Capítulo veinticinco #3
Pero por fin me he sincerado y le he dicho que, en realidad, la universidad siempre me ha dado igual.
Nunca he sido buen estudiante ni he disfrutado aprendiendo sobre temas que no me atraen, y eso no significa que sea un ignorante, solo que mis intereses van por otros derroteros.
Pero lo más importante es que no siento que encaje en este sitio, lo que me lleva a preguntarme en qué momento me pareció que sería buena idea matricularme en la Boston College.
Por supuesto, Tom no lo ha entendido, pero tampoco es asunto suyo, y menos ahora, que soy yo el que se paga sus propios estudios.
Y ese fue el otro asunto con el que casi le da un infarto a mi madre…
El del OnlyFans .
Por suerte, no conocen los detalles de la cuenta, porque me incomoda un poco salir del armario delante de Tom.
Es… demasiado católico. Prefiero contarle a mi madre que soy bisexual cuando estemos solos y reservarme el sermón de «los hombres no deben acostarse con otros hombres» de mi padrastro para otro momento. O para nunca.
Así que, para ahorrarme cualquier pregunta sobre el género de mi acompañante, les he asegurado que solo me había acostado con una persona, lo cual es cierto, y he insistido en que habíamos tomado precauciones y que no pasaba nada.
Luego los he despachado diciendo que no había necesidad de perderse la comida y la actuación de Frankie y Zeb, cuando yo estaba perfectamente, y que podíamos seguir hablando de todo aquello más tarde.
Me ha parecido casi un milagro que accediesen a aparcar el tema de momento, y creo que, en su mayor parte, ha sido porque quieren apoyar a Kyran, ya que esta noche es muy importante para él.
Aunque me da la impresión de que a Kyran no le importa mucho su gran noche …
Porque acaba de escribirme para que nos veamos a solas.
Cuando compruebo que el terreno está despejado, me cuelo de nuevo en el edificio por la entrada que hay junto a los vestuarios y recorro el largo pasillo, echando un vistazo a alguna que otra sala para ver si localizo a Kyran.
Creía que igual me estaría esperando en el vestuario, donde nos besamos aquella vez que llevaba mi disfraz de Baldwin…
, pero no está allí. Aun así, el recuerdo me provoca un cosquilleo en el estómago y le rezo a cualquier entidad cósmica que quiera oírme para que en esta ocasión no trate de apartarme como entonces.
La música va sonando más alto a medida que avanzo, hasta tal punto que parece que estoy justo al otro lado de una pared que separa el banquete del resto del recinto. Al llegar a unas puertas dobles, empujo una y me quedo boquiabierto.
Es un espacio amplio y abierto, una sala destinada a guardar material deportivo y objetos por el estilo, pero hay luces colgadas a lo largo de las paredes, apoyadas sobre los muebles, bañando la estancia de un resplandor tenue que compensa la falta de iluminación en el techo.
Me adentro en la penumbra de la sala, dando vueltas en busca de Kyran mientras admiro lo que quiera que sea esto. Entonces percibo un ruido y, cuando me giro, lo veo caminando hacia mí desde una esquina, con una ligera sonrisa en los labios y algo en la mano.
—Ey… —La voz me sale entrecortada y él ensancha la sonrisa al oírme.
—Hola. —No se detiene hasta acortar toda la distancia que nos separa y cogerme de la mano—. Tengo algo para ti.
Curvo los labios mientras observo boquiabierto y con los nervios a flor de piel cómo me engancha algo en la chaqueta. Entrecierro los ojos y arrugo la frente, desconcertado.
—¿Esto es… una flor? —murmuro, y se ríe suavemente.
—Te la he hecho con una servilleta. Es para el ojal —responde con timidez. Acto seguido, me tiende otra—. Esta es la mía. —Me limito a mirarlo embobado y añade en un susurro—: Tienes que ponérmela, cari.
Pestañeo un par de veces más antes de lograr moverme.
—¿Qué…? ¿Qué es esto? —pregunto, colocándole en la chaqueta la pequeña flor que me ha entregado, también hecha a partir de una servilleta arrugada.
