Capítulo veintinueve #2
Desconocido: Ey, soy Guty. Bea me ha dado tu número.
Desconocido: Kyran acaba de escribir al entrenador…
Se ha ido a casa.
Me quedo mirando el mensaje con los ojos abiertos de par en par hasta que me duelen de no parpadear.
Yo: Que se ha ido a casa?? Por qué????
Guty: No lo sabemos. Lo único que le ha dicho al entrenador
es que ha cambiado el billete para irse antes.
Intento no darle muchas vueltas para no acabar poniéndome en lo peor…
Pero no puedo evitarlo. Las inseguridades y las voces atormentadas de mi conciencia insisten en salir a la superficie y gritar tan alto que no puedo ignorarlas.
«Te ha dejado».
«Ha salido corriendo otra vez… Por tu culpa».
«Porque, como siempre, lo has presionado demasiado. Lo has perseguido una y otra vez, aun sabiendo que él no quería dejarse atrapar».
Me tumbo de lado y me hundo en mi propia desesperanza.
«Pero ¿por qué me dijo entonces que me quería? ¿Por qué me besó delante de todo su equipo y les contó que era mi novio si luego iba a darme la espalda y salir corriendo?».
El corazón se me encoge al recordar lo de anoche… Dios, fue increíble besarlo a la vista de todo el mundo, sentir cómo se rompían sus cadenas, y también las mías. En ese momento, nos convertimos por fin en una pareja de verdad.
Dejamos de ser un secreto.
Por primera vez, tenía novio…
«Kyran Harbor era mío».
Sin embargo, todo eso fue antes de que se enterara de que yo sabía lo que le había ocurrido en el pasado. Y, por más que intenté explicarle que nada había cambiado, noté cómo se iba distanciando, convencido de que no era nada más que un hombre roto.
Pero no lo es, joder. Y, aunque lo fuera, me daría igual. Seguiría haciendo todo lo que estuviera en mi mano para recomponerlo y tenerlo a mi lado, porque lo quiero así, tal y como es.
Quiero todos y cada uno de sus pedacitos imperfectos.
Es oficial…
Estoy destrozado.
Han pasado horas y sigo sin tener noticias de Kyran.
Después de recibir el mensaje de Guty, decidí que no podía quedarme de brazos cruzados esperando a que saliera mi vuelo, así que me planté en el aeropuerto para ver si podía coger otro más temprano.
Y vaya que si pude… El de la una y media. El mismo en el que iba a ir Kyran.
«Supongo que me habrán dado su asiento y todo. Estupendo».
Podría pasármelo hasta bien sentado al lado de Guty y Theo si Kyran estuviera aquí conmigo. Pero, como no lo está y, encima, tengo que cargar con el hecho de que se ha ido sin mí y ni siquiera me dirige la palabra, es básicamente la situación más incómoda que podría haberme imaginado en la vida.
Noto las miradas de todos los compañeros de Kyran clavadas en mí mientras me acomodo en mi asiento junto a la ventana y el avión despega.
Seguro que se están preguntando cómo puede alguien pasar de besarse con otro chico delante de todo el mundo y salir del armario en un solo día a darle calabazas al siguiente.
Y, aunque me entran ganas de que me trague la tierra solo de pensarlo, me es imposible dejar de repasar en mi mente cada instante del polvo que echamos anoche, como si hubiera sido una especie de despedida ardiente y devastadora.
En aquel momento, parecía que estábamos reafirmando lo nuestro.
Después de pasarnos más de una semana sin follar, entre todas las peleas, los distanciamientos, las reconciliaciones y luego la declaración de amor…
, al estar dentro de él anoche me sentí como si por fin hubiéramos llegado a casa, a un hogar en el que refugiarnos siempre que estuviéramos juntos y enamorados.
Anoche fue la primera vez que follamos sabiendo exactamente lo que sentimos el uno por el otro. O al menos eso era lo que creía yo.
Pero, ahora que estoy aquí, atrapado en una caja de metal a más de diez mil metros de altura sin más compañía que mis pensamientos obsesivos, me asaltan la mente todos esos detalles sutiles a los que no les había prestado atención entonces, como sus gestos, su voz y cuando me susurró que me quería…
«¿Estaba despidiéndose de mí?».
«¿No pudo soportar el hecho de que yo supiera lo que le había ocurrido en el pasado?».
La idea me mata por dentro. No tiene por qué estar solo ni ocultar sus heridas, y mucho menos sentirse como si estuviera roto. Lo que necesita es rodearse de gente que lo quiera y lo apoye incondicionalmente.
Pero Kyran prefiere ocuparse de todo él mismo, sin pedir ayuda, y ahora por fin entiendo el motivo. Esa experiencia tan horrible le enseñó a creer que debía tener bajo control hasta el más mínimo aspecto de su vida. Y supongo que es más fácil hacerlo estando solo.
—Tío… Yo creía que los que fumabais hierba erais más tranquilitos —refunfuña Guty a mi lado, y la cara me cambia al instante—. Como no pares de moverte, al final me vas a obligar a meterte un sopapo para que te calmes.
—Perdón… —Suelto un suspiro largo—. Es que… me tiene preocupadísimo.
—Seguro que está bien. A lo mejor solo necesitaba un poco de espacio —responde, y lo fulmino con la mirada—. Sin ánimo de ofender.
Me froto los ojos.
