Capítulo veintiséis #3
—Ey, Jeff Bridges —la saludo, sonriendo contra su pelo y apretujándola con fuerza.
Se le escapa una risita nerviosa y sorbe por la nariz, como si estuviera llorando.
—¿Cómo te va, Cobra Ky ?
La noto temblar entre mis brazos mientras rompe a llorar, respirando de manera entrecortada con la cara enterrada en mi pecho.
—Odio que haya pasado tanto tiempo… Lo siento muchísimo, Kyran.
—Para —gruño, desviando la vista hacia Avi, que observa la escena sonriente, con un puchero en los labios y las manos entrelazadas contra el pecho.
Me aparto un poco para mirarla a los ojos, intentando transmitirle la máxima sinceridad posible—.
No te disculpes. No hay nada que perdonar… Me alegro muchísimo de verte.
Se separa de mí lentamente y se seca los ojos con la mano.
—Estás fantástico, hermanito. En serio… Te has puesto enorme. —Sonríe y yo me río por lo bajo. Pero entonces arruga la frente, preocupada—. ¿Va todo bien?
—Mejor que bien —respondo con certeza, señalando con los ojos a Avi para que se percate de su presencia.
Entonces Bridget desliza la vista hacia él y lo observa de verdad por primera vez.
—¿Este es nuestro hermanastro? —pregunta, alzando una ceja.
Asiento mientras él extiende el brazo hacia ella, haciendo gala de una de esas sonrisas suyas tan encantadoras.
—Sip. Soy Avi. Me moría de ganas de conocerte…
Se estrechan la mano y veo a mi hermana analizándolo con la mirada.
Bridget no solía ser tan desconfiada con la gente antes de que pasara…
todo aquello. Los dos éramos bastante confiados y de trato fácil.
Sin embargo, nuestra forma de enfrentarnos al mundo cambió justo antes de que se fuera de Boston, y ahora puedo constatarlo en sus ojos. Está intentando descifrar a Avi.
«Te va a hacer falta mucho más que un apretón de manos para calar a este, hermanita».
—Yo también —contesta, ladeando la cabeza—. He oído hablar mucho de ti a lo largo de estos años… —Me lanza una mirada—. De hecho, todas nuestras llamadas acababan girando siempre en torno a Avi.
Me rasco la nuca y él se ríe por lo bajo.
—Entonces, me temo que voy a tener que defender mi caso. —Sus ojos se cruzan con los míos y bajo la vista hacia mis zapatos, frunciendo los labios para contener la sonrisa que amenaza con dibujarse en ellos.
—Venga, vamos a sentarnos. —Bridget se acomoda de nuevo en su silla—. Tenemos que ponernos al día.
Avi y yo nos sentamos el uno junto al otro sin pensarlo, enfrente de ella. Estamos tan cerca que me roza el muslo y siento cómo se me suben los colores a la cara. Mi hermana me mira con los ojos entrecerrados.
—Lamento que hayamos tardado tanto en conocernos… —le dice Bridget a Avi, y luego se dirige a mí—. No tienes ni idea de la de veces que he pensado en ir a verte, Ky. Pero es que… no podía.
Deja escapar un suspiro tembloroso y sacude la cabeza, visiblemente arrepentida.
Al fijarme en Avi, noto sus ganas de indagar en el motivo que la ha llevado a negarse a volver a casa todos estos años… Y la simple idea de que se atreva a formular la pregunta me provoca unos retortijones implacables.
—No te preocupes —murmuro, intentando con todas mis fuerzas restarle importancia—. En serio, no pasa nada.
—Sí que pasa, Kyran. No he podido quitármelo de la cabeza. —Se aparta un mechón y me trae tantos recuerdos… Bridget es de esas personas que se tocan el pelo cuando se ponen nerviosas—. Debería haber vuelto…, para ver cómo estabas y asegurarme de que todo fuese bien, pero papá es…
—Bridget, por favor —la interrumpo con suavidad y firmeza.
Aunque logro que se calle al instante, se queda mirándome incómoda, así que me aclaro la garganta y añado—: No te preocupes, de verdad.
¿Podemos dejarlo estar? No quiero hablar de papá ni del pasado…
Mañana tengo el partido más importante de mi vida y no me apetece estresarme, ¿vale?
Solo quiero pasar tiempo contigo, porque te echo de menos.
Siento la mirada de Avi sobre mí, pero sé que, si se la devuelvo, va a percatarse de que ocurre algo. Justo esto era lo que más miedo me daba de venir a esta cena…
Él siempre ha sido capaz de leerme como un libro abierto y ver más allá de mis mentiras. Por eso supo reconocer que mi odio no era más que una farsa y comprendió lo que mi cuerpo anhelaba aun cuando mi mente se negaba a aceptarlo.
«Va a olérselo… Acabará descubriendo la verdad».
«Y entonces dejará de querer estar contigo».
Aparto ese pensamiento, cojo un vaso de agua de la mesa y le doy un trago largo.
—Vale. —Bridget me dedica una sonrisa reconfortante y extiende el brazo para darme un apretón en la mano—. Lo siento. Tienes razón. No pensemos más en eso. Me alegra mucho volver a pasar tiempo contigo.
Asiento con la cabeza y esbozo una breve sonrisa para tranquilizarla mientras giro la cara hacia mi izquierda. Avi está observándome y, cuando nuestras miradas se cruzan, el tiempo parece detenerse por completo.
