Por los fans Capítulo veintisiete #5
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Capítulo veintisiete #5

—Cuando… mencioné que iba a llamar a una ambulancia, salió de golpe del trance y comenzó a mover la cabeza de un lado a otro mientras decía que no entre sollozos…

, una y otra vez. —Le da un trago más a su bebida, con las lágrimas surcándole las mejillas—.

Me lo llevé a mi habitación, lo vestí y lo metí en mi cama…

No dejaba de llorar. Y yo lloraba con él, porque no sabía qué ocurría, pero tenía la certeza de que era algo malo.

Cuando por fin se calmó y recuperó el aliento, me dijo: «Ha pasado algo».

—Se limpia la nariz con la mano, visiblemente afectada por el recuerdo—.

Ahí fue cuando lo supe… No conocía los detalles, pero tampoco me hacía falta.

Sabía que le había ocurrido algo terrible y, joder, habría estado dispuesta a vender mi alma con tal de darle lo que fuera para que se sintiera mejor.

Pero no podía hacer nada… Ya le había fallado. No estuve allí para protegerlo.

Deja caer la cabeza sobre la encimera, abatida.

—Tenía que haberlo protegido.

Antes de darme cuenta, estoy llorando, sollozando en silencio por el amor de mi vida.

Y por esta herida abierta que lleva tanto tiempo ocultando en su interior.

Permanecemos en silencio un buen rato antes de que Bridget continúe.

—Al final me contó lo que le había hecho el padre McAdams…

Y, Avi, te prometo que nunca había tenido tantas ganas de hacerle daño a alguien en mi vida.

Esa noche, me planté en la casa de aquel cabronazo.

Cogí el autobús y fui hasta su puta casa…

Me quedé allí fuera, preguntándome si sería capaz de hacerlo, si de verdad podría cargármelo…

Levanta la cabeza y sus ojos se encuentran con los míos. Siento el odio, la furia y el dolor flotando entre ambos, como una energía tangible.

Los músculos se me tensan y aprieto los dientes. Yo también ansío que sufra. No conozco a ese despojo humano, pero quiero que se pase la eternidad ardiendo en el infierno. Necesito que comprenda de verdad por qué está siendo castigado. Que viva en sus propias carnes esa tortura.

—Obviamente, no lo hice —resopla con pesar—.

Acabó matándose él mismo, por cierto. Lo encontraron colgado de una lámpara en su despacho hace cuatro años…

Con una nota en la mano que decía: «Lo siento».

—Suelta una risa amarga, sin rastro de diversión—.

¿«Lo siento»? ¡Y una mierda! —grita, provocando que me estremezca.

Se levanta de un salto y empieza a pasearse de un lado a otro por la habitación.

En este momento se parece tanto a Kyran que se me revuelve el estómago de nuevo—.

En fin, ese no es el tema. Por lo que a mí respecta, salió demasiado bien parado.

Pero esa noche, cuando volví a casa, Kyran se lo había contado a mi padre.

Y ¿a que no adivinas lo que le contestó nuestro querido progenitor… ?

—Imagino que no se lo creyó… —susurro, destrozado.

—Estoy segura de que sabía que era verdad —gruñe—, pero le dijo que estaba exagerando, que no era de recibo que fuese por ahí inventándose historias que podían destrozarle la vida a la gente.

Cierro los ojos, aprieto la mandíbula y me recuesto lentamente de espaldas sobre el suelo.

«Todo esto es demencial».

Me siento como si hubiera abandonado mi cuerpo y nada de lo que me rodea fuese real, como si estuviera viendo una película muy retorcida…

«¿Kyran lleva ocho años soportando este tormento?».

«Madre mía…».

«Kyran…», sollozo una y otra vez en mi mente.

—La realidad lo golpeó como un mazo cuando otros niños se atrevieron a alzar la voz —susurra Bridget, tambaleándose hacia la botella para servirse otro vaso.

A este paso, va a caerse redonda al suelo, pero tampoco puedo culparla—.

Y, aun así, no quiso creérselo. Se negó a aceptarlo, porque es un cobarde.

Su puñetera fe le importaba más que su propio hijo.

Escogió su reputación, su puesto en la iglesia y todas esas gilipolleces antes que a Kyran.

Llegaron un acuerdo en el juzgado, con la condición de que nadie volviera a mencionarlo jamás.

El dinero se destinó a un fondo fiduciario a nombre de mi hermano, pero dijo que prefería morirse antes que tocar un solo céntimo.

