Por los fans Capítulo treinta y dos #3
97%

Capítulo treinta y dos #3

Se le dibuja una sonrisa enorme en los labios y suelta una risita, sacudiendo la cabeza, pero veo la gratitud en su mirada.

Quiere que sea yo, que no deje de tomarle el pelo, por muy grave que sea el tema.

Aunque no tengo ni idea de qué estará sintiendo, entiendo perfectamente que necesite que le quite hierro al asunto.

Al fin y al cabo, es lo que mejor se me da.

Yo soy el que se pone a menear el esqueleto y a lanzar los puños al aire en la línea de banda cada vez que pierde los estribos… El que le hace bromitas y lo pica cuando empieza a comerse la cabeza.

Estaré encantado de ser su mascota siempre que me necesite.

«Avi el ángel cuida de su cari».

—Cari… —murmura, sin apartar los ojos de los míos—, quiero que sepas que él nunca… O sea, me hizo cosas, pero no…

—Mi amor —susurro, sosteniéndole el rostro entre las manos—, no importa.

—Lo sé, pero quiero que tú también lo sepas —dice suspirando, agotado, como si hablar de este tema, aunque solo fueran unos segundos, le hubiera arrebatado las fuerzas—. Has sido el primero, Aviel. Te lo prometo.

—Créeme, lo sé —respondo con total seguridad—. La noche en la que me entregaste tu virginidad fue la mejor de mi vida.

Curva los labios y deja escapar una risita.

—Es que recuerdo la cara que pusiste en el restaurante cuando Bridget dijo lo que dijo… Y no quería que pensaras que te estaba mintiendo o que te ocultaba algo.

—Nunca he pensado nada de eso, precioso.

Asiente, mordisqueándose el labio.

—Bridget sabía que me gustaban los chicos.

No llegué a decírselo abiertamente, pero se dio cuenta.

Esa fue otra de las razones que la llevaron a enfadarse tanto con nuestros padres después de que pasara todo aquello.

Mi padre hizo algunos comentarios que yo no tendría que haber oído mientras estaban discutiendo, como que la violación me había convertido en un marica y otras cosas por el estilo…

Pongo los ojos en blanco.

—Menuda gilipollez…

—¿Verdad? —resopla, pero luego se le suaviza la mirada—. Aunque ahora está esforzándose por mejorar. Estoy orgulloso de él. A decir verdad, creo que tú has tenido mucho que ver con su cambio.

—¿Yo?

—Sí. Les conté a mis padres que estaba enamorado de ti y me parece que eso hizo que mi padre reaccionara.

Le caes muy bien, Avi. Es evidente que siempre le has caído bien.

Ese era uno de los motivos por los que no podía ni verte cuando se casaron…

Porque eras un friki del arte y un pasota, todo lo contrario de lo que esperaba de mí como hijo, y aun así le caías bien.

—Tu padre no es una mala persona —murmuro—. Tiene sus defectos, como todos, y ha cometido errores, pero no se merece arder en la hoguera por ellos.

Kyran permanece en silencio unos segundos, perdido en sus pensamientos, y luego añade:

—Ojalá no hubiera desperdiciado tanto tiempo escondiéndome. —Sacude la cabeza—. Cuando pienso en las chicas con las que he salido, o incluso en aquellas a las que simplemente les tiraba la caña…, me doy cuenta de que todo era como un espectáculo ensayado. Y lo de comerles el coño…

Parpadea con fuerza y vuelve a sacudir la cabeza.

Me es imposible contenerme. Se me escapa una carcajada que le eleva las comisuras de los labios.

—¿Has comido muchos coños? —pregunto, sin poder parar de reírme.

—No muchos… —Sonríe—. Pero sí.

—¿Y qué tal?

—No es para mí. —Suspira.

«Estoy flipando».

—Ay, Señor, ¡por eso parecía que no sabías qué hacer con Frankie! —Lo miro boquiabierto y suelta una risita.

—Se me había puesto durísima fantaseando contigo —susurra, retorciéndose encima de mí—. No dejaba de pensar en la mano que tenías metida en los pantalones. Estaba deseando que te sacaras la polla y que… me tocaras con ella o algo.

Un leve murmullo me brota del pecho conforme bajo la mirada hacia él, con los ojos llenos de lujuria, amor y puro asombro.

—Ven aquí, por favor…

Se sube encima de mí, permitiéndome agarrarle la mandíbula para atraer sus labios hacia los míos.

—¿En qué más pensabas durante aquel trío tan absurdo que nos montamos con mi mejor amiga?

Se ríe contra mi boca.

—En cómo me rozabas la mano… cuando estábamos metiéndole los dedos. Me imaginé cogiéndote uno y chupándotelo.

—Mmm… ¿En serio?

Asiente con la cabeza.

—Sí, pero no para saborearla a ella, claro. Solo quería sentir alguna parte de tu cuerpo dentro de mí.

Se me escapa un gemido de los labios y él se ríe satisfecho al oírlo.

—Me estás volviendo loco. Dios, cari, te habría hecho absolutamente de todo… Ya me moría de ganas en aquel entonces.

—Ah, ¿sí? —Me recorre la mandíbula a besos y me atrapa el lóbulo con la boca.

—Sí… En cuanto me diste luz verde, empecé a salivar como un perro de lo mucho que ansiaba probarte.

Le agarro el culo y noto su risa mientras juguetea con mi oreja, sirviéndose de labios y lengua.

—Menos mal que se fue a pique el negocio de mi padre, ¿eh?

—Y tanto. Si no hubiera sido por los fans, nunca nos habríamos acos­tado… ni enamorado.

—Entonces, ¿todo lo que estamos haciendo ahora mismo sigue siendo… por los fans? —me susurra al oído, y sonrío.

—Es por nosotros —respondo, con el corazón rebosante de amor hacia este hombre—. Pero ellos son los que nos han traído hasta aquí.

Suspira.

—Desde Amigolandia…

—Hasta el Parque de los Novios.

Se ríe y lo beso en ese mismo instante para empaparme de su risa.

«Kyran y Avi, enamorándose perdidamente… por los fans».