Capítulo veintidós
Avi
S alir a hurtadillas de la fiesta de Nochevieja de Frankie ha resultado ser más complicado de lo que esperaba.
Estaba siendo muy divertido, como siempre, y no había faltado ni uno de nuestros amigos. Sabía que no sería fácil escabullirme antes de la cuenta atrás para la medianoche, de modo que había ideado un plan para que nadie se percatara de mi ausencia.
Provocaría una distracción y, cuando todo el mundo estuviera despistado, me escaparía sigilosamente por la puerta y volvería cagando leches a mi residencia para encontrarme con Kyran y besarnos al comenzar el año nuevo.
Porque, siendo sinceros, ese es el objetivo de todo esto, ¿no? Por eso quería verme antes de medianoche…, para hacer lo que no habríamos sido capaces de hacer delante de los demás en ninguna de nuestras respectivas fiestas.
Estoy empezando a pensar que tampoco sería para tanto que nos descubrieran. Total, nunca me ha importado una mierda lo que la gente piense de mí… Así que, ¿qué más da que me pillen besando a mi hermanastro? Cosas peores se han visto.
Y, además, ¿qué pasa si sentimos algo el uno por el otro? ¿Tenemos que obviarlo y reprimirlo solo porque a la sociedad le parezca un poco raro lo nuestro?
El caso es que estaría dispuesto a soportar todo ese tipo de críticas por Kyran.
A estas alturas de nuestra extraña y desconcertante relación, me la trae bastante floja decepcionar o incomodar a la gente, porque lo que siento estando con él pesa más que todas las risitas que se echen a nuestra costa o las miradas desdeñosas que quieran lanzarnos.
Pero no creo que Kyran esté preparado para ello y esa idea me ha estado carcomiendo el corazón las últimas veinticuatro horas, como una especie de bacteria sádica y carnívora.
Kyran todavía no tiene muy claro cuál es su orientación sexual, y a eso hay que añadirle que está en el punto de mira.
Al fin y al cabo, es el quarterback de un equipo que va camino de ganar un campeonato importante este año y los ojeadores de la NFL lo ficharán seguro para la próxima temporada.
No es de extrañar que no le apetezca ahora mismo salir del armario públicamente e ir pregonando por ahí que mantiene una relación sentimental con su hermanastro.
Es una mierda, la verdad, pero es la realidad que nos ha tocado vivir. Así que estos pequeños momentos, como salir a escondidas para besarnos a medianoche, se están volviendo cada vez más valiosos.
Hace media hora, reté a Micah a beberse un chupito del ombligo de Frankie, con la esperanza de que el espectáculo animara el ambiente y desviara la atención hacia ellos el tiempo justo para poder pirarme sin que nadie se diera cuenta.
Sorprendentemente, todo estaba saliendo según lo esperado, hasta que el bocazas de Zeb me vio y, como iba bastante pedo, se puso a gritar a pleno pulmón:
—¡Ey, Avi! ¡¿A dónde vas?!
Me quedé inmóvil con la mano en el pomo y cerré los ojos con fuerza, sintiendo cómo se me desvanecía toda la emoción del cuerpo.
«Casi…».
Bea y él vinieron hasta mí tambaleándose mientras Frankie, que se encontraba en el otro extremo de la habitación, me lanzaba una mirada cargada de sospecha.
—Eh… Solo necesito un poco de aire fresco —mentí, fingiendo estar pedo y mareado, cuando, en realidad, lo único que tenía era mono de besar unos labios muy concretos—. Creo que voy a potar.
—¡Ay, no! —chilló Bea, alarmada, agarrándome del brazo y tirando de mí hacia el baño—. Ven, te doy un vaso de agua y te froto la espalda.
—No… No, estoy bien —repliqué, tratando de zafarme de ella—. Solo necesito salir…
—¿Qué le pasa? —preguntó Micah, que se precipitó hacia nosotros con Frankie pisándole los talones.
—Éramos pocos y parió la abuela… —murmuré, frotándome los ojos.
—Se ha mareado —respondió Bea entre hipidos, pasándome los dedos por el pelo.
—¡Como me vomites en los zapatos te mato! —exclamó Zeb antes de apartarse de un salto.
—Ah, ¿sí? —intervino Frankie, cruzándose de brazos y mirándome con los ojos entrecerrados—. ¿Te has mareado, Aviel?
Era bastante evidente que no se estaba tragando mi excusa, pero a esas alturas me daba lo mismo.
Eran las once y cuarto y aún tenía que recorrer todo el camino de vuelta hasta el campus si quería ver a Kyran antes de las doce.
A lo mejor estaba ya allí, esperándome fuera y pensando que lo había dejado tirado.
«Joder. Si es que le tendría que haber dado mi llave».
—Chicos, en serio, no pasa nada. —Conseguí liberarme por fin del agarre de Bea y me dirigí a trompicones hasta la puerta—. Solo necesito un poco de aire. Vuelvo… enseguida.
Me saqué el móvil del bolsillo mientras abría de un tirón y me encontré con un mensaje que me había llegado hacía cinco minutos.
Kyran: Estoy aquí… ¿Has vuelto ya?
—Mierda —musité. Salí disparado al pasillo y bajé las escaleras a toda prisa.
