Capítulo veintiséis
simsimma : podría pasarme toda la vida viendo a @GorraDelRevés dándole mimitos a su cari para que deje de ser tan gruñón Steph_simpeador : que alguien me explique por qué estoy de rodillas
Kyran
C uando me despierto esta mañana, todo es distinto.
No es la primera vez que me despierto pensando en Avi…, ni de lejos, pero sí es la primera vez que no intento reprimir lo que siento y relegarlo al fondo de mi mente, como si fuera un trasto viejo en un desván.
Es la primera vez que tener su imagen en la cabeza nada más abrir los ojos me dibuja una sonrisa y calienta cada fibra de mi ser.
Es la primera vez que me atrevo a reconocer, aunque sea solo para mis adentros, que desearía que estuviera aquí ahora mismo.
No dejo de pensar en todo lo que vivimos y sentimos anoche.
Él deslizando los labios por mi cuello mientras me susurraba: «Te quiero, Kyran».
Yo enredando los dedos en su pelo mientras le respondía con un hilo de voz: «Te quiero, Avi».
El deseo que parecía aumentar a cada segundo que pasaba cuando nos refugiamos en un rincón oscuro y se arrodilló ante mí.
Me muerdo el labio y me retuerzo en la cama al recordarlo…
Me desabrochó los pantalones y me envolvió impacientemente el miembro con los labios.
—Joder, cómo te echaba de menos… —le dije entre jadeos, esforzándome por no hacer ruido mientras me chupaba la polla despacio y con codicia y me recorría el cuerpo con las manos—. En serio, no sabes cuánto te he echado de menos, cari…
Nos aferrábamos el uno al otro con ansia, gimiendo, jadeando y tirando cosas. Ser consciente de que podían pillarnos en cualquier momento no hizo más que intensificar mis ganas de entregarme a él.
Me acaricio la piel, recordando cómo estallé en su boca y se tragó con avidez toda mi corrida. Luego se levantó y me besó, ofreciéndome su lengua impregnada en mi sabor mientras yo le colaba la mano por debajo de los pantalones.
—Ojalá pudiéramos follar ahora mismo —gimoteé cuando me dio la vuelta para restregarme su miembro contra el culo a través de la tela de nuestros trajes de diseño.
—Probablemente sea mejor que no podamos —susurró con voz ronca, en un tono tan sexy que me estoy volviendo loco solo de rememorarlo—.
No quiero hacerlo deprisa y corriendo, cari, ni que tengamos que estar callados.
Quiero pasarme toda la noche con la polla dentro de ti, haciéndote gritar lo mucho que me quieres.
—Sí que te quiero. —Cuando lo empujé hacia atrás, se chocó con el mobiliario. Me di la vuelta y me arrodillé ante él para trazar con los labios la silueta de su gran pene por encima de los pantalones del traje—. Muchísimo…
Y ahora estoy gimoteando, con la polla dura y dolorida por acordarme de sus ojos resplandecientes en la oscuridad clavándose en los míos al mismo tiempo que me deslizaba sus largos dedos por el pelo.
—Fóllame la boca hasta que te corras —le supliqué desde el suelo.
Y lo hizo.
«Vaya que si lo hizo».
Fue de lo más excitante sentir cómo me la metía hasta la garganta mientras me sujetaba la parte de atrás de la cabeza para que no me golpeara con la pared que había a mi espalda. En cuestión de minutos, comenzó a restregarse contra mi cara.
—Voy a correrme… Ay, Dios. Kyran, me corro —gruñó.
Me llevo la mano a la polla y, tras acariciarla unos breves instantes, me la agarro por debajo de los pantalones de chándal que llevo puestos y comienzo a mover la muñeca lentamente, reviviendo todos esos momentos.
«Debería haber ido anoche al apartamento de Frankie para verlo…».
Así podríamos habernos despertado juntos y haber hecho esto, en vez de sentir su ausencia como si fuera un miembro fantasma en mi cama.
Me suena el móvil y le echo un vistazo.
Avi: ¿Estás igual de cachondo que yo?
Curvo los labios en una sonrisa de loco y empiezo a escribir una respuesta, pero al final la borro y lo llamo directamente.
Contesta al primer timbrazo.
—Sabía que estabas despierto y meneándotela…
Me río y luego dejo escapar un quejido, dándome la vuelta sobre la cama con un puchero.
—Te echo de menos…
—Lo sé. Y yo a ti… Una barbaridad.
—¿No podemos vernos hoy antes de que me vaya? —pregunto en un tono casi suplicante, pero no me importa.
—Cari, creo que yo me voy antes que tú —responde con un suspiro.
Frunzo el labio, pero, aun así, la emoción me chisporrotea en el estómago.
Avi se viene a California para la Rose Bowl. No como parte del equipo…, sino por mí. Anoche me confesó que compró el billete hace meses.
—No me lo perdería por nada del mundo, superestrella —dijo mientras nos besábamos una y otra vez, tratando de separarnos poco a poco para que yo volviera al banquete antes de que la gente se diera cuenta de que me había ido y comenzara a alarmarse.
—¿Te parece bien no… contarle lo nuestro a nadie hasta que haya pasado todo lo de mañana?
—murmuré, sintiéndome como un auténtico cobarde por atreverme a sugerirle que siguiéramos ocultándolo—.
Es que necesito concentrarme en el partido.
No quiero que la gente monte un escándalo y me lo eche todo a perder.
