Capítulo veintiuno #5
—Ni se te ocurra. —Contoneo las caderas contra las suyas, notando fricción en cierta zona, que supongo que será la próstata, lo cual me enciende igual que si estuvieran estallando en mi interior los mismísimos fuegos artificiales del puto Cuatro de Julio—. Ay, Dios. Sí, sí, sí…
Entonces Kyran me empuja con las caderas, se echa hacia atrás para coger impulso y luego vuelve a sumergirse en mí. La sensación es tan intensa que se me saltan las lágrimas. Se eleva ligeramente y comienza a moverse despacio, follándome de tal forma que no puedo evitar sollozar del placer.
Me agarra de la camiseta, metiéndome y sacándome la polla con unas embestidas lentas que van volviéndose cada vez más intensas, hasta que, antes de darme cuenta, está follándome a una velocidad frenética que me deja sin aliento y me impide hacer otra cosa que no sea gimotear para pedirle más, una y otra vez.
—Fóllame más… fuerte. Métemela toda. Entera, Kyran. Dame más en ese sitio. Más… Más, joder.
—Quiero tocarte la polla —gruñe, y cuela la mano por debajo para masturbarme mientras me cabalga, empujándome contra el asiento con tanta fuerza que temo romperme las costillas. Pero un pulmón perforado me parece un precio más que justo por esta puta maravilla.
Es sexo duro y salvaje. Sus caderas impactan contra las mías con tal ferocidad que el coche se balancea al ritmo de sus acometidas y la espalda se me arquea sola en busca de más mientras lo pongo todo perdido con las gotas que me brotan del pene.
—Qué bien me follas… —susurro, cogiéndolo del brazo a medida que me sacude por dentro.
—Es que se te da muy bien recibirme, cari.
Apenas soy capaz de mantener los ojos abiertos, pero, aun así, trato de hacer el esfuerzo, porque le prometí que lo miraría. Nuestros ojos, nublados por el deseo, se entrelazan con la misma necesidad palpitante que nuestros cuerpos mientras me inunda de placer con su polla.
—¿Eres mío? —susurra entre temblores, con los músculos relucientes por el sudor y el pelo cayéndole sobre los ojos, brindándole un aspecto increíblemente arrebatador.
—Sí —respondo con voz ronca, aferrándome a él mientras noto cómo me aproximo al orgasmo—. Todo tuyo.
—Bien, porque yo también soy todo tuyo.
Se inclina suavemente y me atrapa el labio inferior con la boca, succionándolo y mordiéndolo a la vez que alcanzamos juntos el clímax.
—Córrete para mí, cari —dice jadeando, metiéndomela hasta el fondo.
—Ufff, joder… Mmm… Kyran, me corro.
Atrapada entre mi abdomen y el cuero de los asientos, la polla empieza a palpitarme y lo pone todo perdido de semen, pero Kyran no se detiene. Continúa entrando y saliendo de mí a un ritmo constante, como las olas rompiendo en la orilla del mar, decidido a sacármelo todo.
—Eso es… Córrete para mí, bombón. Siente cada centímetro de mi polla dentro de ese cuerpo tan perfecto mientras te corres. Joder, Avi… Me…
Gime, se le tensa el cuerpo entero y noto cómo vierte todo su semen dentro de mí, con la respiración acelerada.
—Me encanta notar tu corrida, cari… —susurro, contrayendo los músculos a su alrededor a medida que vuelvo a poner los pies en la tierra poco a poco, como una pluma que se mece con el viento hasta caer al suelo—. Dame más. Lo quiero todo…
—Avi, me estás exprimiendo… —gimotea, estrellando la palma de la mano contra el cristal de la ventana para no perder el equilibrio.
Cuando dejo de sentir cómo se le estremece la polla, ralentiza el movimiento de sus caderas hasta quedarse quieto por completo y se limita a jadear encima de mí. Luego desciende un poco, hunde la cara en mi pelo y me besa el cuello, la mandíbula y los labios.
«Ya está».
«Se acabó el juego».
