Por los fans Capítulo veintinueve #3
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Capítulo veintinueve #3

«Ay, Señor… ¿Le habrá contado alguien que Kyran y yo nos besamos en la fiesta? Se me había olvidado por completo…».

—¿A qué…? ¿A qué te refieres? —pregunto, fingiendo no pisparme de nada, y le hago señas con la mano al conductor de mi Uber mientras se detiene junto a la acera.

—Kyran ha venido a casa a soltar un montón de sus cosas —resopla—. Me ha dicho que va a dejar la universidad un tiempo por motivos personales y se ha negado a contarme más.

Me subo al coche con la cabeza dándome vueltas, me coloco la bolsa de viaje en el regazo y un subidón de adrenalina me impulsa a decirle al conductor:

—Oye, ¿podemos cambiar el destino por el 538 de Summer Street, en Somerville? Te pago la diferencia en efectivo.

El conductor asiente y modifica la ruta en su móvil.

—¿Sigue allí? —le pregunto a mi madre, sintiendo retortijones en el estómago.

—No, se ha ido. —Suspira intranquila y cierro los ojos—. Ni siquiera ha querido decirme a dónde iba… Avi, ¿ha pasado algo? ¿Por qué va a dejar la universidad?

—Mamá, voy de camino —respondo con calma, aunque estoy hecho un manojo de nervios—. Tenemos que hablar. ¿Está Tom en casa?

—No, está trabajando.

—Perfecto. Nos vemos en un rato.

«Joder, esto duele demasiado».

«Duele tanto que me cala hasta los huesos».

Estoy arriba, en la habitación de Kyran, en nuestra casa de Somerville… El que fue su hogar antes de convertirse también en el mío. La casa a la que me mudé, osando invadir su territorio.

Antes creía que esa era la razón por la que me odiaba, porque no quería compartir el cariño de su padre con una madrastra y un hermanastro que, además, era completamente diferente a él en todos los sentidos.

De hecho, creía que también me odiaba justo por ser su opuesto: un artista pobre, malo en los deportes y con tendencia a restarle importancia a las cosas con una sonrisa cuando se ponían demasiado serias.

Tal vez no me equivocara del todo en esa parte…

Tal vez me odiara, o lo fingiese, porque le recordaba a la persona que él solía ser. La que podría haber sido si un monstruo deleznable no le hubiera arrebatado su infancia.

Sin embargo, al estar aquí ahora, no siento ni rastro de aquel odio.

Los recuerdos de cuando se metía conmigo en el instituto, de nuestras peleas por el baño, de sus palabras hirientes…

no me entristecen. Al contrario: me dibujan una sonrisa en los labios, porque así empezó nuestra historia, como hermanastros a regañadientes, antes de que sucediera todo lo demás.

Éramos hermanos. Y eso es lo que me llena de pena, rabia y desesperanza.

El hecho de que, durante todo ese tiempo, mi hermano estuviera lidiando con la carga de un pasado tan devastador… y yo no tuviera ni idea de ello.

Cojo una de sus sudaderas, me la acerco a la cara e inhalo su olor. El aroma que impregna la tela me parte el corazón en aún más pedazos.

«Tengo una vela que huele a ti…», dice en mi cabeza, y tengo que parar antes de derrumbarme por completo.

Los nuevos recuerdos que hemos creado aquí pesan mucho más que aquellos en los que me odiaba.

Como el de Nochebuena, sosteniéndole la mano y besándolo en una cama en la que seguramente solía maldecir mi existencia.

O el de la noche que compartimos en mi habitación…

Todavía lo veo moviéndose sobre mí. Siento sus manos tocándome y sus labios recorriéndome el cuello.

En ese momento nos convertimos en algo más. Sin cámaras grabando y sin preocuparnos por el dinero. Nos entregamos juntos a una pasión sin reservas y pasamos toda la noche conociéndonos mutuamente. Por fin.

Después de tantos años existiendo el uno en la vida del otro…, esa noche nos quitamos la venda de los ojos.

Y nos dimos cuenta de que, en realidad, no era por los fans.

—Avi. —Mi madre se asoma a la puerta y me mira fijamente—. Deberíamos hablar antes de que Tom vuelva a casa.

Asiento con la cabeza, dejo caer la sudadera junto al resto de sus cosas y la sigo por el pasillo hasta su dormitorio. Al recorrer la habitación con los ojos, me percato de que hay una maleta en el suelo. La observo confundido, pero me siento en la cama al lado de mi madre sin mediar pa­labra.

—¿Quieres contarme qué está pasando? —pregunta, con la mirada llena de preocupación—. Últimamente te noto más distante que nunca, Aviel. Y quizá yo también tenga parte de culpa… Pero antes estábamos muy unidos, y ahora… —Sacude la cabeza y baja la vista hacia su regazo.

Odio que se sienta así por mi culpa. No quiero que piense que le escondo cosas ni que me estoy distanciando de ella.

—Mamá, tengo que contarte varias cosas —empiezo a decir, tomando aire—. Y si no te las he contado antes, es porque necesitaba aclararme yo primero. Pero es… complicado.

—¿Más complicado que el hecho de que te expulsen de la universidad por hacer porno? —Alza una ceja y resoplo.

—Bueno, a ver, llamarlo «porno » igual es venirse un poco arriba. —Pongo los ojos en blanco—. Es un OnlyFans.

—No sé de qué narices hablas, pero, si te grabas manteniendo relaciones sexuales…, es porno —replica de forma tajante.

