Capítulo treinta y uno #3
—Quiero contártelo todo… —musita con voz ronca contra mi boca mientras jadeamos y nos devoramos, frotándonos con urgencia para recuperar el tiempo perdido—. Han pasado muchas cosas buenas en todo este tiempo…, aunque cada segundo sin ti ha sido una tortura.
—Me muero de ganas de que me lo cuentes, precioso —digo suspirando, más que satisfecho por tenerlo otra vez a mi lado. Por fin me siento en paz, como si hubiera atravesado las mismísimas puertas del cielo—. Podría escucharte hablar durante horas.
—¿Quieres que nos pongamos al día ahora? —Esboza una sonrisa y yo le respondo con otra. Ambos tenemos los labios hinchados por la intensidad de nuestros besos voraces.
—Si te parece bien… —digo, mordiéndole el labio inferior y arrancándole un leve murmullo de la garganta—, antes me gustaría cogerte en brazos y follarte sobre la primera superficie que pille.
—Cómo sabes siempre lo que necesito… —gimotea—, mi dulce ángel de la guarda.
Me apoyo contra la pared y lo agarro del culo para alzarlo del suelo. Deja escapar un grito ahogado de sorpresa, se ríe y me rodea la cintura con las piernas mientras lo llevo hacia mi cuarto.
—Me encanta estar con alguien que es capaz de levantarme —dice, rozándome los labios con la lengua antes de hundírmela en la boca. Mi miembro palpita contra el suyo a través de la tela de los pantalones.
—¿Te apetece que te domine un poco, bombón? —gruño, y él gime, asintiendo y retorciéndose entre mis brazos.
—Joder, no sabes lo mucho que te he echado de menos. —Me sujeta del pelo con ambas manos—. No me he corrido desde la última vez que estuvimos juntos…
—Mmm… ¿Ni una sola vez?
Niega con la cabeza.
—Yo tampoco.
Me dirijo hacia mi mesa de dibujo y lo suelto sobre ella. Sigue rodeándome la cintura con las piernas para mantenerme pegado a él mientras le sostengo la mandíbula y lo beso con una furia desatada, como si estuviera infligiéndole un castigo a esa boca dulce y suave.
—¿No te has tocado pensando en mí cuando me echabas de menos? —susurra.
—No. —Niego con la cabeza—. No podía. Mi polla te necesitaba a ti.
—Pues ya estoy aquí. —Desliza una mano entre ambos para acariciar el contorno de mi miembro por encima de la ropa—. Déjame aliviarte.
—¿Eso me lo dices a mí… o a mi polla? —Sonrío, y le brota una risita ronca y sensual de la garganta.
—Vale para ambos. Os he echado de menos a los dos por igual.
Dejo salir un gemido desesperado al tiempo que le succiono los labios y echo un vistazo hacia abajo. No creo que se haya dado cuenta de que está tumbado encima de un montón de dibujos suyos…, pero la escena es digna de enmarcar.
Llevo semanas trazando bocetos de Kyran…
Era lo único que mis manos parecían querer dibujar.
Y ahora está aquí, el auténtico, mi cari, recostado sobre un fondo compuesto por sus ojos, sus labios y su torso musculado.
La belleza que intenté capturar en el papel no le hace ninguna justicia al hombre tan asombroso que alza la mirada hacia mí en este instante.
Me saco la camiseta por la cabeza, la lanzo al suelo rápidamente y después hago lo mismo con la suya. Nos quitamos la ropa a toda prisa, explorándonos con manos nerviosas a la vez que nuestras respiraciones aceleradas retumban en el aire cálido y húmedo por la añorada lujuria que nos invade.
—¿Dónde está tu madre? —pregunta mientras le bajo los pantalones y los calzoncillos y recorro la longitud de su polla dura y enorme con las manos.
—Ha salido un rato para descansar de mí —murmuro, y se ríe—. Por lo visto, llevo unas semanas insoportable y no aguantaba tenerme cerca.
Pestañea y se muerde el labio, tratando de reprimir la sonrisa indómita que se ha apoderado de su boca.
—O sea, ¿me estás diciendo que hasta el señor Melasuda se pone un poquito cascarrabias de vez en cuando?
—Pues sí —gruño, bajándome también los pantalones y los calzoncillos hasta los muslos para estar en igualdad de condiciones—. El mes que he pasado sin porros, sin sexo y sin Kyran me ha hecho mella.
Los ojos se le iluminan.
—¿Has dejado de fumar…?
Agacho la cabeza y le deslizo los dedos por los abdominales.
—Lo dejé antes de la Rose Bowl. —Parpadea y me aclaro la garganta—. No… No quería anestesiarme estando contigo, cari. Además, los subidones que tú me provocas son mucho mejores que los de cualquier droga.
El pecho le sube y baja con respiraciones entrecortadas. Parece sorprendido y eufórico por lo que acabo de confesarle.
—Mi ángel… —dice suspirando, sirviéndose de los pies para bajarme más los pantalones—. Necesito que te desnudes por completo para mí y me folles como solo tú sabes…
Por supuesto, obedezco y le concedo exactamente lo que quiere, porque no hay nada que me haga más feliz que complacerlo y darle lo que necesita.
Echo un vistazo hacia atrás por encima del hombro para comprobar la puerta, que sigue entreabierta.
—Como a mi madre le dé por volver pronto a casa, se va a traumatizar de por vida.
