Por los fans Capítulo veintitrés #3
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Capítulo veintitrés #3

«El que sabe lo del OnlyFans».

Llevo observándolo disimuladamente desde que ha llegado y no me ha dirigido ni una sola mirada de suficiencia que sugiera que ha visto cómo mi hermanastro me folla por el culo.

Ni siquiera me está prestando atención, lo que ha hecho que el miedo se disipe un poco y empiece a pensar que igual sí que he exagerado un pelín.

Avi tenía razón. No se me veía la cara en ninguno de los vídeos. Para que alguien descubriera mi identidad, tendría que ponerse a indagar a fondo, y no creo que ningún chaval normal y corriente de la Boston College vaya a emplear su tiempo en jugar a los detectives sin motivo alguno.

Me siento como un gilipollas. Echarle la culpa a Avi fue un golpe bajo y el remordimiento todavía me revuelve el estómago. Al fin y al cabo, yo accedí a meterme en todo aquel lío por voluntad propia. Soy mayorcito y sabía lo que me hacía.

Nadie me obligó ni me engañó. Fui yo quien decidió mantener relaciones sexuales delante de una cámara porque necesitaba el dinero y, pase lo que pase, debería afrontar las consecuencias junto con mi compañero. Mi compañero de negocios.

«O antiguo compañero de negocios…».

«Puf».

Echo un vistazo al otro lado de la sala y veo a Frankie. Cuando alza la cabeza, nuestros ojos se cruzan y me lanza una sonrisa comprensiva. Aunque podría deberse al embrollo en el que me encuentro, su gesto da la impresión de esconder un motivo mucho más profundo.

Parece la típica sonrisa que alguien te dedica cuando estás atravesando una ruptura, y se me eriza la piel solo de pensarlo.

«Avi y yo no hemos cortado. Nunca estuvimos juntos».

«Solo somos amigos y hermanastros».

«Lo único que se ha acabado es el negocio que compartíamos, ya está».

Trago saliva con fuerza y entreabro los labios.

Cuando Frankie empieza a caminar en mi dirección, como si fuese a hablar conmigo, me siento arrastrado por la irrefrenable necesidad de confiar en alguien.

Estoy cansado de tener que cargar siempre con todo yo solo.

Esta vez quiero ser capaz de derrumbarme y soltar todo lo que guardo dentro.

Pero, antes de que llegue a mí, dos personas nuevas irrumpen en la habitación.

Son dos emos altos de pelo oscuro con las uñas pintadas y vaqueros negros rasgados. Solo que uno es un imbécil enclenque y el otro…, bueno, es Avi.

Ash se mueve con aire despreocupado, arrastrando a mi hermanastro del brazo, y me siento como si me estuvieran apuñalando una y otra vez en el pecho con un objeto romo al verlos aparecer juntos…

, tan pegaditos. Frankie los saluda, le susurra algo a Avi en el oído y le da un beso en la mejilla.

Acto seguido, él me busca con los ojos y percibo una mezcla de deseo e inquietud brillando en su mirada.

Saluda a sus amigos, y mis pies parecen haberse anclado al suelo, aunque me invaden unas ganas imperiosas de acercarme a él.

Pero no lo hago.

Me limito a permanecer inmóvil, apurando el que debe de ser mi enésimo cóctel de la noche, mientras lo observo hablar con Zeb, que le dedica una mirada pícara y le susurra algo que provoca que ponga los ojos en blanco (seguramente relacionado con lo del OnlyFans).

Pero ninguno de los dos desvía los ojos en mi dirección, así que supongo que mi reputación sigue intacta y puedo respirar con algo más de calma.

O, al menos, debería ser capaz de hacerlo…, pero no me está resultando tan fácil como me gustaría.

En un intento por distraerme, me dejo engatusar por algunos de mis compañeros de equipo para jugar al beer pong. Les doy una paliza, como de costumbre, pese a no estar del todo concentrado en la partida, ya que la mayor parte de mi atención sigue puesta al otro lado de la estancia.

Ash no se despega de Avi. Le ha pasado un brazo por los hombros y está hablándole demasiado cerca del oído. Trato de restarle importancia, pero, cuando se aparta y el otro le desliza la mano por la espalda con toda la naturalidad del mundo, acabo aplastando una pelota de ping-pong con el puño.

El alcohol que me circula por el torrente sanguíneo está comenzando a nublarme los sentidos mientras una marea de cuerpos baila al compás de los ritmos suaves de una canción de The Weeknd.

Algunas chicas me miran, se acercan a tontear conmigo entre risitas y me tocan el pecho, pero me alejo lentamente de todas ellas, porque no me parece que darles pie sea lo correcto, y esa sensación me estresa más todavía.

Entonces noto sobre el hombro una mano, tan grande que no parece de ninguna de las chicas, y la cara me cambia al instante.

Su aroma lo delata antes de que nuestras miradas se crucen siquiera.

Pero, cuando por fin se encuentran, el azul de sus iris, tan profundo como el de unas nubes de tormenta, me roba el aliento, dejándome paralizado.

—Ey… —murmura Avi con aparente indiferencia, aunque sus ojos dicen infinitamente más de lo que sus labios pronuncian—. ¿Podemos hablar?

Empiezo a asentir por instinto, pero luego echo un vistazo a la gente de alrededor y sacudo la cabeza.

—No creo que sea buena idea. —Me llevo el vaso a la boca y señalo a sus amigos con la cabeza—. Es una fiesta. Ve a pasártelo bien.

—Kyran, no tires por ahí —suelta, visiblemente molesto, aunque mantiene un tono de voz bajo para que nadie nos oiga—. Me dejaste claro lo que pensabas y dimos el negocio por terminado, pero… ¿de verdad no hay nada más que decir? —Me observa, parpadeando, con un destello de tristeza en la mirada.

—No sé qué quieres que te diga… —Me encojo de hombros, fingiendo que no me afectan sus palabras mientras el corazón me grita justo lo contrario.

Se humedece los labios y se pasa una mano por el pelo.

—Quiero que me digas que estaba equivocado… Que al ponerle fin a aquello no lo dimos todo por terminado. —Echa un rápido vistazo alrededor antes de añadir en un susurro—: Que lo nuestro no ha acabado.

Quiero decírselo. Lo noto en cada fibra de mi ser, pero me es imposible, porque no tiene ningún sentido.

«No puedo sentir nada por él. No soy gay».

Esa es la verdad, la misma a la que llevo aferrándome todo este tiempo como un niño a su mantita. No puedo aceptar otra que no sea esa. Toda esta situación me viene grande y me resulta demasiado confusa.

«No estoy preparado».

—Lo nuestro solo era una farsa —respondo, atragantándome con mis propias palabras—. Por los fans… ¿O es que ya se te ha olvidado? Acordamos que sería así desde el principio. —Me froto los ojos y dejo escapar un suspiro entrecortado—. Joder, Avi, yo no quería que pasara nada de esto…

La expresión de su rostro me está matando por dentro. Sus ojos grisáceos y abiertos de par en par no reflejan nada más que impotencia y frustración… No soporto verlo así.

Por eso no he ido en su busca en toda la semana. Esto era lo que me frenaba… La idea de tener que enfrentarme a su mirada.

—No seas tan cobarde y admite que solo estás huyendo de nuevo —me espeta entre dientes—. Por Dios, tienes tanto miedo de reconocer que algo ha cambiado que…

—Tienes razón —lo interrumpo, bramando en un susurro—. Sí que ha cambiado algo. Dejé de odiarte y nos convertimos en hermanos, en amigos. Y me parece de puta madre, Avi. —Sacudo la cabeza lentamente—. Pero ya está. No puede haber nada más…

Endereza los hombros y me susurra al oído con la mandíbula apretada:

—No te engañes. Ambos sabemos que nunca me has odiado de verdad, Kyran…

Acto seguido, se da media vuelta y se aleja hecho una furia. Tiemblo tanto que me termino el resto de la bebida de mi vaso en dos tragos largos.

Me noto las extremidades pesadas como el plomo mientras vuelve con sus amigos y se coloca entre Micah y Ash. Este último le vuelve a pasar el brazo por los hombros, dedicándole una sonrisa radiante, y Avi curva los labios hacia arriba con esa despreocupación tan suya.

Cojo la botella más cercana, lleno generosamente varios vasos y grito:

—¡¿Quién quiere una ronda de chupitos?!

Un montón de gente estalla en vítores y corre hacia mí con entusiasmo.

Lexi se acerca y me pega las tetas en el costado para coger un vaso. Brindo con ella, bebo del tirón y sigo repartiendo unos cuantos mientras ella se inclina sobre mí con la intención de susurrarme algo al oído.

—Me muero de ganas de que llegue mañana para ver lo sexy que estás en traje —murmura, deslizándome las uñas por la espalda.

Tengo los sentidos tan entumecidos que apenas percibo su tacto.

Ladeo la cabeza, desconcertado, y suelta una risita.

—Por el banquete, tonto.

—Ah, ya —mascullo—. El puñetero banquete. —Me trago otro chupito de una sentada—. Cómo iba a olvidarlo…

—Creo que te va a encantar mi vestido. —Me roza la mejilla con los labios, provocando que me encoja—. Quién sabe… Quizá no lleve nada debajo.

—Mmm… —gruño sin interés alguno mientras recorro la habitación con los ojos una vez más.

Avi y sus amigos están sentados en el sofá… Y Ash tiene la mano en su muslo.

Trago con dificultad, ignorando la punzada de dolor que me atraviesa el pecho, y musito:

—Lexi, mira… Lo siento, pero lo que sea que pasara entre nosotros… se ha terminado.

—¿Qué? —Suelta un grito ahogado—. ¿Por qué?

—Porque lo nuestro nunca funcionaría. Me… me gusta otra persona —resoplo, alejándome lentamente de sus manos.

Comienza a quejarse de algo, pero no le presto atención. Estoy demasiado ocupado fijándome en otra mano muy distinta que sube y baja por el muslo de Avi…

A él no parece gustarle mucho, pero tampoco se aparta.

«¿Qué más te da? Acabas de decirle que solo sois amigos, y ni siquiera llegáis a eso. Deberías volver a odiarlo y ya está…».

«Demuéstrale lo mucho que se ha equivocado al asegurar que nunca lo has odiado de verdad, porque sí que lo hiciste, y con todas tus fuerzas».

—¡Ahí está mi Nueve! —Guty viene tambaleándose hasta mí y me ofrece otro vaso con bebida—. Vaya pasote de fiesta, colega.

—Amén, cabronazo. —Brindo con él, derramando alcohol por todas partes, y doy un sorbo.