Por los fans Capítulo veintiséis #4
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Capítulo veintiséis #4

El momento acaba demasiado rápido, pero lo entiendo.

Por muy enamorado que estés, no es de recibo darse el lote en público.

Aun así, no puedo evitar reclinarme sobre él para impedir que se aleje.

Necesito con tanta urgencia seguir perdiéndome en sus hechizantes besos que ni siquiera me he dado cuenta de que le estoy agarrando la camiseta con el puño.

Cuando abro los ojos, lo pillo haciendo lo mismo y nuestras miradas se encuentran mientras él deja escapar un suspiro tembloroso.

«Madre mía… ¿Quién me iba a decir que besar a un chico en público podía ser tan… emocionante?».

Avi se aclara la garganta y dirige la vista al otro lado de la mesa, recordándome que no solo estamos en público, sino también delante de mi hermana, que, encima, resulta ser su hermanastra.

Porque él es mi hermanastro.

Lo cierto es que me recuerda a cuando nos olvidábamos de que la cámara estaba grabando. Supongo que es lo que ocurre cuando la química se apodera de nosotros…

—Hostia puta… —Bridget suelta un grito ahogado de sorpresa y golpea la mesa con las palmas de las manos, consiguiendo que me sobresalte—. ¡Lo sabía! Sabía que estabais liados.

Me recoloco en mi asiento y la miro con los ojos entrecerrados.

—Qué ibas a saber tú.

—¡Que sí! —chilla entusiasmada—. No os lo toméis a mal, pero salta a la vista que estáis coladitos el uno por el otro.

—No —gruño.

—¡Ya lo creo que sí! —susurra, con los ojos brillando de emoción y una sonrisa radiante en los labios, como si se alegrara de verdad por nosotros.

Sé que estoy haciéndome el duro, porque es lo mío, pero he de admitir que me encanta verla tan emocionada.

—Yo sí. —Avi se encoge de hombros y, cuando lo fulmino con la mirada, me guiña un ojo y se inclina hacia mí—. Ya te lo dije, cari… Estoy obsesionado contigo.

Frunzo los labios, con la cara igual de roja que sus puñeteros Twizzlers.

—¡Mira cómo intenta ocultarlo! —Bridget se agita en su asiento—. ¡Estás enamorado, hermanito!

—Callaos ya —replico en voz baja—. O si no mañana os coloco en la última fila de las gradas.

Ella se echa a reír y se lanza por encima de la mesa para cogernos las manos a los dos.

—Madre mía, ¡qué fuerte! Hermanastros enamorados… Menudo escándalo. —Levanta las cejas en un gesto juguetón.

Avi suelta una carcajada y yo pongo los ojos en blanco.

—¿Lo sabe alguien más? —pregunta Bridget, dando saltitos en la silla.

—Solo mi mejor amiga —contesta Avi.

Ella asiente y luego me lanza una sonrisita maliciosa.

—Papá va a flipar.

—Por favor… No quiero ni pensar en él —farfullo, y dejo caer la cabeza sobre la palma de la mano.

—No tenemos que contárselo a nadie. —Avi me frota la espalda—. No diremos nada hasta que tú estés preparado.

—Ay…, pero qué mono. —Bridget pone un puchero—. Sois tal para cual.

—Bueno, ya vale. Qué pastelosos, a este paso me va a dar diabetes —refunfuño, y Avi se ríe por lo bajo—. Quiero contárselo a la gente… Lo que pasa es que me jode que vaya a convertirse en un espectáculo.

Bridget arruga la frente.

—Por la NFL —le explica Avi.

—Ah, claro. —Asiente.

—El tema se haría viral en redes —prosigue él, mordiéndose el labio.

—Pero eso me da igual —le digo.

—A mí no, Kyran —responde Avi en voz baja, y ladeo la cabeza—. No quiero que tu reputación se vea afectada por que seamos hermanastros. Ni por… ninguna de las cosas que ahora asocian conmigo.

Me he quedado de piedra. No sabía que le preocupara ese tema. Ni siquiera se me había pasado por la cabeza que pudiera sentirse culpable por cómo se vería nuestra relación a ojos de los demás.

—¿Qué otras cosas asocian contigo? —pregunta Bridget, arqueando una ceja con curiosidad.

