Por los fans Capítulo veintiocho
81%

Capítulo veintiocho

thebest_pasivodominante : Yo quiero que me folléis hasta que pierda el sentido y que finjáis quererme como os queréis vosotros. *Se abanica* PollónDiácono : ¿Buscáis algún pecado para vuestra próxima confesión?

Kyran

¿ T e cuento algo curioso?

De niño ya sabía que algún día me entregarían un trofeo por ganar un campeonato.

Ese ha sido mi objetivo desde que tuve edad suficiente para lanzar un balón. Mi destino.

Sostener entre las manos ese trofeo, con la satisfacción de haber ayudado a mi equipo a conseguirlo.

Soy plenamente consciente de que no todo el mundo puede decir lo mismo. Es bastante inusual marcarte un objetivo de niño y llegar a cumplirlo de verdad, pese a todos los obstáculos que la vida te va poniendo por el camino.

Hay que ver lo fascinantes y raras que son a veces las cosas…

Pero eso no es lo más curioso de todo.

Mientras celebrábamos la victoria en los vestuarios, nos cambiábamos de ropa y nos montábamos en el autobús cantando a berridos We Are The Champions , mientras Guty me llevaba en brazos hasta la habitación del hotel y me reía tanto que me costaba hasta respirar, e incluso mientras me ponía mi traje de ganador (el que escogí precisamente para esta fiesta) y bajaba las escaleras hacia la sala de conferencias del hotel, decorada de forma espectacular en tonos granate y oro y llena de comida a rebosar…

, lo que me ha tenido sonriendo como un tonto es el hecho de que lo único que deseo, más que nada en el mundo, es coger de la mano a Avi Vega.

Resulta cómico pensar que, después de semejante logro y en pleno subidón de la victoria, lo que provoca que sienta mariposas en el estómago y un hormigueo recorriéndome los dedos no sea el trofeo que se encuentra al otro lado de la sala…

, sino las ganas de ver la sonrisa de Avi, de oír su voz diciéndome lo orgulloso que está, de escuchar sus comentarios de listillo y de contemplar esas miradas coquetas y burlonas que me lanza; de compartir esta experiencia con alguien que me quiere y a quien yo también quiero…

, y sentir que es lo correcto, aunque me haya pasado tantos años intentando convencerme de lo contrario.

Esta victoria no habría merecido la pena si no me hubiera enamorado de él.

Es una verdad desconcertante, pero es innegable, porque la emoción que sentía antes tras ganar un partido no llegaba a calarme. En cambio, ahora, por primera vez, la noto hasta en los huesos.

Ya no siento que esté jugando únicamente para que mi padre se enorgullezca de mí… De hecho, cuando me llamó, casi me dio igual. Solo podía pensar en Avi. Su amor ha logrado impregnar cada fibra de mi ser y hacerme flotar como si estuviera en una nube, y estoy tan pletórico como confundido.

Todo parece mucho más auténtico con él a mi lado.

Estoy a punto de escribirle otra vez para preguntarle dónde está cuando entra por la puerta… y el corazón se me desboca en el pecho.

«Precioso». Esa es la palabra que retumba en mi interior al ritmo de la sangre que me corre por las venas. Deslizo los ojos por sus vaqueros rotos, su camisa y la corbata estrecha que lleva floja alrededor del cuello. No puedo evitar reírme, porque no encaja para nada aquí, y me encanta.

Estaba claro que solo alguien como él podía insuflarme vida de nuevo. Es muy… diferente. Único, como un mosaico formado por pequeñas piezas complejas que juntas crean una obra verdaderamente deslumbrante.

Cuando me ve, esboza una sonrisa a la que me resulta imposible no corresponder.

De hecho, soy incapaz de dejar de sonreír.

Viene hacia mí pavoneándose y yo avanzo hacia él, mordiéndome el interior de la mejilla para contenerme un poco y no parecer un loco desquiciado.

Sus ojos, abiertos de par en par y centelleantes, reflejan una seriedad que no pega nada con su típico carácter despreocupado.

Pero supongo que será porque no se siente muy cómodo en este tipo de fiestas, rodeado de futbolistas con los que no tiene nada en común.

Y sé que yo tampoco se lo he puesto fácil en el pasado…

La culpa todavía me reconcome por haberlo tratado tan mal delante de toda esta gente. Pero estoy decidido a mejorar. A demostrarle que, si me concede tiempo, puedo superar el miedo con el que he vivido todos estos años y convertirme en la persona que merece tener a su lado.

«Por él».

Le rodeo los hombros y lo atraigo hacia mí en un abrazo que quizá parezca más íntimo de lo que debería. Pero me da igual. Necesito sentir su cuerpo contra el mío, su calor y su tamaño… Necesito oler su aroma.

«Mi vela de Avi».

Tarda unos segundos, tal vez por los nervios, pero acaba envolviéndome la cintura con sus brazos fuertes y deja escapar un largo suspiro en el hueco de mi cuello.

—Enhorabuena, superestrella —susurra con una voz más ronca de lo normal y un poco temblorosa. El hecho de que esta victoria lo emocione tanto como a mí me llena de felicidad.

«Su simple existencia me hace inmensamente feliz».

