Por los fans Capítulo veinte #3
57%

Capítulo veinte #3

—Nah. Da igual, no estaba durmiendo.

Asiento, sin dejar de cambiar el peso de pierna. Me quedo allí en mitad del cuarto, sin saber qué hacer.

Él sonríe al verme.

—Kyran…, ven aquí. —Le da unas palmaditas a la cama—. Hazme compañía.

Me acerco a él, obligándome a fruncir el ceño para ocultar la sonrisa de entusiasmo que se me ha dibujado en la cara.

—Vale. Si insistes…

Avi pone los ojos en blanco y suelta un resoplido.

—Mira que eres cabezota…

Me dejo caer junto a él con un suspiro y se aparta para hacerme sitio, pero no mucho. Me tumbo de espaldas mientras él permanece de lado, girado hacia mí. Sé que me está observando, así que le dirijo una mirada furtiva.

—¿Va todo bien? —pregunta, arrugando la frente en un evidente gesto de preocupación.

Me resulta abrumadora la facilidad con la que percibe mi malestar. La idea de que lo sepa, o de que averigüe por qué estoy así, me incita a reprimir cada ápice de emoción para mantener la fachada intacta.

—Sí, es que… —empiezo a decir con la mayor calma posible— he tenido una pesadilla. No pasa nada.

Avi no parece satisfecho con mi respuesta y se acurruca más conmigo.

—Bueno, ¿y a qué ha venido lo de tu padre?

Me tenso de repente.

—¿A qué te refieres?

—Pues a que tenéis una relación de mierda desde que os conozco… Y siempre me he preguntado cuál es el motivo.

—Nada en concreto —murmuro, aferrándome a esa mentira con uñas y dientes—. Es un gilipollas y ya está. No le importo lo más mínimo…

«Lo dejó bien claro cuando tenía doce años y escogió una imagen por encima de su propio hijo».

—¿Por qué? —inquiere Avi—. Eres el hijo perfecto.

—Me río por la nariz, pero sigue—: No, lo digo en serio.

Eres inteligente de cojones, un hacha con los estudios…

y una puta estrella del fútbol americano universitario que se está labrando su camino a la NFL. ¿Qué razones puede tener para quejarse?

La habitación se sume en un silencio denso durante unos largos segundos, hasta que por fin me decido a romperlo.

—Porque yo fui quien destrozó nuestra familia…

—¿Cómo? —Me clava una mirada llena de desconcierto—. No lo entiendo…

—Avi, no me apetece hablar de eso. —Suspiro, cansado—. Tú solo da gracias por tener una madre que te quiere incondicionalmente…, hagas lo que hagas.

Se queda callado un momento y siento un retortijón en el estómago. Pero entonces me hunde los dedos en el pelo y los desliza entre los mechones con delicadeza. Cierro los ojos y exhalo una bocanada de aire, abandonándome a la satisfacción y al vértigo que me producen sus caricias.

—¿Y tu hermana? —pregunta casi en un susurro—. ¿Qué pasó con ella?

Trago saliva.

—Bridget se fue porque no lo soportaba más…

—¿El qué?

—Lidiar con ellos. Con mi padre, mi madre y la…

descarada indiferencia que sentían hacia nosotros.

—Me pongo de lado para mirarlo de frente a los ojos—.

Éramos la típica familia podrida de dinero y con un montón de amigos que acudía sonriente cada domingo a misa para darle las gracias a Dios por bendecirnos…

, pero todo era una fachada. Y no se puede vivir en una mentira para siempre…

—Parpadeo y, acto seguido, añado en un murmullo—: O al menos eso creo.

Percibo un destello de curiosidad en sus ojos. Sé que quiere que le cuente más, pero, por suerte, no insiste.

—¿Estás enfadado con ella por haberse ido? ¿Porque tú también querías marcharte…?

Me muerdo el interior de la mejilla.

—Solo la echo de menos. No la culpo por irse. Me habría gustado que se quedara, pero la entiendo.

Me desliza los dedos por el hombro hasta llegar al brazo.

—Si lo que querías era huir de este sitio…, ¿por qué no escogiste una universidad que estuviera más lejos?

Suspiro lentamente.

—Puede que parezca una chorrada, pero me encanta Boston. Este sitio es mi hogar… Y no quería que los malos recuerdos me lo arrebataran. —Me quedo pensativo un instante—. Una parte de mí se arrepiente… O, bueno, se arrepentía. Antes…

Bajo los ojos hasta su pecho, que parece haberse acelerado por la confesión implícita en mis palabras.

—¿Eso significa que ya no me odias tanto? —Curva los labios ligeramente hacia arriba y yo tengo que fruncir los míos para reprimir una sonrisa.

—Supongo que estamos limando nuestras asperezas. —Al final, no logro contenerla más y consigue abrirse paso, arrancándole a él una risita.

—¿Te acuerdas de cuando cumplí los dieciocho? —Me lanza una sonrisa ladeada, pasándome los dedos por la mano—. Te pusiste hecho una furia al enterarte de que iba a ir a la Boston College contigo.

Me río por lo bajo.

—Lo que yo recuerdo es que te di una buena somanta de palos…

Suelta un grito ahogado de indignación.

—¡Qué más quisieras! Fui yo el que te machacó a ti.

—Sigue soñando —replico, empujándolo con suavidad.

Pero dejo la mano descansando sobre su pecho.