Ya no puedo seguir fingiendo… No puedo engañarme tratando de buscarle una explicación lógica, y menos después de esto, de lo que acabo de sentir.
Me he metido en un lío de narices. De esos que condenan tu alma a vagar por el purgatorio…
«Porque creo que me estoy enamor…».
Me aclaro la garganta para acallar mis pensamientos y me retuerzo ligeramente mientras Kyran se incorpora y sale de mí despacio.
—Mierda, lo siento… —murmura con una voz rasposa de lo más sexy —. ¿Te estoy aplastando?
—No, es que… —Hago una pausa al ver que se aparta de mí para ayudarme a levantarme del asiento—. Me he quedado pegado al cuero por culpa de la corrida.
Se ríe y esbozo una sonrisita nerviosa en respuesta, con la esperanza de que no se me note el puto caos mental que tengo.
—Estoy jodido —dice, apartándose el pelo de la cara y pasándome un paquete de toallitas húmedas de la bolsa—. Voy a tener que llevar el coche a que lo limpien por dentro a fondo.
—No sería mala idea. —Sonrío.
Kyran se deja caer a mi lado en el asiento para limpiarse y vestirse mientras yo hago lo mismo, solo que más despacio, porque tengo el culo un pelín resentido y lo hemos puesto todo más perdido de lo que me esperaba, pero, por el rubor que me tiñe las mejillas y el nerviosismo que se ha apoderado de mi cuerpo, es innegable que me gusta, y mucho.
«Me encanta tenerlo dentro de mí de esta forma…».
A lo mejor quedo como un bicho raro por admitirlo, pero me da igual. Es lo mismo que sentí la primera vez que me corrí dentro de él. Fue como grabar mis iniciales en su interior, y ahora yo llevo las suyas impresas en el corazón.
No solo ha dejado su huella en mi cuerpo, sino también en mi alma, lo cual resulta bastante aterrador.
«Si es que eres imbécil. ¿En qué momento te ha parecido buena idea pedirle que te folle el culo? Y encima vas y te pillas por él como un desesperado. Das pena».
«¿Y qué significa todo esto? ¿Seré físicamente incapaz de acostarme con alguien sin desarrollar sentimientos más profundos hacia esa persona? ¿O es que él se cierra tanto que no lo afecta de la misma manera que a mí?».
—¿Estás bien? —murmura Kyran, y dejo de comerme la cabeza un segundo para mirarlo—. Te has quedado muy callado. ¿Te he hecho daño o algo…?
Siento su preocupación latiendo en mi interior como si fuera un segundo corazón. La forma en la que me mira y me habla me cala hasta los huesos y percibo su olor impregnándome todo el cuerpo… Joder.
«No puedo enamorarme de mi hermanastro».
Me obligo a sacudir ligeramente la cabeza.
—No, no me has hecho daño, de verdad. Es que… ha sido la experiencia más increíble de mi vida.
Él eleva las comisuras de los labios y aletea las pestañas.
—Entonces, ¿eso significa que los dos somos pasivos ahora?
No puedo evitar soltar una carcajada al ver lo entusiasmado que parece.
—Podemos ser todo lo versátiles que quieras, cari.
Ensancha la sonrisa y emite un murmullo de satisfacción mientras yo me muevo en el asiento por lo mucho que me enciende y aturde con sus gestos.
«Madre mía… ¿Siempre ha tenido una sonrisa tan preciosa y radiante? ¿Eso que le flota alrededor de la cabeza son corazoncitos?».
Pero a Kyran no parece preocuparle mucho que me esté comportando de forma extraña, porque está demasiado ocupado dándome más muestras de cariño que de costumbre.
Vuelve a recostarse sobre mí, me rodea la cintura con los brazos y se acurruca en mi pecho mientras me besa el cuello e inhala mi aroma, como si…
—¿Me estás olisqueando? —pregunto, descendiendo la mirada hacia él.
—Me gusta tu olor, ¿qué pasa? —Me desliza los labios por la nuez mientras trago saliva.
