Capítulo veinticinco #2
Hannah arruga la frente con preocupación.
—¿Presenciar el qué?
—Señor Vega —lo llama la decana Perkins, caminando en nuestra dirección con los brazos cruzados sobre el pecho—, lamento mucho tener que recordarle esto, pero su expulsión implica que no puede asistir a ningún evento que se celebre en esta institución.
—¡¿Expulsión?! —Hannah suelta un grito ahogado.
—Avi, ¿de qué está hablando? —brama mi padre.
Él me mira de reojo. Sigo con la boca entreabierta, pero no tengo ni idea de qué decir. No creo que pudiera articular palabra aunque lo intentara.
—Decana, ¿qué ocurre? —interviene el entrenador Matthews, abriéndose paso.
—Avi ha sido expulsado —le susurra—. Debería irse de aquí.
—Qué necesidad hay —responde el entrenador—. Avi forma parte del equipo. Déjelo quedarse en el banquete.
—Me temo que no puedo permitirlo —replica, manteniéndose firme—. Y menos con la gravedad de las acusaciones que pesan sobre él…
—¿Qué acusaciones? —dice mi padre entre dientes.
—Avi, ¿qué está pasando? —Hannah agarra a su hijo del brazo, con una expresión llena de inquietud.
—Mamá, vamos fuera a hablar —murmura él, y luego mira al entrenador y a la decana—. Gracias, entrenador, pero no hay problema. Me voy.
—¡Que no se vaya! —grita Guty.
—¡Dejad que la estrella del porno se quede! —vocifera otra persona.
La multitud estalla en gritos de asombro y algunas risitas.
Avi abre los ojos más que nunca, pero, a diferencia de mí, no parece estar muriéndose de la vergüenza.
Estoy temblando como si se hubiera desencadenado un puto terremoto bajo mis pies. Me siento sobrepasado por la situación.
«¿Cómo se han enterado de todo? ¿Ha sido por culpa del puto Ash Holloway?».
«Más le vale a ese cabronazo ir con cuidado si ha tenido algo que ver en esto».
—¿«Estrella del porno » ? —grazna Hannah, tirando del brazo de Avi con tal fuerza que este pierde el equilibrio—. ¡¿Por qué te acaban de llamar así, Aviel?!
Él se ríe por lo bajo, se frota los ojos con los dedos y niega con la cabeza, como si no supiera qué hacer ni qué decir.
—No es el momento ni el lugar para discutir este asunto —gruñe la decana Perkins, señalando hacia la puerta—. ¿Por qué no vamos todos fuera y…?
—Avi, ¡¿dónde está @NoSoyTuCari ?! —grita alguien entre la multitud—. ¡Queremos saberlo!
Me estoy mordiendo el labio con tal fuerza que puedo saborear la sangre.
—Bueno, ya basta —masculla Avi, pasándose las manos por el pelo—. Decana Perkins, lo admito, ¿vale? Fui yo. Me abrí el OnlyFans y grabé los vídeos en el recinto de la universidad.
Se oyen jadeos de sorpresa y unas cuantas personas estallan en vítores.
—Avi…, no —susurro, notando cómo el peso del miedo y la culpa me oprime el pecho.
No quiero que pague él solo los platos rotos. Ambos deberíamos afrontar las consecuencias, los dos somos responsables de lo sucedido.
Pero me mira de reojo y murmura:
—Tranqui. Yo me encargo. No pasa nada. —Se aclara la garganta y se gira hacia la decana de nuevo—. Era mi cuenta.
La decana Perkins tensa la mandíbula.
—¿Y las demás… partes implicadas?
—Gente al azar —responde con firmeza—. Ningún estudiante de esta universidad. Y todos superaban la edad legal del consentimiento sexual, que es diecisiete en Massachusetts —añade con una sonrisita de suficiencia.
—Es consciente de que será expulsado de esta institución, ¿verdad? —dice la decana Perkins, ladeando la cabeza—. De forma definitiva.
Avi asiente.
—Me da igual. No me arrepiento. —Desvía los ojos hacia los míos y susurra—: Ha sido lo mejor que he hecho en la vida.
El corazón me retumba y una calidez reconfortante me envuelve el pecho mientras permanezco inmóvil, observándolo.
No me puedo creer que esté haciendo esto por mí.
Que haya dejado que lo expulsen… Que esté soportando todo este chaparrón… por mí.
—¿Qué leches está ocurriendo aquí? —brama mi padre.
—Avi…, ¿qué has hecho? —lo reprende Hannah en voz baja.
—Muy bien, señor Vega… —dice suspirando la decana, guiándolo hacia la salida—. Vámonos.
Entonces sucede algo de lo más insólito: la gente empieza a aplaudir.
Conforme sacan a Avi del banquete, supuestamente abatido y avergonzado por sus acciones, el equipo entero, las animadoras y el resto de los estudiantes que han acudido a la velada, todos sin excepción, aplauden y silban a nuestra estrella del porno local.
El profesorado y los entrenadores parecen muy desconcertados por lo que está pasando. Avi, en cambio, se limita a sonreír, conservando intacta su habitual actitud despreocupada, y se despide de todos con la mano. Hasta que Hannah le da un guantazo en el brazo.
Estoy a punto de seguirlos. Al fin y al cabo, soy parte de la familia, así que no le extrañaría a nadie que fuera tras él en este caso…, ¿no?
Pero una avalancha de personas, entre las que se encuentran mis propios compañeros de equipo y otros estudiantes, se agolpan a mi alrededor y comienzan a bombardearme con preguntas sobre mi hermanastro.
