Por los fans Capítulo veinte
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Capítulo veinte

VersátilSensible : Es mejor ser un pecador empedernido que un santo de pega Putón_dominante_del_alba : @NoSoyTuCari avísame si necesitas un felpudo nuevo. Te prometo que no vas a pisar nada igual de cómodo que yo Encul_hadito : Cuando alguien me pregunte por qué soy queer pienso mandarle este vídeo

Kyran

C uando salgo del baño después de ducharme —sin mojarme el pelo, claro, porque no quiero que parezca que me he duchado y arriesgarme a tener que dar explicaciones de por qué lo he hecho—, no encuentro a Avi por ningún lado.

Me imagino que estará con su madre. Bajo las escaleras lentamente, disimulando la incomodidad que me despierta esta situación lo mejor que puedo, y se confirman mis sospechas.

Hannah y Avi se encuentran en la cocina, revisando los recipientes de comida china y sacando platos y cubiertos.

No sé dónde se habrá metido mi padre, pero apuesto lo que sea a que está bebiendo whisky en algún lugar de la casa, intentando con todas sus fuerzas no encarnar al pie de la letra el papel de Ebenezer Scrooge.

Doblo tranquilamente la esquina que lleva hasta la cocina y me quedo junto al marco de la puerta hasta que Hannah alza la vista y sonríe.

Desvío los ojos hacia Avi un segundo y él también levanta la cabeza para mirarme con una ligera sonrisa, pero no tarda en fruncir los labios y volver a centrarse en preparar la comida.

—No sabéis lo feliz que estoy de ver que os lleváis bien. —La voz de Hannah consigue sacarme de mi nube de autodesprecio lo justo para prestarles atención a sus palabras—. Siempre he tenido la esperanza de que empezarais a comportaros como hermanos en algún momento.

Avi deja caer un tenedor, que se estampa contra el suelo con un estruendo metálico.

—Perdón… —murmura con un tono nervioso que a Hannah parece pasarle desapercibido.

Me acerco enseguida para ayudar, pero Avi se me ha adelantado y ya está recogiendo el cubierto cuando me agacho. Nuestras miradas se cruzan y percibo aún más incertidumbre en sus iris azul grisáceo, lo cual me inquieta un poco.

Normalmente soy yo el que da la impresión de tener dos pies izquierdos cada vez que se menciona nuestra aventura secreta, no él.

—Tranquilo, hermanito… —le susurro antes de incorporarnos, y él asiente con ímpetu. A continuación, me dirijo a Hannah en un intento de aparentar normalidad—: Sí. Ha estado bien contar con Avi en el equipo.

Él enarca una ceja, a lo que respondo encogiéndome de hombros con sutileza.

—Me hace sentir muy orgullosa que te esfuerces tanto en ese trabajo, Aviel —dice Hannah, frotándole la espalda a su hijo. Luego me mira a mí—. ¿Cómo te las has estado apañando económicamente, Ky? ¿Va todo bien? Porque estos últimos meses he estado trabajando más, así que si necesitas dinero…

—No te preocupes. —Niego con la cabeza, dedicándole una sonrisa de agradecimiento por haberse ofrecido a compartir lo poco que tiene conmigo—. No hace falta, pero muchas gracias.

Eleva las comisuras de los labios, visiblemente contenta.

—No me puedo creer que hayas encontrado la forma de compaginar el trabajo con la universidad y los partidos. ¡Eres como Superman! —Suelta una risita y yo esbozo una sonrisa incómoda mientras me rasco la nuca.

«Por favor, que no me pregunte de dónde he sacado el dinero… No se me ocurre ningún trabajo de mentira que dé el pego ahora mismo».

—No es Superman, es Mr. Freeze —dice Avi con cara de suficiencia, y lo miro con los ojos entrecerrados.

—Sí, bueno… Al final, el entrenador me ayudó a conseguir que la beca me cubriera todos los gastos —miento, jugueteando con las cosas que hay sobre la encimera—. Así que, en realidad, solo necesito dinero para comida y poco más.

Hannah asiente.

—Entonces, ¿te has apañado… bien?

Me he quedado en blanco. Estoy intentando encontrar una excusa lógica que no despierte sospechas, pero no tengo ni idea de qué contestar.

—Es que también lo he ayudado a vender por internet unos cuantos artículos de colección —interviene Avi.

Cuando me giro boquiabierto hacia él, me lanza una mirada que dice claramente que me limite a seguirle el rollo—.

Tenía un montón de recuerdos deportivos de hace la tira de tiempo que valían un pastizal.

—Oh… —murmura Hannah, curvando las comisuras un poco hacia abajo—. Lamento mucho que hayas tenido que recurrir a eso…

Le hago un gesto con la mano para restarle importancia.

—No pasa nada. No… los necesitaba.

«Esto está siendo rarísimo. ¿Podemos cambiar de tema, por favor?».

—Bueno, me muero de hambre. —Avi da una palmada—. Basta de hablar de dinero, vamos a comer ya.

—Buena idea, cielo —coincide Hannah, frotándole el brazo.

Avi coge los platos y posa sus ojos en los míos un segundo antes de encaminarse hacia el comedor. Me aparto para dejarle paso, como si temiera que, al tenerlo cerca, resultase demasiado obvio que hemos estado follando. Hannah me echa un vistazo con la cabeza ladeada.

