Capítulo treinta y uno #4
Tengo los ojos fijos en él, en sus párpados amenazando con cerrarse cuando le introduzco el glande, en sus labios entreabiertos temblando.
La nuez que tanto me gusta morder y chupar se le mueve al tragar saliva mientras me deslizo en su culo hambriento, que engulle hasta el último centímetro de mi miembro.
Le arrebato la cámara de las manos y grabo cómo lo penetro hasta el fondo, apartándole los huevos para lograr el plano perfecto.
—Jodeeer, Avi… —Me agarra de la cintura conforme la saco y la meto de nuevo. La sensación de volver a estar dentro de él provoca que me estremezca de la cabeza a los pies—. Te quiero… Me encanta… tu… polla. Me encanta lo grande y… gruesa que la tienes.
—¿La has echado de menos, cari? —gruño, y él asiente sin dudar, estrechándomela con el culo mientras profundizo rítmicamente en su cuerpo cálido y tembloroso.
—Muchísimo… —Me clava los dedos en las caderas y me impulso con más fuerza, haciéndolo rebotar sobre la mesa con cada embestida—. Echaba de menos lo bien que me follas.
—No pienso dejar de hacerlo nunca, precioso. —La cabeza me da vueltas. Me inclino sobre él y nos fundimos en un beso que me aseguro de captar con la cámara—. Encajamos a la perfección.
—Tú me completas —susurra en mi boca.
—Te quiero —respondo con voz ronca, hundiéndome en él cada vez con más intensidad y agarrándole el culo para mantenerlo pegado a mí—. Quédate conmigo para siempre, cari…
—Soy tuyo, Aviel —dice suspirando, y siento que el corazón se me va a salir del pecho—. Solo tuyo. Para siempre.
Dejo el móvil a un lado un segundo para levantarlo en brazos y girarnos de tal modo que ahora sea yo el que tenga la espalda apoyada sobre la mesa y él esté encima de mi cintura.
Los ojos se le abren de golpe ante el repentino cambio de postura y me vuelvo loco al contemplarlo sentado a horcajadas sobre mi regazo, con las rodillas en la mesa, la piel sudada y enrojecida y unos cuantos mechones rubios alborotados cayéndole por la cara.
—Cabálgame, precioso —le suplico, con la polla todavía dentro de él—. Demuéstrame lo mucho que has echado de menos follarme.
Echa la cabeza hacia atrás y suelta un gemido, aferrándose a mi pecho mientras mueve las caderas arriba y abajo para envolverme con sus paredes estrechas y cálidas. Este hombre es una puta maravilla… Podría correrme solo con mirarlo.
«Vale, fans. Ahora entiendo perfectamente por qué os gusta tanto vernos».
—Uff…, Avi —susurra entre gemidos, con la polla botándole mientras intenta alcanzar el orgasmo balanceándose sobre mí sin parar. La mesa cruje bajo nuestro peso y resuena contra la pared—. Joder, eres increíble. Estoy a punto de correrme…
—Córrete sobre mí, cari. —Le sujeto las caderas para ayudarlo a cabalgarme—. Frótate bien la próstata con mi polla.
—Mmm… Estás dándome… de lleno. —Contrae los músculos alrededor de mi miembro cada vez más conforme se acerca al clímax.
—¿Quieres que me corra justo ahí? —Cojo el móvil para capturarlo todo, porque la escena es alucinante.
—Sí, cari. Uff, mi ángel… Córrete dentro de mí. —Comienza a moverse con más ímpetu, entregado por completo al placer—. Empápame la próstata con tu semen caliente…
—Dios, qué boca más sucia tienes —gruño, levantando las caderas al compás de sus embestidas. Nuestros cuerpos se chocan a un ritmo cada vez más veloz e intenso—. Dale uso a esa lengua… Dime cómo quieres correrte, mi preciosa putita.
—Ay, mierda. Joder, joder, joder… Avi, me encanta tu polla.
—Lo sé, cari.
Estoy tenso, sudando, retorciéndome y perdiendo la puta cabeza, con mis dibujos pegados a la espalda mientras me deslizo sobre la mesa por la vehemencia de sus movimientos.
—Haz que me corra, cari —musita con voz ahogada, y yo suelto una risita sin aliento al percatarme de que ha puesto los ojos en blanco—. Jodeeer… Fóllame por el culo. Ábremelo… bien… Ay, Dios, me corro.
Apenas soy capaz de sostener el móvil, pero igualmente me aseguro de grabar cómo se corre, porque es lo más excitante que he visto en la vida.
De su polla enorme y dura salen chorros de semen que me empapan por completo mientras continúa follándome como si no le resultara suficiente.
Lo hace con tanta fiereza que su corrida lo salpica todo y noto su miembro húmedo dándome golpecitos en el abdomen.
Solloza, gime y me pellizca los pezones hasta que me es imposible contenerme más.
