Por los fans Capítulo treinta y dos #2
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Capítulo treinta y dos #2

—Ah, sí. Estoy famélico —responde con una carcajada.

—Vale… ¿Qué te parece si te llevo de cita?

Se da la vuelta entre mis brazos.

—¡¿Nuestra primera cita oficial?!

—Por supuesto.

Me tira del borde de la gorra que llevo puesta del revés.

—Pues venga. Consiénteme, AviDelRevés .

Le sujeto la mandíbula y le beso los labios con dulzura.

—Por ti, lo que sea, mi cari.

Unas horas más tarde, regresamos a Brighton tras la mejor primera cita de la historia, todavía agarrados de la mano y con el estómago tan pleno como el corazón.

Cenamos en el Chow Down y casi cerramos el local, hablando de todos los temas habidos y por haber y poniéndonos al día de lo que había sucedido en nuestras vidas mientras estábamos separados.

No tengo palabras para expresar lo orgulloso que estoy de Kyran por haber empezado a ir a terapia y haberles plantado cara a sus padres. Pero, sin duda, el giro inesperado de la reconciliación con Tom fue la mayor sorpresa de la noche.

Me encantan las historias de redención, y parece que Tom ha comenzado a escribir la suya propia, lo cual me alegra muchísimo.

Estoy seguro de que hubo bastantes más motivos que provocaron que la relación con mi madre se fuera a pique, así que tampoco espero que traten de arreglar las cosas.

Por lo que me contó Kyran, su padre ha llegado a la conclusión de que debe encontrarse a sí mismo, y supongo que mi madre acabará dando con alguien más del estilo de mi padre que la haga feliz.

Sé que todo el tema del divorcio es una mierda, y más después de tan poco tiempo. Pero no considero que su matrimonio fuese una pérdida de tiempo, ni de lejos, porque, si no hubieran estado juntos, yo nunca habría conocido a Kyran…

«Una tirada perfecta en este tablero cósmico al que llamamos vida».

—Sigo sin creerme que no hayas fumado ni una sola vez desde antes de la Rose Bowl —dice Kyran mientras estamos tumbados en mi cama, con la cabeza apoyada sobre mi pecho y mis dedos enredados en su pelo—. Sabes que nunca me ha molestado que fumaras, ¿verdad?

—Sí, lo sé —le aseguro mientras juguetea con mi mano, trazándome líneas sobre la palma—. Es solo que había empezado a volverme un poco dependiente. No es sano recurrir a las drogas como vía de escape.

—Entonces, me parece muy sensato que hayas decidido dejarlo, mi ángel —responde, centrándose en una línea concreta.

—¿Qué calle es esa? —pregunto en un susurro.

Alza la vista hacia mí.

—Nuestra calle. Summer Street. —Desliza la yema del dedo por encima—.

Aquí fue donde te vi por primera vez… Cuando creía que te odiaba, aunque, en realidad, me gustabas y no lo quería reconocer.

—Sonrío y él se muerde el labio antes de proseguir—: Aquí fue donde me encontraste en Nochebuena…

Cuando me trajiste el abrigo y me estrechaste entre tus brazos.

—Clava los ojos en los míos, transmitiéndome una confesión muda a través de sus iris verdes y dorados—.

Fue allí donde me di cuenta de que estaba enamorándome de ti…

No lo habría admitido en aquel momento, pero esa noche supe que algo había cambiado.

Lo nuestro dejó de ser por los fans…, si es que alguna vez fue por ellos.

Esa noche lo vi claro y dejó de aterrarme lo que sentía por ti.

Pestañeo, absorbiendo cada una de las palabras que salen de sus labios.

—Seguía teniéndole miedo a mi pasado, sí.

Me asustaba lo que creía que podía significar que me enamorase de un hombre.

Por todo lo que había ocurrido… —La voz se le apaga, y asiento con la cabeza, acariciándole el pelo lentamente para tranquilizarlo—.

Pero ya no me asustaba lo bien que me sentía a tu lado.

Quería estar contigo con todas mis fuerzas.

Y esa liberación me recordó a cómo era de niño…

Kyran me da un beso en la palma.

—Quiero compartir contigo algunas cosas, Avi… Porque sé que no van a espantarte ni harán que me quieras menos. Ahora estoy seguro de ello.

—No hay nada de ti ni de tu pasado que pueda hacer que te quiera menos, cari —susurro, y él asiente con la cabeza.

—Pero, cuando te lo cuente, me gustaría que te comportaras como Avi —murmura, y frunzo el ceño.

—¿A qué te refieres?

Suelta una risita.

—Es que… no quiero que me trates diferente.

No hace falta que andes con pies de plomo conmigo ni que me regales los oídos.

No eres mi terapeuta; eres mi novio y te quiero tal y como eres.

Así que, cuando te cuente algo, me gustaría que fueses tú mismo.

Hazme bromas tontas, comentarios sarcásticos, lo que sea. Por favor…, no me tengas lástima.

Me rompe el corazón que se haya visto en la necesidad de pedirme algo así, pero lo entiendo perfectamente. Le aparto los mechones de pelo rubio que le caen sobre la frente y asiento en señal de acuerdo.

