Por los fans Capítulo diecinueve #2
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Capítulo diecinueve #2

Ladea la cara mientras mordisquea el puñetero Twizzler.

—¿Por qué estás tan tenso?

—No estoy tenso… —miento, sintiéndome como un gilipollas al decirlo, porque se nota a la legua que el puto estrés en el que se ha convertido mi vida me está consumiendo.

—¿Quieres que te ayude a relajarte…? —Ensancha la sonrisa.

El estómago me da un vuelco y me obligo a aparentar indiferencia ante su propuesta para que no se dé cuenta de que, en realidad, me tienta la idea de decirle que sí, aunque sea solo un poquito.

—Estoy bien —resoplo.

Avanza lentamente hacia mí, acortando la distancia que nos separa, hasta que me alcanza el calor que irradia su piel desnuda.

—Ya sabes que se me da de maravilla… —Estira la mano, engancha un dedo en una de las trabillas de mis vaqueros y me acerca a él de un tirón.

Las mejillas se me empiezan a sonrojar al instante, pero me esfuerzo por mantener la compostura y lo aparto con un ligero empujón.

—Avi, deja de empeñarte en hincharme las pelotas. Vamos a limitarnos a… hablar de negocios.

—Pero es que en eso consiste una gran parte de nuestros negocios —replica con una sonrisita radiante, y pongo los ojos en blanco.

Al verme, decide parar de hacer el tonto un momento y suelta un suspiro—: Vale, vale.

Joder, para llevar una buena racha de orgasmos de esos que te hacen encoger los dedos de los pies, sigues más tieso que un palo.

Se aleja de mí, camina a paso tranquilo hasta el sofá y se desploma sobre él, mientras que yo me quedo ahí plantado, moviéndome nervioso e intentando con todas mis fuerzas no pensar en cómo podría ayudarme a liberar un poco de esa tensión.

Me aclaro la garganta, apuro el vaso y me siento junto a él en el sofá. Tiene el portátil delante y, al fijarme en la pantalla, veo que hay dos ventanas abiertas, una al lado de la otra: su OnlyFans y su Twitter.

Se mete en la configuración de su perfil de OnlyFans y me echa un vistazo de reojo.

—Entonces…, ¿te parece bien lo de la cuenta conjunta?

Asiento.

—Haz lo que creas que es mejor.

—No voy a cambiarlo todo, solo la descripción, para que quede claro que nos dedicamos sobre todo a subir vídeos de los dos… juntos. —Me lanza una mirada chispeante que me provoca una extraña calidez en el pecho.

Aparto a un lado la sensación abrumadora que me produce todo esto, carraspeo y asiento de nuevo.

—Vale…

—Porque no pienso… colaborar con nadie más —murmura, desviando los ojos hacia mí conforme escribe en el teclado—. ¿Y tú?

—Yo tampoco… —susurro—. Ni siquiera me apetece hacerlo contigo… ¿Recuerdas?

Las palabras me abrasan la lengua como si fueran ácido.

Avi parpadea un segundo.

—Claro. Cómo iba a olvidarlo… —responde con voz ronca.

—No… no quería que sonara así.

Intento retractarme, pero me dedica una sonrisa un pelín forzada para quitarle importancia al asunto.

—No te preocupes. Sé lo que has querido decir.

Alzo una ceja.

—Ah, ¿sí?

Se encoge de hombros, confundiéndome aún más.

«¿De qué cojones va todo esto? No tiene ningún sentido…».

Cuando estamos a solas por la noche, jugueteando ante la cámara para los fans, parece que somos personas totalmente distintas, y me gusta la forma en la que se desenvuelven dichas personas, pero luego siento que no debería disfrutar de ello y eso me deja hecho un puto lío por dentro.

—Mira. —Su voz interrumpe mis pensamientos—. Vamos a publicar algo para los fans. Para que se emocionen con la… fusión.

—Vale… —Observo, perplejo, cómo vuelve a centrarse en el portátil y comienza a escribir en el perfil—. ¿El qué?

Avi coge el móvil de la mesa, abre la cámara frontal y nos enfoca a ambos.

No me da tiempo a procesar lo que está ocurriendo, porque me agarra de la mandíbula y me acerca a sus labios.

Al principio me pilla un poco por sorpresa, como siempre que nos besamos, porque es demasiado diferente a lo que estoy acostumbrado.

En teoría, podría parecerse a la boca de una chica…, cálida y con los labios suaves y esponjosos, pero él es mucho más dominante que cualquier chica a la que haya besado; se abalanza sobre mi boca como si fuera un colonizador explorando un terreno desconocido y reclamándolo como propio.

Además, tiene la manía de morderme el labio inferior y tirar de él de un modo tierno y erótico para rozarlo con la lengua antes de deslizarla dentro de mi boca y jugar con la mía. Consigue sumergirme en una especie de trance cada vez que lo hace, como cuando sujetas a un gato por la nuca.

