Por los fans Capítulo veinticuatro #2
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Capítulo veinticuatro #2

Sí, he hecho amigos y he conocido a gente con la que jamás me habría cruzado de otra forma. Me he divertido y he descubierto nuevos aspectos de mí mismo. Pero me da la impresión de que todas esas experiencias se deben a los vínculos que he forjado aquí, no a la universidad en sí misma.

Así que, básicamente, estoy mirando de frente a la decana mientras me siento un impostor de cuidado por haberme atrevido siquiera a venir aquí a hacerle perder el tiempo.

La decana Perkins se acomoda tras su escritorio y entrelaza las manos sobre la mesa.

—Buenas tardes, señor Vega.

Asiento con la cabeza y me noto las palmas sudorosas pegadas a los vaqueros.

—Su… Decanísima.

Me observa con los ojos entrecerrados.

—Iré directa al grano… —Coge su móvil, le da un par de toques a la pantalla y lo gira para enseñármelo—. ¿Este es usted?

Es una captura de pantalla de mi cuenta de OnlyFans. En ella se ve una de mis publicaciones más discretas, pero, aun así, resulta bastante escandalosa en manos de la decana de la Boston College.

Trago saliva con fuerza, temblando como un flan.

—Creo… ¿que no?

—¿Eso es una pregunta o una respuesta? —dice en un tono implacable. La verdad es que me está acojonando.

—¿Puedo saber de qué va todo esto? —replico, tratando de aparentar un poco más de seguridad en mí mismo.

Deja el teléfono en la mesa y se reclina en su silla.

—He recibido algunos avisos anónimos de estudiantes y profesores preo­cupados que aseguran que un alumno que encaja con su descripción ha estado realizando…

trabajos eróticos para internet en el campus.

Ahora bien, o tiene un hermano gemelo cuya existencia desconocemos, o es usted el que lleva esta cuenta, señor Vega.

Me limito a pestañear, atónito. Creo que mis cuerdas vocales se han declarado en huelga.

—Vega… —dice suspirando—, ambos sabemos que es usted. Háganos un favor a los dos y…

—Pero ¿puede demostrar que soy yo? —gruño.

—Sí —responde con firmeza—, porque es su cara.

—A lo mejor es alguien que se parece a mí…

—Señor Vega, estamos ante un asunto muy serio. Como comprenderá, no podemos tolerar que sucedan este tipo de cosas en el campus.

—¿Cómo sabe que ha ocurrido en el campus? —prosigo, sin dejarme intimidar.

Dudo que tenga pruebas. Y sí, claro que soy yo el que sale en la foto. Pero, si lo supiera con certeza, me habría expulsado en el acto en vez de esperar que confiese.

«¿Quién me iba a decir que todos los documentales de true crime y las series de abogados que me he tragado a lo largo de mi vida me servirían algún día para algo?».

—Me temo que no me queda más remedio que expulsarlo temporalmente mientras se investiga el caso. —Se endereza y se pone a ordenar unos papeles sobre el escritorio, como si me acabara de hablar del tiempo.

— ¡¿Expulsarme?! ¡Si no tiene pruebas!

—Eso es justo lo que vamos a investigar. —Curva la comisura de los labios—. Y, si descubrimos que efectivamente es usted… y que ha estado grabando vídeos pornográficos en el campus, será expulsado de manera definitiva. Al igual que cualquiera que participara en sus actividades.

Aprieto la mandíbula con tanta fuerza que comienza a dolerme.

«Kyran…».

Si descubren que es él quien aparece en esos vídeos conmigo, lo perderá todo.

«Joder. Menuda mierda».

—Eso es todo de momento —añade la decana Perkins, como si quisiera darme puerta—. Seguiremos en contacto.

Me levanto despacio, fulminándola con la mirada desde el otro lado del escritorio.

«Igual me estoy flipando un poco, pero me da la impresión de que a esta señora no le caigo demasiado bien».

Salgo de su despacho hecho un manojo de nervios y me dirijo de nuevo al apartamento de Frankie. Zeb va a pasarse por allí para prestarme un traje para el banquete de esta noche, ya que yo no tengo ninguno. Aunque, ahora que me han expulsado, no sé si me dejarán asistir.

«Me la pela. Pienso ir de todas formas».

Necesito ver a Kyran. Además, sigo siendo parte del puñetero equipo, me quieran allí o no.

Cuando vuelvo al apartamento de Frankie, tengo la ansiedad por las nubes y, por desgracia, no parece que la cosa vaya a mejorar.

—¡Ay, madre mía! —chilla Zeb en cuanto entro por la puerta—. ¿Qué ha pasado?

—¿A qué te refieres…? —murmuro, optando por esperar a que él me cuente por qué está tan agitado antes de soltarle la bomba de que me han expulsado de forma temporal mientras investigan las acusaciones que señalan que he convertido mi cuarto en un puto estudio de grabación porno.

—¿Te han echado de la uni? —Frankie se acerca corriendo, visiblemente preocupada.

—¿Por qué lo dices? —pregunto, sintiendo cómo se me tensa todo el cuerpo.

«¿Cómo se han enterado tan rápido? Esto pinta fatal…».

«Alguien se está yendo de la lengua y, cuando averigüe quién es, voy a cargármelo».

—No se habla de otra cosa —responde Zeb, observándome mientras saco el vapeador y le doy una larga calada para calmarme—. La gente va contando por ahí que te han expulsado por lo del OnlyFans, por grabar vídeos porno en el campus…

— Presuntamente —lo corrijo, fumando con más intensidad.

Necesito librarme de esta puta ansiedad que me tiene temblando.

—Entonces, ¿es verdad? —Frankie frunce el ceño.

—Han iniciado una investigación —murmuro con fastidio— para buscar pruebas que demuestren que la cuenta era mía y que estaba grabando los vídeos en el recinto de la universidad.

—¿Y si las encuentran? —Pestañea, abriendo los ojos de par en par.

Me encojo de hombros.

—Entonces, me expulsarán de manera definitiva. A mí y a la persona que… aparece conmigo en los vídeos. —Le lanzo una mirada seria—. Si es que logran identificarla…

—Pero ¿no me dijiste que el tío con el que salías no iba a esta uni? —interviene Zeb.

Me quedo observándolo un segundo.

—Es que no es de esta uni. Pero… ese ha sido el aviso que me han dado…

—Qué putada… —Frankie se frota la cara.

—Bueno, a lo mejor no pueden demostrar que eras tú —repone Zeb, intentando que no decaigan los ánimos—. Borraste la cuenta, así que no van a ser capaces de acceder a tu contenido. Lo único que tendrán serán las capturas de pantalla que les haya entregado el puto chivato que te ha delatado.

—Ya, esa es otra —gruño, apartándome el pelo de los ojos con rabia—. ¿Quién coño les está dando toda esa información? Si no he hecho nada para cabrear a nadie de la uni. Soy prácticamente invisible. ¿Por qué se han empeñado en hundirme de esta manera?

—La envidia es muy mala —dice suspirando Zeb. Acto seguido, endereza los hombros y me agarra del brazo—. Pero, bueno, no pensemos en eso ahora. Tengo que engalanarte para que los deslumbres a todos en el baile.

No puedo evitar reírme. Adoro a este chaval por sacarme una sonrisa mientras mi mundo se desmorona.

—No es un baile. —Pongo los ojos en blanco, todavía con las comisuras alzadas—. Es un banquete. Espero que no me hayas traído un puto esmoquin…

—No, no. Nada de eso —responde con una sonrisita de suficiencia—. Te he traído mi mejor traje de Burberry. Vas a estar tremendamente sexy con él.

La verdad es que no me apetece nada arreglarme ahora mismo, pero es imposible contener a Zeb cuando hay moda de por medio, así que lo mejor será que me quede quieto y le deje vestirme como quiera.

«Total, va a acabar haciéndolo de todos modos».

—¡Ay, esto va a ser como en La Cenicienta!

—chilla emocionado mientras me arrastra al cuarto de Frankie, donde hay un portatrajes colgando del armario—.

¡Baldwin el Águila, de quien todo el mundo ha estado rajando toda la temporada, aparece luciendo un deslumbrante modelito de diseño, como la reina del baile!

Frunzo el ceño y aprieto los labios.

—¿Quién ha estado rajando de mí toda la temporada?

—A ver, lo que quiero decir… —Carraspea—. Es que eres el último mono. Probablemente ni siquiera esperen que te presentes allí. Y, de pronto, ¡zas!, entras pavoneándote como un auténtico pibón. Vas a dejarlos a todos con la boca abierta, incluso al cascarrabias de tu hermanastro.

Trago saliva cuando lo menciona.

—A Kyran le va a dar igual…

—Ya, claro, eso es lo que tú te crees —replica Zeb en un tono cantarín, bajando la cremallera de la funda hasta dejar expuesto un traje que no es para nada de mi estilo, aunque he de admitir que es precioso, eso sí.