Nos reímos mientras seguimos besándonos y fundiéndonos con el calor del otro.
—Bueno… ¿Te acuerdas de Navidad? —murmura, y yo asiento—. El morbo de que puedan pillarnos es un fetiche que me encanta explorar contigo…, hermanito.
Suelto una risita contra su boca, restregando mi polla con la suya y juntando las puntas pegajosas mientras nos rozamos los huevos con movimientos lentos.
Me toca el pecho y se aferra a mis pectorales a la vez que juguetea con mis pezones.
Sentir su cuerpo pegado al mío sin nada que nos separe es una de las experiencias más eróticas y sensuales que he vivido.
Somos Kyran y Avi sin censuras. Amándonos y follando de verdad.
—Si los fans nos vieran ahora… —susurro en sus labios, buscando el lubricante en uno de los cajones del escritorio.
Kyran deja de besarme y, cuando bajo la vista hacia él, lo veo mirándome sonrojado, ebrio de deseo y extremadamente precioso.
—Deberíamos grabarlo. Por los viejos tiempos. —Enarco una ceja y se muerde el labio—. Para enseñarles que estamos juntos de nuevo. Al fin y al cabo, lo nuestro no habría sido posible… sin ellos.
El estómago me da un vuelco al procesar lo que está sugiriendo. Llevaba todo este tiempo creyendo que Kyran se arrepentía de lo del OnlyFans. Pensaba que lo veía únicamente como algo que podía dañar su reputación y me sentía culpable por haberlo metido en aquel lío.
Pero, después de todo, resulta que sí estábamos haciéndolo por los fans… Porque nosotros también acabamos siendo fans.
—¿Y qué pasa con… la NFL? —pregunto, y él se encoge de hombros.
—Si de verdad me quieren, tendrán que aceptarlo. —Me traza el contorno del labio inferior con el dedo—. Venga, una última vez… ¿Qué te parece, mi ángel con la gorra del revés?
Sonrío y le muerdo el dedo.
—Me parece que va a quedarles bastante claro que eres mi cari, superestrella.
Emite un gemido cargado de deseo mientras bajo la mano hasta llegar al bolsillo de su pantalón y coger su móvil. Lo desbloquea y mi boca se cierne sobre la suya.
—¿Por los fans?
Eleva las comisuras de los labios y me besa suavemente.
—Por los fans.
Kyran sostiene el móvil en alto mientras yo me echo lubricante en los dedos. Me lo extiendo por la polla y, a continuación, le esparzo a él un poco entre las nalgas. Se le escapa un jadeo cuando le masajeo el ano y le introduzco un dedo.
—Por nosotros… —Le beso el cuello, metiendo y sacándole el dedo lentamente.
—Siempre por nosotros.
—Acción —susurro, y el sonido de su risa se transforma en un quejido de placer cuando le deslizo un segundo dedo.
Kyran sujeta la cámara para grabar cómo le cubro el pecho de besos y le envuelvo los pezones con la lengua mientras mis dedos entran y salen de él, haciéndolo jadear sin control.
—Mi cari está de vuelta. —Pronuncio las palabras entre lametones y mordiscos, marcándole la piel con chupetones que le arrancan un gruñido.
—No llevas la gorra —dice entre risitas con la respiración entrecortada—. Igual no te reconocen.
Alzo la vista hacia la cámara con una sonrisa ladeada.
—Aquí @GorraDelRevés transmitiendo en vivo entre las piernas de @NoSoyTuCari . —Él se ríe por lo bajo y comienza a gimotear en cuanto le toco la próstata—. Mmm… Graba eso, cari. Mira cómo te gotea la polla al sentirme dentro…
Apunta la cámara hacia su miembro, que reposa duro y palpitante sobre su abdomen, justo debajo del mío, soltando gotas. No puedo evitar detenerme a jugar con él. Deslizo el pulgar por debajo de la piel y lo muevo alrededor del glande, regodeándome en su tacto resbaladizo.
—Espera —gruño, agachándome y colocándole las piernas sobre mis hombros—. Esto no se puede desperdiciar. Hay que lamerlo.
Le meto la lengua por debajo del prepucio y le chupo el glande una y otra vez hasta que consigo que salga a la superficie como si fuera un Push Pop.
—Uf…, Avi —balbucea con voz temblorosa—. Cómo echaba de menos que me la chuparas así…
—Yo también echaba de menos chupar esta punta tan preciosa y rosada —gruño, y me enreda los dedos en el pelo con un gemido mientras graba cómo recibo su deliciosa polla en la boca.
Continúo metiéndole y sacándole los dedos en el culo y, cuando añado un tercero a la ecuación, se le tensa el abdomen.
—¿Quieres que te folle, superestrella? —Le tiro de los huevos hasta que empieza a temblar.
—Sí… Sí, por favor —solloza, separando aún más las piernas y arqueando la espalda, como si me estuviera ofreciendo su agujero—. Fóllame por el culo, cari. Tal y como lo estás deseando.
—Joder, lo deseo con todas mis fuerzas.
Le retiro los dedos lentamente, vuelvo a ponerme de pie para colocarme entre sus piernas y, sin más dilación, le hundo la polla entre las nalgas. Aunque Kyran sigue sosteniendo la cámara en alto, ni siquiera le estoy prestando atención. Como de costumbre.