Se acerca a mi oído y aprieta mi mano temblorosa entre la suya.
—Gracias por venir al baile de graduación conmigo, Avi.
Creo que podría caerme ahora mismo al suelo si él no estuviera cerca para sostenerme.
«¿Me está pidiendo… que lo acompañe al baile? Mi primer baile…».
«¿Ha preparado todo esto por mí?».
—¿Esto ha sido obra tuya…? —Recorro la sala con los ojos, fijándome en las luces.
—Lo sé… Es un poco cursi —resopla.
—De eso nada. —Niego con la cabeza firmemente, y me mira—. Es perfecto, Kyran.
Sus ojos avellana centellean igual que las luces de alrededor y su sonrisa irradia felicidad. Tira de mi mano para colocársela sobre el pecho, uniendo nuestros cuerpos, y apoya la otra en la parte baja de mi espalda.
—Baila conmigo —murmura.
—La banda está tocando al otro lado de la pared una canción que me suena vagamente; una melodía lenta que me hace pensar en las parejas que bailan a la luz de la luna en las pelis.
Le pongo la mano en el pecho sin pensarlo siquiera. Él me sujeta por la cintura y empieza a moverse.
Pero sigo estando tenso, porque no tengo ni idea de lo que se supone que debo hacer a continuación.
—Ky…, nunca he bailado lento…
—Lo sé. —Se ríe por lo bajo—. No pasa nada. Solo quiero estar cerca de ti.
Me inclino hacia él, dejando que su fuerza y su tamaño me sostengan mientras el corazón me flota ingrávido dentro del cuerpo, igual que un globo que se eleva hacia el cielo.
Entierro la cara en el hueco de su cuello para que no se percate del rubor que me tiñe las mejillas en este instante, como si fuera un tonto perdidamente enamorado.
Mi primer baile lento… Mi propia fiesta de graduación… Con el quarterback del equipo como acompañante.
«Madre mía, ahora mismo parezco la típica chica empollona de cualquier peli de instituto».
Pero me da igual, porque esa es la verdad: estoy enamorado de él hasta las trancas y no me puedo creer que fuera tan ingenuo como para pensar que sería capaz de evitar que esto acabara pasando.
Kyran me desliza los dedos a lo largo de la espalda mientras nos guía con suavidad al compás de la música, aunque apenas levantamos los pies del suelo, solo nos balanceamos juntos.
—Estás guapísimo… —susurra, aspirando mi olor entre palabra y palabra, y se me escapa una sonrisa—. Cuando te he visto aparecer esta noche, me has dejado sin aliento.
—Vale, a este paso vas a conseguir que me derrita —protesto, y él suelta una risita—. En serio, ¿quién eres y qué has hecho con el gruñón de mi hermanastro?
Un leve murmullo brota de su pecho y reverbera en el mío. Acto seguido, se separa un poco para mirarme.
—Déjate de bromas, Avi. Sé sincero conmigo.
—Eso hago… —murmuro con voz ronca—. Es que… me has pillado completamente desprevenido. No me esperaba que hicieras todo esto por mí. —Me detengo para tragar saliva y pensar en si de verdad quiero decir lo que se me está pasando ahora mismo por la mente o no—. Nunca sé qué esperar de ti, Kyran.
—Lo sé… —musita; se nota que está arrepentido—. Y lo siento. Por todo…
—No hace falta que te disculpes —respondo con sinceridad—. Lo entiendo.
—Sí que hace falta, porque lo siento de corazón —repone con firmeza—.
Siento haber pensado solo en mí con el tema del OnlyFans.
Siento no haber ido a hablar contigo cuando en realidad me moría de ganas.
Siento haberme comportado como un gilipollas anoche y siento muchísimo que te hayan expulsado por intentar protegerme.
No quería que pasara nada de esto. No me importa mi reputación si salvarla implica que tú tengas que marcharte…
—Ky, para. —Le paso los dedos por el pelo—.
No me importa que me hayan expulsado. —Alza una ceja ante mi declaración y me río por lo bajo—.
Hablo en serio. Me da igual. No necesito estar en esta universidad para hacer lo que quiero.