«Ahí me ha pillado».

—Bueno, todo empezó más o menos con lo del… porno. —Me muevo incómodo en mi sitio—. Ahí me di cuenta de que a lo mejor me gustaban también los chicos… —Niego con la cabeza—. O sea, a lo mejor no. Por aquel entonces no sabía si me gustaban, pero ahora sí lo sé. Vamos, que soy bisexual.

Dejo escapar un suspiro para tratar de serenarme y desvío la vista hacia mi madre, que me mira atentamente con las cejas levantadas.

—Vale… —responde, inclinándose en mi dirección—. ¿Y?

—Ah… Eh… Pues… —Me aclaro la garganta—. Creía que ibas a necesitar un minutito para digerirlo, pero se ve que no.

—Aviel, me alegra mucho que me lo hayas contado. —Me frota el brazo—. Estoy muy orgullosa de esa valentía que tienes. Pero no me hace falta digerir nada. Te quiero tal y como eres. Me da igual con quién estés, siempre y cuando seas feliz con esa persona.

Trago saliva y curvo los labios en una ligera sonrisa.

—Gracias, mamá. Yo también te quiero.

—¿Ya se te ha olvidado que tu tío Elijah es gay? —pregunta, pestañeando con incredulidad—. Y el hermano de tu padre, Dominic.

—No, no se me ha olvidado lo del tío Eli… —murmuro—. Pero no sabía que el tío Dom también era…

—Bueno, pues que sepas que Elijah me contó que era gay cuando tenía catorce años, así que no me hace nada de gracia que hayas pensado que soy una vieja carca y que no iba a entenderlo —refunfuña, como si estuviera ofendida, y suelto una risita sin poder remediarlo.

—Créeme, mamá, sé perfectamente que tú de vieja carca no tienes nada. —Le dedico una sonrisa y ella me responde con otra—. Pero espera, que ahora viene la parte chunga…

Abre los ojos de par en par mientras cojo aire para soltarle la bomba.

—Kyran y yo hemos estado… —Eso es todo cuanto consigo decir antes de aclararme la garganta para continuar—: Juntos.

Arquea las cejas y ladea la cabeza.

—¿En serio? —pregunta, y yo asiento—. ¿Cuánto tiempo?

Me muerdo el interior de la mejilla y me remuevo de nuevo, incómodo.

—Unos tres meses.

Al fijarme en su cara, da la impresión de estar atando cabos.

—Así que por eso os llevabais tan bien últimamente. ¡Tendría que haber sospechado algo! Ya decía yo que no parabais de miraros cuando estuvisteis aquí…

—Lo siento… —Me giro para encararla—. Sé que es raro, porque es el hijo de Tom, pero es que…

—¿Lo quieres? —pregunta con ternura, y asiento, decaído—. Se nota, cielo. Nunca te había visto tan… destrozado por alguien. Llevaba tiempo esperando que llegara este día.

Está sonriendo, emocionadísima por mí, pero no puedo evitar poner los ojos en blanco.

—Gracias, mamá, a mí también me encanta sentirme como una mierda —ironizo.

—Bueno, ¿y qué ha pasado? ¿Os habéis peleado?

—No, ese es el problema. Todo iba genial.

Lo bordó en el partido y luego fuimos a la fiesta de celebración y les contó a todos sus compañeros de equipo que estábamos saliendo.

Por fin parecía que éramos una pareja de verdad.

Pero después se esfumó… Me dejó tirado en California sin decirme nada.

No contesta a mis llamadas ni a mis mensajes… y ahora ha dejado la universidad.

Mi madre me observa un instante, como si supiera que estoy guardándome algo.

—Aviel…, por favor, sé sincero. ¿Kyran era el que salía en esos vídeos contigo?

Retuerzo los dedos en el regazo, visiblemente incómodo.

«Ay, Señor… Esto es raro, pero raro de cojones».

«No quiero que mi madre sepa que Kyran y yo nos lo hemos estado montando delante de una cámara».

—Avi… —resopla, negando con la cabeza—, no puedo contigo, de verdad.

Pongo cara de niño bueno y pestañeo de forma exagerada.

—Te prometo que no he hecho nada demasiado malo, mamá.

—Eres de lo que no hay, hijo mío… —dice suspirando.

—Pero es que…, si no fuera por esos vídeos, a lo mejor nunca habríamos… —Se me apaga la voz—. A ver, es obvio que antes me tenía una tirria tremenda, así que grabar juntos… acabó uniéndonos. Y ahora estoy enamorado de él y no sé qué hacer.

—Ay, tesoro. —Me rodea con el brazo y me acerca a ella—. Ya sabes lo que dicen… La línea que separa el amor del odio es muy fina. Estoy convencida de que Kyran solo actuaba así contigo porque le importabas y tenía miedo.

Asiento.

—Supongo…

—¿Crees que se habrá ido por eso?

El pecho se me encoge y me detengo un momento a pensar en qué decirle. Sé que no me corresponde a mí revelar el secreto de Kyran. Hemos acabado metidos en este embrollo precisamente por no respetar su privacidad. Pero estoy preocupado por él…

Además, mi madre está casada con su detestable padre. El tipo que se lavó las manos ante el hecho de que abusaran de su propio hijo, como si no hubiera tenido la menor importancia.

«Se merece saber con qué clase de persona ha elegido compartir su vida».

—Mamá, ¿Tom te ha hablado alguna vez de por qué Kyran dejó de ir a la iglesia? —le pregunto con cautela.