Capítulo veintitrés #2
Se echa a reír a carcajadas al ver la expresión de horror de mi cara.
—Por favor, no la llames así, que parece que te has dedicado a mirarme aposta la polla.
Sonríe y me guiña un ojo, pero se queda observándome de una forma que me impulsa a salir disparado hacia la puerta.
Sé que me lo estoy imaginando todo. Si Guty hubiera oído algún rumor sobre lo del OnlyFans, me habría dicho algo fijo.
—¡Más te vale volver para la fiesta! —lo oigo gritar cuando estoy recorriendo el pasillo.
«No prometo nada, tío».
Los nervios y la ansiedad me revuelven en el estómago como si tuviera ahí dentro una lavadora centrifugando mientras me dirijo a toda pastilla hacia los apartamentos Thomas More.
Subo en el ascensor hasta la cuarta planta con el corazón en un puño, retorciendo los dedos sin parar y tamborileando el suelo con el pie al ritmo de mi pulso acelerado.
Tras unos segundos agonizantes de espera, las puertas se abren por fin y salgo al pasillo, tomando una bocanada profunda de aire por cada paso que doy hasta llegar a su apartamento…
El 446. Lo más parecido a un hogar para mí…
Porque es donde está él.
Llamo con los nudillos, moviéndome incómodo, con la extraña sensación de que tal vez debería haberle escrito antes. Pero siempre lo hemos hecho así. Aparezco sin previo aviso y él me deja entrar. Es nuestra costumbre.
Sin embargo, esta vez, cuando la puerta se abre de golpe, me encuentro con otra persona. Literalmente.
Un chico de pelo negro despeinado con un piercing en el labio que, por alguna extraña razón, me resulta bastante familiar, con solo unos calzoncillos puestos y comiéndose una manzana.
Me he quedado paralizado, como si Medusa me hubiera convertido en piedra.
—¿Necesitas algo? —pregunta el chico en un tono cantarín, masticando y tragando, mientras yo lo observo atónito, sin respirar ni parpadear.
Creo que el corazón ha dejado de latirme.
—Eh… Avi… —Oigo cómo se me quiebra la voz, así que carraspeo antes de proseguir—: ¿Está Avi… por aquí?
Él curva los labios y le da otro mordisco a la manzana al tiempo que se aparta a un lado y grita:
—¡Aviel, corazón! Preguntan por ti. —Me echa un vistazo y sonríe—. Ya mismo sale. Pasa, colega. Siéntate.
«Por el acento… parece australiano».
Me adentro despacio en el apartamento, con los ojos entrecerrados por la incredulidad.
—¿Ash Holloway?
—El mismo que viste y calza. —Hace una reverencia, riéndose para sí mismo, y me da un tic en el ojo.
«¿El tío que me levantó la novia en el instituto… está aquí ahora? ¿En el apartamento de Avi, medio desnudo?».
«¡¿Qué puta broma es esta?!».
Siento que voy a derrumbarme en cualquier momento. La realidad me golpea con tanta fuerza que tengo que agarrarme al borde de la isla de la cocina para no caerme redondo al suelo.
«¿Qué hace este aquí…? ¿Por qué no lleva ropa?».
«Ay, Dios. ¡¿Avi está en la ducha?!».
Vuelve a darme un ataque de pánico de los gordos y me doblo por la cintura, intentando respirar hondo con todas mis fuerzas para impedir que me domine.
—Kyran…
Alzo la cara y veo a Avi entrando en el salón con aire despreocupado, completamente vestido y sin indicios de haberse duchado. Aun así, tampoco me sirve de gran consuelo con el gilipollas del emo ese ahí plantado, masticando la fruta y observándonos.
Avi se acerca corriendo a mí, con los ojos abiertos de par en par.
—¡¿Qué haces aquí?!
—Perdón… —digo jadeando, enderezándome y tratando de fulminarlo con la mirada, aunque sigo sintiéndome como si me estuvieran estrujando el corazón con dos manos gigantescas—. ¿Interrumpo algo?
—No —susurra, empujándome hacia la cocina para tener un poco más de privacidad mientras le echa un vistazo a Ash—. No es lo que parece, Kyran, te lo juro…
—¿Por qué está aquí? —gruño, desviando la mirada hacia Ash, que va andando tan campante hacia el salón y se desploma en el sofá, como si estuviera en su casa—. ¿Por qué no lleva… ropa?
—Porque, por lo visto, le gusta pasearse así por ahí.
—Se echa el pelo hacia atrás con los dedos—.
Es mi compañero de cuarto. Se presentó aquí el otro día…
Supongo que estaría en rehabilitación o algo por el estilo y le habrán dado el alta.
—Se muerde el labio, y sus ojos azul grisáceo brillan con una sinceridad suplicante—. Por favor, créeme, no ha pasado nada.
Una oleada de alivio me atraviesa el cuerpo al oír sus palabras y la presión que sentía en el pecho disminuye un poco. No creo que esté mintiéndome… Al menos, no da esa impresión.
Asiento levemente, intentando recordar por qué he venido y qué iba a decirle, pero todos mis planes se hacen añicos al darme cuenta de que hay otra persona en nuestro espacio. Este lugar que durante tanto tiempo ha sido solo para nosotros… ha sido invadido por un puñetero intruso.
—Eh… He venido a… —La voz se me apaga cuando Ash se levanta y se acerca trotando a nosotros para arrojar el corazón de la manzana que se estaba comiendo a la basura, que se encuentra justo a mi lado. Me inclino hacia Avi y susurro—: Quería hablar contigo… para discul…
—¡Hostia puta! —exclama Ash con sorpresa, y ambos lo fulminamos con la mirada—. ¡Ya sé de qué te conozco! Fuimos todos al mismo instituto. —Se ríe y sacude la cabeza—. Eres el hermanastro de Avi, ¿verdad?
Aprieto los dientes con tanta fuerza que casi se me rompen.
—Sí… Y te tiraste a mi novia el último año de instituto.
Se lleva la mano al pecho, como si le horrorizara lo que acabo de soltarle.
—¿Yo hice eso? —Asiento con la cabeza, echando humo por las orejas mientras lo miro, y frunce el ceño—. Lo siento, colega. Estaba un poco ido ese año. Lo recuerdo muy vagamente…
—Se llamaba Becca Hansen —murmuro, y arruga los labios.
—Ah, sí, cierto. Creo que ya me acuerdo. —Suspira, frotándose las manos—. Me dio por volver a probar con chicas en aquel entonces. —Inclina la barbilla hacia Avi y le guiña un ojo—. En la variedad está el gusto.
Él pestañea rápidamente y desliza la mirada hacia mí con incomodidad, dedicándome una expresión que no logro descifrar.
No sé si intenta decirme lo mucho que le fastidia el imbécil este que ha surgido de la nada o si se ha puesto nervioso porque se han estado acostando…
Al fin y al cabo, los dos son bisexuales, comparten cuarto y, por si fuera poco, el tío se pasea en calzoncillos, como si se estuviera marcando alguna especie de danza de apareamiento.
«Dios, no lo soporto más. Necesito largarme de aquí de una puta vez».
—Bueno, ha sido un placer recordar viejos tiempos, pero será mejor que me pire ya —gruño entre dientes, tambaleándome de ira hacia la puerta.
—Kyran, espera. —Avi me sigue y me agarra del brazo antes de que mi mano alcance el pomo—. No te vayas todavía. Podemos ir a otro sitio a hablar…
Me giro hacia él por instinto y la respiración se me acelera al notar cómo su olor me inunda de pronto todos los sentidos. Me recuerda a Navidad…
Me muerdo el labio mientras clavamos los ojos el uno en el otro. Me suplica que me quede con la mirada y la mía delata lo mucho que deseo complacerlo.
Pero entonces desvío la atención hacia el gilipollas de Ash Holloway, que sigue ahí, observándonos con curiosidad.
La espalda se me tensa y niego con la cabeza.
—No. No hace falta. Solo venía a… invitarte a una fiesta en mi residencia esta noche.
Avi arruga la frente y se encoge de vergüenza ajena cuando Ash comienza a cantar a pleno pulmón:
—¡Fiesta, fiesta, fiestaaaa! Nos apuntamos del tirón.
Trago saliva y le lanzo a Avi una mirada de rabia e impotencia que dice claramente: «¿Cómo que nos apuntamos ?».
Entonces gesticula con los labios: «No ha pasado nada», sacudiendo la cabeza con determinación, como si necesitara con desesperación que lo creyera. Y quiero creerlo, de verdad…
Pero me limito a soltar un suspiro, harto de todo este calvario, y me giro de nuevo hacia la puerta.
—Bueno, pues os veo dentro de un par de horas.
Abro y oigo a Ash despedirse en un tono cantarín:
—¡Chao! —Acto seguido, le susurra a Avi—: ¿Cómo se llamaba?
— Kyran —responde Avi entre dientes.
—¡Chaoo, Kyran! —grita Ash a mi espalda.
Cierro de un portazo, avanzo a zancadas por el pasillo y me meto en el ascensor hecho una furia. Pero, una vez dentro, me dejo caer contra la pared y me agarro el pelo.
«¿Qué coño he hecho?».
«Esta fiesta va a ser un puto desastre en mayúsculas».
La música retumba en toda la estancia. El alcohol no deja de circular.
«Mírate, Kyran. Te estás volviendo loco, estás perdiendo el control».
He intentado olvidar lo que ha pasado antes bebiendo todo lo posible y más para silenciar el torbellino de pensamientos que me arrasa la mente, pero ni por esas lo he conseguido.
Así que ahora, en vez de limitarme a darle vueltas a toda la mierda que ha ocurrido en mi vida, estoy haciéndolo borracho, lo cual solo contribuye a multiplicar la frustración, la confusión y el sufrimiento que llevo soportando toda la semana.
Avi aún no ha aparecido y no dejo de pensar en los posibles motivos de su ausencia…
«¿Estará liándose con Ash?».
«¿Habrán decidido echar uno rapidito antes de venir a la fiesta?».
«¿Estarán grabándose mientras follan para el nuevo y mejorado OnlyFans de Avi? ¿Me habrá sustituido por él porque en realidad solo necesitaba un cuerpo?».
Estoy como una puta cabra…, lo sé, pero no puedo quitarme de la cabeza la idea de que la única razón por la que Avi se mostró tan afectado por tener que eliminar la cuenta de OnlyFans es que le encanta la atención que recibe.
Y, como yo ya no puedo formar parte de ese mundo, supongo que es lógico que se haya buscado a otro para follar por dinero.
Mientras sigo comiéndome la cabeza sin parar, me llevo el vaso a los labios y le pego un buen trago a la potente mezcla que me ha dado Bea.
Theo la ha invitado y ella se ha traído a todos sus amigos: Micah, Frankie y el que siempre juzga a todo el mundo, el de los modelitos extravagantes… ¿Cómo se llamaba?
«Ah, sí. Zeb».