Capítulo treinta #2
Estar cerca de Avi, verlo, sentirlo, respirar a su lado, todo lo que hicimos juntos… fue lo que me liberó. Él se convirtió en esa pala que fue retirando poco a poco los escombros bajo los que se escondía el verdadero Kyran, al que había enterrado vivo.
Por eso sé que no es algo que se escoja, porque, a pesar de todos mis esfuerzos por esconderme, acabé saliendo a la superficie igualmente.
No quiero seguir mintiéndome. No quiero seguir huyendo…
Lo cual parece un tanto irónico, teniendo en cuenta que es lo que estoy haciendo ahora mismo. Pero esta vez no huyo para perderme a mí mismo, sino para acallar el ruido de mi mente y encontrarme. Así, cuando vuelva a llamar a su puerta, no habrá ni el menor rastro de duda.
El verdadero Kyran Harbor no estaría vivo si no fuera por Avi Vega.
Él es el motivo que me impulsa a seguir, mi salvación.
«Relájate y déjate sostener por él».
Hay que ver cuánto pueden cambiar las cosas en una semana…
Cuando me fui de Somerville, después de haber guardado todas mis cosas en cajas y haber salido con ellas del edificio Walsh de la Boston College, en realidad no estaba muy seguro de lo que pensaba hacer. Lo único que sabía era que necesitaba marcharme de allí y afrontar mi caos interno.
Tenía claro que quería estar solo un tiempo, aunque fuera al principio, para poner mis pensamientos en orden antes de pasar a la siguiente parte del plan. Así que alquilé un Mercedes SUV para el trayecto, igualito al que conduje cuando llevé a Avi al autocine. Y no, no fue una coincidencia.
Quería sentirme más cerca de él a lo largo de todo este proceso, aun siendo plenamente consciente de que tendría que obligarme a ignorar sus llamadas y mensajes.
Me mata por dentro no hablar con él…, pero sé que este distanciamiento es necesario.
Recuperar al verdadero Kyran es una tarea de la que debo ocuparme yo solo.
No puedo cargar a Avi con esa responsabilidad.
Es cierto que, en muchos sentidos, fue él quien me salvó, y necesito que lo sepa.
Me aterra la idea de que piense que me he ido porque no lo quiero, cuando es precisamente su amor lo que me ha impulsado a seguir conduciendo cada vez que me han entrado ganas de darme por vencido en esta misión de recomponerme y volver a casa sin más.
Pero no quiero regresar a su lado siendo una versión incompleta de mí mismo, porque el verdadero Kyran sigue siendo un maniático del control y un cabezota en bastantes aspectos. Cuando se le mete algo entre ceja y ceja, ese cabronazo no para hasta conseguirlo.
«Se acabó lo de esconderse. Ya me he cansado de actuar según lo que creo que el resto espera de mí».
«Volveré a Boston cuando me sienta preparado para enfrentarme al mundo tal y como soy».
Un chico gay, enamorado de su hermanastro, superviviente de abuso sexual y quarterback del equipo. «Vale, puede que eso último no haya cambiado, pero ahora juego únicamente por mí, no para intentar que mi padre no se avergüence tanto de mí.
Los primeros días en la carretera me limité a conducir sin un rumbo fijo, con el único objetivo de despejar la mente y decidir cuál sería mi siguiente paso.
Fue una experiencia intensa, pero también liberadora.
Apagué la música y recorrí las calles sin más compañía que la de mis pensamientos.
Dejé salir todas esas cosas que llevaba años apartando y, cuando sentí que empezaban a ahogarme, las pronuncié en voz alta.
Lloré. Reí. Grité. Paré el coche en el arcén unas cuantas veces para serenarme antes de acabar estrellándome contra un árbol.
Y, aunque hubo momentos que me supusieron una auténtica tortura, después de aquello me sentí mucho mejor.
Ese trayecto me preparó para la siguiente parte de mi plan.
Hace dos días terminé en un hotel cerca de los Berkshires, que es un lugar pintoresco y tranquilo, especialmente en invierno. Fui allí alguna vez de acampada cuando era pequeño y me lo pasé de maravilla. Pero, al recordar la soledad de las montañas, deseé aún más que Avi estuviera conmigo.
«Tenemos que venir de acampada en primavera».
«Eso si no sigue enfadado conmigo por haberme ido, claro».
Quiero creer que, cuando Avi descubra que lo he hecho por mi propio bien, lo entenderá.
Al fin y al cabo, él siempre ha sido así.
Paciente, atento, cariñoso y comprensivo.
Representa todas las cualidades que buscaba en una familia.
Y, gracias a él, también he comprendido por qué la mía, pese a compartir sangre, nunca pudo ofrecérmelas.
Una vez instalado en mi habitación, con una bolsa de comida rápida para cenar (porque, total, como no voy a jugar más hasta el campamento de fútbol, puedo darme el capricho), me permito relajarme por fin, después de un día cargado de emociones.
Hoy he tenido mi primera sesión de terapia propiamente dicha, con una psicóloga muy simpática llamada Anna. Es muy fácil hablar con ella, cosa que agradezco, ya que ha sido la primera vez que me he atrevido a contarle a alguien cara a cara toda la historia del abuso que sufrí.
