Capítulo diecinueve #5
—Lo sé… —susurro contra su boca, y se me escapa un gemidito cuando noto sus dedos rozándome los pezones—. Pero, por favor…, ciérrala. Hazlo por mí.
Avi se despega de mis labios, respirando con fuerza, como si intentara volver en sí mismo, y asiente.
Se aparta de mí, va tambaleándose hasta la puerta y la cierra con pestillo.
Luego se gira para encararme, se muerde el labio y me clava en el sitio con una mirada que provoca que me palpiten los huevos y la sangre se me vaya directa a la polla a una velocidad que me deja mareado.
Se acerca con paso confiado, se quita la camiseta y la arroja al suelo.
Acto seguido, se arrodilla sobre la cama y gatea por ella hasta volver a ponerse encima de mí, como si ese siempre hubiera sido su sitio.
Nuestros cuerpos parecen atraerse como imanes y la idea me excita y me pone nervioso a partes iguales.
«¿Por qué me hace sentir tan bien…? ¿Y por qué me resulta tan natural como respirar?».
Me da un par de besos lentos en los labios mientras me agarra el borde de la camiseta y la va subiendo con cuidado hasta dejar expuesto mi torso.
—Levanta los brazos —me ordena con suavidad, y yo obedezco para que me la quite.
—¿Crees que se darán cuenta…? —murmuro al tiempo que desciende por mi cuello con los labios y me recorre el pecho a besos—. Los dos nos hemos encerrado aquí arriba en lugar de pasar tiempo con ellos.
—No creo que esperen que te apetezca socializar —responde, deteniéndose en una de las marcas violáceas que me dejó la otra noche.
—¿Qué quieres decir con eso? —Lo miro con los ojos entrecerrados—. Ah, y gracias otra vez por los chupetones. Tuve que decir que eran de Lexi. —Avi se ríe por lo bajo y procede a seguir dándome mordisquitos y succionándome la piel hasta que lo agarro del pelo—. No me hagas más…
—Mmm…, pero es que te quedan tan bien… —Me pasa la lengua por el pezón mientras se afana en desabrocharme los pantalones.
El hecho de sentir sus labios sobre mí es tan increíble que ni siquiera puedo fingir que me molesta haber tenido que soportar la incomodidad de presentarme ante el equipo cubierto de chupetones.
—Si supieran que estas marquitas tan sensuales son de tu hermanastro… —La calidez de su aliento me acaricia la piel conforme habla, provocando que me estremezca—. ¿Qué dirían nuestros padres… si nos encontraran así?
Me baja los pantalones y los calzoncillos lo justo para dejar al descubierto la mitad de mi miembro.
Respiro con fuerza, ardiendo por la intensidad de sus palabras, porque tiene razón…
Lo que estamos haciendo es algo prohibido.
No debería permitirle jugar con mi cuerpo de esta forma mientras nuestros padres están abajo, pero no puedo evitar que se me empape la polla solo de pensarlo.
Avi se baja los pantalones y le da unas cuantas sacudidas a su polla mientras me termina de bajar los míos. Coge su móvil del bolsillo, entra en la aplicación de la cámara y me lo extiende.
—Captura este momento, precioso —me pide con voz ronca, rozándome los huevos con los labios y besándolos antes de pasarme la lengua a lo largo de la polla.
—Ay, Dios… Joder, sí… —Echo la cabeza hacia atrás y alzo las caderas hacia su boca hambrienta mientras me la chupa y hace eso que tanto me gusta de empujarme la piel que me rodea la punta con la lengua.
Entonces vuelvo a ser consciente del móvil que sostengo en la mano y echo un vistazo a la pantalla para asegurarme de captar el ángulo perfecto de su melena oscura meciéndose contra mi miembro.
Hundo los dedos entre los mechones de su pelo, se los agarro con el puño y tiro con delicadeza al mismo tiempo que grabo cómo me envuelve la polla con sus labios rosados y los desliza lentamente desde la punta hasta la base, una y otra vez.
—Me la chupas mejor que nadie… —susurro, y el gemido que emite en respuesta provoca que me vibre el pene dentro de su boca húmeda—. No deberíamos estar haciendo esto… ¿Verdad?
Niega con la cabeza y se lo saca con un sonoro chasquido, dejando que su saliva me resbale por la piel.
—Si supieran las cosas que te estoy haciendo aquí arriba…
— Joder… —Echo la cabeza hacia atrás de nuevo al notar cómo desciende a besos por mi pelvis, me chupa los huevos con fuerza y me muerde la parte interna de los muslos.
—Te encanta, ¿a que sí? —Su voz grave y ronca me llena los oídos mientras me agarra los muslos y me obliga a separar las piernas para meter la cara entre ellas—. Guardar este pequeño y oscuro secreto… Que tu hermanastro mancille tu honra con nuestros padres en casa…
La cabeza se me mueve sola en un gesto de asentimiento, porque la respuesta es, sin duda, afirmativa. A pesar de lo que implica, no puedo negar que me encanta. Me es imposible luchar contra un placer tan embriagador, que logra imponerse sobre la ansiedad que suele consumirme.
Pasa la lengua por el espacio que me separa los testículos y la cuela de forma juguetona entre mis nalgas, provocando que me estremezca.
Pero entonces se detiene de golpe y, cuando abro los ojos, me lo encuentro mirándome con la frente arrugada.