Dejo caer el móvil al suelo y me aferro a su espalda para sujetarlo contra mí mientras un temblor me sacude la entrepierna y estallo en un orgasmo apoteósico.
—Cari…, me estoy corriendo dentro de ti —gimoteo, atrayéndolo más hacia mí—. Bé-bésame. Bésame, Kyran. Joder, te quiero.
Se desploma sobre mí y nuestros dientes se chocan conforme nos lamemos y nos mordemos, jadeando y gruñendo.
—Avi… Aaaaviiii, mi ángel, siento cómo te estás corriendo en mi culo… Qué puta maravilla.
—Ah, ¿sí? ¿Sientes cómo te estoy llenando, cielo?
—Me encanta sentir tu semen impregnándome entero, cari. Me encanta cómo me follas…
Le agarro la mandíbula mientras continuamos frotándonos, convertidos en un amasijo de músculos sudorosos y empapados de semen. Le paso la lengua por el labio inferior y se lo chupo con ansia para devorar las palabras que salen de esa boca lujuriosa.
—Te he echado muchísimo de menos —le digo, estremeciéndome a medida que dejamos de movernos, ambos con las extremidades temblorosas y el corazón desbocado en el pecho.
—Y yo a ti. No tienes ni idea de cuánto. —Levanta la cabeza lo justo para sostenerme la mirada.
El amor que sentimos se palpa en el aire. Es pura química, una llama que no se extingue nunca. Siempre ha habido esa atracción entre nosotros… Una fuerza inexplicable que nos arrastra hacia el otro.
Nos pasamos un buen rato acariciándonos; yo le paso los dedos por el pelo y él me desliza los suyos desde la mandíbula hasta el cuello. Nos limitamos a mirarnos y a disfrutar de este momento.
Por fin estamos juntos, como dos mitades que se han reencontrado de nuevo, y ahora todo tiene sentido.
Kyran me da varios besos en el labio inferior mientras yo me limito a quedarme tumbado, respirando, deleitándome en la calidez reconfortante que me recorre todo el cuerpo. Por primera vez en semanas, me siento feliz. Mi hombre ha vuelto sano y salvo. Lo hemos logrado.
«Hemos ganado nuestro propio partido».
Se echa hacia atrás y le sujeto las manos para salir de él y ayudarlo a levantarse.
Una vez de pie, se muerde el labio y junta las piernas de la forma más sexy y adorable que he visto en la vida, retorciéndose al notar cómo le resbala mi semen desde dentro.
Me incorporo despacio, le tomo la mano entre las mías y le beso la palma.
Esboza una sonrisa y desvía la mirada hacia algo que se encuentra a mi espalda. Al verlo fruncir el ceño, me doy cuenta de que está fijándose en mis dibujos.
—Ah, sí… —murmuro avergonzado cuando extiende el brazo para cogerlos—. Son míos… Es que te echaba de menos y… —La voz se me apaga y trago saliva.
—Avi… —susurra, escudriñando las hojas arrugadas y cubiertas de sudor—. Son una auténtica pasada.
Suelto una risita por la nariz y sacudo la cabeza.
—Son solo bocetos.
—¿En serio? —Me mira con la boca abierta—. Pero ¿y este nivel de detalle…? Es alucinante.
Sigue ojeando los dibujos que hice de él mientras estaba lejos. Y otros tantos que hice en la residencia…, cuando se suponía que solo follábamos por los fans.
Algunos son solo de sus ojos o de su boca.
Otros, de su cara o de su cuerpo. También tengo unos en los que sale durmiendo, sonriendo, frunciendo el ceño, follando conmigo o corriéndose.
Debe de haber en total unos cincuenta bocetos de Kyran Harbor, lo que demuestra, una vez más, que llevo obsesionado con él mucho más tiempo del que he querido reconocer.
—Has estado dibujándome todos estos meses…, ¿verdad? —musita, y le brillan los ojos al mirarme.
—Puede… —respondo en voz baja, y él sonríe. Me gusta tanto verlo así que admito con un suspiro—: Vale, sí. Llevo enamorado de ti mucho tiempo… Salta a la vista.
Kyran pone un puchero y me rodea el cuello con los brazos, dejándose caer sobre mí. Y, sin pensarlo, como si respondiera por puro instinto, le paso los brazos por la cintura para sostenerlo.
—Perdón por haber desperdiciado tanto tiempo teniendo miedo —susurra.
Niego con la cabeza.
—No te disculpes. Por ti merece la pena esperar todo el tiempo del mundo. Habría seguido abriéndote la puerta aunque hubieran pasado años.
Me besa la mejilla y luego el cuello.
—¿Puedo quedarme los dibujos? —pregunta, soltando una bocanada de aire lentamente.
Me río por lo bajo.
—Puedo hacerte unos mejores…
—Me gustan estos.
Y esas palabras me encienden la bombilla.
Me aparto un poco y le sostengo la mandíbula con la mano.
—Vamos a limpiarnos, cari. Quiero enseñarte algo.