Capítulo veinte #5
Avi se coloca detrás de mí y noto su polla contra mi culo de inmediato.
Suelto un grito ahogado y él gimotea, recorriéndome la piel mojada de los costados con las manos a la vez que se pega a mi espalda y me cubre los hombros de besos tiernos.
Siento su brazo moviéndose mientras se toca la polla y luego noto sus dedos rodeándome el ano con algo resbaladizo…
¿Tal vez acondicionador? Quién sabe… Me da igual lo que me esté untando con tal de que me la meta antes de que explote.
—¿Este agujero tan abierto se debe a mí, cari? —me susurra al oído, y me pasa la lengua por el cuello.
Giro la cabeza para fulminarlo con la mirada.
—¿Me estás llamando facilón?
Me posa los labios sobre el hombro y suelta una risita.
—No… Nunca te diría eso, Kyran. Solo quiero asegurarme de que estés relajado. —Me introduce un dedo, arrancándome un suave gemido—. Y parece que sí.
—Q-que te den —gimoteo, recostándome contra su pecho mientras juguetea con su dedo dentro de mí, provocando que ansíe algo mucho más grueso y largo que ese simple apéndice.
—Mmm… Me encanta cuando te pones a la defensiva —responde con voz áspera—. No te preocupes, cari. Puedes ser mi putita y seguir teniendo el agujero más apretado del planeta.
Echo el culo hacia atrás entre gimoteos para pegarme a él mientras desliza el dedo fuera y me encaja la punta de la polla entre las nalgas.
—¿Listo, precioso? —Me agarra la cadera con la mano izquierda y me muerde el hombro—. Estoy a punto de explorarte con una sonda. —Se ríe por lo bajo y pongo los ojos en blanco.
—Ay, Dios… Por favor, no empieces a hablar de extraterrestres otra vez. —Suelto un resoplido que no tarda en convertirse en un quejido de placer cuando empuja la cabeza hinchada de su polla contra mí.
—Tío… Los extraterrestres grises estarían encantados contigo —dice emocionado, provocándome con su punta redonda y mullida—. Les fliparía ver la cantidad de fluido que pueden extraerte.
—Avi, cierra la puta boca y… —Me penetra de pronto, obligándome a terminar la frase con un chillido de sorpresa—: Fóllame.
—Shhh. —Me presiona una mano con firmeza en la espalda, de tal modo que no me queda más remedio que doblarme por la cintura.
Me apoyo en la pared para mantener el equilibrio mientras me introduce lentamente hasta el último centímetro de su pene—.
Silencio, cari. Déjame hacer que te corras rapidito.
—Uff, joder, Avi… —murmuro, seguido de algunos ruiditos al azar, inclinándome hacia él mientras va cogiendo el ritmo y deslizándose dentro de mí despacio pero con ímpetu—. Aaaaa-viiii… —grito, separando su nombre en dos sílabas—. Fóllame más fuerte…
Me clava los dedos en las caderas y mete y saca la polla, restregándose contra mis paredes y estimulándome la próstata hasta hacerme tocar el cielo con las manos.
Pongo todo mi empeño en guardar silencio, porque las duchas tienden a amplificar cualquier sonido.
El simple choque de su piel contra la mía parece retumbar por toda la habitación.
—Mira qué bien entra mi polla en este culo… —susurra, deslizando las manos hacia mi parte delantera para jugar con mis pezones—. Me dan ganas de rellenarte solo de verlo, cari.
—Joodeer… Genial —respondo con voz ronca—, porque yo voy… Ah… Creo que voy a… correrme pronto.
—Ah, ¿sí? —Su tono destila euforia a medida que me embiste con brutalidad, dejándome las nalgas marcadas con cada arremetida, sin despegar el pecho de mi espalda—. Te has levantado esta mañana muy sensible, ¿no, guapo?
Asiento rápidamente, poniendo los ojos en blanco por las descargas eléctricas de placer que me atraviesan la entrepierna.
Debo de estar hipersensible, porque cada vez que noto sus caderas impactando contra mí me desarmo por completo.
La polla se me balancea de arriba abajo por la intensidad de sus movimientos y no deja de gotear.
Me llevo la mano a los huevos y me los estrujo un poco antes de masturbarme al ritmo de sus acometidas.
La sensación es extraordinaria, y el cuerpo se me tensa cada vez más y más en busca del ansiado clímax.
Avi me aparta la mano y comienza a masturbarme con la suya mientras me folla y me desliza la otra hasta la garganta. Entonces, me la aprieta con fuerza y suelto un gemido. No sé muy bien por qué, pero me encanta sentir sus dedos estrangulándome al mismo tiempo que me destroza el culo.
—Estás haciendo demasiado ruido —me reprende.
Ni siquiera me había inmutado. Pero, a ver, teniendo en cuenta que ahora mismo estoy prácticamente viajando rumbo a Marte dentro de una nave espacial con los motores revolucionados, todos los sonidos que me rodean quedan bastante amortiguados.
Me aparta la mano del cuello y, antes de llegar a asimilarlo, me mete el pulgar en la boca.
—Toma. Chúpalo —murmura.
Y, por supuesto, obedezco.
Joder, no sé qué tiene ese lado dominante que saca a veces, pero siempre consigue doblegarme a su voluntad.
Quizá sea porque no se comporta así normalmente…
Es como si hubiera una parte suya que solo muestra ante mí.
Su arrogancia habitual se magnifica cuando estamos a solas, transformándolo en una bestia exigente, malhablada y con una polla enorme a la que le encanta darme órdenes.