—¿Te has rasurado?
El calor me sube por las mejillas y asiento, mordiéndome el labio.
Las pestañas le tiemblan un instante.
—Joder, qué sexy, cari… ¿Estabas pensando en lo mucho que te gustaría sentir mi boca ahí abajo…?
Asiento con rapidez.
—Sí —respondo, tragando saliva.
Se incorpora con un gruñido y me quita el móvil de las manos.
—Inclínate sobre el borde de la cama.
—¿Q-qué? —Jadeo, parpadeando aturdido.
—Quiero comerte hasta que te corras —susurra, poniéndose de rodillas en el suelo—. Así.
—¿De verdad puedes… hacer eso? —El corazón me martillea cada vez con más intensidad a medida que me doy la vuelta, pongo los pies en el suelo y apoyo el torso sobre la cama.
—Nunca lo he intentado… —Me recorre la parte trasera de los muslos con las manos y me agarra el culo con firmeza, arrancándome un gemido—. ¿Quieres correrte mientras te meto la lengua en el culo, Kyran?
De la punta me brotan unas cuantas gotas que caen sobre la cama.
—Sí… Suena… bien.
Suelta una risita seductora y me separa las piernas de par en par mientras ronroneo ante la sensación de estar expuesto y a merced de su mente sucia.
—Yo que tú agarraría esa almohada. —Su aliento cálido me hace cosquillas en la piel—. Puede que necesites ahogar tus gritos…
Me resulta desconcertante lo mucho que lo deseo ahora mismo. Jamás pensé que podría excitarme tanto el hecho de estar inclinado sobre una cama con Avi a mi espalda, mirándome fijamente el culo, pero ni siquiera soy capaz de fingir que no me siento desbordadísimo por la expectación que me genera.
Me recorre la parte trasera de los muslos con los labios y sube hasta las nalgas, donde me da besos, acercándose cada vez más a mi culo con la intención de encenderme y que, cuando por fin me hunda la lengua, ya esté deshaciéndome en gemidos contra su boca.
—Shh… Silencio, cari —susurra, pasándome la lengua por el agujero.
Dios, me encanta la sensación. No me puedo creer que me haya estado perdiendo algo tan intenso y placentero. Si hubiera sabido que esto era lo que se sentía, habría dejado que me comieran el culo mucho antes.
Aunque, en realidad, me alegro de que haya sido Avi quien me lo ha descubierto…
, porque se le da increíblemente bien. Dice que nunca lo ha hecho, pero, a juzgar por cómo usa toda la superficie de la lengua para lamerme como si fuera un cono de helado, debe de gustarle bastante.
Noto cómo vibran en mi interior los gruñidos que suelta al chuparme el ano y colmarlo de besos mientras entierro la cara en la cama.
—Madre mía, qué bien… —murmuro contra el edredón, retorciendo las caderas contra su boca—. J-joder, sí… Métemela.
—¿Así? —Me introduce la lengua y la empuja todo lo que puede hasta el fondo.
—Ohh… Oh, sí. Justo… así —digo jadeando, incapaz de controlar el volumen de mi voz al sentir cómo mueve en círculos dentro de mí ese músculo resbaladizo y apoya los labios en la piel sensible del exterior.
—Kyran… —dice, apretujándome las nalgas—, como no te calles, van a oírte nuestros padres.
— Jodeer —gimoteo, con la polla palpitándome ante la realidad de sus palabras.
«Esto está mal…, pero es tremendamente obsceno, erótico y excitante».
Agarro la almohada y hundo la cara en ella para sofocar mis quejidos de placer.
—¿Quieres que suban y nos pillen…? —pregunta en un tono ronco a la vez que continúa dándome fuertes lametones y metiendo y sacando la lengua—. ¿Quieres que se enteren de lo mucho que te gusta que tu hermanastro te coma este agujero tan apretadito y sexy que tienes?
— Avi… Joder, sí. Cómemelo… —ruego entre gemidos, mordiendo la almohada mientras me desliza la lengua en el culo con la misma voracidad que cuando me besa la boca.
Nos hemos convertido en un caos húmedo. Noto cómo su saliva se me escurre por los testículos, y tengo la polla tan dura que no puedo evitar clavarla en la cama mientras balanceo las caderas, restregándome contra su boca como un poseso en busca de más.
—Sabes de maravilla, cari —susurra, devorándome sin control con la lengua, como si estuviera hambriento de mí—. Estás tan caliente, húmedo y delicioso…
«Joder… Joder, joder, joder. Hostia puta… Creo que voy a correrme…».
Me froto la polla con el colchón desesperadamente, empujándome hacia atrás contra su boca. Siento el brazo de Avi golpeándome la pierna mientras se masturba con violencia y me chupa el culo hasta que pongo los ojos en blanco de placer.
—Eso es, cari… —gruñe—. Fóllame la lengua. Demuéstrame cuánto lo deseas…
—Lo deseo… —gimo con voz grave contra la almohada, mordiéndola para no gritar. Hundo los dedos en el colchón y sigo balanceándome sobre su lengua, con la polla dolorida y lista para estallar—. Quiero correrme, Avi… Dios, haz que me corra…
—Voy a hacer que te corras con todas tus fuerzas, como la putita que eres —ruge—. Córrete para mí, Kyran. Córrete con mi boca…