Capítulo veinticuatro
Avi
M e despierto en el sofá de Frankie, con las patitas de Robin pisoteándome el estómago. Se nota que está encantada de haber pasado la noche en un sitio nuevo.
Me incorporo y, tras frotarme la cara, echo un vistazo alrededor, dejando escapar un suspiro.
«Vaya fiesta más intensa».
Estoy seguro de que no habría pasado nada por quedarme en mi cuarto anoche. Pese a la reacción de Kyran, Ash no es un violador. Estaba tonteando conmigo y luego me besó. Tampoco fue para tanto.
Vale… Puede que le siguiera un poco el rollo porque estaba enfadado con Kyran y quería vengarme de él por ser la persona más cabezota e insoportable por la que me haya pillado en la vida, pero no pensaba ir más allá de un par de lengüetazos rápidos.
Y, siendo sincero, no esperaba que perdiera los papeles de esa manera.
Creía que iba a enrollarse con Lexi o algo por el estilo para contrarrestar mi inmadurez con la suya, pero lo que hizo fue… infinitamente más sexy.
«No, no. La violencia está mal. Tiene que aprender a controlar esos impulsos».
Pero, no sé, verlo peleándose en público por mí en vez de conmigo… Dios, ha hecho que me derrita aún más por él, lo cual es bastante inoportuno, porque sigo sin saber qué somos el uno para el otro.
«Mucho menos después de que me enviara aquel mensaje…».
Cojo el móvil de la mesa, lo abro y lo leo de nuevo, por sexta vez.
Kyran: Tienes razón… Nunca te he odiado de verdad, cari.
Curvo los labios en una sonrisita bobalicona y me los muerdo para reprimirla.
Me alegra que no le hiciera daño a Ash ni se metiera en problemas. Aunque, sin duda, su arrebato levantó algunas sospechas, en especial entre Ash y mis amigos.
No obstante, logré desviar la atención del incidente achacándoselo todo al pedo que llevaba Ky encima y al rencor que le guarda a Ash desde el instituto.
La mayoría se lo tragó. De hecho, mi compañero parecía estar muy arrepentido, sobre todo cuando volví a la habitación a por Robin y ropa para cambiarme.
—Me da la impresión de que me tenéis por un pervertido o algo por el estilo… —se quejó Ash desde la puerta del dormitorio, mirando a Frankie, que se había quedado de pie vigilándolo como un perro guardián.
—Nadie te tiene por un pervertido —contesté con un resoplido—. Yo te he devuelto el beso. No ha sido culpa tuya, es solo que a Kyran no le caes bien. Y es… —dije, desviando los ojos hacia Frankie un segundo— muy protector.
—Dame su número para que pueda disculparme —suplicó, y vi a Frankie sacudir la cabeza a su espalda mientras gesticulaba un claro «no» con los labios.
—Te lo daré… —respondí en voz baja—, pero no ahora. Deja que se calme un poco.
Acto seguido, le di una palmadita en el hombro y me fui del apartamento que había sido mío casi cinco meses.
Aunque, a decir verdad, sentí un poco de alivio al salir de allí. Ash me había estado sacando de mis casillas desde que apareció, y más después de descubrir que él era ese amigo que le había enseñado mi OnlyFans a Zeb.
«En serio, el mundo es un puto pañuelo».
Sin duda, la situación se volvió extremadamente incómoda, teniendo en cuenta que me había visto desnudo y empapado de semen en todas las posturas imaginables. Por no hablar de que tuve que esquivar todas sus preguntas sobre quién era @ NoSoyTuCari y por qué habíamos desaparecido de las redes.
«Creo que lo mejor será que me quede aquí un tiempo… Hasta que las aguas vuelvan a su cauce».
—Buenos días, corazón. —Frankie entra arrastrando los pies con unos pantaloncitos diminutos y una sudadera gigantesca y se dirige a la cocina entre bostezos—. ¿Has dormido bien?
—Todo lo bien que he podido. —Me quito a Robin del regazo y la coloco en el sofá para acercarme a Frankie, que está preparando café con su sofisticada máquina de capuchino.
Desliza los ojos en mi dirección.
—¿Estuviste hasta muy tarde haciendo sexting con tu hermanastro? —Sonríe pícaramente, alzando una ceja.
—No. —La miro con los ojos entrecerrados y ladeo la cabeza—. Todavía le estoy dando espacio.
—Te pillé con el móvil cuando me levanté para ir al baño de madrugada… —dice en un tono burlón.
—Me envió un mensaje —murmuro—. Y puede que me quedase dormido intentando dar con la respuesta perfecta.
Suelta una risita y sacude la cabeza.
—Sois los dos tontísimos y adorables a más no poder.
Me apoyo en la encimera y me froto los ojos con fuerza.
—¿Qué voy a hacer con él, Frankie? No sé qué voy a decirle cuando me lo encuentre esta noche en el banquete…
—Te doy una idea loca que se me ha ocurrido, a ver qué te parece. —Se lame la espuma que le mancha el dedo y se gira hacia mí—. ¿Qué tal si le cuentas la puta verdad?
—¿A qué te refieres exactamente…?
—A que lo quieres y te gustaría que fuera tu novio gruñón —contesta con una sonrisa.
Me río por la nariz.
—Incluso si eso fuera cierto…, que lo es, más o menos…
, lo veo demasiado inseguro con todo este tema.
Si ni siquiera se atreve a estar conmigo en secreto, ¿cómo leches vamos a mantener una relación?
Le daría pánico contárselo a sus amigos, a sus compañeros de equipo…
Y ya de nuestros padres ni hablamos. —Niego con la cabeza—.
Además, ¿qué vamos a decirles? «Hola, sabemos que estáis casados y todo eso, pero vuestros respectivos hijos quieren salir juntos, ¿os parece bien? ».
Frankie se echa a reír, pero luego pone un puchero compasivo ante mi desgracia y me frota la espalda.
—Si os quieren, acabarán aceptándolo.
—Puede que mi madre sí —murmuro—, pero Tom es el típico padre católico superestricto. Kyran y él ya se llevan fatal de por sí… —Suspiro, desanimado, y fijo la vista en el suelo—. No voy a pedirle a Kyran que empeore las cosas aún más.
—No deberías tener que pedírselo, Avi —dice con firmeza—. Si le importas, lo hará por sí mismo.
«Ya…, y no me apetece para nada tocar ese tema».
Estuvimos a puntito de sincerarnos antes de que todo el drama del OnlyFans nos explotara en la cara, y luego, anoche, va y me dice que somos solo amigos, pero casi se carga a Ash por besarme.
«A este paso, voy a necesitar un poquito de Biodramina para no marearme con esta montaña rusa emocional».
—Supongo que debería ducharme y volver a la residencia… —Suspiro, abatido por lo deprimente que se ha vuelto mi existencia.
—Sabes que puedes quedarte aquí todo lo que quieras —responde Frankie—. Y ese bichito de ahí también —añade, mirando a Robin.
—Ah, conque ahora sí te cae bien, ¿no? —Sonrío.
—Me está conquistando poco a poco, ¿vale? Anoche entró en mi cuarto y se puso a ronronearme en la cara casi una hora. Fue la cosa más mona que me ha pasado jamás.
Su declaración me saca una carcajada.
—Me alegra saberlo, porque la verdad es que no me apetece tener que estar transportándola de un sitio a otro constantemente.
—Puedes dejarla aquí el finde —propone Frankie, intentando contener su entusiasmo—, hasta que decidas qué hacer con Ash. Si quieres, vamos…
Le dedico una sonrisa y la estrecho entre los brazos.
—Gracias por ser la mejor amiga del mundo. En serio, no sé qué haría sin ti.
—No me lo agradezcas. —Se aferra a mi cintura con fuerza—. ¡Quédate aquí! Sabes que lo estás deseando. El apartamento era la monda cuando lo tenías enterito para ti, pero compartirlo con Ash no va a salir bien, y menos estando con Ky.
«Eso si Ky quiere estar conmigo…».
Frankie lleva razón. No me apetece en absoluto vivir con Ash, mucho menos ahora, que soy consciente de lo mucho que lo atraigo. Además, estoy seguro de que Kyran no va a querer volver allí en la vida.
Es una mierda, porque en ese lugar fue donde empezó toda nuestra historia, pero también siento curiosidad por ver si lo nuestro puede funcionar fuera de la habitación 446 de los apartamentos Thomas More. Y sin los fans…
«¿Podría nuestra relación basarse en algo más que en visitas inesperadas y clandestinas a altas horas de la noche?».
«¿Estaría él dispuesto acaso a que se convirtiera en algo más?».
Demasiadas preguntas y muy pocas respuestas.
Encima, todo esto está ocurriendo en el peor momento posible, con el banquete de esta noche y la Rose Bowl justo después.
Por muchas ganas que tenga de resolver todo este asunto, tampoco quiero estresar a Kyran antes del partido más importante de su carrera.
Aparto todos esos pensamientos, al menos por ahora, y me dispongo a ducharme para ir a la residencia a por más cosas. Como mínimo, debería quedarme aquí todo el fin de semana. Ya decidiré qué hacer con Ash y el apartamento cuando vuelva de California.
Al salir del baño, oigo que me está sonando el móvil. Corro hacia él con el corazón en un puño, pero no es Kyran.
Es la Oficina de Admisiones de la Boston College.
—¿Dígame? —respondo, sintiendo cómo una repentina oleada de nervios me recorre todo el cuerpo.
—¿Avi Vega? —pregunta una voz femenina.
—Sí…
—Hola. Soy Sherry, la asistente de la decana Perkins. La decana quiere verte en su despacho lo antes posible.
Trago saliva.
—Pero si estamos a sábado…
—Lo sé. Por desgracia, es un asunto urgente que no puede esperar hasta el lunes.
El pulso se me dispara de inmediato.
—Vale… Entonces voy enseguida.
—Perfecto. Le haré saber que ya vas de camino.
La llamada se corta y me quedo de pie, paralizado, con el puño apretado alrededor del móvil.
Sea lo que sea…, no puede ser bueno.
Me siento en el despacho de la decana, incapaz de quedarme quieto.
No me llevo bien con las figuras de autoridad; me ponen muy nervioso. Cuanto más tiempo paso en este despacho tan pulcro y formal, con las paredes llenas de diplomas y placas elegantes, menos cómodo me siento.
Tal vez sea solo el miedo que me infunde el hecho de que me hayan citado aquí un sábado por un asunto urgente, pero mis inseguridades están apoderándose de todo mi ser. Creo que nunca he sentido que encajara en este sitio.