—Kyran, es que…
«No. Ni se te ocurra seguir. Cállate ahora mismo».
Me aclaro la garganta de nuevo.
—La película se acabó hace ya un buen rato. ¿Nos… vamos? ¿O quieres que pongamos otra?
—No me apetece irme todavía… —responde con calma.
Estoy flipando. Su forma de actuar después de acostarnos ha dado un giro de ciento ochenta grados. ¿Será porque le he dejado que me folle él esta vez? ¿Eso era lo único que hacía falta para que cambiara?
No, no tiene mucho sentido, porque también estaba así después de follar en la víspera de Navidad.
Esa fue la noche que nos quedamos despiertos hablando hasta que nos venció el sueño.
Y cada noche desde entonces se ha quedado un poco más al terminar, como si se estuviera desprendiendo poco a poco de la idea de que tiene que salir corriendo en cuanto se desvanece el subidón del orgasmo.
Joder, esto es una cita en toda regla, le preguntes a quien le preguntes. Encima, dice que no le apetece irse… Y, siendo sinceros, a mí tampoco.
Así que tal vez no deberíamos… irnos. Nunca. Tal vez deberíamos seguir así y dejar que pase lo que tenga que pasar entre nosotros, porque está claro que los dos queremos.
Pero también le da miedo admitir que es bi, o gay, o cualquiera que sea su orientación sexual. Entonces, ¿cómo voy a sacarle el tema sin asustarlo?
—¿Por cuál te decantas? —pregunta, y frunzo el ceño—. De las pelis que tengo, me refiero…
—Ah, sí… ¿Tenías la de Infiltrados ?
Sonríe.
—Claro. Te dije que está en mi top cinco.
—Pues dale caña, precioso.
Me lanza una mirada rápida y satisfecha antes de arrastrarse hasta la parte delantera del coche para coger su portátil. Mientras pone la siguiente película, abro otra lata de refresco, mordisqueo los dos extremos de un Twizzler y lo coloco dentro a modo de pajita.
Es una costumbre que tengo. Fue lo que hice la última vez que vi a mi padre con vida.
Le encantaban los Twizzlers. Eran su perdición y, como yo solía copiar todo lo que hacía, se convirtieron también en la mía, como era de esperar. El día antes de su muerte, estaba arreglando algunas cosas en casa mientras se bebía una lata de Coca-Cola con una pajita.
Para quienes no lo sepan, por aquellos entonces en Nueva York siempre te daban una pajita cuando comprabas una lata de refresco en cualquier tienda de la esquina, antes de que todo el mundo se diera cuenta de lo perjudiciales que son para el medio ambiente.
Imagino que sería para no tener que apoyar los labios en una lata sucia, porque vete a saber por dónde había pasado antes de llegar a tus manos.
El caso es que era algo bastante habitual.
Pero, cuando mi padre soltó su refresco en la mesa durante un segundo, me acerqué sigilosamente y le cambié la pajita por un Twizzler.
Al volver, cogió la lata, miró el regaliz y luego me echó un vistazo mientras yo fingía estar muy ocupado con mis juguetes, intentando con todas mis fuerzas que no se me escapara una risita.
Lo sacó de la lata, mordió ambos extremos, lo metió de nuevo y le dio un sorbo a su refresco con él, como si fuera una pajita.
«Oye, pues sí que está bueno esto», dijo tras probarlo, guiñándome un ojo, y los dos empezamos a reírnos a carcajadas.
Desde entonces, cada vez que me tomo un refresco uso un Twizzler a modo de pajita, porque me recuerda a él y a aquel día perfecto en el que aún estaba conmigo. Ese fue el último momento que compartimos…
Tras equilibrar el portátil sobre la consola central para que podamos quedarnos en la parte de atrás, Kyran se deja caer de nuevo en el asiento, pero, esta vez, cuando se recuesta a mi lado, cruzo las piernas sobre su regazo y me acurruco aún más cerca de él.
Porque, por alguna razón que no comprendo, es justo lo que necesito en este instante.
