Capítulo veintiocho #5
—¿Te parece una buena polla?
Asiento rápidamente.
—Una polla buenísima…
Desde la última vez que estuvimos juntos, no he podido dejar de pensar en repetir esto.
De hecho, cada segundo de cada día que ha pasado desde la primera vez que me folló, lo único que he deseado es sentirlo dentro de mí de esta forma…
Embistiéndome con esa punzada dolorosa de placer que roza la zona más sensible de mi cuerpo y me manda una descarga eléctrica directa a la entrepierna.
Apenas me la ha metido hasta la mitad y ya tengo ganas de correrme, porque me encanta esta sensación… Me da igual si es lo correcto o no. Me siento realizado y completo cuando me folla por el culo.
Avi gime y jadea encima de mí, introduciéndome cada centímetro despacio, con el pelo delante de la cara. Alzo la mano que tengo libre y le sujeto la mandíbula para atraer su boca hacia la mía y gritar su nombre entre sus dulces y suaves labios.
Se desliza dentro de mí por completo, golpeándome los huevos, que me cuelgan por fuera de la ropa interior, con la cálida piel de su pelvis y ese cinturón de Adonis tan sexy que se le marca.
De pronto, el destello de un recuerdo sumergido en las profundidades de mi mente amenaza con salir a la superficie.
Pero lo aparto enseguida.
—Soy solo tuyo, Avi… —digo, mordiéndole el labio para anclarme al presente.
—Eres solo mío, Kyran Harbor —susurra en respuesta, moviendo las caderas para frotar ese músculo ardiente y duro como una roca contra mi próstata.
Me tiembla todo el cuerpo. El estómago se me contrae y encojo los dedos de los pies dentro de los calcetines.
—Mmm… Joder, joder, joder… —balbuceo mientras la polla se me estremece y comienzo a correrme.
Ya. Después de tan solo dos segundos.
—Uf, cari, qué sexy… —Mueve las caderas lo justo mientras me contraigo alrededor de su pene una y otra vez al mismo tiempo que nos empapo de semen a ambos—. No puedes evitar correrte con mi polla dentro de ti, ¿verdad, amor? Te corres tan bien cuando te la meto…
—Si-sigue… —tartamudeo, dándole una palmada en el culo—. Sigue follándome. Haz que me co-corra otra vez.
Avi suelta un gruñido y me acerca la boca al cuello para mordisquearlo y chuparlo al mismo tiempo que continúa moviéndose rítmicamente dentro de mí, y siento que la euforia del orgasmo tan inesperado que me ha abordado se va diluyendo.
Al principio me parece demasiado. Me noto todo el cuerpo sensible y la polla se me ablanda un poco mientras me embiste.
Pero sus acometidas vuelven a ponérmela dura. Desciende los labios hasta mi pecho y me chupa los pezones, lamiendo toda la corrida que es capaz de alcanzar desde su posición.
—Ni que fuera un reto. —Acelera el ritmo con una sonrisa lasciva en la cara—. Pienso hacer que te corras tantas veces que mañana no vas a poder ni andar.
—Joder, Avi —gimo con voz ronca, levantando las caderas para que me penetre con más intensidad—. Cari, me encanta cómo me follas. No dejes de hacerlo nunca…
—Me vuelves loco, precioso —gruñe, aumentando el ritmo con cada arremetida hasta que me embiste tan fuerte que mueve el colchón—. Nunca he deseado nada tanto como te deseo a ti siempre…
La polla se me hincha de nuevo al sentir sus abdominales deslizándose sobre ella.
Alzo las caderas y le rodeo la cintura con las piernas para aferrarme a él.
Nuestros cuerpos sudan el uno contra el otro y los músculos se nos tensan.
Los gemidos, los gruñidos y el choque de la carne nos dan una serenata de melodías lascivas.
Consigue volver a ponerme a tono y, a juzgar por la forma en la que está agarrando el edredón y hundiéndose en mí cada vez con más fuerza, diría que ahora es él quien está a punto de correrse.
Apoya la frente en la mía, a un suspiro de mis labios.
—Avi… —susurro con una especie de ronroneo.
—Kyran… —gimotea, al borde de perder el control.
—Quiero más… —Le cojo la mano y la guío hacia abajo—. En mi culo. Quiero aún más de ti dentro de mí…
—Joder, eres irresistible, cari —murmura, deslizando despacio los dedos hacia el punto de unión de nuestros cuerpos—. ¿Aquí, dices…?