Lo cierto es que besa de puta madre, pero no me siento capaz de expresarlo en voz alta, así que me limito a temblar, rendido ante el hechizo de su boca, mientras me recorre el pecho con la mano y me roza el pezón con el pulgar a través de la camiseta, arrancándome un gemido.

Entonces, el inconfundible clic de una foto me devuelve de golpe a la realidad. Abro los ojos justo cuando se aparta de mí y me mira con los párpados entornados.

—¿Ves? —murmura con la voz áspera—. Los negocios… pueden ser placenteros.

«¿Qué significa eso? Estoy muy confundido ahora mismo…».

Aunque tuviera algo que decir, dudo que pudiera articular palabra, de modo que me quedo sentado en silencio mientras él contempla nuestra imagen en la pantalla.

—Jo, ha salido superbién —dice suspirando con la misma naturalidad con la que se admira una foto de un atardecer.

Frunzo los labios y le echo un vistazo al móvil, ignorando una vez más el calor que me quema las mejillas. Vernos en la pantalla besándonos me provoca el mismo cosquilleo que siento con nuestros vídeos. Parece una foto de dos desconocidos, una pareja.

Una oleada de inquietud me revuelve el estómago, mezclándose con la emoción del momento y dejándome ligeramente aturdido. Avi, en cambio, está tan tranquilo, como siempre, editando la foto en el móvil y difuminándome partes de la cara.

—¿Por qué no te desenfocas tú también la tuya? —logro decir para distraerme de mis pensamientos, moviéndome incómodo en mi sitio.

Me mira con la expresión endurecida.

—La verdad es que no lo sé…

—Venga, mójate un poco —insisto.

Frunce los labios, se queda pensativo un segundo y después se encoge de hombros.

—Supongo que… me gusta la atención. Me gusta que me adulen a mí, como persona. Total, tampoco saben quién soy en realidad. No utilizo mi nombre en redes ni nada de eso.

—Pero, si alguien de tu entorno lo viera, podría ir contándolo por ahí —murmuro, dejándome llevar de pronto por el pánico—. La gente se daría cuenta de que soy yo el que sale contigo en los vídeos…

—No va a reconocerte nadie, te lo prometo —afirma con total confianza.

—¿Y tú qué sabes? —protesto.

—Confía en mí, ¿vale? —Extiende el brazo y entrelaza sus dedos con los míos.

—Avi… —digo, pero la voz me brota con dificultad de la garganta—, ¿por qué me estás cogiendo la mano?

Curva los labios en una de sus dichosas sonrisitas arrogantes.

—¿Qué pasa…? ¿Te incomoda?

Frunzo el ceño e intento apartar mi mano de la suya, pero la agarra con más fuerza y se inclina sobre mi rostro.

—O sea que puedo follarte por el culo como si nada, pero cogernos de la manita te parece un gesto demasiado íntimo, ¿no, Kyran? —susurra.

Noto una humillación abrasadora subiéndome por el cuello y un cosquilleo intenso entre los muslos. Al percatarse de mi incomodidad, suelta una risita por lo bajo y los músculos se me tensan de la rabia.

—Deja de tocarme los cojones —siseo entre dientes, harto de que siempre consiga sacarme de quicio y ponerme cachondo al mismo tiempo. Es una puta mierda.

«Ya ha vuelto a cabrearme. Y yo que pensaba que habíamos superado esta fase…».

—Pero es que no quiero parar —murmura, cerniéndose sobre mi boca hasta que me retuerzo para alejarme de él.

Al final me suelta la mano, pero con la intención de tocarme la entrepierna y palpar mi miembro erecto, que crece a un ritmo más acelerado del que me gustaría—. Me lo paso muy bien tocándotelos.

—Quítame las manos de encima, Avi… —Un escalofrío me recorre el cuerpo ante la sensación de querer enfrentarme a él por orgullo y, al mismo tiempo, ansiar abandonarme con todas mis fuerzas al deseo ardiente que parezco incapaz de dominar cuando estoy a su lado.

Es absurdo—. No soy tu cari y no he venido aquí a grabar contenido…

«Mentiras y más mentiras».

—Los dos sabemos que eso no es verdad. —Lo noto sonreír contra mi oreja y me pasa la lengua por ella hasta que me estremezco.

Pero entonces se retira a toda prisa, dejándome recostado en el sofá con el pulso latiéndome en la entrepierna a un ritmo frenético.

«Será cabrón».

Me incorporo despacio, con la cabeza dando vueltas, mientras él coge el portátil.

—Puedo darte la contraseña del OnlyFans si quieres…

—No hace falta —refunfuño, y se encoge de hombros.

—Vale. Pero tú también tienes que poner de tu parte.

—Eso hago. Me creé la dichosa cuenta en Twitter y retuiteé algunas de tus publicaciones. ