Por los fans Capítulo veintidós #6
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Capítulo veintidós #6

—Vale. Como quieras. —Cojo el móvil, abro el OnlyFans y pulso la opción de eliminar cuenta.

Ni siquiera estoy prestando atención a lo que hago, solo toqueteo la pantalla hasta que me sale el mensaje que confirma que la cuenta ha sido eliminada de forma permanente. Entonces murmuro—: Hecho. ¿Contento?

Alzo los ojos hacia los suyos y lo veo soltar un largo suspiro de alivio mientras se frota la nuca.

—Gracias —susurra.

Nos quedamos mirándonos durante lo que parece una eternidad, sin mediar palabra.

En teoría, nada ha cambiado. Sin embargo, da la impresión de que todo es distinto.

Unos simples toques en la pantalla han bastado para romper el hechizo que nos mantenía unidos. Y una parte de mí espera que salga corriendo, como un rehén al que por fin han liberado de su cautiverio.

—Bueno… —Traga saliva en un intento de ocultar la incertidumbre que lo carcome—. ¿Y ahora qué?

Suspiro y sacudo la cabeza, dirigiéndome hacia el salón.

—Haz lo que te dé la gana, Kyran.

Se levanta y deambula por la habitación unos instantes cargados de tensión.

—Creo que debería irme… —murmura al fin.

Al oírlo, cierro los ojos y aprieto la mandíbula.

«Sabía que iba a decir eso…».

No respondo. Me es imposible articular palabra. Me limito a mirar la tele mientras coge el abrigo y se pone los zapatos, y cada paso que da hacia la puerta se me clava en el pecho como una daga.

—Ya nos veremos, Avi —añade con un hilo de voz antes de marcharse.

Y me quedo sentado en el sofá, con los sentidos anestesiados. Vacío y solo…

«En mi parque de atracciones abandonado».

—Prueba esto aunque sea… Está muy bueno.

—No quiero. El cabreo que tengo encima me ha quitado el hambre —gruño, llenándome los pulmones de todo el humo que soy capaz de inha­lar antes de empezar a ahogarme.

—Avi, escúchame —dice Frankie, girándose hacia mí en el sofá—.

Sé que ahora mismo estás molesto porque crees que a Kyran no le importas, pero dale un poco de tiempo.

Empezasteis con lo del OnlyFans para ganar dinero y ha acabado convirtiéndose en algo que ninguno de los dos esperaba.

Lo que ha surgido entre vosotros no va a desaparecer así como así porque ya no grabéis contenido juntos.

—Entonces, ¿por qué se ha ido? —murmuro en piloto automático, reviviendo el momento exacto en el que lo he visto cruzar la puerta—. Si de verdad me considerase algo más que un follamigo o un compañero de negocios, se habría quedado. Dijo que quería… quedarse.

—Habéis discutido —dice suspirando, usando los palillos para coger uno de los rollitos de atún picante de Kyran—. Lo más seguro es que se haya sentido incómodo y no haya sabido gestionarlo. Volverá.

—Tú no lo conoces como yo. —Sacudo la cabeza—.

Es demasiado reservado. Y está obsesionado con ser el típico hetero popular al que todo el mundo elogia por sus talentos…

—«Todo lo que yo no soy»—. Le importa más toda esa mierda de lo que jamás le haya importado lo…

—Se me quiebra la voz y resoplo con fuerza—. En fin, da igual…

—Lamento mucho que estés pasando por esto, Avi. —Me frota la espalda y me cuesta horrores no derrumbarme por completo.

Veinte minutos después de que Kyran se marchara, Frankie volvió y me dijo que se había quedado rondando fuera por si acaso la necesitaba. Nunca me había alegrado tanto como en ese instante de que tuviera una tendencia innata a meter las narices donde no la llaman.

Lo último que me apetece ahora mismo es quedarme a solas con el torbellino de pensamientos deprimentes que no para de rondarme la cabeza.

—¿Crees que…? —comienza a decir, y se queda callada lo justo para que la mire—. ¿Crees que te has pillado por él?

Respiro hondo y suelto el aire en un suspiro apesadumbrado.

—Sí, es probable.

—¿Cómo ha pasado, cielo? —pregunta, sin intención de husmear, ni juzgarme, ni indagar más de la cuenta. Solo quiere entenderlo, y no la culpo.

A ojos del resto del mundo, Kyran y yo solo éramos dos hermanastros que se odiaban. Nadie sabe lo que ha pasado entre nosotros estos meses. Ni siquiera Frankie, que pensaba que estábamos follando únicamente por la pasta.

Los fans han sido testigos de lo que ocurría en realidad… De las miradas, las caricias y los momentos que iban más allá del sexo. Vieron algo más. Y, aun así, ni siquiera ellos presenciaron lo de los últimos días…

«La Navinucá, el autocine…, prácticamente todo lo que hemos vivido hasta hace apenas una hora».

«Nadie ha visto cómo me iba enamorando de él».

—Se convirtió en algo más —susurro—. Supongo que fuimos quitándonos la coraza y abriéndonos poco a poco y…, no sé, todo cambió.

Frankie se recoloca en el sofá.

—Puede que te enfades conmigo por lo que voy a decirte…

, pero me da igual —suelta con firmeza—.

No ha cambiado nada, Avi. Kyran y tú habéis tenido química desde el minuto uno.

Me di cuenta yo y se dieron cuenta los fans.

Por eso se morían por veros juntos. La gente puede fingir el mejor polvo de su vida con movimientos ensayados, luces especiales y cámaras colocadas en lugares estratégicos para que parezca que hay pasión de verdad, pero vosotros dos mostrabais algo que nadie más en toda esta industria cibernética del sexo puede ofrecer…

—Giro la cabeza hacia ella y alzo las cejas con expectación—.

Os deseabais de verdad. No era una farsa.

Jamás lo fue…, ni siquiera un poquito. Por más que afirmaseis odiaros, en el fondo nunca fue verdad.

Me quedo mirándola unos cuantos segundos que me parecen interminables, con los labios entreabiertos, temblando. No sé ni qué decir, aparte de lo evidente…

«Sí que me he pillado por él».

No tengo ni idea de cómo ha pasado, pero ha pasado, y ahora lo único que quiero es que vuelva.

Pero, antes de que me dé tiempo a abrir la boca, el sonido de unas llaves tintineando desvía nuestra atención hacia la derecha. La puerta se abre de golpe y aparece un tío alto, con el pelo oscuro, una cara que me resulta vagamente familiar y una bolsa de deporte colgada al hombro.

Entra en el apartamento, deja caer la bolsa en el suelo con un golpe seco y ladea la cabeza en nuestra dirección.

—Soy tu compañero de cuarto…, Ash Holloway. —Nos limitamos a mirarlo boquiabiertos y sonríe—. Perdón por la tardanza.