Por los fans Capítulo treinta y uno
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Capítulo treinta y uno

Avi

E l dibujo que estoy bocetando es precioso…

Y me está tocando las narices.

No suelo perder los nervios dibujando, pero ahora mismo me siento bastante frustrado y las canciones que suenan a través de los auriculares solo consiguen alterarme aún más.

«Canciones de amor… Letras que no dejan de recordarme a él».

Sin embargo, no está aquí conmigo. Y yo estoy… triste. Y enfadado.

«Vale, igual va siendo hora de tomarme un descanso… antes de que parta otro carboncillo por la mitad».

Me quito los auriculares y los arrojo junto a mis lápices mientras me pongo de pie y me paso ambas manos por el pelo, tirando de él. Bajo la vista hacia la manta peludita del suelo, donde Robin está tumbada, observándome con sus enormes ojos amarillos.

—¿Y tú qué miras? —refunfuño, y ella parpadea—. ¡Mamá! —gruño en voz alta, saliendo de mi habitación hecho una furia.

—¿Qué pasa, tesoro? —murmura mi madre desde el salón.

Me planto en la cocina en un segundo y empiezo a rebuscar en los armarios.

—Por favor, dime que nos quedan más cereales Lucky Charms… Necesito consolarme desesperadamente con ese cálido abrazo al paladar que solo las nubes de azúcar saben darme.

Mi madre suelta un suspiro compasivo al que respondo con una mirada fulminante.

—Avi, te lo digo con todo el cariño del mundo… —Se levanta del sofá—. Fúmate un porrito, hijo, porque me estás poniendo de los nervios.

Aprieto la mandíbula, destilando el mismo cabreo que me acompaña como una sombra desde hace cinco semanas.

—Sabes que ya no fumo…

—Por desgracia, sí, lo sé. —Se frota los ojos—. Y, como tu madre, me siento en la obligación de informarte de que llevas unas semanitas insoportable. No hay quien te aguante.

Ladea la cabeza con una lástima que me obliga a detener mi saqueo descontrolado de comida basura.

—Pues lo siento mucho. —Cierro el armario de un portazo—. Lamento en el alma que mis intentos de recomponerme resulten tan molestos para todo el mundo.

Sé que me estoy comportando como un crío, pero no puedo evitarlo.

No solo me he tirado cinco semanas sin fumar, sino que, encima, también llevo cinco semanas a dos velas, y entre ambas cosas me he convertido oficialmente en la persona más insufrible de toda el área del Gran Boston.

Soy consciente de ello. Pero, por desgracia, me es imposible remediarlo.

Dejé de fumar por Kyran, pero se fue y ahora solo me dedico a ver cómo pasan los días.

«Irritando a todo el mundo que me rodea con mi humor de mierda, según parece».

Mi madre se acerca y me pasa las manos por los hombros.

—Avi…, no pasa nada por echarlo de menos. Si quieres hablar de él, estoy más que dispuesta a escu…

—Ese es el problema —la interrumpo—. No puedo hablar de él sin echarlo aún más de menos, y eso no me sirve de nada, porque no piensa hablar conmigo ni sé dónde está ni si va a volver algún día.

—Hago una pausa para coger aire y me tapo la cara con las manos—.

No tengo ni idea de cómo gestionar todo esto…

No sé si estoy malgastando el tiempo esperándolo. Me siento… perdido.

Mi madre frunce los labios para reprimir una sonrisa y me echa el pelo hacia atrás con los dedos.

—Cielo, no estás perdido. Estás enamorado. Y a veces duele querer a alguien y no saber qué siente esa persona por ti.

Pestañeo, notando cómo el peso de mis emociones me aplasta contra el suelo de madera.

—¿Y qué se supone que tengo que hacer, entonces?

Me mira fijamente un segundo y después murmura:

—Seguir resistiendo. Si el destino lo quiere, todo saldrá bien.

Me dedica una sonrisita y pongo los ojos en blanco.

—Gracias, mamá. Me quedo mucho más tranquilo.

Sacude la cabeza, se da la vuelta y coge su abrigo.

—Voy a salir un rato.

—¿A dónde vas? —gruño.

—Fuera —responde con firmeza, dirigiéndose a la puerta—. A ver si cuando vuelva se te han quitado las malas pulgas.

—Lo dudo mucho —me quejo por lo bajo.

Una vez que se ha marchado, suspiro y echo un vistazo a nuestro nuevo apartamento.

Nos lo ha subarrendado una señora muy amable llamada Jill que, por lo visto, se pasa la mitad del año en Florida para huir del crudo invierno de Nueva Inglaterra.

Sé que probablemente tengamos que mudarnos de nuevo dentro de unos meses, pero de momento nos hace el apaño.

Cuando mi madre se fue de la casa de Tom en Somerville, nos pareció lógico volver a vivir juntos, y más ahora que ya no estoy en la universidad.

Detesto admitirlo, pero, con todo el tema de que Kyran se esfumara y tal, me he pasado estas últimas semanas a la deriva.

Tenía la esperanza de que el arte me ayudara a mantenerme a flote, pero cada dibujo que empiezo acaba recordándome a él.

Vivir con Frankie estuvo guay mientras duró, pero, al igual que mi madre, ella también se hartó de mi humor de perros.