—Gracias por venir. —Al notar que trata de alejarse, lo estrecho con más fuerza entre mis brazos—. Gracias por… haberme conducido hasta este momento.

Cuando nos separamos, capto una arruga de confusión en su frente. Espero que sepa que no estoy hablando del fútbol, sino de esto que hemos construido él y yo… De lo nuestro.

Frunzo los labios al percatarme del tono rojizo que le tiñe el blanco de los ojos. Probablemente esté colocado…, como de costumbre. Pero no tengo derecho a decirle nada… Al menos, no todavía. El Avi del que me enamoré fuma bastante maría. Mientras a él no le suponga ningún problema, a mí tampoco.

—¿Dónde está Bridget? —pregunto, deslizando las manos por su pecho a medida que nos distanciamos.

Quiero seguir tocándolo… Me siento tan rebosante de confianza por haber conseguido la victoria y por tenerlo a él aquí conmigo que me da igual quién nos esté mirando en este instante.

Avi desvía los ojos al suelo con aire esquivo y murmura:

—Está en mi habitación, descansando. No se encontraba… bien. Pero seguro que baja dentro de un rato.

Arrugo el entrecejo.

—Ah… Vale. ¿Crees que debería ir a ver cómo está?

—No, no. —Sacude la cabeza—. Es tu fiesta, cari. Tienes que estar aquí celebrando que eres el puto campeón de la NCAA. —La sonrisa se le ensancha y me río por lo bajo.

—¿Quieres algo de beber? ¿O de comer? —le ofrezco, alisándole la corbata.

Mueve los ojos a la derecha y después a la izquierda, como si le inquietara que la gente nos viera así de pegados mientras me deshago en atenciones hacia él.

—Avi… —susurro, y me observa parpadeando con esos ojos azules grisáceos y brillantes—, qui-quiero…

—¡Pero mira quién está aquí! —La voz de Guty irrumpe en la conversación y, cuando levanto la vista, me lo encuentro viniendo hacia nosotros a toda leche—. ¡Baldwin ha hecho acto de presencia para celebrar la victoria!

—Guty… —resoplo con una sonrisa, aunque estoy a punto de pedirle que deje de llamar así a Avi.

Pero lo coge del brazo y se lo lleva con él.

—Ven, que quiero presentarte a mi gente.

Avi me lanza una mirada de socorro y voy detrás de ellos, riéndome. Guty lo conduce a rastras hasta su madre y su hermano, que están hablando con Theo y su padre.

—Enhorabuena por la pedazo de victoria —le dice Avi a Guty, y luego mira a Theo—. A todos… Habéis estado impresionantes. Tampoco me sorprende, porque siempre lo petáis, pero, igualmente, felicidades. Os lo merecéis.

—Oye, no podrían haberlo logrado sin tu apoyo en todos los partidos en casa —interviene Liz, la madre de Guty, dándole una palmada a Avi en el hombro.

Todos fruncimos el ceño, confundidos.

—Un momento, ¿cómo sabes que es la mascota? —pregunta Guty.

—Nos hemos conocido en el partido —responde Liz con una sonrisa—. Estaba sentado delante de nosotros. —Se vuelve hacia mí—. Con tu hermana.

—Ah… —Asiento, y Guty hace lo mismo mientras Theo le presenta a Avi a su padre.

—Me encantan tus bailes —le dice Marco, el hermano de Guty, y él suelta una risita, rascándose la nuca.

Se nota que está un poco tenso, pero es comprensible en una situación así. Avi no suele sentirse cómodo en este tipo de eventos, y, aun así, ha venido por mí. Se me calienta el pecho solo de pensarlo.

Liz me da un codazo y susurra:

—¿Es tu novio? —Desliza la vista hacia Avi con una sonrisa expectante en los labios.

El aludido abre los ojos como platos y me mira boquiabierto, como si no entendiera qué la ha llevado a preguntarme tal cosa.

Me quedo tan sorprendido como él, pero, antes de responder, Guty le espeta a su madre:

—¡Mamá! ¿Cómo va a ser su novio? Avi es el hermanastro de Kyran.

La cara le cambia por completo. Se le desvanece la sonrisa y arruga la frente, desconcertada.

Noto cómo me sube el calor a las mejillas.

Normalmente, me recluiría en mí mismo y soltaría alguna excusa de mierda, una mentira de esas que, aunque no me reconfortan en absoluto, contribuyen a conservar intacta la imagen de Kyran Harbor que todo el mundo espera ver.

Pero no me apetece seguir haciéndolo.

No quiero seguir mintiendo.

«Me he cansado de esconderme».

—En realidad… —consigo pronunciar con un hilo de voz; luego carraspeo y busco la mano de Avi, que la tiene sudada, y noto cómo le tiemblan los dedos al entrelazarlos con los míos para acercarlo más a mí— sí.

—Kyran… —susurra Avi, sacudiendo la cabeza, angustiado—, no hace falta que lo cuentes ahora. No pasa nada…

—Sí hace falta. —Curvo los labios en una ligera sonrisa para que no se preocupe. «Venga, tú puedes»—. Tengo que contarlo. O sea, quiero con­tarlo…

—Ky, ¿qué pasa? —Theo ladea la cabeza y baja la vista hacia nuestras manos entrelazadas.