Capítulo veintidós #2
Por lo visto, nuestros cuerpos no entienden de límites cuando estamos juntos…
, porque estoy a punto de correrme dentro de él otra vez.
Y este sería el séptimo orgasmo en las últimas dieciocho horas, entre mamadas, follarle, y ese momento en que le rodeé la cintura con las piernas y me percutió la próstata con la polla como si estuviera compitiendo por un premio.
«Por supuesto, los dos salimos ganando en esa ocasión. Y sí, el premio fue más corrida».
Al acordarme, se me ocurre una idea.
Le saco la polla del culo, muevo las caderas y separo las piernas mientras él se arrodilla justo en medio y se desploma sobre una de ellas con un suspiro de cansancio.
—¿Por qué has parado…? —pregunta, arrugando los labios de un modo sensual y adorable.
—Métemela —susurro con desesperación, cogiendo el lubricante para untarle un poco rápidamente en la polla, que parece estar más abultada que nunca. De hecho, la tiene enorme y dura como una piedra, tanto que comienzo a temblar de cintura para abajo al tocarla.
Kyran se muerde el labio y se acerca aún más mientras me la coloco entre las nalgas. Luego empuja las caderas hasta introducirse en mí y ambos gemimos en voz alta.
—Fóllame, cari… —siseo entre dientes, pero ya está apoyándose sobre mi pecho con las palmas de las manos para seguir impulsándose dentro de mí—. Más fuerte…, más rápido…, hasta el fondo, mi amor. Déjame seco y luego córrete tú.
El pelo le cae en los ojos mientras me cabalga y gruñimos como dos animales salvajes, empapados en sudor.
—Ufff…, Avi … Voy a… —dice con voz ronca, deslizando la mano hasta abajo para agarrarme la polla—. No creo que pueda aguantar mucho más.
—Sí que puedes, cari. —Las palabras me salen temblorosas por el ímpetu de sus embestidas—. Confío en ti.
—¿Por qué eres tan malo? —gime, inclinando la cabeza para chuparme los pezones a la vez que me pajea y me destroza con la deliciosa fricción húmeda de su polla en mi interior.
—Porque te encanta. —Noto cómo se me nublan los sentidos y se me tensan todos los músculos del cuerpo a medida que se fragua el orgasmo en mi entrepierna—.
Jo-joder, vas a hacer que me corra con tu enorme polla…
—Le estampo las manos contra el abdomen para detenerlo y murmuro con la voz rasposa—: Déjame que te monte otra vez para correrme dentro de ti.
Obedece sin pensárselo dos veces ni rechistar.
Me la saca, vuelve a colocarse encima de mis caderas y se sienta por completo en mi pelvis, acogiendo cada centímetro de mi polla.
Sentir cómo me envuelve lentamente con la estrechez y el calor de sus paredes es la puntilla que me hace perder la cabeza por completo.
Le agarro las caderas con fuerza para mantenerlo en su sitio mientras libero una oleada de semen tras otra en su interior.
—Joder… Ay, Dios, hostia puta… Estoy corriéndome a lo bestia dentro tu culo… Otra vez —sollozo, sin aliento.
—Avi… —gimotea, tocándome los pezones con los pulgares al mismo tiempo que se estremece sobre mi miembro, con la cabeza echada hacia atrás y el pecho igual de agitado que el mío—, noto tu corrida caliente dentro de mí…
—Lo sé, cari… Te la has ganado —murmuro, obligándome a abrir los ojos para mirarlo. Entonces le quito el anillo de la polla y él baja la cabeza para observarme con unos ojos arrebatadores—. Ahora te toca a ti correrte en mí.
—Menos mal… —susurra, sacándose mi miembro y derramando mi semen por todos lados.
Acto seguido, se coloca de nuevo entre mis piernas y me separa los muslos—.
Quiero llenarte entero, cari… Me tienta mucho correrme en tu boca y en tu polla.
—Me embiste con ferocidad y no puedo evitar sollozar por el placer tan abrumador que me invade—.
Pero creo que voy a decantarme por vertértelo todo bien hondo en el culo.
—Ufff, joder. —Un montón de palabras sin sentido brotan de mis labios. Estoy hipersensible ahora mismo, notando cada espasmo que le sacude la polla mientras la mueve dentro de mí—. K-Kyran…
—Hostia puta, joder… Me corro. —Jadea y se derrumba sobre mí, abdomen contra abdomen, aprisionando mi pene flácido y sensible con su cuerpo—. Voy a estallar… No puedo más. —Me la mete y la saca rítmicamente y siento cómo se vacía por completo dentro de mí.
Es una puta maravilla. Ni siquiera soy capaz de asimilarlo…
«Creo que me he muerto y estoy en el cielo».
—Ay, ay… Dios… Madre mía… —gimotea Kyran, retorciéndose y mordiéndome el cuello—. Cari…, acabo de correrme dentro de tu culo como si no hubiera un mañana…
Al volver a poner los pies sobre la tierra, me sorprendo a mí mismo soltando una risita nerviosa, como si fuera un personaje de dibujos animados, pero no puedo evitarlo.
Ha sido la experiencia más intensa de mi vida. Y ahora estoy partiéndome de la risa.
Kyran se une a mí y acabamos riéndonos por la nariz mientras nuestros cuerpos se sacuden al unísono con cada resoplido.
