Por los fans Capítulo veintidós #4
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Capítulo veintidós #4

—No, por favor, no me estropees esta nueva imagen que tengo de ti —murmuro, y él se ríe por lo bajo, intentando apartar las manos, pero no se lo permito—. En serio, esto es muy peligroso, Kyran. Si no vas con cuidado, puede que salgas de territorio enemigo y te adentres en zona amiga.

Lo libero lentamente de mi agarre y me llevo sus manos al pecho. Entonces, él coge una de las mías y continúa trazándome líneas sobre la palma.

—Y, ¿qué pasa… cuando sales de ese territorio? —Alza la vista hacia mí un instante y luego se centra otra vez en mi mano, mordiéndose el labio con un aire nervioso y casi inocente—. ¿El camino desemboca solo en Amigolandia?

Niego con la cabeza, notando cómo se me sube lentamente el corazón a la garganta.

—Puede que haya otro sitio más, pero… nadie ha estado nunca allí.

Parpadea, con los ojos muy abiertos.

—Está bastante vacío.

—¿Como un parque de atracciones abandonado? —murmura, y asiento.

—Exacto. Nunca he conocido a nadie que haya estado dispuesto a… adentrarse en él por voluntad propia.

—Si yo quisiera ir… —dice en un tono apenas audible, con los labios temblando a escasos centímetros de los míos—, ¿me llevarías?

Ni siquiera logro entender de qué estamos hablando exactamente… Parecemos dos tortolitos inexpertos dando rodeos sin parar por miedo de pronunciar las palabras correctas.

Pero, aun así, el pulso se me dispara y los dedos se me agitan solos por lo que intuyo que está preguntándome.

—Si estuvieras seguro… —contesto con un hilo de voz, percibiendo cómo el aire se llena de algo más que deseo. Algo más profundo y aterrador… Mucho más poderoso—. Si te… agradara la idea de ir allí… —Trago saliva—. Dependería completamente de ti, Ky, porque yo sería incapaz de impedirte entrar.

Emite un ruidito suave y se acerca a mis labios para ofrecerme una confesión dulce y vacilante en forma de beso. En un abrir y cerrar de ojos, ambos estamos jadeando con las manos entrelazadas mientras fundimos nuestros labios en una danza de incertidumbre compartida.

«¿Es esto lo que quiere de verdad…?».

«¿Podría Kyran Harbor querer ser algo más que mi hermanastro, mi socio o incluso mi amigo?».

Siempre me había parecido algo impensable, y, sin embargo, aquí estamos…, besándonos y tocándonos, al margen del sexo y el dinero, solo con las emociones que sentimos y que, en este instante, parecen haberse desbordado.

Este cambio tan drástico, en realidad, lleva gestándose un tiempo.

No nos odiamos. Ni por asomo.

De hecho, creo que podría ser todo lo contrario…

Mi móvil empieza a sonar y nos saca a ambos del momento de ensueño que estábamos compartiendo. Kyran se aparta y se recuesta de nuevo en el sofá con el pecho agitado mientras contesto la llamada.

—¿Ho-hola? —tartamudeo, intentando recobrar la compostura.

—Ey, soy el repartidor de DoorDash —responde un tío por el altavoz—. Estoy abajo.

—Mierda… Joder. —Me levanto de un salto y me dirijo corriendo al dormitorio para ponerme algo para salir a la calle—. Perdón. Voy enseguida.

El tío suelta una risita al oírme maldecir, pero cuelgo antes de que diga nada más. Me coloco la gorra y me calzo las zapatillas.

—Ha llegado la comida —informo a Kyran de camino a la puerta—. Ahora vengo.

Asiente con la cabeza, mirando a la nada mientras se pellizca el labio inferior con el pulgar y el índice, como si todavía estuviera asimilando lo que acaba de ocurrir entre nosotros.

«No es para menos. Ha sido bastante intenso».

Pero no tengo tiempo para detenerme a pensar en ello ahora mismo, porque la comida no va a traerse sola.

Cuando bajo, me encuentro a un chaval de pie en el recibidor con una bolsa de plástico. Es muy joven… De hecho, podría estar perfectamente en la universidad, aunque no me suena haberlo visto por el campus.

Al acercarme a él para coger la bolsa, me sonríe.

—Perdón por la espera. —Le devuelvo la sonrisa, un pelín avergonzado.

—No te preocupes. —Él ensancha un poco la suya al percatarse de la mía, y me quedo petrificado un segundo. ¿Me estoy volviendo loco o me está haciendo ojitos?

El tío alza la vista hacia mi gorra y me examina lentamente con el ceño fruncido.

«Vale, esto es raro de cojones. ¿Me está follando con la mirada o qué le pasa? Tengo que pirarme de aquí ya».

—Hostia puta —murmura, y de pronto se le ilumina la cara—. ¡Eres tú ! ¡Ey!

Levanto una ceja, mirándolo como si estuviera chalado.

—Eh… Perdona, ¿nos conocemos?

—No, no —responde con una risita, y se acerca un poco más a mí para añadir en voz baja—: Es que estoy suscrito a tu OnlyFans.

Noto cómo se me va todo el color de la cara mientras permanezco inmóvil, allí plantado con la bolsa de comida en la mano.

—Estoy obsesionado con tu contenido —prosigue en modo fanboy, y a mí me está dando un ataque de nervios por dentro—. Me encanta la pareja que hacéis tú y @NoSoyTuCari . —Echa un vistazo alrededor—. ¿Estás con él ahora mismo?

Algo me hace volver a la realidad y sacudo la cabeza, forzando la sonrisa más educada que soy capaz de esbozar mientras me alejo de él despacio.

