Por los fans Capítulo veintiuno #4
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Capítulo veintiuno #4

—Kyran… —susurro con voz ronca mientras me va dando besos en el miembro y entre los muslos.

—Avi… —Me baja aún más los pantalones y suelto un ligero gemido.

—Quiero que me folles.

Se queda completamente inmóvil y posa los ojos en los míos. Sé que en este instante estoy aún más rojo que él.

—¿Quieres que yo te folle… a ti ? —pregunta, parpadeando con los ojos muy abiertos.

Inclino la cabeza.

—Sí. No hay ninguna regla escrita que diga que siempre tengas que ser tú el pasivo.

—Lo agarro por la mandíbula para acercarme sus labios y él se deja guiar.

Esa docilidad que le sale de manera tan natural provoca que me palpiten los huevos con fuerza—.

Quiero experimentar en mis propias carnes un poco de ese placer que te vuelve tan loco, cari.

Lo beso lentamente de una manera húmeda, cierro los dedos alrededor de su miembro y muevo la mano de arriba abajo. Noto cómo se hincha al instante, así que entiendo que él también quiere probarlo, y me muero por saber qué se siente cuando te cabalgan a pelo, tal y como yo hago con él.

Quiero que se mueva entre mis piernas… Quiero que me la meta hasta el fondo y correrme con su polla. Quiero ser el puto pasivo, por lo menos una vez, solo por probarlo.

Y lo más impactante, pero también lo más fácil de admitir, es que solo quiero experimentarlo con él.

—Joder… —gime entre mis labios, follándome la mano con calma—. No sabía si ibas a querer… —La voz se le apaga y yo emito un leve murmullo de deseo en respuesta—. Pero me alegra que te apetezca. No te haces idea de las ganas que tengo de follarte, Avi.

—Dios, me estoy poniendo perdido solo de imaginármelo —digo jadeando—. Métemela ya, por favor.

—Vas a mancharme la camiseta, ¿verdad? —Sonríe contra mi boca, y me río por lo bajo.

—Has sido tú el que me ha pedido que no me la quite…

—Ya, porque estás sexy de cojones con ella. —Se aleja de mis labios y me mira con los párpados entrecerrados—. Y ahora más todavía. Quiero metértela mientras llevas mi camiseta puesta, cari.

«Madre mía del amor hermoso… No voy a superar en la vida la voz tan seductora que se le pone cuando me llama así».

Me baja los pantalones hasta las pantorrillas y me separa las piernas lo máximo posible para colocarse entre ellas.

Creo que ambos hemos asumido que no podemos desnudarnos del todo ahora mismo, teniendo en cuenta que nos encontramos en el asiento trasero de un coche alquilado con el que hemos invadido una propiedad privada y tal.

Pero, sorprendentemente, ese detalle solo le aporta más morbo al asunto.

Estamos a medio vestir, bregando con los pantalones para follarnos rápido, antes de que nos pillen, porque somos incapaces de resistirnos el uno al otro.

No podemos quitarnos las manos de encima, aunque no estemos en el sitio más idóneo para dejarnos llevar de esta forma…

Todo mi ser está hambriento de él y ahora sé con total certeza que es algo recíproco.

Se sienta a horcajadas sobre mis caderas y tengo que detenerme un segundo para inclinarme y chuparle la polla, porque se me ha abierto el apetito con solo verla.

Me folla la boca un buen rato, tirándome del pelo con tanta fuerza que incluso me duele un poco.

Pero esa ligera punzada me excita aún más y le respondo succionándole el miembro con la misma intensidad para exprimirle hasta la más mínima gota que esté dispuesto a soltarme.

Se tiende sobre mí con suavidad, me besa los labios y desciende por mi cuello mientras me levanta la camiseta para deslizar la lengua por los surcos de mis abdominales. Luego me chupa el glande y pasa la lengua a lo largo de todo el miembro, aunque solo se mete dentro de la boca la cabeza.

Entonces continúa bajando, me besa los huevos, los sostiene en la palma de la mano y me mete la lengua entre las nalgas.

—Uff…, Ky… —Levanto las caderas para facilitarle la tarea y me roza el agujero con la punta de la lengua, provocando que me tiemble todo el cuerpo—. Joder, qué bien…

—Te gusta, ¿verdad? —Me separa las nalgas para comerme mejor, aunque es un poco difícil desde este ángulo, con tan poco espacio y los pantalones todavía puestos.

Aun así, llevaba tanto tiempo ansiando que también me hiciera esto que lo único que me importa es el cosquilleo de puro placer que siento.

—Cari, a lo mejor es más fácil si… me pongo bocabajo —digo con la voz ronca, doblándome por la cintura para que tenga mejor acceso a mi culo, pero se ha colocado a horcajadas sobre mis piernas, así que me cuesta moverme.

—Lo sé… —murmura, enterrando la cara entre mis piernas—, pero es que quiero verte.

«Oh… Qué bonito. ¿Por qué me parece tan bonito?».

—Te prometo que me… me giraré —susurro, ardiendo por dentro y sudando de tal forma que la espalda se me ha pegado al cuero—. Te prometo que te miraré mientras lo haces.

Asiente con la cabeza.

—Vale —murmura con una voz tan provocativa y ansiosa que el corazón me martillea las costillas.