—Nunca te tendría lástima, cari. Te lo prometo. No puedo asegurarte que vaya a apetecerme bromear con lo que me cuentes, pero nunca te trataría diferente. Eres Kyran, mi primer amor. La única persona que se ha atrevido a entrar en mi parque de atracciones abandonado.

Se ríe y noto las sacudidas de su cuerpo contagiándome de su risa.

—Oye, no me parece un parque tan siniestro y destartalado como lo habías pintado —bromea—. Me esperaba algo mucho más aterrador.

—Ya, bueno… Lo dice el que se pone La matanza de Texas hasta para dormir.

—Es que me relaja —replica con un suspiro, y no puedo evitar reírme. Se queda callado unos segundos antes de preguntar—: ¿Qué edad tenías cuando empezaste a sospechar que eras bi?

Me muerdo el labio y permanezco en silencio el tiempo justo para que levante la mirada hacia mí.

—Vas a pensar que me estoy marcando un farol, pero te juro que es la verdad… —Enarca una ceja—. Fue hace cuatro años. Cuando… te vi por primera vez.

Suelta una carcajada, sacudiendo la cabeza.

—No me lo creo.

—En serio, ¡te lo juro! Nunca había mirado a nadie como te miraba a ti. No quería reconocerlo, porque eras un borde y me odiabas a rabiar. —Pone un puchero y le paso el pulgar por los labios—. Pero es verdad. De hecho, al principio pensé que tal vez era gay.

—¿Y sigues manteniendo que eres bi? —Sonríe.

—No me disgustó liarme con las chicas con las que me lie.

—Me encojo de hombros—. Aunque, siendo sincero, ni siquiera sé si podría considerarme bi…

A lo mejor soy pan u omnisexual, pero prefiero no enca­sillarme.

Digamos que soy queer y ya está, porque para mí el género no importa cuando me atrae alguien.

Citando al grandioso David Rose: me gusta el vino, no la etiqueta.

Kyran frunce los labios en una sonrisa amorosa y se acurruca sobre mí.

—Me encanta que seas así, mi ángel.

—¿Y tú qué? —le pregunto mientras continúo acariciándole el pelo—. Te has liado con un montón de chicas… ¿Qué te consideras?

Deja escapar un suspiro.

—Me di cuenta de que era gay justo antes de cumplir los doce.

El corazón se me desboca en el pecho ante su confesión. No tenía ni idea… Había asumido que era bisexual por todas las chicas con las que ha estado, pero resulta que es gay del todo y que lo sabe desde que era un crío.

—Y, para que quede claro, solo me he acostado con dos chicas. —Me mira fijamente.

Parpadeo, sorprendido.

—¿En serio? —Asiente—. Pero si siempre tenías a una chavala diferente contigo en las fiestas. Y en las fotos de Instagram.

— Stalker —suelta con disimulo entre toses fingidas.

Lo fulmino con los ojos y se echa a reír—.

Me he enrollado con algunas más, pero habrán sido en total unas…

cinco. Creo que por eso me arrimaba a chicas pegajosas como Becca y Lexi, que buscaban un novio a toda costa, porque si me amarraban no tenía que fingir tanto.

—Cari —susurro, acariciándole la mandíbula—, no me había olido nada… Está claro que serías un pedazo de actor. —Se ríe por lo bajo, mordiéndose el labio—. Al nivel de DiCaprio en Django.

Se le ilumina la cara.

—Muchas gracias. ¡Qué piropazo! —exclama alegremente mientras a mí se me escapa la risita por la nariz.

Dios, me encanta ir descubriendo cosas sobre él. Creo que no me cansaría nunca de escucharlo hablar de estos pequeños detalles de su vida que nadie más conoce…, aunque guarden un fondo trágico. Me hace sentir enormemente especial que confíe en mí hasta el punto de contármelo todo.

—Me di cuenta de que me gustaba más mirar a los chicos, a mis amigos, que a las chicas.

No era algo sexual, pero tenía el presentimiento de que algún día querría salir con un chico.

Luego pasó lo que pasó y decidí reprimir la verdad.

La enterré en lo más profundo de mi ser y le eché encima tantas capas de negación que, con el tiempo, me convencí de que me gustaban las chicas.

Todo por culpa de algo que me dijo él… cuando abusó de mí.

La manera en la que traga saliva tras pronunciar esas palabras me parte el alma en mil pedazos, pero no pienso permitir que eso influya en mi forma de comportarme con él, porque sé que no es lo que quiere.

«Sigue siendo mi Kyran, sin importar lo que ocurra».

—Mencionó que… me había visto mirando a los chicos —prosigue—.

Como si fuera un secreto del que solo él se hubiera percatado y se estuviera escudando en eso para justificar sus actos.

Me dijo que, como era gay, tenía que dejar que…

me hiciera esas cosas. Como si se tratara de una especie de penitencia o algo por el estilo.

Se queda callado unos segundos y murmuro:

—Cari… —Cuando alza la vista hacia mí, percibo un destello de vulnerabilidad en sus ojos—.

No te lo he contado porque me daba vergüenza, pero…

estoy construyendo un coche. Es como un DeLorean de los buenos; vamos, de los que viajan en el tiempo, para que nos entendamos.

Así que puedo ir al pasado y pegarle una patada en los cojones a ese tío cuando quieras.