Y, siendo sincero… —La voz se me apaga y me muerdo el labio—.
Madre mía, esto va a sonar patetiquísimo, pero…
la única razón por la que vine aquí eres tú.
La expresión de su cara me descoloca por completo. No sé si lo he dejado atónito porque acabo de retratarme como el acosador por el que me tenía cuando descubrió que iba a ir también a la Boston College…, o si tal confesión lo halaga.
—Avi… —susurra con un hilo de voz, deteniéndose en seco para mirarme fijamente mientras me hunde los dedos en la espalda—, dime qué quieres decir con eso…
—Lo que quiero decir es que… —respondo suspirando— nunca fue por el dinero ni por seguir en la Boston College. Fue por ti y nada más que por ti, joder. Todo lo que hice… lo hice para tenerte a ti, Kyran.
Traga saliva y el brillo de sus ojos, abiertos de par en par, refleja una satisfacción nerviosa.
—Puede que al principio no lo supiera… —continúo—, pero la verdad es que podría haberle pedido a cualquiera que grabara conmigo esos vídeos, y, aun así, te quería a ti.
Creo que es así desde hace mucho tiempo…
No lo entendía, pero que me odiaras solo me daba más ganas de ir detrás de ti.
Y luego fuiste tú el que empezó a acudir a mí.
Y, joder, eres el regalo más inesperado que haya llamado jamás a mi puerta.
Kyran deja escapar un suspiro con los labios temblorosos.
—No creo que pueda seguir reprimiéndolo más, Avi…
Mi respiración se vuelve superficial.
—¿A qué te refieres?
—A lo que siento por ti… —Sus ojos dorados y verdes resplandecen, regalándome un destello tímido—.
Creo que estoy enamorado de ti, cari —susurra contra mis labios, apoyando la frente en la mía y aferrándose a mí como si le fuera la vida en ello, como si temiera que, al soltarme, fuese a escaparme volando.
Estoy temblando de pies a cabeza, deshaciéndome entre sus palabras, su tacto y la emoción tan intensa que me transmite.
Todo el odio que el rubio buenorro gruñón me profesaba no era nada más que el indicio de una química ineludible entre ambos desde el principio.
No puedo evitarlo… Las palabras se me enredan en la lengua, mis labios tiemblan sobre los suyos y recorro con las manos cada rincón de su cuerpo que se encuentra a mi alcance.
Hasta que me gruñe:
—Dímelo tú también, Avi. No seas capullo.
Me río, y él sonríe, rozándome los labios con los suyos.
—Déjame saborear un poco más este momento…
—Vete a la mierda —refunfuña de broma, aunque creo que una parte de él tiene miedo de no ser correspondido…
«Como si no me tuviera comiendo de su mano».
—Estoy enamorado de ti… —murmuro, notando cómo se estremece entre mis manos— desde que nos conocimos.
Emite un sonido suave que refleja alivio, alegría, miedo y excitación, todo condensado en un suspirito perfecto.
—Pero fui muy cruel contigo… —responde con la voz temblorosa más sexy que he oído en mi vida.
Asiento con la cabeza.
—Ya… Puede que sea masoquista.
Se le escapa una carcajada y me siento como si me encontrara ante algo increíblemente bello y aterrador al mismo tiempo.
—Dime la verdad… —susurro con voz ronca, y él ladea la cabeza, intrigado—. Aquella noche en el apartamento de Frankie, ¿te corriste en los pantalones por mí?
Suelta un gruñido, como si se negara a admitirlo, y me desliza los dedos por el cuello hasta enredarlos en mi pelo, pero luego asiente con la cabeza y se muerde el labio.
—Creía que ibas a besarme…
Me resbalo y empiezo a descender lentamente hacia el vacío.
—Joder, sabía que debería haberlo hecho —murmuro, agarrándolo por las solapas de la chaqueta para atraer sus labios hacia los míos.
«No pienso volver a cometer el mismo error».
La música nos envuelve mientras bailamos, nos besamos y respiramos al unísono…
Suspendidos juntos en el aire, con el viento azotando las ventanas.