—Ay, Señor —dice con la voz áspera entre risas, secándose los ojos al mismo tiempo que se incorpora y se desliza fuera de mí lentamente—. ¡Lo hemos puesto todo perdido!
—Y me parece que te has quedado ronco de gritar. —Me río por lo bajo y, al oírme a mí mismo, frunzo el ceño—. Vale, puede que yo también.
—¿Tienes vecinos en la pared de al lado? —Esboza una sonrisa perezosa, señalando con la cabeza dicha zona mientras traza el contorno de mi pecho con los dedos—. Igual se piensan que nos estamos matando…
—Si esa es tu concepción de asesinar a alguien, vas a tener que empezar a llamarme Jeffrey Dahmer, precioso.
—Le guiño un ojo y, cuando vuelve a reírse, le doy una palmadita en el culo—.
Bueno, venga. Arriba. Por mucho que quiera quedarme así contigo para siempre, tenemos corrida por todas partes. Vamos a ducharnos.
Aprieta los labios para disimular una sonrisita traviesa y ladea la cabeza.
—¿Juntos?
Me incorporo y le rozo la nariz con la mía.
—¿Tú quieres?
—Me muero de ganas —responde alegremente, besándome con suavidad.
Es un beso tan lento, cálido y lleno de pasión que me estoy derritiendo sobre la cama.
«Entonces, todas esas veces que se ha metido en la ducha solo…, ¿podría haberlo acompañado? Porque ha dicho que se muere de ganas…».
Me siento como si el corazón se me hubiera escapado de las costillas y estuviera volando libremente como un pájaro por toda la habitación al ritmo de Free Bird, de Lynyrd Skynyrd.
Kyran se despega de mí y se levanta con las piernas temblorosas. Lo imito y nos dirigimos juntos al baño, lanzándonos miradas furtivas y mordiéndonos el labio para contener las sonrisitas bobaliconas.
—Te mueves como si te acabaran de reventar —digo para picarlo, y me da un empujoncito de broma en respuesta.
—Pues igual que tú —gruñe, y le devuelvo el empujón—. A estas alturas eres prácticamente mi banco de esperma andante.
Suelto un grito ahogado, agarrándolo del brazo mientras él finge zafarse de forma juguetona.
—¡Habló! Ese culito que tienes se traga mis corridas como quien bebe chupitos de tequila el Cinco de Mayo.
Echa la cabeza hacia atrás con una carcajada y sale pitando hacia el baño para llegar antes que yo. Entra, abre el grifo y le doy un azote en el culo. Se gira hacia mí de golpe, con las mejillas encendidas y una mueca fingida de enfado.
—¿Te ha gustado, cari? —susurro, acorralándolo, y él responde con un leve murmullo de afirmación.
—No lo digas muy alto. Como se enteren los fans, van a empezar a mandarnos palas y fustas.
Se me escapa una risita mientras compruebo con la mano que el agua esté lo bastante caliente. A continuación, me meto y le tiendo la mano para que me acompañe. La ducha es más pequeña que la de casa, así que tenemos que pegarnos para caber los dos bajo el chorro de agua al mismo tiempo.
Pero no pienso quejarme.
«Por mí como si no vuelvo a ducharme solo nunca más».
Me echo un poco de gel en las manos, las froto hasta que sale espuma y las deslizo por sus músculos, recreándome en el tacto de su piel.
Me observa mientras lo enjabono y yo no puedo evitar fijarme en que las gotas de agua que le resbalan de las pestañas cada vez que parpadea desembocan en sus labios carnosos.
Esa imagen se quedará grabada a fuego en mi memoria durante mucho mucho tiempo.
Me deleito enjabonando cada rincón de su cuerpo, tomándome mi tiempo, para compensar el hecho de no haber podido hacerlo la última vez que nos duchamos juntos.
Le recorro los hombros y los brazos y bajo por su torso perfectamente esculpido.
Su miembro recibe mucha más atención por parte de mis dedos antes de que prosiga con sus piernas y pies.
Luego le doy la vuelta y continúo con la espalda, pero me es imposible reprimir el ruidito de satisfacción que se me escapa al llegar a su culo.
Echa la cabeza hacia atrás para apoyarla en mi hombro y sus jadeos llenan el reducido espacio. Cuando el agua arrastra el jabón, no puedo evitar besarle el cuello y los hombros mientras le paso los dedos por el pelo mojado.
—Me encanta sentirte… —susurra—. Nunca me han tocado como tú, Avi.
—Yo nunca he tocado a nadie como te toco a ti… —le confieso en un susurro, maravillado ante la sensación de rozar su cuerpo de esta forma, sin implicaciones sexuales.
Se gira hacia mí despacio y coge el bote.
—Mi turno.
Asiento con timidez y contemplo cómo hace conmigo lo que quiere. Me lava con ternura, enjabonando cada músculo dolorido y cada rincón de piel enrojecida. Soy incapaz de apartar los ojos de su mirada, que sigue maravillada el movimiento de sus manos conforme me recorre el cuerpo con ellas.
—Esto es… demasiado bueno, Kyran. —Los ojos se me cierran solos cuando presiona su pecho húmedo contra el mío, deslizándome los dedos por los costados.
«Demasiado bueno para ser cierto…».
—¿Y eso es malo? —susurra.
«Pues sí… Todo lo bueno en exceso deja de ser bueno».
Porque, por muy alto que vuele tu alma, el miedo al desengaño siempre te aguarda en tierra firme.