Vemos la película en silencio un rato, aunque me sorprende que no sea capaz de oír el traqueteo de los engranajes de mi cabeza, que ahora mismo parece un cigüeñal antiguo girando a toda velocidad.
Estoy hecho un auténtico lío y tengo demasiadas cosas en las que pensar…
Además, de pronto siento la urgente necesidad de averiguar qué somos exactamente.
—Ey… —murmuro, sobrepasado por mis pensamientos.
—¿Mmm? —gruñe adormilado, con los labios entre mi pelo.
—Mañana es Nochevieja…
«Muy buena, Avi. Solo a ti se te ocurre recordarle en qué día vive, como si fuera un extraterrestre que acaba de aterrizar en este planeta y no tuviera ni idea de lo que pasa el 31 de diciembre».
Kyran suelta una risita.
—Vaya, igual que todos los años, quién lo diría… —contesta en un tono sarcástico, pero la sonrisa que se le nota en la voz provoca que me derrita en su regazo.
—Ja, ja, muy gracioso. —Frunzo los labios y alzo la vista hacia él—. ¿Tienes algún plan?
Me mira parpadeando unos segundos.
—Sí. Eh… Guty va a dar una fiesta en nuestra residencia… —responde por fin.
Siento retortijones en el estómago al oír sus palabras. Me trago la decepción y asiento con la cabeza, rompiendo el contacto visual.
—Claro. Era de esperar…
—Avi… —Pronuncia mi nombre en un susurro. No quiero que me tenga lástima, aunque es justo lo que percibo en su tono de voz—. Te habría invitado, pero…
—Pero no pinto nada allí —murmuro—. Lo entiendo. No pasa nada.
—No, no es eso. —Se gira para encararme, pero me siento incapaz de sostenerle la mirada ahora mismo—. Es que no… no quería arrastrarte a todo ese… rollo.
—¿Con «rollo » te refieres a una fiesta en la que todos tus amigos se piensan que soy un pringado al que no puedes ni ver?
Niega con la cabeza.
—No es eso, te lo prometo…
Pongo los ojos en blanco.
—Entonces, ¿qué es?
No habla. Se limita a observarme como si se muriera de ganas de decir algo, pero no supiera cómo mover la boca para articular sonidos.
—¿Y tú tienes algún plan? —pregunta al cabo de un rato.
Me aclaro la garganta.
—Frankie va a dar una fiesta…
Asiente, acariciándome los dedos. Ojalá pudiera tomármelo con la misma calma que él y ahorrarme el desengaño que sé que me aguarda. Pero, a diferencia de Kyran, yo no puedo evitar querer incluirlo en mi vida.
—Deberías pasarte luego —añado sin pesar en un susurro.
Entrelaza los dedos lentamente con los míos.
—¿Y si me paso antes de medianoche…?
Deslizo los ojos de golpe hacia los suyos y arqueo una ceja.
—¿No sería un poco… sospechoso que te fueras de la fiesta de Nochevieja de tu residencia antes de medianoche?
Se encoge de hombros y juguetea con mis dedos.
—Pero ¿qué hago si la persona a la que quiero besar a medianoche no está allí conmigo…?
Me quedo mirándolo fijamente a los ojos un instante, perdido en esas motas difusas de verde musgo que se diluyen en el ámbar de sus iris. Son como una paleta de colores en la que podría mezclar todos sus tonos con un pincel y crear uno que lo representase solo a él.
Asiento con la cabeza, embelesado.
—En ese caso, creo que deberías irte de la fiesta… y buscar a esa persona.
Sonríe y se inclina aún más hacia mí para rozarme los labios con los suyos.
—Entonces, cuenta con ello.
—Vale… —susurro, intentando que mi voz suene lo más calmada posible.
Aunque, en realidad, me siento como si un terremoto me sacudiera por dentro, obligándome a afrontar todo aquello que me da miedo asimilar.
Pero no puedo seguir engañándome.
«A la mierda el dinero… Esto no es por los fans».
@GorraDelRevés está oficialmente pillado hasta las trancas… y acojonado de narices por todo lo que dicha revelación implica.