Por los fans Capítulo veintisiete
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Capítulo veintisiete

haditodelosbosques : Perdonad que os lo diga así, pero sois unos putos bellezones. Avosotros os permitiría hasta comer galletitas en mi cama y que lo pusierais todo perdido (incluido a mí). Firmado: Vuestro queridísimo papucho anónimo

Avi

H e escogido el peor momento posible para dejar de fumar.

Después de que Kyran reconociera sus sentimientos hacia mí, decidí que era hora de parar.

No quiero seguir adormeciendo mis sentidos…

Quiero saborear cada instante del amor que siento por él.

Nunca me había enamorado, y vivir esta experiencia de la mano de Kyran es como ir de excursión a la fábrica de chocolate de Willy Wonka.

Quiero estar presente para no perderme ninguna maravilla…

Pero también tengo que comportarme mejor que nunca, porque hay un rarito caprichoso acompañándome a cada paso que no piensa avisarme de si voy a acabar metido en un televisor o transformado en un arándano gigante.

Me he pasado muchos años recurriendo en exceso a la marihuana para combatir la ansiedad y resulta que me estaba anestesiando tanto que ya ni siquiera sabía si era capaz de sentir algo.

Pero me he dado cuenta de que… la ansiedad, en su justa medida, no es mala.

Es completamente normal. Como humanos, se supone que debemos sentir cosas.

Estamos hechos para experimentar todo tipo de emociones, tanto dulces como amargas.

Supongo que he tenido que enamorarme de Kyran para comprender que no me importa saborear las amargas de vez en cuando si así luego puedo deleitarme en las dulces.

Me sentía muy orgulloso de mí mismo por haber tenido esa epifanía…

hasta este mismo instante. Estoy sentado en las gradas del Rose Bowl, moviendo la rodilla como Tigger puesto hasta las cejas de anfetas, preguntándome si existe alguna posibilidad de que el aire contaminado que respiro contenga restos de THC.

«La marihuana aquí es legal desde hace tiempo…, así que quizá sí».

Creo que se pilla la idea: estoy hecho un manojo de nervios.

Este partido es uno de los más importantes.

De esos que pueden cambiarte la puta vida.

Va a retransmitirse por la tele en todo el país y hay ojeadores de la NFL entre el público.

Encima, por si fuera poco, estoy sentado en una grada reservada por completo para familias y amigos de los jugadores, al lado de la hermana perdida de Kyran, a la que conozco desde hace menos de un día.

Bridget es una chica adorable. Bueno, vale, igual «adorable » no es el adjetivo que mejor le va, pero es bastante buenrollera y se nota lo mucho que quiere a su hermano.

Aun así, su presencia despierta en Kyran una reacción que solo le había visto con otra persona… Su padre.

Por supuesto, hay una diferencia abismal entre una relación y otra. Kyran no soporta a su padre, pero adora a Bridget con toda su alma. De hecho, me parece que ninguno de los dos traga a Tom, aunque no logro entender por qué.

No es perfecto, eso está claro. Es un tipo bastante estirado y moralista, y, con los años, ha ido perdiendo la poca gracia que tenía. Pero no creo que eso justifique el evidente desprecio que Bridget siente hacia él ni el hecho de que Kyran vaya con pies de plomo cada vez que se encuentra cerca.

Recuerdo la víspera de Navinucá, cuando Kyran me confesó que sentía que era él quien había destrozado su familia.

Lo afirmó con una certeza absoluta, como si un crío de doce años pudiera ser el responsable de un matrimonio roto.

Sé que muchos niños se culpan del divorcio de sus padres…

, pero creía que, al crecer, acababan comprendiendo que esa no es la realidad.

Kyran todavía se siente así. Arrastra ese peso desde que era un crío, y esa misma presión es la que lo ha convertido en un auténtico maniático del control. De ahí nace esa necesidad de parecer siempre perfecto a ojos de los demás… No me puedo ni imaginar lo agotador que debe de resultarle.

Y luego está Bridget.

Anoche en la cena comentó que se alegraba de que Kyran se sintiera por fin a gusto consigo mismo como para estar con alguien, como si supiera desde hace tiempo que su hermano es gay…

Y esas palabras lo arrojaron de cabeza a una espiral de pánico que consiguió aterrarme por un momento.

Hasta donde yo sabía, Kyran siempre se había considerado heterosexual antes de que nos liáramos. Salía únicamente con chicas y nunca había mencionado nada de experimentar con el otro sexo. Incluso discutía conmigo durante la mayor parte de nuestros encuentros sexuales.

Entonces, ¿qué razón pudo haber llevado a Bridget a decir algo así…?

«¿Cuál es el verdadero motivo que hizo que la familia Harbor se separara?».

«¿Qué fue lo que la impulsó a ella a marcharse de casa y no regresar nunca?».

Tengo tantas preguntas que los signos de interrogación me salen hasta por los oídos.

Sé que no es el momento ni el lugar, pero me encantaría obtener por lo menos algunas respuestas.

Ojalá Kyran se sintiera lo bastante seguro como para abrirse conmigo y contármelo todo él mismo…

, pero no creo que vaya a hacerlo, mucho menos después de ver cómo se cerró en banda anoche.