—Eh… Sí. Quiero decir, no. ¡No! Estoy… Eh, gracias por la comida. Siempre es un placer… encontrarse con… un fan.

Las palabras apenas han salido de mi boca cuando me doy la vuelta y salgo corriendo de allí. Casi logro ponerme a salvo, pero, al llegar al ascensor, me detiene una voz femenina que me resulta familiar.

—¡Avi!

Me giro de golpe, con los ojos a punto de salírseme de las órbitas, y veo a Frankie caminando decidida en mi dirección con sus botas de pelo negras.

—¡Shh! —digo, vigilando la puerta por la que está saliendo mi fan, lanzándome otra sonrisita entusiasmada.

—¿Qué mosca te ha picado? —murmura Frankie.

—Madre mía del amor hermoso… Has dicho… mi nombre. —Me froto los ojos—. Seguro que te ha oído. Ahora va a contárselo a todo el mundo. Ay, Señor, me cago en mi puta suerte.

—¿ Quién me ha oído? ¿Por qué estás tan alterado…? —Pulsa el botón del ascensor—. ¿Has hablado ya con Zeb?

La miro confundido.

—No. ¿Por qué…? ¿Qué le ha pasado?

—No le ha pasado nada —susurra, y comprueba que no haya nadie cerca antes de continuar—: Mira, he venido a hablar contigo. Puede que las cosas se estén yendo un poco de madre…

Una sensación de malestar me recorre el estómago justo cuando el ascensor emite un pitido para indicar que ha llegado. Me monto y presiono el botón que conduce a mi planta.

—La próxima vez preferiría que me llamaras antes…

—Te he escrito. —Se sube conmigo—. Pero no contestabas. —Se apoya contra la pared mientras las puertas se cierran lentamente—. ¿Por qué te largaste ayer antes de medianoche? ¿Habías quedado con Kyran?

No tengo fuerzas para mentirle ni para inventarme ninguna excusa, de modo que suspiro y me limito a responder con sinceridad.

—Sí. Vino a verme. Y sigue aquí, así que no puedes quedarte.

Frankie suelta un grito ahogado y curva los labios en una sonrisa radiante mientras se pone a dar saltitos de felicidad.

—Ay, Dios, ¿estáis enamorados?

—¿Qué? ¡No! —replico entre dientes—. Cállate, ¿vale? Ni se te ocurra decir esas cosas delante de él, que lo vas a espantar.

—Vale, vale, perdón. —Asiente con la cabeza, intentando serenarse, aunque sigue revoloteando a mi alrededor, pletórica, cuando el ascensor se detiene—. ¡Pero ha pasado la noche contigo! Eso tiene que significar algo, Avi. Ya no es solo folleteo.

—No me apetece hablar del tema ahora mismo —refunfuño, y salgo disparado hacia el pasillo sin esperar a que las puertas se abran del todo—. Quédate aquí un segundo.

Me meto a toda prisa en mi apartamento y le cierro en las narices antes de que trate de colarse. Kyran sigue sentado en el sofá, moviendo la rodilla mientras ve la tele.

Me muerdo el labio con nerviosismo y me acerco a él con la bolsa de comida en las manos.

—Oye… Eh… Frankie está aquí.

Se levanta de un salto.

—¿Está aquí ? —pregunta, y yo asiento—. ¿No puedes decirle que se vaya?

—Lo dudo mucho. —Señalo la puerta con la cabeza—. Está en el pasillo.

—Pero ¿qué cojones…? —gruñe por lo bajo, dirigiéndose a toda velocidad hacia el dormitorio, imagino que para vestirse.

—Bueno, pues te dejo la comida… aquí, ¿vale? —Suelto la bolsa en la mesa de centro y comienzo a retorcerme las manos sin parar.

Tengo que contarle lo del repartidor que me ha reconocido. Y estoy segurísimo de que no le va a hacer ninguna gracia. Pero será mejor que me ocupe primero de Frankie y del marrón que haya decidido endosarme sin avisar.

—Cari… —llamo a Kyran, acercándome al dormitorio—, ¿te has vestido ya?

Lo oigo arrastrar los pies de un lado a otro y abre la puerta de golpe, fulminándome con la mirada.

—¿Te importaría no llamarme así delante de ella, por favor?

Pongo los ojos en blanco.

—Kyran, es Frankie. Nos montamos un puto trío con ella. No va a decirle nada a nadie…

Al verlo frotándose los ojos, no puedo evitar sentirme mal. Se nota a la legua que todo este asunto lo agobia y que todavía no está preparado para enfrentarse a una situación así, lo cual es una auténtica mierda, porque hace apenas unos minutos parecía que habíamos conseguido progresar de verdad.

«¿Por qué tengo la impresión de que siempre que doy un paso adelante con él acabamos retrocediendo otros dos?».

Frankie comienza a aporrear la puerta.

—¿En serio me vais a dejar aquí fuera, pedazo de perros?

Voy hasta allí refunfuñando y abro de un tirón para que se calle de una vez.

—Madre mía, Frankie, no eres más pesada porque no te entrenas, ¿eh?

—Lo siento, pero es importante. —Gira la cabeza hacia Kyran con una sonrisa y él se mueve incómodo en el sitio—. Hola, Ky. ¿Cómo te va, bombón?

Él la mira con el ceño fruncido, pero, al caer en la cuenta de que Frankie sabe por qué está aquí, se ha puesto tan rojo que no resulta ni de lejos tan intimidante como de costumbre.

—Déjalo en paz —la reprendo—. ¿Qué es tan urgente? Íbamos a ponernos a comer…