Capítulo treinta y dos
Kyran Harbor está en una relación con Avi Vega Avi Vega está en una relación con Twizzlers
SuCari : Qué tonto… AviDelRevés: ¡Mi alienígena favorito ha vuelto del espacio!
Avi
S olo me falta salir balando por el campo como una cabra, porque me siento irremediable y locamente enamorado ahora mismo. Hasta las trancas.
Mi hombre ha vuelto y estoy dando saltitos de las ganas que tengo de enseñarle lo que he estado haciendo en su ausencia. «Aparte de los bocetos dignos de un acosador, claro».
La verdad es que me sorprende que le hayan gustado los dibujos tanto como dice. Si los cuelgas todos juntos en una pared, te montas un altar igualito al que deben de tener en su casa los perturbados que se la cascan detrás de un arbusto mientras espían a gente famosa.
Quién sabe, a lo mejor ese es el nivel de obsesión que tengo con Kyran. Pero a él le parece adorable, así que me quedo más tranquilo.
Después de ducharnos, lo cual nos llevó mucho más tiempo del razonable, porque no éramos capaces de parar de comernos la polla el uno al otro, metí a mi hermanastro-novio en un Uber y pusimos rumbo a Davis Square, en Somerville.
Fuimos agarrados de la mano todo el trayecto, mirándonos como dos tortolitos…
Empalagosos a más no poder, sí, pero estar así con él me da la vida.
Sé que lo nuestro no será siempre tan idílico.
Todavía no hemos hablado de los problemas que lo impulsaron a marcharse.
Pero es innegable que parece más feliz que nunca.
El Kyran que tengo a mi lado en este instante es el mismo que aparecía fugazmente cada vez que estábamos solos, como en el autocine o en la fiesta de celebración de la Rose Bowl, cuando me besó delante de todos.
Y ahora sé que este es el verdadero Kyran. El que sonríe sin miedo y no arremete contra mí por sus propias inseguridades ni se obliga a negar lo que lo hace feliz.
El verdadero Kyran parece infinitamente más centrado, tranquilo y contento.
Tampoco soy tan ingenuo como para pensar que siempre será así.
Al fin y al cabo, sufrió una experiencia tan traumática que no me extrañaría que hubiera desarrollado una segunda personalidad a modo de escudo para no tener que revivir ese dolor.
Pero, siendo sincero, me enamoré de cada una de las versiones de Kyran Harbor. Lo único que quiero es poder admirar todos sus matices, sean cuales sean, el resto de mis días.
Al girar la esquina, con las manos todavía entrelazadas, murmuro:
—Vale… Cierra los ojos.
—Así que es de esa clase de sorpresas, ¿eh? —me sonríe con picardía.
—Sí, querido —respondo con suavidad, y él suelta una risita—. Cierra los ojos de una vez o me vas a obligar a tapártelos.
Frunce ligeramente el ceño.
—Qué mandón te has puesto de pronto… Exijo que me devuelvan el dinero.
—Míralo, si ahora hace bromas y todo —respondo para chincharlo, provocando que estalle en carcajadas—. A ver si es que nos hemos intercambiado los cuerpos mientras estabas fuera.
—Mmm… No me importaría estar dentro de ti —musita con voz ronca, enganchando el dedo en una de las trabillas de mi pantalón para atraerme hacia él.
—Te estás poniendo demasiado calentorro. —Las pestañas me tiemblan al sentir sus labios en el cuello—. Quiero enseñarte algo importante.
—Lo siento… Es que te he echado mucho de menos —gimotea mientras me pasa las manos por todas partes—. Me he tirado semanas enteras soñando con tocarte. Tengo que recuperar el tiempo perdido.
—Créeme, sé lo que se siente, superestrella. —Suspiro, notando su sonrisa en mi oreja.
—Me encanta que sigas llamándome así —murmura, y me río por lo bajo—. Me recuerda a aquellos tiempos en los que compartíamos baño y me sacabas de quicio porque me gastabas el champú.
—Vamos a ver, para empezar, ese champú era mío…
Suelta un grito ahogado de indignación.
—¡Porque tú lo digas!
—¡Que sí, que lo compré yo!
—Avi, no te ofendas, pero ibas fumado la mayoría del tiempo. No te he visto comprar champú en la vida. Te dedicabas a robárselo a los demás —replica, lanzándome una mirada acusadora.
Entrecierro los ojos, intentando recordar si alguna vez en mi vida he entrado en una tienda para comprar champú. Pero no se me viene a la mente ni una.
—Vale… Puede que tengas razón —refunfuño, y él curva los labios en una sonrisa de triunfo—. Pero me da igual. Pienso seguir robándote el champú mucho tiempo, así que más vale que vayas acostumbrándote.
Parpadea, mordiéndose el labio para reprimir una sonrisa.
—¿Esa es tu forma de decirme que quieres volver a vivir conmigo?
El corazón me da un brinco en el pecho. Joder, me muero de ganas de vivir con él. Estar a su lado todos los días sería un sueño húmedo hecho realidad. Pero no sabía si él se sentiría preparado para dar ese paso tan pronto…
—¿Tú… quieres que vivamos juntos? —Trazo un infinito sobre su corazón con la yema de los dedos.
Eleva las comisuras de los labios en una sonrisa que realza de puta maravilla el entusiasmo que le ilumina la mirada.
