Por los fans Capítulo veintiocho #3
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Capítulo veintiocho #3

—Mmm… Espero que sea mi regalo de Navinucá. —Me clava los dedos en las nalgas y comienzo a temblar bajo la firmeza de su tacto.

—Caliente, caliente —lo provoco.

Sus gruñidos van a acabar conmigo.

Las puertas del ascensor se abren mientras seguimos metiéndonos mano. Nos obligamos a separarnos y salimos disparados por el pasillo hasta su habitación.

—Mierda… Bridget —susurro al verlo rebuscar la llave en su bolsillo, intentando no chocarse con la erección que se le marca en los pantalones.

Me dirige una mirada rápida y nerviosa y procede a abrir la puerta para echar un vistazo.

—¿Bridget? —la llamo a voces en cuanto entro. Recorro la habitación a zancadas en busca de cualquier rastro de mi hermana, pero no parece que esté aquí—. ¿Bridget Jones?

—¿No paráis nunca de poneros motes? —pregunta Avi riéndose, y le dedico una sonrisa.

—Debe de haberse ido… —Me muerdo el labio, acercándome a él lentamente. Le deslizo las manos por el pecho y le rodeo los hombros mientras presiono mi entrepierna contra la suya. Me inclino hacia su oreja y le paso la lengua por el lóbulo—. A la cama. Ya. Por favor.

—Cari… —murmura con cierta vacilación, y no logro entender a qué se deben esta timidez y este nerviosismo tan repentinos.

En la fiesta tenía sentido, pero ahora… No hay nadie alrededor. Y siempre se nos ha dado de maravilla estar solos.

Avi nunca se ha cohibido cuando estamos a solas. Sin embargo, en este momento, siento que se está recluyendo en sí mismo.

Me sujeta la cara entre las manos y clava sus ojos en los míos un instante, con el pecho subiendo y bajando de manera visible. Da la impresión de estar buscando algo en mi mirada…

Y eso me hace desviar la vista hacia otro lado.

—A no ser que no quieras…

—¿Cómo? —murmura con voz grave mientras me separo de él y le doy la espalda, porque no soporto que me mire así.

Como si supiera que incluso los momentos más felices de mi vida están enturbiados por una herida que no termina de sanar.

—¿Te he presionado demasiado en la fiesta o algo? —Me rasco la nuca, sacudiendo la cabeza.

«Seré imbécil…».

«No sé cómo estar con un tío. ¿Igual debería ir con más calma?».

Avi se acerca a mi espalda con paso decidido y me gira de golpe.

—No. Ni de lejos. —Intento apartarle la mirada de nuevo, pero me agarra la cara—.

Ey… Te quiero, Kyran. Estoy tremendamente orgulloso de lo que has hecho en la fiesta.

Y te amo muchísimo por haberte atrevido.

Solo quiero asegurarme de que no vamos demasiado rápido para ti.

El Kyran de hace unas semanas nunca me habría besado delante de sus compañeros y de su entrenador…

—No quiero ser el Kyran de hace unas semanas —susurro—. Quiero ser el Kyran que sale cuando estoy contigo. El Kyran de verdad… El que ya no le tiene miedo a nada.

Avi hace un puchero y luego se muerde el labio un instante. No alcanzo a comprender qué es lo que ha cambiado entre nosotros… Pero hay algo diferente y me está matando por dentro no saber a qué se debe.

«¿Deberíamos haber seguido manteniéndolo en secreto? ¿He vuelto a echarlo todo a perder?».

Pero no llego a darles rienda suelta a mis inseguridades, porque Avi se afloja la corbata, se la saca por la cabeza y la arroja al suelo. Acto seguido, se desabrocha la camisa y se humedece los labios mientras nuestras miradas se cruzan con deseo.

Me quito la chaqueta con un movimiento de hombros y comienzo también a desnudarme. Lo único que rompe el silencio de la habitación es el susurro de las prendas al caer acompañado de nuestras respiraciones impregnadas de lujuria.

—Te tengo unas ganas tremendas… —susurra, ocupándose de mi cinturón y de mis pantalones mientras yo me deshago de mi camisa.

—No pares, por favor. —Me aprieto contra él, enredándole los dedos en el pelo al mismo tiempo que le rozo el cuello con los labios.

—¿De qué…? —musita con voz ronca. Me va deslizando lentamente el cinturón por las trabillas y la polla me palpita de necesidad contra la suya.

—De lo que sea que estés haciendo… —respondo entre suspiros entrecortados—. Tú no pares, Avi.

—No voy a parar, cari —murmura.

Me suena el móvil en el bolsillo y dejo de chuparle y morderle el cuello para mirarlo.

—A lo mejor es Bridget. Un momentito, solo quiero ver si se encuentra bien.

Avi abre los ojos de par en par mientras observa cómo desbloqueo la pantalla. Es un mensaje de Bridget.

En cuanto lo leo, el mundo entero parece ralentizarse a trompicones, como un motor que se queda sin gasolina.

El miedo me atenaza el pecho a medida que vuelvo a alzar la vista despacio hacia Avi.

Está mordisqueándose el labio con ganas, aunque se detiene lo justo para preguntarme:

—¿Es… ella? —Yo asiento levemente—. ¿Qué te ha dicho…?

Me mira con una expresión que jamás le había visto y que esperaba no ver jamás en sus ojos…

Solo me han mirado así unas cuantas personas a lo largo de toda mi vida.