—Ni siquiera me he traído la hierba… He dejado de fumar por él.
Guty frunce el ceño.
—¿En serio? —pregunta, y yo asiento—. Hostia…
—Bueno, no me lo ha pedido… —murmuro—. Pero no quiero ir fumado por la vida y perderme el subidón de estar a su lado.
Guty me mira fijamente y Theo, que va en el asiento del pasillo, se levanta despacio el antifaz que lleva en los ojos y vuelve la cabeza también hacia mí.
—¿Qué? —resoplo, pasándome la mano por la cara.
—Tío, eso ha sido precioso —suelta Theo, parpadeando en mi dirección con un pequeño puchero en los labios.
—¿Tú cómo leches me has oído, si llevas auriculares? —gruño.
—Cambio de canción. —Se gira en mi dirección—. No te preocupes. Te ayudaremos a recuperarlo.
—Eso. —Guty me da una palmadita en el brazo—. Cuando aterricemos, vente directamente conmigo a la residencia. A lo mejor está allí.
Asiento y fuerzo una ligera sonrisa para demostrarles que agradezco el apoyo. Pero, en realidad, los nervios me están comiendo por dentro.
La idea de presentarme en la residencia de Kyran cuando ha estado ignorando de forma deliberada mis llamadas y mensajes hace que me sienta como el típico tío pesado que no es capaz de pillar las indirectas.
El entrenador Matthews nos echa un vistazo entre los asientos. Theo se recuesta rápidamente en el suyo y se tapa de nuevo los ojos con el antifaz. Guty vuelve a centrarse en la peli que tiene puesta en el iPad.
Y yo me limito a contemplar por la ventana las nubes que envuelven el avión.
«No me apartes de tu lado, Kyran. Déjame quererte como te mereces».
Supongo que al final he conseguido dormir un par de horas, porque, cuando abro los ojos otra vez, ya estamos aterrizando en el aeropuerto Logan. En cuanto el piloto anuncia que podemos volver a encender los móviles, quito el modo avión, deseando con todas mis fuerzas que Kyran me haya contestado.
No tengo ningún mensaje nuevo…, pero ha leído los que yo le he mandado.
El pecho se me oprime con tal fuerza que me siento igual que si me hubieran aparcado encima un tractor.
Guty me da un codazo.
—Oye… Eh… Kyran me ha escrito.
Ladea el móvil en mi dirección para que lea el mensaje.
Nueve: Ey, tío… Perdón por haberme largado sin decir nada. Es que
tengo la cabeza hecha un lío. Pero, antes de que vuelvas a la
residencia y pienses que te he abandonado, quería avisarte de que
me he llevado todas mis cosas de la habitación. Me voy de la uni… Al
menos unas semanas. Necesito poner en orden todas mis movidas.
Que sepas que te quiero como a un hermano. Eres el mejor amigo
del mundo, Samson. Lo digo en serio. No te preocupes, estaré bien.
Cuida de ese trofeo por mí, máquina.
El cinturón de seguridad que me rodea la cintura parece cortarme la circulación. Las paredes dan la impresión de estrecharse de golpe y empiezo a jadear en busca de aire.
«¿Se ha ido de la universidad…?».
«¿Ha dejado la residencia?».
«¿Por qué iba a hacer eso? ¿Qué coño ha pasado?».
«¿Todo esto es porque me he enterado de su secreto?
Joder, si hubiera sabido que la verdad iba a llevarme a perderlo, no le habría preguntado nada a Bridget.
Habría dejado que él lidiara con ello a su manera en vez de sacarle la información a su hermana y empujarlo a que saliera a toda leche de mi vida».
«Si es que soy imbécil».
«No puedo con esto».
«Es la primera persona a la que le entrego mi corazón, y se lo ha llevado sin dejar ni rastro, como un ladrón a medianoche».
Guty me frota la espalda, pero apenas lo noto. Me presiono los ojos con los dedos hasta que empiezo a ver puntitos de luz. En parte porque presiento que me va a dar una migraña de tres pares de narices, pero también porque no me apetece que vea que estoy a punto de romper a llorar.
—¿Quieres que… le diga algo? —pregunta Guty con delicadeza—. ¿De tu parte?
«Sí, dile que esto no tiene ningún sentido. Que no lo entiendo… No sé por qué necesita irse, otra vez, cuando le supliqué por todos los medios que se quedara conmigo. Otra vez».
«Pregúntale por qué me está arrancando el puto corazón del pecho si de verdad me quiere tanto como aseguraba».
Por supuesto, no le pido que le diga nada de eso. Me limito a negar con la cabeza, abatido.
Porque, si Kyran no quiere hablar conmigo ni explicarme toda esta mierda él mismo, supongo que ya no hay nada más que decir.
Una vez que nos bajamos del avión, me despido de Theo y Guty, ignorando las miradas compasivas que me lanzan. Estoy fuera esperando mi Uber cuando me suena el móvil. Por un instante, el corazón se me sube a la garganta, hasta que veo que es mi madre la que me está llamando.
—Hola, mamá —murmuro, arrebujándome en la sudadera. «Por si no hubiera habido ya suficientes cambios bruscos en mi vida por hoy, hemos pasado de estar a treinta y cinco grados a tan solo cinco»—. Acabo de bajarme del avión. Iba a llamarte…
—Aviel, ¿qué ha pasado? —me interrumpe con un tono de preocupación en la voz que me inquieta aún más.