Me da la vuelta, se sienta sobre mis gemelos y me levanta la camiseta lo justo para dejarme un rastro de besos a lo largo de la espalda mientras me agarra las nalgas y me las separa de par en par.

—Tienes un culo maravilloso —dice maravillado a la vez que lo masajea y lo amasa con los dedos.

—Igual que el tuyo —murmuro, echando un vistazo hacia atrás por encima del hombro.

—Ahora veo mi nombre en la camiseta. —Curva los labios en una sonrisita cargada de emoción antes de hundirme la boca en el culo.

«Uf… Mi precioso número nueve».

Desde esta posición puede maniobrar mucho mejor y pasarme toda la superficie de la lengua de arriba abajo por el ano. Me da un par de besos y, cuando por fin me introduce la lengua, tengo que aferrarme a todo lo que encuentro a mi alcance.

—Kyran…, j-jodeer, qué bien. Fóllame con la lengua, cari.

Es increíble cómo se desliza dentro y fuera de mí.

Podría quedarme aquí tumbado todo el puñetero día, ofreciéndole mi culo en bandeja.

Pero sé que no disponemos de tanto tiempo y, al sentir su lengua explorándome, noto que ansío algo más grande y duro…

Algo mucho más grueso y largo que me ensanche el agujero por completo.

—El lu-lubricante… —tartamudeo con los labios temblorosos—. En mi b-bolsillo.

—Dos minutitos más —gimotea—. Me encanta lo bien que te sabe el culo, Avi.

«Estoy ebrio de deseo ahora mismo».

—Me lo comes muy bien, precioso…

Al cabo de un rato, se aparta con la respiración entrecortada y me agarra la barbilla.

—¿Puedo besarte?

—Trae aquí esa lengua —gruño, separando los labios para que la deslice entre ellos.

Me besa con una pasión desbordada, embriagado por la intensidad del momento, enredándose en mis labios y mi lengua a la vez.

—Sabes a Twizzlers. —Esboza una sonrisa y me río por lo bajo—. Mi dulce tentación de fresa.

—Joder, estoy obsesionado contigo —gimoteo contra su boca—. Tenías toda la razón.

—Bien. —Rebusca en mi bolsillo y saca el bote de lubricante—. Porque creo que yo también estoy un poco obsesionado contigo…

«Dios, me arde el pecho».

—Fóllame… —Las palabras me salen entre jadeos que se mezclan con los suyos mientras se echa lubricante en los dedos, se impregna bien la polla y luego me los pasa por las nalgas—. Dios. Me va a dar algo si no te siento dentro de mí ya, cari…

—Resiste. —Me besa en los labios y me arrastra la punta del miembro por el ano—. Te necesito.

—Y yo a ti —susurro en su boca, y entonces me introduce un dedo, arrancándome un grito ahogado.

—Avi, te necesito, joder —repite como si fuera un mantra a medida que desliza el dedo en mi interior lentamente todo lo hondo que puede—. Te necesito con todas mis fuerzas…

—Yo a-a ti… ta-también…, Ky…

El sonido de nuestra respiración inunda el coche y los cristales están tan empañados que resulta imposible ver lo que hay fuera. Kyran mete un segundo dedo, dilatándome el ano y humedeciéndome las paredes con el lubricante. Lo deseo tanto que ni siquiera me duele. Estoy hambriento de él.

De su polla, sí, pero sobre todo de él. A estas alturas creo que estaría dispuesto a dejar que me metiera el cuerpo entero con tal de no separarme de él y sentir cómo se apropia de cada rincón de mi interior.

Kyran saca los dedos y me coloca la punta hinchada en el ano.

—Voy a adentrarme en ti despacio, cari… —susurra—, para que disfrutes de cada centímetro de mi polla.

Asiento rápidamente y comienza a empujar, imponiéndose sobre la resistencia de mi cuerpo.

Noto su miembro grueso y duro, pero también suave como el terciopelo y resbaladizo por la lubricación, a medida que se hunde en mí con una lentitud casi dolorosa.

Me sorprende poder oír a Kyran entre el tumulto de mis gemidos y los latidos que me retumban en la cabeza, pero lo oigo todo…

, y, después de ser testigo de los ruiditos que está haciendo, me ha condenado, porque no creo que nadie más consiga estar a su altura en la puta vida.

— Aviii … —susurra arrastrando las sílabas con voz ronca, como si le fascinara mi nombre, mientras me separa las nalgas y me va llenando con su longitud—. Qué apretadito, cari… Qué caliente y apretadito, joder…

—Ufff…, Ky. Fóllame más fuerte. Por favor, Kyran. Quiero más.

Retrocede un poco y ambos comenzamos a gemir palabras sin sentido conforme termina de deslizar su enorme polla en mi interior, llegando tan al fondo que apenas puedo moverme.

—Hostia puta… Es… increíble. —Se inclina sobre mi espalda, apoyándose en la puerta para no aplastarme—. Ca-cari…, ¿esto es lo que sientes cuando me follas?

Asiento con la cabeza, tragando saliva con fuerza y mordiéndome el labio mientras intento acostumbrarme a tener algo tan grande abriéndose paso dentro de mí.

—¿Y esto…? Joder, ¿esto es lo que sientes tú cuando yo te follo?

—¿Te duele? —Me acaricia el pelo y me besa el cuello—. Podemos parar si te duele…