—Creo que vivir contigo sería la mejor experiencia del mundo. Podríamos despertarnos en la misma cama, echar un polvo mañanero… —Se me escapa una carcajada y él ensancha la sonrisa—. Hacer tortitas en ropa interior, acurrucarnos en el sofá para ver pelis, pelearnos por qué comida pedir…
Me echo a reír de nuevo, sacudiendo la cabeza por lo insoportablemente adorable que es.
—Vamos, casi lo mismo que hacíamos en el apartamento 446 antes de que Ash Holloway apareciera y nos aguara la fiesta, ¿no?
Suelta una risita.
—Sí. Exacto.
—Entonces, vale. —Le pellizco la barbilla—. Decidido. Nos mudamos juntos a un sitio que sea solo nuestro.
Kyran casi está dando saltitos de alegría mientras me abraza y me llena la cara de besos. Si piensa compensarme así cada vez que lo haga feliz, igual voy a tener que plantearme seriamente dedicar mi vida entera a consentirlo tanto como pueda.
Y lo mejor de todo es que está deshaciéndose en muestras de cariño hacia mí en mitad de la calle, sin preocuparle en absoluto que la gente que pasa por al lado pueda mirarnos. Por fin hemos dejado de escondernos y somos una pareja de verdad.
«¡Tengo novio!».
«A lo mejor he atravesado un portal a otra dimensión, pero me da lo mismo. De aquí no me mueve nadie».
—Kyran, en serio —protesto, quitándomelo de encima—. Me estás chafando la sorpresa…
—Perdón —contesta alegremente, retrocediendo y tapándose los ojos con las manos—. Lo siento, mi ángel. Adelante, tú mandas.
La sonrisa que se me dibuja es como un letrero de neón que reza: «Novato en el amor». Lo cojo del brazo y lo guío unos cuantos pasos hasta que giramos la esquina hacia el lateral del restaurante.
Me quedo contemplando un momento la pared que quiero enseñarle, sonriendo con orgullo a la vez que siento cómo me comen los nervios por dentro. Entonces suspiro y digo:
—Vale… Ya puedes mirar.
Kyran se aparta las manos de la cara. Abre mucho los ojos y la boca del asombro al percatarse del enorme mural pintado con aerosoles.
—Avi… Madre mía… —Su tono de voz refleja admiración—. ¿Lo has hecho tú?
—Ajá. —Me muerdo el interior de la mejilla, esperando con todas mis fuerzas que le guste.
«Parece que sí, ¿no? A ver, sé que no es una obra maestra, pero… a lo mejor le gusta igualmente…».
—¡Es lo más alucinante que he visto en mi vida! —exclama, girándose para encararme.
El estómago me da un vuelco y dejo escapar una sonrisa tímida.
—¿De verdad te gusta?
—¿Que si me gusta? ¡Es la hostia! —Se ríe con incredulidad mientras se acerca a la pared—. Anda, ¡ese soy yo!
Me brota una carcajada de la garganta.
—Sí, ese eres tú, superestrella.
Me mira con una sonrisa de oreja a oreja antes de darse la vuelta para seguir inspeccionando todos los detallitos que incluí en el mural con la intención de hacerlo nuestro.
Los dueños del Chow Down, el mejor restaurante de comida asiática que hay aquí, en Davis Square, estaban buscando a un artista local para que les pintara un mural en la pared de la fachada lateral.
Frankie se enteró y les dio mi número. Por supuesto, estuve más que encantado con la idea.
Llevaba sin hacer arte callejero desde que me fui de Nueva York, pero siempre había soñado con pintar un mural gigantesco en algún sitio donde cientos de personas lo vieran cada día.
Y eso es exactamente lo que hice.
La guinda del pastel fue descubrir que Bette y Tony Chow, los dueños, son forofos del fútbol americano universitario. Así que, cuando les conté que quería rendirle tributo a Kyran, se mostraron bastante entusiasmados con la idea de incorporar al mural un guiño a los Eagles y nuestra victoria.
—Y ese eres tú, ¿verdad? —Kyran señala al águila que está volando sobre un arcoíris con corazones alrededor de la cabeza—. El águila gay.
Me echo a reír y asiento con la cabeza.
—Perdona, soy bi. ¿O es que ya se te ha olvidado?
—Ah, ¿por eso has coloreado esta parte de rosa, morado y azul?
—Me dedica una sonrisa ladeada y asiento con la cabeza—.
Ohhh, ¡ahí está Robin! —exclama con ternura—.
¡Le has puesto una máscara y una capa como las del Robin de verdad!
—Asiento de nuevo—. Y ahí están la batseñal y Mr. Freeze…
¡Hostia, Vincent Vega bailando el twist en un escenario hecho de Twizzlers!
Me estoy descojonando de la risa. En serio, creo que hasta se me ha saltado alguna lagrimilla.
—Avi, esto es una puta pasada. Hay tantos detalles que necesitaría horas para encontrarlos todos. Es como Dónde está Wally.
—Pues, entonces, tendremos que volver. —Le rodeo la cintura por detrás y le beso la nuca—. Quizá podríamos incluso pillarnos un piso por aquí… Así lo veríamos todos los días.
Gira la cabeza por encima del hombro para mirarme de reojo.
—Me tienes… enamorado hasta los huesos.
—Cari, yo estoy coladísmo por ti, a unos niveles que no pueden ser ni sanos. —Le estampo un beso en los labios mientras se ríe—. ¿Tienes hambre? —Asiente, restregándome el paquete por el culo—. De comida de verdad, Kyran.