«Dios, cómo echaba de menos tenerlo cerca. Aún no me lo creo. Se me hace rarísimo permitirme sentir algo así…».
Bridget me suelta la mano cuando el camarero se aproxima a nuestra mesa.
—¿Qué vais a beber?
—Yo nada. —Sonrío educadamente.
—Te veo decidido a mantener la línea, ¿eh? —me dice Avi, y suelto una risita. Luego se vuelve hacia el camarero—: Tráiganos agua, por favor.
—Pues agua, entonces —dice suspirando Bridget—. Pero vas a comer algo por lo menos, ¿no? —Me mira fijamente y no puedo evitar echarme a reír.
—Por supuesto. Me muero de hambre.
—Bien —responde, satisfecha—. En este sitio ponen unas tapas buenísimas.
Mi hermana procede a pedir un montón de platos para compartir y, mientras está hablando con el camarero, Avi me desliza los dedos por el muslo, recorriéndomelo de arriba abajo hasta que comienzo a temblar.
No creo que esté intentando calentarme… Lo más seguro es que se trate simplemente de una muestra de cariño, pero se ve que mi polla lo ha malinterpretado y está endureciéndose poco a poco bajo los pantalones en respuesta a sus caricias.
«Estoy desesperado por sentirlo dentro de mí antes de volver a mi habitación del hotel. Igual tiene que ser uno rapidito, pero me da igual. Él sabe perfectamente cómo provocarme en tan solo cinco minutos un orgasmo intenso de los que parecen haberse fraguado durante horas».
Una vez que el camarero se ha retirado para traernos la comida, Bridget se inclina sobre la mesa.
—Bueno… Intuyo que ya no sois enemigos mortales. —Ladea la cabeza en mi dirección y la espalda se me tensa de golpe—. Por eso de que habéis venido aquí juntos por voluntad propia y tal…
Entreabro los labios al mismo tiempo que Avi mientras nos miramos.
Me da la impresión de que nos estamos comportando de una forma un tanto extraña a ojos ajenos, así que murmuro:
—Al final ha resultado ser más majo de lo que creía…
Avi se muerde el labio para contener la sonrisa y se gira hacia Bridget.
—Supongo que he acabado conquistándolo con mi encanto natural.
—Ya… Será eso —responde, reclinándose en su asiento mientras alterna la mirada entre ambos.
Está claro que sospecha algo y, por mucha ansiedad que me produzca toda esta situación, noto cómo las palabras me trepan por la garganta, ansiosas por liberarse.
«Deja de huir. Deja de esconderte».
«Ten agallas».
—Cuando hablé con él en Navidad me contó que os estabais llevando mejor —le dice Bridget a Avi, que eleva las comisuras de forma despreocupada. Como siempre.
—Pasamos unas vacaciones muy buenas —contesta él, girándose en mi dirección con esa sonrisa que me calienta el pecho.
«Se merece esto. Algo real».
—¿Fuiste a ver a mamá? —me pregunta Bridget, y las fuerzas me flaquean una vez más.
—No —gruño, distraído por la mención de unos padres que no me han apoyado nunca—. La llamé, pero no estaba de humor para ir a su casa y sentirme como una carga indeseada de su anterior vida…
Bridget asiente con la cabeza y veo reflejados en el brillo de sus ojos marrones el resentimiento y la tristeza que me consumen a mí.
Por suerte, cambia de tema.
—¿Te gustó mi regalo? —inquiere con una sonrisita a la que me es imposible no corresponder.
—Sí. Me encantó la vela. Es mi aroma favorito… —Desvío los ojos hacia Avi, que me observa desconcertado.
Y las palabras luchan por abrirse paso, avanzando a marchas forzadas por mi garganta como si fueran soldados en un campo de batalla. Mis defensas no sirven de nada.
Tienen todas las de ganar.
—Huele como tú —le susurro.
—¿La vela? —pregunta con voz cantarina, pestañeando. La cara se le ilumina cuando asiento—. ¿Por eso te gusta?
—Bueno… Bridget solía encender una como esa en su habitación —le confieso en voz baja—. Me reconfortaba cada vez que sucedían… cosas. —La voz se me apaga y carraspeo antes de continuar—. Y ahora me reconforta porque me recuerda a ti.
Nunca lo había visto tan emocionado. Los nervios se me disipan un poco al darme cuenta de que he tomado la decisión correcta.
«Lo he hecho feliz».
Se gira hacia mí y baja los ojos hasta mis labios, provocando que me estremezca.
—Kyran… —Pronuncia mi nombre en un tono suave pero apremiante. Y ya sé lo que quiere decirme.
—Vas a besarme, ¿no? —murmuro.
Asiente con la cabeza.
—No creo que pueda contenerme mucho más…
Noto cómo chisporrotea en mi interior una euforia que despierta cada fibra de mi cuerpo.
Estamos en público, delante de mi hermana…
Pero me da igual. Soy incapaz de seguir librando esta batalla, así que ondeo la bandera blanca.
—Pues hazlo. —Le deslizo las manos por el muslo—. Por favor…
Me agarra la mandíbula sin dudarlo ni un instante, inclina el rostro y planta sus labios suaves, cálidos e implacables sobre los míos.
Un pequeño jadeo se me escapa de la boca, pero él lo ahoga con sus besos, separándome los labios y succionándolos con la intensidad justa para embriagarme. Me enreda los dedos en el pelo y me atrae hacia él, emitiendo un leve y tierno murmullo que acompaña a la perfección esta escena tan romántica.