Yo: Me han entretenido… Lo siento muchísimo. Ya voy
de camino, no te muevas de allí.
Fui prácticamente corriendo hasta el metro, pero no sirvió de nada, porque tuve que quedarme sentado esperando veinte minutazos. En Nochevieja todo iba con retraso, así que me sentí como un tonto por no haber salido antes. No había Uber, ni Lyft, ni nada.
Mi única opción era esperar a que el puñetero tren me llevase hasta él.
Apareció al cabo de un rato y ahora voy montado en él, moviendo la rodilla con impaciencia mientras observo cómo se consumen los minutos.
En cuanto el tren se detiene en mi parada, me bajo de un salto y cruzo el puto campus a toda pastilla.
Al llegar a mi edificio, son casi menos diez, así que paso del ascensor, que parece funcionar a pedales.
Subo las cuatro plantas de escaleras como si llevara un cohete en el culo y corro por el pasillo hasta encontrarme a Kyran sentado en el suelo frente a mi puerta.
—Lo siento… Lo siento muchísimo —digo jadeando, con el pulso martilleándome los oídos. Me dejo caer de rodillas delante de él, intentando recuperar el aliento para no desmayarme en su cara—. No… me dejaban irme. El metro… Ni Uber… Nada… Madre mía…
«Estoy empezando a ver puntitos de luz».
Curva los labios en una sonrisa de diversión. Alarga las manos y me las pone en el pecho.
—Respira, Avi. —Cojo una profunda bocanada de aire y suelta una risita—. No pasa nada. Has llegado a tiempo.
—Por los pelos… —murmuro.
De pronto, la gente se pone a gritar desde el fondo del pasillo.
Ha comenzado la cuenta atrás.
Kyran se muerde el labio y sube los dedos hasta mi cuello. Soy consciente de que quizá deberíamos entrar en el apartamento. Alguien podría vernos si nos quedamos aquí fuera…
Pero la gente sigue con la cuenta atrás: cinco, cuatro, tres…
—Dos —susurra, como si no le importara una mierda quién pudiera vernos.
Solo quiere besarme.
Y, ahora mismo, es lo que más deseo en el mundo.
—Uno —musito, con el corazón igual de desbocado que hace un momento, y le planto los labios en la boca. Lo beso con los músculos temblorosos y el pecho ardiéndome por algo más que el esfuerzo que me ha supuesto el carrerón de antes.
«Lo he conseguido. He llegado a tiempo. Por nosotros…».
—Feliz año nuevo, cari —dice en voz baja contra mi boca, sujetándome del cuello para mantenerme cerca conforme deslizo los dedos por los sedosos mechones de su pelo.
—Feliz año nuevo.
No puedo dejar de besarlo. Me encanta sentir sus labios.
El hecho de que esté aquí y de tener la certeza de que se ha presentado en mi puerta porque él ha querido compartir este momento conmigo… lo son todo para mí.
—¿Vamos dentro o qué? —Sonríe en mis labios y le devuelvo la sonrisa con un asentimiento de cabeza.
—Adelante, precioso. —Le cojo la mano mientras nos levantamos del suelo—. Esta noche eres mío.
—Cari…, ¿puedo quitármelo? Por favor…
—Todavía no —gruño, hundiéndole los dedos en las caderas.
—Por favor, Avi… —gimotea, pasándose la mano por el miembro hinchado—. Tengo tantas ganas de correrme que me duele…
—Lo sé, cari —susurro, mordiéndome el labio al contemplar su polla abultada, gruesa, rosada e impresionante balanceándose sobre mi abdomen.
Está siendo una auténtica maravilla presenciar cómo el anillo le impide alcanzar el clímax—.
Pero ya conoces las reglas. No puedes quitártelo hasta que yo me corra otra vez.
Solloza de placer mientras restriega las caderas contra mí y me cabalga la polla con movimientos lentos y temblorosos, apoyándose en mis rodillas para sostenerse.
Llevamos follando casi una hora y aún no se ha corrido.
No me puedo ni imaginar la clase de tortura tan lasciva a la que debe de estar sometiéndolo el edging.
Empezó poniéndose a cuatro patas y le fui dilatando y llenando las estrechas paredes del culo con la polla hasta que me corrí y el semen acabó rebosándole.
Luego cambiamos de posición y yo me tumbé bocarriba para ver en primer plano cómo me cabalgaba mientras el regalito de nuestros fans obraba su magia.
También hemos dedicado una cantidad de tiempo exorbitante a probar el resto de los regalos que nos han hecho.
Anoche (o más bien esta mañana) estuvimos follando hasta el amanecer, jugando con plugs anales de los que vibran y las copas esas que te succionan los pezones.
Nos aseguramos de grabarnos usándolo todo para la gente que nos había enviado los juguetes, lo cual fue bastante divertido, porque ponernos delante de la cámara es lo nuestro.
Es lo que nos ha llevado a ser… lo que quiera que seamos ahora.
Sin embargo, es entre bambalinas donde ha ocurrido la verdadera magia y donde hemos forjado un vínculo que parece volverse cada vez más fuerte con cada segundo glorioso que pasamos juntos.
Esto ya no es solo sexo por los fans.
Somos nosotros. No @GorraDelRevés y @NoSoyTuCari …, sino Kyran y Avi entregándonos el uno al otro continuamente, por voluntad propia.