«Dios mío… Lo sabe, joder».

«Lo sabe».

Las piernas amenazan con fallarme. Las rodillas me flaquean y los dedos me tiemblan sin parar.

—Ha dicho: «Perdón por contárselo a Avi» —pronuncio con dificultad.

La mandíbula se me tensa y bajo la vista de nuevo hacia la pantalla para leer su mensaje, palabra por palabra—.

«Ha sido cosa mía. Por favor, no lo culpes a él.

Merece saberlo. Te quiero muchísimo, Kyran…

Solo necesito que estés… —hago una pausa antes de terminar la frase con un suspiro— bien».

La presión que siento en el cráneo me nubla la vista y el móvil se me resbala de las manos, estampándose en el suelo con un golpe sordo. Doy varios pasos atrás despacio.

—Kyran, por favor… —suplica con delicadeza, como quien intenta detener a un psicópata violento—. Puedes confiar en mí. Vamos a hablarlo…

—¿Hablar de qué? —murmuro, cubriéndome la cara con las manos y retrocediendo aún más—. No hay nada de qué… hablar.

Sigo caminando de espaldas hasta que me choco con el sofá y me desplomo sobre él. Avi se acerca a zancadas y se arrodilla frente a mí. Pero no puedo mirarlo a la cara.

«No quiero».

—Cari, escúchame, ¿vale? Escucha con atención lo que voy a decirte… —Me agarra los muslos y los acaricia con los dedos—. Esto no cambia nada. Seguimos siendo tú y yo. Es solo que… me preocupo por ti.

—No tengo ni idea de qué estás hablando… —gimoteo contra las palmas de las manos, esparciendo mentiras sobre las líneas que conforman los caminos de mi vida.

—Kyran, lo siento —dice jadeando—. Siento haberme enterado por Bridget en vez de por ti. Cari, entiendo por qué no querías contármelo, pero te aseguro que no pasa nada. Lo único que me importa es que te sientas a salvo conmigo.

Me aparto las manos de la cara de golpe y lo miro con rabia.

—¿Por qué no iba a sentirme a salvo contigo? ¿Estás de puta coña? ¿Qué pasa, que ahora que crees saber lo que ocurrió porque te lo ha contado mi hermana resulta que soy un niño indefenso y herido?

Avi parpadea, atónito, como si se hubiera quedado sin palabras.

«Odio esta situación con todas mis putas fuerzas. ¡No lo soporto!».

«Precisamente por esto no quería que se enterara, joder».

Porque ahora me está mirando de esa forma.

—Me he expresado mal —murmura, negando con la cabeza—. La he cagado, ¿vale? No me refería a eso. Quería decir que me gustaría que te sintieras cómodo hablando conmigo. Solo si tú quieres. Nada más…

Muevo la cabeza de un lado a otro, buscando cualquier rincón en el que fijar los ojos para no posarlos en los suyos.

—Cari, escúchame… —Avi trepa al sofá, se sienta a horcajadas sobre mí y me sujeta la cara, obligándome a devolverle la mirada—.

Te quiero, Kyran. Te quiero con toda mi alma y eso no va a cambiar jamás.

Pase lo que pase. Lo eres todo para mí. Eres la única persona a la que he amado así.

No hay nadie en el mundo como tú, ¿me oyes?

Me noto la garganta tan tensa que me cuesta tragar saliva con normalidad. La mente me va a mil por hora. No dejo de darle vueltas a lo que debe de estar pensando…

Desconozco cuánto sabe y qué es lo que le ha dicho mi hermana, pero igualmente todo esto me parece demasiado. Me siento como un completo gilipollas por haberme atrevido a creer que podría ser feliz estando con alguien…

Debería haberme dado cuenta.

«No merezco ser feliz con él».

—Kyran —musita, y parpadeo con fuerza—. Háblame. Dime que estás bien…

—Deja de tratarme diferente —sollozo, con las lágrimas a punto de brotar—. Deja de… mirarme. No quiero que veas lo roto que estoy.

—No estás roto. —Se mueve inquieto sobre mí, como si estuviera de­sesperado por demostrármelo—.

Eres la persona más increíble que he conocido.

¿Estás de coña? Acabas de ganar la puta Rose Bowl.

Has sido tú quien ha conseguido esa victoria, Kyran Harbor.

Has salido del armario delante de todo tu equipo como un auténtico jefazo.

Sin importarte una mierda lo que pensara el resto.

Si tú estás roto, los demás estamos para el desguace, porque, joder, Kyran… , eres alucinante.

El corazón se me dispara. Quiero creer en sus palabras… De verdad que sí.

Pero, ahora que lo sabe, todo parece haber cambiado. No puedo evitar sentir que me está sobreprotegiendo, y lo odio.

Esa es mi maldición. El castigo eterno que me impuso ese pedazo de cabrón. Como si lo que me hizo no fuera suficiente. Ahora estoy condenado a ir por la vida ocultando la verdad o temiendo que quienes la sepan me vean como una víctima para los restos.

No sé qué hacer, así que asiento lentamente con la cabeza y trago saliva, una y otra vez, como si intentara contener las náuseas.

—Cari…, ¿sigues aquí conmigo? —susurra Avi, pasándome los dedos por el pelo.

Asiento de nuevo. Pero soy incapaz de hablar.

—Te quiero —me dice al oído, pegándose a mí hasta rozarme la oreja con los labios.