Capítulo veintiocho #4
Al notar su pecho contra el mío, se me estremece el pene, recordándome las ganas que tenía de estar desnudo con él antes de que mi puñetero pasado saliera a la luz y lo fastidiara todo.
Avi me acaricia el lóbulo con la lengua y, a continuación, lo atrapa entre los labios para succionarlo, emitiendo un leve murmullo mientras su miembro erecto se choca con el mío a través de los pantalones.
—Dime qué te apetece ahora mismo. —Se retuerce contra mí—. Lo que sea. Solo tienes que abrir la boca y te lo concederé, precioso.
«¿Puedes volver atrás en el tiempo, Aviel?».
Estoy completamente hecho pedazos. Una parte de mí se siente devastada, pero la otra… ansía entregarse a la lujuria que solo él me despierta. Lo ansía con tantas ganas que me cuesta pensar con claridad.
—¿Vamos… a la cama? —le pido, forzándome a ignorar la verdad que se cierne sobre nosotros como una tormenta.
Él asiente con la cabeza y se aparta de mí. Acto seguido, me coge de la mano para ayudarme a ponerme de pie y me guía hasta el dormitorio de su suite, soltándome solo para bajarse los pantalones.
Se pone en la cama de rodillas, sin nada más que unos calzoncillos bóxer negros, y está tan tremendamente sexy que la polla me aprieta contra los pantalones.
Avi se pasa la lengua por el labio, carnoso y rosado, sin quitarme ojo a medida que me acerco con cautela al borde de la cama.
Entonces me baja despacio los pantalones, ya desabrochados, hasta dejarme elculo al descubierto y se queda maravillado con el suspensorio que llevo puesto… Su regalo de Navinucá.
Ni siquiera soy capaz de disfrutar del momento…, porque el caos de mi mente se ha apoderado de todos mis sentidos.
Respiro hondo, reprimiendo las emociones y las dudas que me embargan, y me armo de valor para preguntarle:
—¿Qué te ha contado Bridget exactamente…?
Avi alza los ojos hacia los míos con nerviosismo mientras me quito los zapatos y termino de bajarme los pantalones.
—Cari, no tenemos por qué hablar de eso… —responde con calma.
Aprieto los dientes.
— Dilo, Avi. Suéltalo de una puta vez.
Parece una persona completamente distinta a la que conozco. Da la impresión de estar triste, enfadado, incómodo… El Avi del que me enamoré nunca se había mostrado así y me mata por dentro ser el causante de dicho cambio.
Mi verdad lo ha destrozado.
La nuez se le mueve y murmura:
—Me contó lo de aquella vez que te encontró en el baño cuando tenías doce años…
Frunzo el ceño y reprimo un sollozo. Recuerdo aquel día con total nitidez, como si acabase de ocurrir hace tan solo cinco minutos.
Me había pasado toda la mañana y la tarde envuelto en una niebla de confusión. Me dolía todo el cuerpo, pero estaba tan anestesiado que apenas lo notaba. Me sentía como una cáscara vacía, limitándome a existir sin más.
Era el último día de campamento. Recogimos nuestras cosas y la madre de mi amigo Rob me llevó en coche a casa. Cuando llegué, subí las escaleras, me desnudé y fui directo al baño. Abrí el grifo de la ducha y me quedé contemplando mi reflejo en el espejo un buen rato. Pero no me reconocía…
«Este no eres tú…».
«Este no es tu cuerpo».
«¿Quién es esta persona?».
Al meterme en la ducha, todo empezó a darme vueltas y creo que me desmayé. Por eso Bridget irrumpió en el baño.
Me vistió y me llevó a su cuarto, que olía como la vela que tanto me gusta…
«La que se parece al aroma de Avi».
Me envolvió en su edredón y me abrazó mientras temblaba.
Entonces le susurré: «Ha pasado algo».
—Kyran. —Avi entrelaza sus dedos con los míos y me conduce la mano hasta su corazón—.
Recuerda lo que te he dicho, ¿vale? Puedes contarme lo que quieras o no contarme nada en absoluto.
Podemos tumbarnos juntos en la cama sin más o puedes servirte de mi cuerpo como te plazca.
Podemos pedir sushi o ver Infiltrados… Lo digo en serio.
Te quiero, Kyran Harbor. Pienso concederte cualquier cosa que me pidas. No solo ahora…, sino siempre.
El corazón se me hincha y late con fuerza, pese a sus partes frágiles y dañadas, ante el amor tan puro que me profesa este hombre que, en teoría, forma parte de mi familia…, pero que me quiere mucho más de lo que mi propia familia haya demostrado quererme jamás.
Me quiere como a un hermano y a un amigo. Como al novio que nunca pensé que podría tener, porque creía que estaba mal.
Avi Vega es todo lo que siempre he necesitado…
«Solo desearía poder ignorar el hecho de que ahora me ve de un modo diferente».
Me arrodillo en la cama, tomo su cara entre las manos y lo beso lentamente mientras me recuesto y tiro de él hasta colocarlo encima de mí. Avi acomoda su enorme y cálido cuerpo entre mis piernas y me frota la polla con la suya a través de la tela de la ropa interior.
Lo deseo con todas mis fuerzas ahora mismo. Lo único que quiero es que me folle como siempre.
«Como si los fans nos estuvieran mirando…».