Así que, a pesar de que soy consciente de que interrogar a su hermana supone una clara violación de su confianza, me temo que no voy a poder contenerme.

Todo este asunto me tiene tan ansioso que ya me he zampado un paquete entero de Twizzlers.

Y a eso se le suma el partido.

El primer cuarto está a punto de acabar, aunque da la impresión de que hace nada estaban con el sorteo de campo. El tiempo se me ha pasado volando y, encima, los nervios y la adrenalina de ver al hombre que amo ahí abajo, en el terreno de juego, me tienen temblando como un flan en el asiento.

—Avi. —Bridget me coloca una mano en la rodilla para que deje de moverla—. Relájate. —La miro de reojo y se echa a reír—. Respira. Por Dios, que se te va a salir la pierna disparada.

—Perdón. —Suelto un suspiro—. Es que estoy muy nervioso…

Mantengo la vista fija en Kyran mientras se dobla por la cintura y se prepara para el saque.

Estamos mucho más lejos de lo habitual… Normalmente lo observo desde la línea de banda, donde capto a la perfección cada uno de sus gestos y movimientos, por sutiles que sean.

Aquí arriba me siento como si lo estuviera viendo en la tele, solo que hay noventa mil aficionados vitoreando alrededor.

Le pasan el balón a Kyran, que se endereza y retrocede con el brazo listo. Guty está solo, así que le lanza el balón, que atraviesa el aire en una espiral perfecta. Nuestro wide receiver lo atrapa y avanza un par de pasos antes de que le hagan un placaje, pero, aun así, consigue el primer down.

Todo el mundo estalla en aplausos. Incluido yo.

«Ese es mi hombre…».

—¿Ves? No hay de qué preocuparse —dice Bridget con una sonrisa—. Tu novio lo tiene todo controlado.

Elevo las comisuras de los labios ligeramente, aunque sigo estando tenso. No puedo remediarlo… Están pasando demasiadas cosas y no dispongo ni de una pizca de marihuana que meterme en los pulmones. Ni siquiera una triste gominola.

«Ah, y ¿he mencionado ya que anoche no llegamos a follar?».

Sí, eso fue un puntazo. Tras la cena, volví directo al hotel, me duché y me metí en la cama a esperar a que Kyran apareciera para echar un polvo de buena suerte antes del partido.

Entonces me mandó un mensaje diciendo que el entrenador no los dejaba salir y que prefería no arriesgarse a que lo pillaran escapándose de su cuarto.

Si hubiera sabido que iba a pasar eso, me lo habría follado en el mismísimo baño del puto restaurante.

«Seguro que al tipo que nos miró mal por intercambiar unas caricias de nada le habría flipado».

El segundo cuarto pasa volando, igual que el primero, intenso y lleno de acción. Notre Dame parece imparable y su defensa está causando estragos en nuestro juego terrestre. Sin embargo, por más que tratan de interponerse entre Kyran y sus receptores, no logran impedir que anotemos.

Él ha aprovechado todas las oportunidades que se le han presentado para mandar el balón a través del campo y ha conseguido lanzar dos pases de touchdown.

Al llegar al descanso, el marcador va veinticuatro a catorce, con los Eagles por delante.

El estómago me da un vuelco al ver a Kyran salir del campo, porque sé que lo más probable es que esté en tensión, queriendo controlar hasta el más mínimo movimiento a su alrededor.

«Ojalá encuentre un momento para contemplarse la palma y trazar las líneas que la recorren… Espero que así se tranquilice y se acuerde de disfrutar de este momento».

—¿Quieres que vayamos a por una birra? —me ofrece Bridget, levantándose y estirando los brazos.

Ambos llevamos una camiseta con el número nueve, y ella se lo ha pintado también en la mejilla con purpurina granate y dorada.

Tras pensarlo un instante, me pongo de pie junto a ella.

—Claro, por qué no.

«La cerveza no es maría, así que no pasa nada».

Salimos de las gradas en busca de un puesto de comida. Cuando damos con él, Bridget pide dos cervezas y espera hasta que estamos lejos de sobra para darme la mía…, por eso de que aún no he cumplido los veintiuno.

—Entonces, ¿tú también eres una forofa del fútbol, como Kyran? —le pregunto a Bridget con una sonrisa mientras deambulamos por la parte baja del estadio para matar el tiempo.

Ella suelta una risita.

—Siempre me ha encantado el fútbol. Crecimos viéndolo juntos… Más que nada porque a mi padre le apasionaba, pero no me dirás que no es el deporte más alucinante que existe.

—No sé. —Me encojo de hombros—. Supongo que habrá otros igual de emocionantes…, como el hockey, por ejemplo, ¿no?

—¿Qué tiene el hockey de emocionante? —Me dedica una media sonrisa—. Si ya ni siquiera dejan que los jugadores se peleen —se burla—. No se respira la testosterona en el aire. Además, no hacen más que ir de un lado a otro…, como en el baloncesto o el fútbol.

Ladeo la cabeza, porque lleva toda la razón. O al menos, eso me parece.