—¿Lo sabías?
—¿Has visto los vídeos?
—¿Va a volver a abrirse la cuenta?
—¿Conoces a @NoSoyTuCari ?
—¿Es su novio en la vida real?
Me he quedado atónito al darme cuenta de la cantidad de gente que está al tanto de todo esto. Es imposible que lo sepan únicamente por el bocazas de Ash Holloway.
Parecen más bien… fans.
Fans de @GorraDelRevés y @NoSoyTuCari .
Y, por primera vez desde que borramos la cuenta, me arrepiento de haberle pedido que lo hiciera.
Resulta que Avi llevaba razón todo este tiempo. No nos seguían solo por el sexo: les gustábamos como pareja.
Y creo que los entiendo perfectamente.
—Vale, vale. —El entrenador se abre paso entre la multitud que me rodea, obligándola a dispersarse—. Nunca pensé que tendría que decir esto en un banquete, pero ya basta de hablar de porno por hoy —vocifera con una sonrisita, sacudiendo la cabeza—. Volvamos al fútbol, gente.
Todos se alejan, cuchicheando entre ellos. Guty y Theo permanecen a mi lado, hasta que el entrenador le lanza al segundo una mirada que lo hace marcharse tras él.
Clavo los ojos en mi amigo un instante, pero entonces Guty me sacude por los hombros, devolviéndome a la realidad.
—Tío, tu hermanastro está como una chota, ¡me encanta!
No puedo evitar soltar una risita y desviar la mirada a las puertas mientras nos encaminamos hacia la barra a por más bebidas.
—No sabía que te molara tanto el porno gay de OnlyFans…
—Oye, que no me suscribí ni nada de eso. —Sonríe—. Pero ¿sabes quién creo que sí que estaba suscrito…?
Lo miro atentamente.
—¿Quién?
Señala a Theo con la cabeza, que parece estar manteniendo una conversación en voz baja con el entrenador. Entonces la esposa de este último se aproxima a ellos y Theo se inquieta al percatarse de su presencia. Cambia el peso de pie, indeciso, y se bebe su copa de un trago.
«¿Por qué vería Theo los vídeos de Avi…?».
Es curioso, cuando menos, y me quedo pensando un momento en la escena que se está desarrollando ante mis ojos, pero no puedo dejar de deslizar la vista hacia la puerta. Aunque sé de sobra que es imposible, no pierdo la esperanza de que Avi vuelva a entrar por ella.
La banda se sube al escenario para tocar y la comida circula entre los invitados, pero solo soy capaz de pensar en ir a buscar a mi hermanastro.
Tengo que hablar con él.
«No puedo dejar que todo esto acabe así…».
«Que asuma las culpas y se vaya pensando que yo no… Sin saber que…».
Resoplando por los nervios, el estrés y una especie de cosquilleo de emoción, me apoyo el móvil en el regazo y le escribo un mensaje.
Yo: Por favor, dime que no te has ido…
Al cabo de unos cuantos minutos, responde por fin.
Avi: Estoy intentando convencer a mi madre de que no
se tire por la ventana.
Me río por lo bajo.
Yo: Necesito verte otra vez…
Yo: No hemos podido hablar.
Avi: Ya… ¿Te pasas por el apartamento de Frankie luego?
Me muerdo el labio y sacudo la cabeza mientras la mente me va a mil por hora. No puedo dejar que se vaya.
Esta vez no…
«Ambos estamos vestidos para la ocasión y me muero de ganas de que me conceda un baile».
Echo un vistazo alrededor. Todo el mundo parece tener la atención puesta en la comida y en el entrenador, que está subiéndose al escenario ahora mismo.
«Igual ni se enteran si me largo disimuladamente…».
—Gracias a todos por acompañarnos esta noche —comienza a decir el entrenador al micrófono, y aprovecho para escribir un último mensaje—. Nuestro equipo está viviendo un momento histórico. Debo confesaros que me siento muy orgulloso de estos chicos.
Yo: Quedamos en la parte de atrás, junto a los
vestuarios, en diez minutos.
—Llegar hasta aquí requiere coraje. También talento y determinación, por supuesto —prosigue el entrenador—, pero, sobre todo, resistencia. Vosotros habéis demostrado más fuerza, compañerismo y tenacidad que cualquier otro equipo al que haya tenido el placer de entrenar.
Todos fijamos la vista en el escenario, escuchando las palabras de aliento de nuestro entrenador.
—Y sé que este viaje que habéis emprendido aún no se ha acabado. Ni de lejos. —Alza su copa con una sonrisa—. Así que brindemos todos… Por los Eagles y nuestro campeonato.
Todo el mundo obedece y la sala se llena de aplausos. Echo un vistazo a Guty, que está pendiente del escenario, y a Theo, que apura su copa de un trago.
Me encanta jugar con estos tíos a los que considero amigos. Me apasiona el fútbol y adoro la sensación de ganar cada partido por ellos.
Pero, ahora mismo, el deporte sigue ocupando el segundo puesto en mi lista de prioridades.
«Necesito ir a buscar a quien ocupa el primero».
Avi
«Qué puto desastre, colega».
Al final he conseguido tranquilizar a mi madre y a Tom lo justo para que volvieran a entrar en la fiesta y comieran algo, pero ha sido todo un reto.
Mi madre está cabreada, y con razón. Al fin y al cabo, me han expulsado de una universidad bastante respetable por grabar vídeos porno en su recinto. No es precisamente lo que una madre desearía para su hijo.