La segunda noche que pasé en la carretera hablé con alguien de RAINN, la línea de ayuda a víctimas de abuso.
Tenía tal ataque de nervios por estar soltándolo todo por primera vez que, sinceramente, no me acuerdo de su nombre.
Pero le conté todos los detalles que aún me atormentan, esos que me revuelven el estómago del asco y la rabia y me empujan a encerrarme en mí mismo.
A pesar de todo, conseguí abrirme, y me siento muy orgulloso de ello.
Tras aquella conversación estuve a punto de saltarme mi propia regla y llamar a Avi. Me moría de ganas de oír su voz, revelarle mis progresos y percibir al otro lado de la línea esa sonrisa que le sale cada vez que me dice que está orgulloso y que me quiere.
Pero tampoco quiero que parezca que estoy haciendo todo esto para ganarme su aprobación… Porque no es así. Lo estoy haciendo por mí. Para poder construir una relación sana con él y compartir cosas sin sentir miedo.
Todavía me aterra la posibilidad de que mi historia acabe espantándolo. Sé que es absurdo, y más teniendo en cuenta todo el apoyo que me ha brindado. Pero no puedo evitar pensar que la idea de que abusaran de tu novio de niño es muy distinta a la realidad de conocer los detalles escabrosos.
También sé que no tengo por qué contarle nada… Me lo dejó claro la noche antes de que me fuera. Pero igualmente quiero hacerlo. No quiero ocultarlo ni vivir avergonzado.
Aun así, como Anna me ha dicho antes…, hay que ir poco a poco. Primero tengo que darme tiempo para aceptarme a mí mismo y luego ya me preocuparé de que lo haga mi pareja.
Cojo el móvil de la cama con indecisión y vuelvo a encenderlo.
Lo he tenido apagado la mayor parte del tiempo para no sucumbir a la tentación de leer los mensajes desgarradores de Avi o contestar a sus llamadas, pero, sobre todo, para resistirme al impulso de sacar fotos aleatorias y subirlas a Instagram…
, uno de los mecanismos de defensa que han propiciado que viviera cómodamente en un estado de negación perpetuo todos estos años.
No digo que las redes sociales sean malas…
Es solo que no representan la realidad. Mi cuenta era un escaparate de fotos que cumplían con el único propósito de mantener una imagen ficticia de mí mismo.
Fotos sin camiseta en el gimnasio, sonrisas y besos con chicas que no me importaban, puestas de sol, comida…
La vida feliz y glamurosa de alguien que ni siquiera existía.
Así que las borré todas.
Todavía conservo la cuenta, pero no hay publicaciones. Algún día subiré algo de nuevo… Y, cuando lo haga, reflejará quién soy de verdad.
Al imaginarme subiendo una foto de Avi y mía besándonos, noto un cosquilleo en el estómago y me muerdo el labio. Me pregunto qué estará haciendo ahora mismo…
Me meto en Instagram y busco su perfil, ese que solo tiene unas cuantas publicaciones sueltas y que sigo creyendo que usaba sobre todo para cotillearme. La idea me curva los labios en una sonrisa increíblemente reconfortante.
Echo de menos sonreír por Avi. Reírme de sus chistes tontos y fruncir el ceño para disimular lo ingenioso y adorable que me parece en realidad.
Cuando entro en su perfil, veo que se ha cambiado el nombre… De AviVega420 a AviDelRevés .
Aprieto los labios. Supongo que al final ha decidido aceptar la fama que se ha granjeado como estrella del porno.
Hasta donde yo sé, su cuenta de Twitter sigue inactiva, al igual que el OnlyFans. Pero este cambio de nombre hace que me pregunte si estará pensando en retomar todo el negocio que montamos juntos, ahora que no tiene que preocuparse por la universidad.
«No se buscará… a un nuevo socio…, ¿no?».
Me trago el nudo que se me forma en la garganta y deslizo el dedo por el perfil.
En su biografía solo pone: «El arte es amor», pero más abajo me encuentro una publicación de ayer.
Parece una especie de muro, tal vez de hormigón, con un grafiti de una cara fruncida de color amarillo sobre un fondo negro.
En el pie de foto ha escrito lo siguiente:
Estoy solo . Completamente solo.
Parpadeo un par de veces, sin apartar los ojos de la pantalla, preguntándome de qué me suena esa frase… Y entonces lo recuerdo. Es de Bitelchús, una de sus cinco películas favoritas del mundo.
Cojo el mando de la tele y empiezo a recorrer todas las plataformas de streaming disponibles hasta que doy con ella en Amazon Prime. La pongo y dejo que se reproduzca de fondo mientras miro la foto.
No sabía que Avi hiciera grafitis, pero, al fin y al cabo, es artista. Puede usar cualquier superficie que se le antoje a modo de lienzo, lo cual es bastante guay. Solo que, en este caso, me habría gustado que no se hubiera visto en la necesidad de plasmar algo tan deprimente.
Me salgo de Instagram, abro la conversación que tengo con Avi y leo todos los mensajes que me ha enviado desde que me fui de California, que no son precisamente pocos.