Asiento rápidamente, con los sentidos nublados por la necesidad que me consume. Deseo mucho más de él, tanto que ni siquiera alcanzo a comprenderlo. Ansío sentir su cuerpo entero en mi interior.
—Si te duele, dímelo y paro —dice con un hilo de voz, trazando un círculo alrededor de su polla a medida que me amoldo a su grosor.
Pero creo que quiero que duela. Necesito más de ese ardor y necesito que sea él quien me lo provoque.
«Solo él…».
Avi coge el lubricante y se echa un poco más en la mano.
—Relaja los músculos, cari…
Cuando se toca la polla con los dedos húmedos, justo en la zona donde está entrando y saliendo de mí, siento que voy a perder la cabeza. Y ahora lo quiero aún más que antes por ser conmigo el Avi que conozco, el de siempre.
«No ha cambiado. Sigue queriéndome y no me tiene entre algodones. Está dándome justo lo que le he pedido, tal y como ha dicho que haría».
Tantea el terreno con los dedos, tratando de introducírmelos junto a su polla, pero no lo consigue de primeras. Ni de lejos. Tarda un poco, y, aun así, no parece que vayan a caberme, hasta que me levanta aún más las caderas para que apoye el culo sobre sus muslos.
Elevo las piernas en el aire y apoyo las pantorrillas sobre sus hombros. Esta es probablemente la posición más vulnerable que he adoptado con él de momento. Me siento expuesto, con los pies tan cerca de su cabeza.
Pero entonces gira la cara hacia la izquierda y me besa la pantorrilla, logrando apaciguarme. La intimidad de sus gestos, aun cuando estamos follando como animales, hace que me derrita.
Entonces me desliza los dedos dentro. Dos. Junto a su polla.
—Uf… Uf, joder, Avi… Ca-cari… —gimoteo, y él gruñe mientras continúa besándome la pierna.
—Hostia puta… Esto es increíble. ¿Te gusta que te rellene así, cari?
—Sí… Joder, sí. Quiero más…
—¿Más?
—Uno más…
—Vale… Uno más en este agujero apretadito y cálido…
—¡Joooder! Avi, fóllame… —suplico casi ahogándome, gritando y jadeando a pleno pulmón.
Se asegura de abrirme bien con los dedos mientras mete y saca la polla, llevándome al borde de otro orgasmo.
—Voy a correrme dentro de ti, Ky —gimotea, tirando de la cintura elástica de mi suspensorio con la mano que le queda libre a la vez que se mueve rítmicamente entre mis piernas con cada embestida—. Voy a llenarte hasta el fondo…
—Lléname entero —le digo con la respiración entrecortada.
Y esas dos palabras son suficientes para que Avi se entregue por completo.
Cierra los ojos y se muerde el labio para contener los sollozos. Noto cómo estalla dentro de mí. La polla se le hincha y le palpita a medida que me inunda con su semen.
Me encanta verlo corriéndose… La forma en la que se le contraen los músculos y le tiemblan los labios mientras pronuncia mi nombre… La manera en que ralentiza las caderas lo justo para que sienta cómo se vacía enmí.
—Joder, qué sexy eres —susurro, y me retira los dedos del culo, arrancándome un jadeo.
Están resbaladizos y relucientes por el lubricante y su semen. Los cierra alrededor de mi polla y desliza el puño de arriba abajo al compás de los lentos vaivenes de sus caderas.
—Córrete otra vez para mí, cari. Necesito que… te corras otra vez. —Se inclina sobre mí y me besa los labios.
—Me queda muy… po-poco —murmuro contra su boca, y deja escapar un gemido.
—Pero antes dímelo, Kyran.
—Te… Te quiero. —Muevo las caderas adelante y atrás, arremetiendo contra su puño y cabalgando sobre su polla en busca del inminente orgasmo—. Te quiero, Avi Vega.
—Mmm… Te quiero muchísimo, Kyran Harbor.
El clímax me sacude de nuevo, arrastrándome de cabeza a un abismo de placer. Me empapo los abdominales con mi propio semen mientras Avi me exprime hasta la última gota. Acto seguido, se desploma sobre mí y respiramos abrazados, con el pulso acelerado.
Siento una calidez que me envuelve todo el cuerpo… Y una tranquilidad que solo Avi consigue brindarme.
«¿Ves? Esto no me pasa con nadie más».
Él es el único. El primero y el único.