—Ya llevo yo el resto de la comida… —digo, forzando una sonrisa, y me apresuro a coger los recipientes.

Estamos colocándolo todo en la mesa cuando Hannah grita:

—¡Tom! La cena.

Me siento en mi sitio de siempre, preparándome para lo peor. Las cenas forzadas con mi padre me parecen odiosas de por sí, pero si a eso le sumamos la tensión que se respira entre Avi y yo, obtenemos como resultado una auténtica bomba de relojería.

Mi padre entra en el comedor con cara de pocos amigos y un vaso en la mano, tal y como esperaba, así que centro toda mi atención en servirme un poco de pollo a la naranja en el plato.

Cuando alzo la vista, Avi me está mirando.

Ladeo la cabeza, confundido, y se tira del cuello de su camiseta, deslizando los ojos hacia el mío.

Al bajar la cabeza, me doy cuenta de que el cuello de pico de mi jersey deja al descubierto el comienzo de una marca violácea que me adorna el esternón. Uno de los tantos chupetones que me ha hecho Avi.

Me ajusto el jersey a toda prisa para taparlo, aprieto la mandíbula y le lanzo una mirada asesina desde el otro lado de la mesa.

Se muerde el labio para contener una sonrisita y, acto seguido, clava la vista en el plato, como si se estuviera acordando de algo.

Me encantaría saber qué se le está pasando por la mente en este instante.

Una vez que mi padre se sirve, comenzamos todos a comer mientras charlamos de temas normales y corrientes, lo cual es un alivio.

Avi le pregunta a Hannah cómo le va en el trabajo y ella se pasa un rato hablándonos de eso, hasta que la conversación deriva hacia el fútbol.

A diferencia de Hannah, a mi padre no parece importarle ni lo más mínimo cómo estamos gestionando Avi y yo la falta de dinero.

Lo único que le interesa son mis estadísticas y cómo me siento de cara al próximo partido contra Ohio State.

Pero no pasa nada. Estoy acostumbrado a hablar de fútbol con él.

De hecho, es el único tema de conversación del que puedo charlar con mi padre sin que me entren ganas de masticar cristales rotos, así que no me importa repasar exhaustivamente cada jugada con tal de evitar que nos desviemos hacia otros asuntos menos triviales.

Por desgracia, ese ratito de paz dura poco, porque, justo cuando estamos acabando de cenar, pregunta:

—¿Vas a ir a visitar a tu madre mañana?

Los músculos se me tensan de repente y la sangre me hierve solo de pensarlo.

—Bueno, teniendo en cuenta que ni siquiera se ha molestado en llamarme en aproximadamente un año, la verdad es que no.

—Es tu madre, Kyran —responde con firmeza, como si no lo supiera—. Deberías por lo menos pasarte a saludarla.

—Tampoco es que le importe mucho… —añado, jugueteando con los fideos de mi plato—. Ahora tiene una nueva familia de la que preocuparse… Y otro hijo para reemplazar a ese del que prefiere olvidarse.

—Kyran —brama mi padre—, ya basta. Sabes que eso no es verdad. Déjate de teatrillos.

«¿Teatrillos?».

Un recuerdo intenta abrirse paso en mi mente, pero parpadeo con fuerza para impedírselo.

—¿Qué más te da? —resoplo—. A ti también te abandonó.

Me atraviesa con una de esas miradas autoritarias que solían hacer que me enderezara en la silla de inmediato, desesperado por mostrarle esa versión dócil de mí que él quería ver. Sin embargo, por primera vez en mi vida, creo que ha dejado de importarme lo que piense de mí.

—Eso no viene al caso —murmura—. Es parte de tu familia y las fiestas son para estar con la familia.

—Ah, ¿sí? —Me giro en la silla para encararlo—. Entonces, ¿has invitado a Bridget a pasar las fiestas con nosotros? Como estar con la familia es tan importante…

—¿Qué mosca te ha picado? —sisea entre dientes con los ojos vidriosos.

—Contesta a la pregunta, papá —digo, manteniéndome firme.

Dirige la mirada a Hannah y a Avi, que se limitan a observarnos con nerviosismo.

—Tu hermana no quiere tener nada que ver con esta familia. Nos lo ha dejado bien claro.

—En realidad, si no me falla la memoria, no quiere tener nada que ver contigo —escupo, apretando la mandíbula.

Deja caer el tenedor con brusquedad sobre el plato.

—Kyran, te estás comportando como un crío.

—Lo que tú digas… —Pongo los ojos en blanco.

—Hoy voy a ir a la misa de medianoche de Saint Joseph y creo que deberías acompañarme.

Esas palabras son la gota que colma el vaso.

Me aferro al borde de la mesa, sintiendo cómo se me tensa todo el cuerpo de la rabia.

—¿Estás de puta coña? —Le lanzo una mirada llena de furia.

—Cuidado con esa boca en la mesa —me reprende—. Te vendría bien… para recuperar un poco de la fe que se ve que has perdido.

—Se acabó —gruño, en pleno ataque de ira. Arrastro la silla hacia atrás y me levanto de golpe—. Que os follen a ti y a tu fe —suelto, y me doy la vuelta, porque necesito salir de esta puta habitación antes de que me puedan los instintos homicidas y salte por encima de la mesa para estrangularlo.

—Kyran, espera —suplica Hannah, atravesando a mi padre con una mirada cargada de reproche.