Entonces mi amigo me lanza una mirada de reojo con una sonrisa pícara en los labios—. A mí me parece que le gustas.

Se me tensa la espalda de golpe.

—¿Qué te hace pensar eso?

—Cielo, anoche te quitó a Ash de encima como si fuera un macho alfa marcando su territorio.

—Ya… —Suspiro, frotándome la cara—. Ya temía yo que diera esa impresión…

Cuando alzo la vista, me encuentro a Zeb mirándome boquiabierto.

—Os habéis liado, ¿verdad?

—No digas gilipolleces —resoplo, esquivando la pregunta para no tener que mentirle.

Frankie entra en la habitación con una botella de prosecco y Zeb la señala con el dedo.

—Y tú ya lo sabías, ¿a que sí?

La acusada arruga la frente.

—¿De qué coño hablas?

—Elemental, mi querido Watson —murmura Zeb, paseándose frente a nosotros con aire triunfante—.

Micah me contó que vio a Kyran saliendo de tu habitación la noche de Halloween y que inmediatamente después se fue cagando leches de la fiesta, tal y como haría alguien que acaba de tener su primera experiencia homosexual.

Me río por lo bajo y sacudo la cabeza.

—Y vosotros dos erais los únicos que estabais en esa habitación, aparte de él —prosigue, girándose hacia nosotros y clavando la mirada en Frankie—, lo que significa que tú presenciaste en primera fila cómo se daban un buen meneo.

—Eres tontísimo —responde Frankie con una risita de burla.

—Y eso no es todo. —Me dedica una sonrisa pícara—.

Da la casualidad de que también me acuerdo de otra ocasión en la que Kyran salió de una habitación muy distinta con la cara roja…

, concretamente, del baño de Theo, en su fiesta.

¿Y quién emergió de dicho baño unos minutos después, sonriendo como si se hubiera dado un festín secreto con el rabo de cierto quarterback?

—Extiende el brazo en mi dirección, como si me estuviera presentando en un concurso de la tele—.

Exacto, nuestro Avi Vega, en carne y hueso.

Lo observo con los ojos entrecerrados, conteniéndome para no reaccionar.

—¿Podemos dejar esto para luego? Ahora mismo no estoy de humor para que me comas la cabeza con tus teorías.

—No, mi ciela. Ni son teorías ni soy yo el que te está comiendo la cabeza —sentencia con una mueca de desdén, y se planta delante de mí para establecer contacto visual—.

Lleváis dándoos el filete a escondidas delante de nuestras narices todo este tiempo, así que solo queda una pregunta…

—Vuelvo a poner los ojos en blanco, riéndome de lo exagerado que es—.

¿Quién es en realidad el que aparece contigo en todos esos vídeos?

Alguien que empezó sintiendo un poco de curiosidad, pero terminó convirtiéndose en el precioso semental que se prendó de nuestro querido @GorraDelRevés.

Frunzo los labios y empiezo a aplaudir lentamente, lo que hace que ensanche la sonrisa.

—Buen trabajo, Sherlock. —Lo miro con los ojos entrecerrados y murmuro—: Aunque sigues sin tener pruebas de verdad.

—No pienso parar hasta encontrarlas, mi pequeño Moriarty bisexual.

Echo la cabeza hacia atrás de la risa, lo cual me viene de perlas ahora mismo, teniendo en cuenta los niveles de estrés a los que me he sometido estos últimos días…, con todo el tema de Kyran y las constantes dudas sobre mí mismo, la universidad, el dinero y los fans.

Se me había olvidado lo bien que sienta reírse sin más de las locuras de tus amigos.

—Bueno, pues, si ya habéis acabado de jugar a los detectives… —musita Frankie, descorchando la botella para servirnos una copa a cada uno—, arreando, que hay que prepararse.

—Chicos, ni siquiera sé si van a dejarme entrar —intervengo—. Si la decana está por allí, ordenará que me echen a patadas, por eso de que estoy expulsado y tal…

—Confía en mí, querido —contesta Zeb, dándole un sorbo a su bebida mientras me alborota el pelo—. No voy a emperifollarte en vano: pensamos colarte sin que nos vean.

Le echa un vistazo a Frankie, que eleva las comisuras de los labios en un gesto de complicidad.

Fuerzo una ligera sonrisa, aunque no me fío mucho de este plan.

«De zarpas de águila a zapatitos de cristal… Haz tu magia, hada madrina».