Y entonces la bajo poco a poco hasta su cintura. La diversión desaparece y nos quedamos mirándonos fijamente, con la respiración entrecortada, mientras el calor que emanamos se apodera de los escasos centímetros que nos separan.

—¿Por qué no me cuentas algo sobre ti? —susurro—. Algo que no sepa…

Se encoge de hombros.

—No hay mucho que contar, la verdad. Siempre hemos estado mi madre y yo solos. Mi padre murió cuando yo tenía seis años y fue bastante duro… —Traga saliva—. Pero pasó hace mucho tiempo.

—¿No tienes más familia?

Niega con la cabeza.

—Nadie con quien mantengamos el contacto. Tengo una tía en Brooklyn, la hermana de mi padre. El resto vive en España. Y la familia de mi madre la repudió porque no encajaba con ellos. No estaba de acuerdo con muchos de sus ideales…

—¿Te refieres a la religión?

Asiente.

—Nunca le ha interesado mucho, y lo entiendo perfectamente. Es un poco absurdo regir toda tu vida con base en unas normas solo por la fe. —Se ríe por lo bajo y luego me mira—. Qué voy a contarte a ti. Te educaron en la religión católica, que es casi la misma mierda.

«No hace falta que lo jures…».

Asiento con la cabeza.

—Es una gilipollez.

—Totalmente —conviene—. «Temed al Todopoderoso o sufriréis la furia de su castigo» —resopla—.

Y lo más ridículo es que todas esas religiones llevan siglos peleándose por ver cuál es más digna del amor de su Señor, cuando, a lo largo de la historia, Él ha mostrado la misma indiferencia hacia todas.

Entorno los ojos, porque no le falta razón.

«El tío es más listo de lo que aparenta, sin duda».

—Es que me parece una soberana estupidez matarnos los unos a los otros cuando todos adoramos al mismo imbécil que pasa de nuestro de culo. —Suspira—. En fin, basta de despotriques ateístas.

Suelto una risita y me acerco un poco más a él, porque me gusta lo que está diciendo.

—Uno de los hermanos de mi madre también se fue —continúa—.

Estuvieron viviendo juntos en el Líbano un tiempo antes de que ella decidiera venir aquí.

Él sigue allí. Fuimos a visitarlo una vez cuando yo tenía doce años.

—Se ríe ligeramente, como si se hubiera acordado de algo—.

Es bastante majo. Pero la comunidad de Brooklyn se enfadó aún más con mi madre cuando se casó con un español.

Se echa a reír otra vez, sacándome una sonrisa

—Tu madre es una tía dura, ¿eh?

—Pues sí —coincide con voz alegre—. Le importa una mierda lo que piensen de ella.

—Vaya, a quién me recuerda… —respondo en un tono burlón que provoca que se muerda el labio—. Nunca entenderé cómo ha podido acabar con mi padre… Él es todo lo contrario. Lo único que le importa es lo que piensen los demás. Es agotador, roza lo enfermizo.

Avi se encoge de hombros.

—No lo sé… —Me roza los dedos—. Quizá los polos opuestos se atraigan a veces. Puede que una persona distinta a ti te complemente de alguna forma… y te haga ser mejor.

Me inclino hacia él sin poder evitarlo, acortando aún más la distancia entre nosotros, apoyándome en él y esas palabras tan profundas que significan tanto para mí en este instante.

La animadversión que me despertaba, la rabia, la irritación y ese odio que ni siquiera creo que llegase a sentir de verdad en ningún momento se han desvanecido por completo.

Lo único que me ha quedado es el deseo irrefrenable de acercarme aún más, si cabe…

, de saber más de él y escucharlo con total atención.

Tal y como debería haber hecho desde el principio.

—Avi… —Entrelazo mis dedos con los suyos con cierta timidez. Luego, deslizo la pierna por encima de la suya—. Necesito preguntarte algo…

—Dime —susurra.

—¿Fue de verdad un desliz… —digo, aproximando la boca lentamente a sus labios— que me tocaras la mano antes?

Levanta mi mano entrelazada con la suya y se las lleva al pecho.

—Nunca es un desliz cuando se trata de ti, Kyran. —Cierro los ojos y apoyo la frente en la suya—. ¿Y lo tuyo? ¿Fue un desliz que me llamaras « cari» …?

Niego con la cabeza.

—No hay deslices contigo.

Un leve gemido brota de su pecho y lo atrapo con los labios.

Ya no sé ni qué estoy haciendo. No entiendo nada de esto, de lo nuestro… No tengo ni idea de qué es real y qué no.

Lo único que sé es que estoy besándolo porque quiero, porque me gusta hacerlo. Y me importa una mierda el dinero o el hecho de que no estemos grabándolo… Me da igual que sea mi hermanastro y que seamos tan distintos. Esto no es por los fans.

Aunque no me había dado cuenta hasta este mismo instante, tenemos algo muy importante en común: ambos estamos tratando de descubrir de­sesperadamente quiénes somos.

Hemos estado dando vueltas en círculos hasta que, de algún modo, por fin hemos acabado encontrándonos el uno al otro.

Me coloco encima de él y me entrego por completo al momento, perdiéndome en su boca mientras nos retorcemos y frotamos nuestros cuerpos.

Esta vez, le arranco yo la ropa a él con mis propias manos y luego me deshago de la mía.

Después de dejar que él llevara la iniciativa en tantas ocasiones, ahora mismo soy yo quien ha tomado las riendas.