Me deshago por un momento de las dudas que me corroen por dentro y observo con los ojos somnolientos cómo Avi se aparta de mí.
Me masajea las piernas y las caderas, maravillado ante la imagen de su semen goteándome del culo.
Luego se acomoda en la cama junto a mí con cuidado, dejando escapar un murmullo, y me rodea la cintura con los brazos para atraerme hacia él.
—Hemos vuelto a ponerlo todo perdido, ¿eh? —murmuro, acurrucándome contra su pecho y dándole un beso tras otro en el esternón.
Se ríe por lo bajo.
—Bueno, es que no sabemos hacerlo de otra forma. —Se me dibuja una sonrisa relajada en los labios mientras me recorre el pelo con los dedos—. Kyran…, lo de hoy ha sido increíble, cari. Estar contigo es un sueño hecho realidad, y lo digo en serio.
La euforia del sexo nos ha dejado a ambos resplandecientes, como si fuéramos dos diamantes recién pulidos, y no hay nada que desee más en el mundo que quedarme así con él para siempre.
«No quiero que perdamos nunca esto que tenemos…».
Posa los ojos en mí y me pregunta:
—¿Me crees?
De pronto, me asaltan las dudas. No puedo evitarlo. Me reconcome por dentro la inseguridad de saber que es consciente de las heridas que guardo en lo más profundo de mi ser. Y no soporto la idea de que piense que no ha sido el primero para mí, pero me es imposible sacármela de la cabeza…
—Kyran, por favor… —En su mirada percibo un destello de desesperación—. No pienses que lo nuestro ha cambiado, porque no es así. Eres mío, cari. No voy a abandonarte nunca. Pase lo que pase.
Asiento ligeramente, decidiendo creer en sus palabras. Sé que algo ha cambiado, es innegable. Pero, aun así, él no ha dejado de quererme, y necesito aferrarme a ese hecho para no derrumbarme.
—Te quiero muchísimo, Avi. —Acerco los labios para imprimir esa verdad en la suavidad de su piel—. Espero que lo sepas.
—Sí. —Su voz reverbera en mi cuerpo mientras me coge la mano—. Lo sé.
—En serio —murmuro, alzando la vista hacia él—.
Siempre me has abierto la puerta, a pesar de que no soy nada más que un amasijo de pedazos rotos.
Te has quedado conmigo todas y cada una de las veces que he acudido a ti y has intentado recomponerme, incluso sin saber a qué se debía el destrozo.
—Niego con la cabeza y apoyo la mejilla en su corazón—. Eres…
—¿Una versión masoquista de Bob y sus amigos? —susurra, y se me escapa una carcajada por la nariz.
—Avi… —comienzo a decir, pero las palabras se me atascan en la garganta cuando lo veo observándome con los ojos rebosantes de amor.
Sé que habla en serio. Que me quiere incondicionalmente y que quizá lo haga siempre.
A lo mejor podemos construir un futuro juntos… Aunque todavía somos jóvenes, no me parece una idea tan descabellada. Y nada me haría más feliz que compartir la vida con él.
Pero no se merece la incertidumbre ni las dudas. No se merece que le entreguen una y otra vez los mismos pedazos rotos.
Se merece amar a una persona que se sienta completa, no a alguien con miedo incluso de confesarle la verdad.
Me encantaría ser capaz de escupir las palabras… De sentirme cómodo y contárselo todo, como él me dijo.
«Avi, me… me…».
Pero ni siquiera puedo articularlas en mi mente.
«¿Cómo voy a decirlas en voz alta?».
—Avi… —Su nombre es todo cuanto alcanzo a pronunciar.
Y él parpadea con esas pestañas largas y oscuras que bordean sus preciosos ojos, expectante.
Sin embargo, como siempre, me limito a ponerme los zapatos, incapaz de salir por la puerta en su busca.
—Te quiero —susurro, porque es la única verdad que puedo confesar en este instante.
Y Avi la acepta, porque es un cielo y me quiere sin reservas.
Noto cómo se queda dormido con los labios hundidos en mi pelo, arrullándome con su respiración serena, igual que hizo mi hermana aquel día, envolviéndome con el mismo aroma.
He llegado más lejos de lo que creí que llegaría jamás… Por fin me siento cómodo con mi sexualidad, y no habría podido lograrlo sin Avi.
«Mi mayor fan».
Por fin he dejado de huir… de él y de su amor.
Quizá va siendo hora de que deje de huir también de mí mismo.