Avi se tensa de golpe y se limita a mirarla boquiabierto.

—Ninguna —intervengo yo, sin quitarle ojo a él.

—Jo, ¡venga ya! —lloriquea mi hermana—. Prometo que no voy a ir ventilándolo por ahí.

Avi parece dispuesto a soltarlo, pero le doy una patada por debajo de la mesa para detenerlo, arrancándole un gruñido.

—Ni se te ocurra… —le digo entre dientes.

Parpadea y se muerde el labio. A continuación, se dirige a Bridget:

—Tengo un OnlyFans.

—Ay, Señor… —resoplo, frotándome los ojos mientras ella deja escapar un grito ahogado de asombro.

—¡Madre mía! ¿En serio? —Abre la boca y los ojos por igual, visiblemente alucinada—. ¿Subes contenido en solitario o con… compañeros? —Desvía la mirada hacia mí.

—No puedo lidiar con esto ahora mismo… —Vuelvo a frotarme los ojos.

—He estado trabajando con un… compañero. —Avi escoge sus palabras con cautela, como si estuviera en un juicio por asesinato—. Pero la cuenta está… suspendida actualmente.

—¿Eso qué significa? —Bridget sacude la cabeza con una sonrisita en la cara.

—Que no es asunto tuyo —salto yo.

Mi hermana me observa con suspicacia y trago saliva.

«Sí, antes de que ella se fuera de casa yo también era mucho menos temperamental».

—El caso es que… salió a la luz hace poco —continúa Avi—.

Y no quiero que eso afecte a Kyran. —Gira la cabeza en mi dirección—.

Ni a tu padre… —Frunce el ceño y me mata por dentro verlo tan nervioso por este tema—.

Ya tenéis una relación bastante mala. No quiero contribuir a empeorarla aún más…

Deslizo la vista hacia Bridget, que está observándome.

—Sinceramente, seguro que le molesta más que estés saliendo con un chico que el hecho de que sea el hijo de su esposa —murmura Bridget, riéndose de lo absurdo de la situación.

Y lo peor de todo es que sé que tiene razón. Si Avi fuera una mujer, a mi padre le importaría mucho menos que fuéramos familia. Pero, como es un hombre, su odiómetro bíblico va a dispararse por las nubes.

«Puto capullo».

—Pues me la suda —contesto con firmeza—. Cuando volvamos a Boston, pienso contarle la verdad. Y, si se lo toma mal, que se joda. De todas formas, dejó de ser mi padre hace mucho tiempo.

Me detengo al darme cuenta de lo que acabo de decir y me fijo en Avi, que está mirándome mientras parpadea confuso, otra vez, como si quisiera entender desesperadamente a qué me refiero.

—Ky… —interviene Bridget antes de que él me pregunte algo—, me alegro mucho por ti. No sabes lo feliz que me hace que por fin te sientas a gusto contigo mismo como para estar con alguien.

El estómago se me retuerce casi con violencia al oír sus palabras.

Sé que solo intenta mostrarme su apoyo, pero está despertando un torbellino de ansiedad en mi interior. Los músculos se me tensan y un montón de pensamientos que llevaban tiempo dormidos en rincones olvidados de mi mente comienzan a aflorar de nuevo.

Avi frunce el ceño en un gesto de incomodidad. No puedo ni imaginarme lo que estará pensando.

«Las palabras de Bridget pueden dar lugar a malentendidos…».

Entreabre los labios para decir algo, pero me adelanto.

—Tú eres el único, cari —le susurro con la voz ligeramente temblorosa—. Te lo prometo.

Avi alterna una mirada preocupada entre Bridget y yo, y fulmino a mi hermana con los ojos.

—Perdón… Sabes que no me refería a eso, Ky —rectifica—. Quería decir que me alegra verte feliz. Sin más.

Asiento, tragando una y otra vez para contener la bilis que amenaza con treparme por la garganta.

«El olor a humo y aceites perfumados… El regusto amargo que me deja en la boca».

—Te-tengo que… ir… al baño. —Me levanto de golpe, tambaleándome un poco.

Avi alza una mano a toda prisa y me sujeta por la cintura para ayudarme a mantener el equilibrio.