Esa actitud salvaje despierta en mí un lado sumiso que nunca dejo salir con nadie… Excepto con él.
Le chupo el pulgar frenéticamente, usándolo para ahogar mis gemidos, quejidos y sollozos mientras conducimos directos hacia el borde de un precipicio, igual que si fuéramos Thelma y Louise.
—Enséñame cómo te corres solo para mí, superestrella —me susurra en el oído.
—Mmm… Mmm…
«Ahí está… Ya casi… Me…».
Avi me endereza y pega el pecho a mi espalda mientras me masturba y se adentra en mí con vehemencia. Entonces estallo y salpico la pared de la ducha con los chorros de semen que salen disparados de mi polla al mismo tiempo que él me la exprime con cada contracción.
—Eso es, mi putita futbolista —dice en voz baja, haciéndome poner los ojos tan en blanco del placer que casi se dan la vuelta entera dentro de las cuencas—. Mira cómo te chorrea la polla…
Un hormigueo me recorre todo el cuerpo y una oleada de calor y frío me invade por dentro mientras mis paredes se contraen con fuerza alrededor de su miembro.
Cuando termino de correrme, me empuja hacia delante, doblándome por la cintura de tal manera que casi me toco los dedos de los pies.
Acto seguido, me agarra las nalgas con fuerza y las separa mientras continúa metiéndome y sacándome la polla.
—Avi… —gimoteo, intentando mantenerme firme pese a lo mucho que me tiemblan las rodillas—. Avi, córrete dentro mí…, c-cari.
—Dios, cómo me gusta que me llames así —gruñe.
Alzo la mano a toda prisa hasta mi polla, que ya ha comenzado a ablandarse, y me la acaricio junto con los testículos. Ambas partes están tan sensibles que me estremezco al rozarlas.
—Voy a vaciarme por completo en ese agujero tan jugoso que tienes. —La voz se le quiebra y sus embestidas se vuelven frenéticas.
—Dámelo todo…, por favor .
No me puedo creer que esté rogándole que se corra dentro mi culo… Es una puta locura, pero lo necesito. Me es imposible ocultarlo, y menos ahora mismo, cuando tengo su polla palpitando dentro.
—Estrújamela —masculla—. Sácame… hasta la última gota. Joder, cari, voy a rellenarte…
—Relléname.
—Todo para ti.
—Sí, todo mío.
—Kyran…
— Avi.
Me está inundando. Siento su corrida fluyendo dentro de mí a medida que se impulsa hasta el fondo con embestidas ligeras.
Jadeamos y gemimos lo más bajo que podemos, dejando que nuestras respiraciones entrecortadas llenen la habitación y el agua de la ducha resbale por nuestros cuerpos mientras se corre dentro mi culo y yo contraigo los músculos para agarrarle el miembro con fuerza.
—Joder, cari… —dice suspirando, recorriéndome el cuerpo con las manos y acariciándome la piel húmeda con suavidad conforme va recuperándose del subidón del orgasmo—. Eres una puta superestrella.
Una risita brota de mi garganta cuando tira de mí hacia arriba. Al enderezarme de nuevo, traza las curvas de los músculos de mi torso con los dedos y me desliza los labios por los hombros.
—Una superestrella del sexo anal… —respondo con la voz ronca, apoyándome en él—. ¿Quién lo iba a decir?
—Pero conmigo…, ¿verdad? —susurra con un extraño deje de vulnerabilidad.
Trago saliva y asiento.
—Solo contigo.
Y es la verdad, porque, aunque lo nuestro esté en el aire, si algo puedo afirmar con total seguridad es que no quiero hacerlo con nadie más. La situación ya es bastante confusa de por sí…, pero, por alguna razón que no logro comprender, todo parece mucho menos aterrador cuando estoy con Avi.
«A lo mejor se me ha pegado un poco de esa confianza que destila…».
—Ky… —murmura contra mi piel, rozándome el lóbulo de la oreja con la lengua—, intenta retenerlo dentro mientras la saco… Quiero probar una cosa.
Su voz refleja una fascinación hambrienta, una especie de curiosidad desesperada que me impulsa a obedecerlo sin pensar. Aprieto el culo conforme va deslizando la polla lentamente hacia fuera, arrancándome un largo gemido de satisfacción.
Entonces lo siento agacharse. Las mejillas me arden cuando echo un vistazo por encima del hombro y me lo encuentro separándome las nalgas para introducir los labios en medio.
—Cari… Uf, joder, cari, échamelo todo en la boca —tartamudea con la voz ahogada, como si se hubiera abandonado a la obscenidad de sus actos.
Me lame y me chupa el ano mientras relajo los músculos poco a poco y libero con cuidado su semen, que aterriza directo en su boca ansiosa.
—Hostia puta… —gruño, sintiendo cómo devora su corrida con avidez—. Esto es…
—Sexy —termina de decir por mí, besándome el agujero una y otra vez.
— Muy sexy —respondo con un ronroneo.
Se levanta, se limpia la boca con el dorso de la mano y me mira con los párpados caídos. Me doy la vuelta, le agarro la mandíbula y lo beso como si no hubiera un mañana, sin importarme una mierda todo lo demás.
Esto que estamos haciendo es tremendamente obsceno y depravado… Y ni siquiera es por los fans, sino por nosotros, porque queremos. Y, como todo lo que pasa entre él y yo, parece ocurrir de forma natural.
Quizá la razón por la que he estado resistiéndome tanto es que sabía que esto era inevitable… La química del odio nunca ha sido tan fuerte como para imponerse sobre la voracidad del deseo.