Pero Avi me dedicó esa sonrisa tranquilizadora y reconfortante que antes solía odiar porque le sienta de maravilla.
—No me puedo creer que estés pensando en contárselo a la gente. —Sacudió la cabeza mientras se afanaba en ajustarme la corbata—. No tengo ninguna prisa, cari. Solo quiero estar contigo. Lo demás me da igual.
Me muerdo el labio y le pregunto:
—¿A qué hora sale tu vuelo?
—A las seis. ¿Y el tuyo?
—A las siete y media. —Arrugo la frente—. No nos cruzamos por los pelos.
—No pasa nada —resopla con calma—. De todas formas, tengo que terminar de sacar mis cosas de la residencia y traérmelas al apartamento de Frankie.
—Vale… Bueno, cuando te cruces con el gilipollas de Ash Holloway, asegúrate de darle un buen puñetazo en la cara de mi parte.
Avi suelta una risita.
—No sabemos si ha sido él quien se ha chivado a la decana…
—Pues claro que lo sabemos. Es su puto sobrino… Además, se le nota a la legua que está coladito por ti.
—Entonces, ¿por qué iba a querer que me echaran del cuarto que compartimos? —Oigo su sonrisa a través del altavoz.
—Porque es tonto y está celoso.
—¿Porque sabe que pertenezco a otra persona…? —susurra, provocando que se me estremezcan los testículos—. La misma que estrenó aquel apartamento conmigo…
Sonrío al acordarme de todos los buenos momentos que vivimos en la habitación 446 de Thomas More. Es una pena que tenga que mudarse, pero seguro que podemos estrenar un montón de sitios diferentes…
«Sobre todo ahora que somos dos tortolitos enamorados».
—No quiero seguir pensando en él. —Me doy la vuelta para ponerme de nuevo bocarriba—. Ni en tu expulsión.
—Tienes razón —responde con firmeza—. Nada de estrés. Centrémonos en lo positivo.
—Vas a conocer a Bridget por fin… —murmuro, mordisqueándome el labio.
«Nada de estrés, dice. Puf, como si yo supiera lo que es la tranquilidad».
—Estoy deseándolo —musita con dulzura.
—Avi… —susurro con un ligero nudo en la garganta, porque, por muy bien que me haga sentir todo esto, sigue siendo algo completamente nuevo y desconcertante para mí—, todavía no me lo creo, cari. ¿Esto es real? Dime que no estoy soñando…
Deja escapar una risa grave y profunda que provoca que me palpiten los huevos.
—Esa pregunta debería hacértela yo…, porque para mí esto es real desde hace bastante. No te ofendas, pero estaba esperando a que tú también te dieras cuenta.
Trago saliva con dificultad.
—Lo sé… Siento haber estado apartándote tanto tiempo.
—Merece la pena esperarte, precioso. —Él suspira—. Y tampoco ha sido tanto tiempo. Solo llevamos unos meses.
—A lo mejor me ha parecido mucho más… porque ya me gustabas incluso cuando creía que te odiaba.
—Eso era justo lo que quería oír —canturrea. Se le nota la sonrisita de suficiencia en la voz, y me arranca una carcajada.
—Avi, no sé qué hacer… —le confieso. Y, siendo sincero, me sienta de maravilla. Resulta tan fácil hablar con él que a veces me da la impresión de que podría contarle cualquier cosa sin problema—. Me da un poco de miedo.
—Es lo más normal del mundo —murmura con ternura, ofreciéndome su apoyo—. Ya te lo dije anoche, Kyran… Nadie tiene por qué enterarse de nada hasta que tú no estés preparado. A mí no me importa, solo quiero estar contigo.
Asiento con la cabeza, como si pudiera verme…, pero en el fondo sé que no es lo correcto. Él se merece a alguien valiente que lo bese delante de los demás. Merece seguridad, certeza.
No dudas… Que, al parecer, es lo único que puedo ofrecerle yo.
Aunque no tengo ninguna duda sobre él…, sino sobre mí mismo.
—Ky, yo tampoco sé nada de relaciones —lo oigo susurrar por el altavoz—. Nunca he estado así con nadie. Y tú no has salido nunca con un tío. Así que, tal y como yo lo veo, estamos afrontando esto juntos. De nuevo.
Elevo un poco las comisuras de los labios.
—Entonces…, ¿eso quiere decir que soy tu primer novio?
Su risa me sacude por dentro de lo tremendamente bien que suena.
—Sí, cari. Eres mi primer novio. Y yo el tuyo.
—Soy todo tuyo… —respondo en voz baja, retorciéndome otra vez entre las sábanas.
El sonido de Guty irrumpiendo en el cuarto me saca de golpe de nuestra burbuja de amor y me incorporo de un salto en la cama para cubrirme hasta la cintura con la manta.
—¡Vamos, Nueve! ¡Arriba y a darle caña, cari! —me grita desde el salón—. ¡Nos toca gimnasio! Y luego hay que poner a punto ese brazo…
—¿Ha estado ahí contigo en la habitación todo este tiempo? —murmura Avi.
—No, acaba de volver —susurro, aún quieto en la cama, esperando a que se me baje la erección para levantarme, pero mi pene no parece estar por la labor de colaborar.
Culpo a Avi y a su voz sexy de por la mañana—.
Tengo que dejarte… Hablar contigo me la está poniendo dura y así es imposible salir de la cama.
Suelta una risita malvada.
—Más te vale encontrar la forma de que nos veamos esta noche. No creo que aguante hasta después del partido…