
Desvío la mirada de golpe hacia la puerta justo a tiempo para ver a mi padre tapándose los ojos y saliendo escopeteado del cuarto, como si hubiésemos activado la cuenta atrás de una bomba dentro.
Avi estalla en carcajadas y yo me limito a negar con la cabeza a modo de reproche.
—¡Quítate ya de encima! Mira lo que has conseguido… Has traumatizado a mi padre.
Cuando se desploma a mi lado en la cama, me levanto a toda prisa para ponerme los pantalones.
—Tranqui. Estoy bastante seguro de que ya nos oyó follando la otra noche. No parabas de gritar mi nombre…
Lo fulmino con los ojos.
—Mentira. No estaba gritando…
—Ah, ¿no? ¿Y por qué crees que te metí mi ropa interior en la boca? —replica con una sonrisita de suficiencia.
—Porque eres un guarro. —Lo miro fijamente y se encoge de hombros.
—Una cosa no quita la otra.
—Venga. —Lo agarro del brazo y tiro de él con la intención de levantarlo de la cama—. Por favor, ven conmigo a disculparte para que no se piense que estábamos follando con la puerta abierta de par en par.
Avi suspira, deja que lo arrastre fuera del cuarto y bajamos juntos las escaleras.
Llevamos tres meses viviendo con mi padre en la casa de Somerville y, sí, ha habido momentos incómodos. Pero, sinceramente, me pareció la mejor opción para pasar más tiempo con él y seguir mejorando nuestra relación de padre e hijo.
Cuando regresé a la universidad, decidí no volver a mudarme a la residencia, sobre todo porque no soportaba estar lejos de Avi tanto tiempo, y, aunque era consciente de que echaría de menos vivir con Guty, me pareció más lógico instalarme en el piso de Avi y Hannah en Brighton mientras buscábamos un sitio propio.
Sin embargo, cuantas más vueltas le daba, peor me sabía dejar a mi padre solo en una casa tan grande y, además, afrontando un divorcio, así que acabé volviendo a Somerville para hacerle compañía.
Quién me lo iba a decir. Después de todo lo que hice para no tener que vivir en esta casa, ahora he vuelto aquí por voluntad propia. Y he traído a Avi conmigo.
Aún sigue pareciéndome alucinante que mi padre accediera a ello.
Sé que ha estado intentando mostrarse lo más comprensivo posible, pero, sinceramente, esperaba que pusiera el grito en el cielo ante la idea de que su hijo compartiera cama con otro chico a pocos metros de su habitación.
Supongo que el hecho de que sea Avi ha contribuido a que le resulte un poco más fácil de asimilar.
Todo es exactamente igual que cuando vivíamos aquí antes de empezar la universidad, solo que ahora, en vez de pelearnos, follamos y, en vez de odiarnos, nos queremos con locura. Además, dormimos en el mismo cuarto…
«En el que antes era de Avi, porque es el que está más lejos del de mi padre».
En realidad, estábamos a punto de firmar el alquiler de un piso en Davis Square cuando me ficharon en el draft, así que ahora nos queda solo un mes aquí antes de que nos marchemos a Filadelfia.
Lo más raro de todo es que voy a echar de menos a mi padre, algo que jamás me imaginé que diría.
Hemos estado muy unidos estos últimos tres meses y sentir que por fin tengo un padre de verdad es una sensación maravillosa.
Aunque, a juzgar por las vueltas que está dando de un lado a otro por la cocina, hecho un manojo de nervios y sin querer mirarnos a la cara a ninguno de los dos, no sé yo si él va a echarnos tanto de menos.
—Papá… —Sonrío por dentro al ver lo incómodo que está.
—Solo quería… Eh… Quería avisaros de que voy a salir a comprar —responde, cogiendo y soltando una y otra vez el correo que hay sobre la encimera—. Por si necesitáis algo…
—Papá, no estábamos haciendo nada —digo con sinceridad.
—Eso, solo estábamos tonteando —añade Avi.
Mi padre alza la mano en un gesto conciliador.
—No pasa nada… No hace falta que os justifiquéis. Ha sido culpa mía, tendría que haber… llamado a la puerta.
—Estaba abierta —contesto, riéndome por lo bajo.
—No os preocupéis, de verdad. —Esboza una sonrisa tensa—. Solo necesito que me digáis si queréis algo de la tienda.
—Condones y lubricante —contesta Avi con una sonrisilla.
—¡Avi! —lo reprendo, y se echa a reír.
—Es broma… —Suspira—. No usamos condón.
—Madre mía, ¡te voy a grapar la boca! —gruño.
—Venga, chicos. Ya vale —nos reprende mi padre, alzando un poco las comisuras de los labios.
Y entiendo perfectamente por qué.
«Estas riñas le recuerdan a cuando éramos hermanastros».
—He dejado una lista en la encimera. —Me paso los dedos por el pelo.
Mi padre asiente, la coge y le echa un vistazo. Luego arruga la frente de preocupación.
—Esto es todo comida basura… —Fulmina a Avi con los ojos—. ¿Qué clase de hombre hecho y derecho come Pop Tarts?