Tenía tan solo trece años… y se vio obligado a enfrentarse a esta… pesadilla.

»Así que sí… Supongo que aquello provocó que nuestra familia se separase.

Mis padres no paraban de discutir y pidieron los papeles del divorcio tres meses después.

Pero nadie se preocupó por comprobar cómo estaba Kyran.

No le proporcionaron apoyo psicológico ni ningún otro tipo de ayuda.

Hicieron como si no hubiera sucedido nada… y ya está.

Se deja caer en el suelo, junto a mis pies.

—No pude soportarlo. Por eso me fui. Intenté que Kyran hablase con alguien, pero estaba convencido de que lo único que necesitaba era olvidarse de todo lo ocurrido.

Se negaba a hablar de ello… Ni siquiera admitía que hubiera pasado, porque eso es lo que mi padre le ordenó que hiciera.

Así que solicité plaza en una universidad de aquí…

y me largué. No podía seguir viviendo ni un segundo más bajo el mismo techo que ese hombre.

Quería olvidarme de su existencia por haberse atrevido a tratar así a Kyran.

Yo también fui una cobarde… —susurra, haciéndose un ovillo en el suelo—.

Lo abandoné. Debería haberme quedado…, aunque solo fuera para darle mi apoyo.

Pero estaba demasiado enfadada. Y aún lo estoy.

Me quema por dentro cada día, como si una parte de mí estuviera hecha únicamente de rabia.

No me consuela para nada que aquel monstruo se librara del castigo que se merecía ahorcándose.

Y me siento muy orgullosa de lo que ha conseguido Kyran, a pesar de todo, pero…

, joder, es que no tienes ni idea de lo mucho que odio a mi padre.

Parpadeo y recorro con los ojos las líneas del techo mientras mi mente intenta absorber toda esta información, como unos pulmones debilitados en busca de aire.

La sensación de impotencia que me invade…

me recuerda a cuando tenía seis años. Al momento exacto en el que descubrí que nunca más volvería a ver a mi padre.

Es una tristeza que devora cada fibra de tu cuerpo… Un dolor que nace de la imposibilidad de cambiar el pasado.

Así es la vida… Este el precio de vivirla, y, a veces, resulta increíblemente desolador.

El vacío sin fin en el que nos ha sumido el silencio se desvanece en cuanto me suena el móvil en el bolsillo. Lo saco y trato de enfocar la vista borrosa para fijarme bien en la pantalla.

Kyran: CARI!!!!!!!!!!!!

Se me escapa un sollozo entrecortado. Las lágrimas comienzan a llenarme los ojos y curvo los labios en una sonrisa triste y alegre a la vez. Acto seguido, aparecen dos mensajes más que irradian su entusiasmo.

Kyran: Lo hemos conseguido! Hemos ganado, Avi…

Kyran: Dios, tengo muchísimas ganas de verte, cari.

Mi corazón intenta volver a latir con fuerza, coser todas las heridas que se han abierto al destapar la terrible verdad y limitarse a amarlo. A celebrar su alegría, porque se nota que está tremendamente feliz.

«No me puedo creer que esté tan feliz pese a todo el sufrimiento con el que carga».

«Lo admiro con todo mi ser, de verdad».

Trato de escribir una respuesta con los dedos temblorosos mientras él sigue enviándome mensajes.

Kyran: Vas a venir a la fiesta??? Estamos ya de camino al

hotel. Me cambio rápido y bajamos.

Kyran: Espero que no te hayas enfadado por no haber

podido vernos justo después del partido… Ha sido una

locura. Acabo de salir de la ducha después de todas las

entrevistas y demás. Encima, el entrenador ha abierto una

botella de champán en los vestuarios, así que voy

contentillo, jaja.

Kyran: Me muero de ganas de besarte, cari. Delante de

TODO EL MUNDO

«Madre mía, me va a dar algo. Me cuesta hasta respirar…».

Yo: Te quiero, Kyran. No sabes lo orgulloso que estoy de ti.

Debe de estar mucho más contentillo de lo que dice, porque me ha enviado un montón de emojis. Una berenjena, un melocotón y cinco de las tres gotitas de agua.

El pecho me tiembla de la risa y me seco las lágrimas de los ojos.

Kyran: Ven a la fiesta…, por favor. Te necesito, Avi.

Yo: No me la perdería por nada del mundo, precioso.