Supongo que la falta de maría y el dolor por la ausencia de ese maniático del control dulce y sexy que no consigo sacarme de la cabeza me están convirtiendo en el gruñón pesimista que solía ser Kyran… antes de que nos enamoráramos.

El pecho se me encoge solo de pensar en lo mucho que lo echo de menos.

Al menos mis proyectos de arte logran distraerme durante el día… Pero, por la noche, no puedo evitar sentirme profundamente solo.

Por ahora voy tirando con el dinero que ahorré del OnlyFans y, como ya no tengo que preocuparme por pagarme la universidad, es más que suficiente. Pero supongo que pronto tendré que buscarme un trabajo… que no consista en follarme a mi novio delante de una cámara.

El problema es que mis fans siguen rondándome y están tan desesperados como yo por que vuelva @NoSoyTuCari , por lo que me siento aún más destrozado, porque, siendo sincero, me encantaría retomar el OnlyFans.

Aquellos meses fueron los mejores de mi vida…

y todos los días me llegan mensajes directos de desconocidos ansiosos que no hacen más que recordármelo.

Abandono la caza de comida basura, me saco el móvil del bolsillo y ojeo las redes sociales. Desde que me cambié el nombre, mi Instagram se ha transformado en un abismo insondable de comentarios y mensajes de gente preguntándome sin parar por el paradero de mi compañero desaparecido en combate.

¿Dónde está @NoSoyTuCari?

¿Volveréis al OnlyFans?

Cuando vuelva @NoSoyTuCari, ¿vais a grabar más vídeos probando juguetitos? Es lo más sexy que he visto en mi vida

«Ya, no hace falta que me lo digas…», pienso yo.

Aun así, no solo echo de menos el sexo con Kyran. Obviamente, es una parte muy muy tentadora e irresistible, pero, sobre todo, lo echo de menos a él.

Echo de menos tenerlo cerca, su olor, su piel suave y su cuerpo de infarto, con todos esos músculos definidos y masculinos…

Su pelo rubio y sedoso, el tacto de sus labios carnosos besándome por todas partes, sus miradas fulminantes con esos ojos avellana y su ceño fruncido.

Pero, por encima de todo, echo de menos sus sonrisas.

El sonido de sus carcajadas y también su seriedad.

Sus dudas y su pasado abrumador.

Lo echo de menos a él entero y a todo lo que estábamos empezando a ser antes de que se marchara.

Si volviera a tenerlo conmigo, me pasaría los días tratando de reconstruirlo y no me importaría lo más mínimo hacerlo. Si él quisiera, me dedicaría en cuerpo y alma a reparar todas aquellas partes de su ser que le parezcan rotas… Sería un auténtico honor para mí convertirme en su manitas.

Ni siquiera lo consideraría un esfuerzo, porque lo haría por Kyran Harbor.

Como soy un masoquista redomado, no puedo evitar meterme en su Instagram… solo para ver si ha publicado algo nuevo desde la última vez que lo comprobé… hace dos horas.

Poco después de irse, Kyran borró todas las publicaciones que tenía, y lo entiendo. Al fin y al cabo, ninguna de esas fotos mostraba a su verdadero yo. Formaban parte de la imagen que se había creado de sí mismo, y supongo que se ha cansado de fingir.

Sin embargo, esta vez, cuando miro su perfil, me doy cuenta de que hay algo distinto…

Se ha cambiado el nombre.

Parpadeo mirando la pantalla, con el estómago hecho un nudo y el corazón martilleándome la garganta. Antes salía como QB 9—Kyran Harbor, pero ahora pone… SuCari.

Me muerdo el labio y deslizo hacia abajo con el dedo hasta donde decía «Todavía no hay publicaciones», solo que ahora sí aparece una. Es un recuadro negro con un texto en blanco que reza lo siguiente:

Estoy enamorado de un ángel.

Procedo a leer la descripción, sintiendo cómo se me oprime el pecho a medida que recorro las palabras con los ojos…

Estoy enamorado de un ángel, pero no de los que tienen alas y aureola.

Sino de un ser humano con el corazón más grande que un campo de fútbol americano.

Un ángel con un talento que no conoce límites y que no trata de encajar en los moldes que la sociedad le impone, porque eso es de pringados.

Que cree en los alienígenas y en los críptidos… ¿Teorías conspiranoicas? Mi ángel se las sabe todas y no dudará en desmontarte esa realidad que crees conocer.

Estoy enamorado de un ángel precioso con un cuerpazo que haría suspirar a cualquiera…, aunque, irónicamente, le corra más azúcar que sangre por las venas.

Estoy enamorado de un ángel que utiliza los Twizzlers a modo de pajita para beber y que bautiza a cada osito de gominola que devora.

«Muy buenas, Bob. Un placer comerte».

Estoy enamorado de un ángel que nunca ha dejado de creer en mí…

Ni siquiera después de todo el daño que le he causado.

Un ángel al que solía herir con mis palabras, pero que, aun así, seguía infundiéndome ánimo cuando más lo necesitaba…

Que estuvo a mi lado cuando el mundo me daba la espalda.

Un ángel que me dijo que no estaba todo perdido hasta que se hubiese acabado, porque es cierto.

Esto no ha hecho más que empezar, lo prometo.

Mi ángel era la última persona de la que pensé que podría llegar a enamorarme…