—Cari…, ¿estás bien?

—S-sí, no pasa nada.

Lo aparto con un gesto y me alejo dando tumbos hacia el baño de hombres. Voy directo al lavabo y me echo un poco de agua en la cara. Aún doblado, me froto los ojos y bajo las manos poco a poco para mirarme en el espejo.

«Este eres tú».

«Siempre has sido tú».

Los cierro con fuerza y sacudo la cabeza.

«No… Ha sido Avi. Él me ha ayudado a encontrar a mi verdadero yo…, con su entereza y su sinceridad implacable. Solo él».

«Él es… el único».

Una voz me asalta la mente como un huracán, sacudiendo los cimientos sobre los que había construido mi realidad.

«Sabes que te estás engañando a ti mismo».

Respiro hondo, intentando librarme de la presión que me atenaza el pecho.

« Él te ha hecho así…».

«Él te ha hecho para mí».

«Ahora ruega por el perdón ».

—Para… —Jadeo en busca de aire.

—Cari, ¿estás bien?

Cuando sigo con los ojos el rastro de esa voz dulce y llena de preocupación, me encuentro a Avi en la puerta del baño. Enseguida noto sus manos sobre mí, frotándome la espalda y acariciándome el pelo.

Soy incapaz de articular palabra. Me aferro a él en cuerpo y alma, temblando de forma incontrolable. Da igual cuánto trate de alejarlo: siempre aparece a mi lado cuando más lo necesito.

Siento su aroma familiar envolviéndome como si abrazara a un niño asustado e indefenso. Sus ojos me ven de verdad… Ven a mi auténtico yo.

Por muy aterrador que me resulte, lo necesito conmigo.

—Kyran, por favor, háblame. —Su voz áspera se quiebra al suplicarme—. Cuéntame qué te ocurre…

«No puedo…».

«No puedo contártelo porque vas a dejarme. Eso es lo que ocurre».

«La gente acaba distanciándose cuando conoce la verdad».

—Nada, es que… —Me enderezo y me apoyo en él mientras respiro despacio—. Es que me ha entrado un poco de miedo, pero ya estoy bien.

—Cari, sabes que puedes contarme cualquier cosa, ¿verdad?

—me asegura, intentando calmarme con caricias—.

Te prometo que no voy a juzgarte ni a asustarme.

—Me agarra la mandíbula y me obliga a alzar la vista hacia él—.

Me tienes aquí para lo que sea, Kyran. Te quiero y seguiré queriéndote pase lo que pase.

Me mordisqueo el labio, sumergiéndome en la bruma azulada de sus ojos. Sé que no me está mintiendo… Que siente cada una de las palabras que han salido de sus labios.

Pero también sé que da igual lo que sienta. Me juzgaría de todos modos si se enterara. Y no sería culpa suya, sino una reacción instintiva, sin más.

La verdad lo cambia todo. Siempre.

Y, si termino perdiendo a Avi igual que perdí a mi familia…, no creo que encuentre las fuerzas para seguir existiendo.

El amor es frágil…, delicado como el cristal.

Y mi verdad impactaría en él como una piedra.

Me enderezo y apoyo las manos en su pecho, recolocándome la máscara en su sitio con firmeza.

—No pasa nada, cari. Solo estoy estresado por el partido. —Junta las cejas en un gesto de preocupación, pero lo ignoro y le doy un beso en el ceño—. Venga, volvamos a la mesa.

Separa los labios para responderme, pero, antes de emitir sonido alguno, un hombre irrumpe en el baño y se dirige con pasos pesados hacia los urinarios. Al percatarse de nuestra presencia, nos lanza una mirada cargada de desprecio y se da la vuelta para encerrarse en uno de los cubículos.

Avi observa al hombre con los ojos entrecerrados y la mandíbula apretada, probablemente pensando lo evidente.

«Homófobo».

—Tranquilo, no nos interesa tu picha arrugada de viejo —grita Avi, agarrándome del brazo para tirar de mí hacia la puerta.

Se me escapa una risa nerviosa y él me mira de reojo, mostrándome una de sus sonrisitas arrogantes.

«Cómo quiero a este hombre…, de verdad».

«Ojalá lo nuestro no estuviera envuelto en mil capas de complicaciones».