Nuestros besos se vuelven más intensos y nos devoramos con bocas ávidas y lenguas curiosas mientras se quita los calzoncillos y los arroja al suelo.
Echa un vistazo hacia abajo para apreciar mi erección en el suspensorio que llevo puesto y desliza los dedos por encima.
Luego me agarra el miembro y me lo estruja, arrancándome un quejido de placer.
—Cómo echaba de menos esta enorme y preciosa polla —murmura contra mi boca—. La tienes tan grande que apenas te cabe en el suspensorio, cari.
Gimoteo mientras sigue jugando con ella, hasta que las caderas se me alzan solas en busca de más.
Entonces aparta la tela a un lado, liberando mi pene ansioso, y me lo presiona con el suyo.
Cuando se tocan, los dos soltamos un gemido al unísono y Avi los rodea ambos con la mano para masturbarnos a la vez.
—Qué polla más gruesa y bonita… —dice suspirando conforme juguetea con la piel de mi glande—. Echaba de menos sentir cómo gotea al hacer esto…
Cada vez que la punta sobresale, me la roza con el pulgar, haciéndome temblar de tal manera que acabo empapándole los dedos. Sirviéndose de la mano izquierda, guía la cabeza gruesa de su polla hasta donde asoma la de la mía y me la introduce en el prepucio, como si quisiera rellenarme.
Inclina la cabeza hacia atrás y se entrega por completo al momento, frotando nuestros miembros con fuerza en un placentero balanceo antes de rendirse y terminar inclinándose para acogerme en su boca.
Le vuelve loco que no esté circuncidado…
Creo que puedo afirmar sin miedo a equivocarme que siempre ha sentido debilidad por ese detalle de mi polla, pero la forma en la que me mete la lengua y la mueve en círculos me produce tanto placer que pongo los ojos en blanco.
Me desliza la piel hacia abajo con los labios de un modo casi salvaje, introduciéndome la lengua y pasándola por todo el glande hinchado a la vez que succiona sin parar, como si ansiara que le cupiera toda la boca ahí dentro.
Me estremezco de pies a cabeza y le enredo los dedos en el pelo mientras me restriega su polla húmeda contra el muslo.
—A-Avi… Cari…
—Háblame, precioso —susurra con voz ronca, y continúa hundiéndome la lengua en la piel del glande—. Dime con esa boca sucia cómo quieres que te folle.
—Joder… —Arqueo la espalda, a punto de alcanzar el orgasmo, así que le tiro del pelo para detenerlo y se saca mi pene de la boca con un gruñido—. Quiero sentir tu polla dentro de mí… Por favor.
—Ah, ¿sí? —Se recuesta y se aparta el pelo revuelto a un lado—. ¿Cómo?
Extiende la mano hacia la mesita de noche para coger el bote de lubricante y clava los ojos en mí, provocando que se me estremezca el pecho.
—Métemela despacio —respondo, y él se muerde el labio mientras se impregna los dedos de lubricante para extendérselo a lo largo del miembro.
Clavo los ojos en su polla conforme la humedece y murmuro—: Quiero sentir la curva de esa cabeza rosada y sedosa en cada centímetro de mi interior…
Todas esas venas. Necesito que me la metas hasta el fondo.
Avi cierra los ojos y deja escapar un suspiro tembloroso. Separo las piernas y elevo un poco las caderas, ofreciéndole mi cuerpo, porque ansío entregárselo. Necesito que lo sepa… Que soy suyo porque quiero.
—Cari, eres preciosísimo… —musita mientras me desliza las manos por los muslos, asciende por las caderas y acaricia cada músculo de mi torso.
Luego me agarra con fuerza por la cintura y me atrae hacia él.
Jadeo y suelta un gruñido, arrodillándose entre mis piernas y frotándose contra mí de tal modo que también nos restregamos los testículos.
Se inclina y me besa los labios al tiempo que coloca su polla entre mis nalgas a través de la abertura del suspensorio—.
Nada me ha puesto más cachondo en toda mi vida que el hecho de saber que puedo follarte, Kyran Harbor.
Me echo hacia atrás con las pestañas temblando al sentir cómo me besa y me mordisquea la garganta mientras permanecemos pegados y empuja con suavidad para introducirme su miembro resbaladizo por el culo.
—Déjame entrar en este agujero tan apretadito, cari —suplica con un hilo de voz, y gimoteo. Le recorro los hombros con las manos y luego se las paso por el pelo, pero él me agarra una y entrelaza sus dedos con los míos—. Me quieres, ¿verdad?
—Te quiero muchísimo —contesto de manera entrecortada, relajando los músculos para que pueda penetrarme, y emito un sonidito tembloroso, embriagado por el ardor de su polla abriéndose paso en mi interior.
—Ay, joder. Siéntela toda, Kyran… —gruñe, impulsándose dentro de mí despacio, tal y como le he pedido, permitiendo que me amolde poco a poco a él. Me pone eufórico la forma en la que me enciende todo el cuerpo como si fuera puro fuego—. Siente cómo encaja a la perfección en tu culo…
—Mmm… Joodeer, Avi… Sí, cari, qué buena… polla. —Ni siquiera soy consciente de lo que estoy diciendo. Lo único que tengo claro es que esto era justo lo que necesitaba.
Suelta una risita ronca y sexy, rozándome los labios con la lengua.