—Pues mi novio… —resoplo—. Come igual que un crío de siete años esperando mellizos.
—Puaj, cari. —Avi me mira con cara de asco—. No me seas rarito.
—Yo solo digo que, aunque has dejado de fumar, sigues teniendo antojos las veinticuatro horas del día —replico.
—Cuando seas mayor, te va a pasar factura —interviene mi padre, echándole un rápido vistazo al torso expuesto de Avi—. Prepárate para despedirte de esos músculos.
—No te preocupes, suegro. —Sonríe con suficiencia—. Este xilófono no se va a ir a ninguna parte. —Hace como si estuviera tocando dicho instrumento sobre sus abdominales y ambos ponemos los ojos en blanco.
—Lo que tú digas —murmura mi padre, sacudiendo la cabeza conforme sale por la puerta para ir a la tienda.
—Pero mira que eres tonto —le digo a Avi con una sonrisa al sentir cómo me da un toque en la espinilla con los dedos del pie.
—Se ha ido… ¿Quieres que juguemos a ver cuántas veces conseguimos que se corra el otro en la ducha?
—Mmm… Mi juego favorito —susurro, pegándome a él y restregándome contra su cuerpo enorme y musculoso.
Le metemos bastante caña por lo que come, pero lo cierto es que Avi disfruta mucho entrenando. Empezamos a hacerlo juntos y ya casi puede seguirme el ritmo.
«He dicho casi, ¿eh?».
De pronto, oigo mi móvil sonando arriba.
—Lo siento, cari, estoy esperando una llamada importante.
—Pues venga, súbete. —Se da la vuelta, ofreciéndome su espalda, y salto sobre él con una sonrisa para que me lleve a caballito por las escaleras.
Ambos nos hemos quedado sin aliento de reírnos cuando cojo el móvil. Es mi contable. Y, tras una breve charla, estoy completamente eufórico.
—¿Qué pasa, superestrella? —pregunta Avi.
—¡Ya está todo listo! —Doy saltitos de emoción.
—¿El qué…? ¿El piso o el dinero?
—¡El dinero! —Le dedico una sonrisa de oreja a oreja, y él me responde con el mismo entusiasmo.
—¡Cari, qué buena noticia! —Me agarra de la cintura, me estrecha entre sus brazos y comenzamos a balancearnos juntos.
Hace un mes, tomé la decisión formal de donar mi indemnización a unas cuantas organizaciones benéficas que considerase especiales.
Nunca he querido gastar ni un céntimo de ese dinero en mí mismo, pero me parecía absurdo dejarlo ahí cogiendo polvo.
Así que seleccioné mis tres organizaciones favoritas y acordé con mi contable que la cantidad total se dividiera en tres partes iguales para hacer las donaciones.
Una para RAINN, la línea de apoyo para víctimas de abusos, porque me brindaron un gran apoyo cuando necesitaba hablar con alguien sobre el abuso que sufrí; otra para el Proyecto Trevor, porque hacen una labor increíble para ayudar a jóvenes del colectivo LGBTQ+, y, por último, al Proyecto It Gets Better…
Porque es cierto: todo mejora. Y yo soy la prueba de ello.
Todas estas organizaciones son especiales e importantes, tanto para nuestra comunidad como para los supervivientes de abusos, y me alegra darles ese dinero a quienes lo necesitan de verdad; a personas que se dejan la piel para que nadie tenga que enfrentarse solo a una situación como la que yo viví.
—Siento que me he quitado un peso enorme de encima —musito mientras Avi me besa el cuello una y otra vez—. Como si por fin hubiese conseguido ponerle punto y aparte a un capítulo de mi vida que llevaba demasiado tiempo abierto…
—Estoy orgulloso de ti, cari —susurra con ternura—. Eres un ser lleno de luz.
Suelto una risita.
—Te quiero.
—Yo más. —Alza la cabeza para mirarme a los ojos—. Y que sepas que la oferta sigue en pie… —Curvo los labios en una sonrisa—. Si algún día te apetece ir a mearte sobre la tumba de ese capullo, cuenta conmigo.
Le agarro la cara y lo beso con ganas mientras se ríe contra mi boca.
Sé que lo dice de broma para que me sienta mejor. O quizá sí que vaya en serio, quién sabe.
Aunque, ahora que lo pienso, estoy segurísimo de que, si le dijera que quiero ir a mearme en la tumba del cabronazo que me violó de niño, no dudaría ni un segundo en apuntarse. Es más, me daría una garrafa de agua y me diría: «Llena el depósito, cari».
Porque él es así. Mi apoyo, mi salvavidas.
El hermanastro al que odiaba con todas mis fuerzas, el que se convirtió en el coprotagonista de unos vídeos porno que jamás me imaginé que grabaríamos antes de pasar a ser mi amigo y acabar siendo el amor de mi vida.
Mi guardián, el primero y el único.
Sus alas de águila se han transformado en unas de ángel…
Es mi Avi.
Y ahora baila en la línea de banda de mi corazón.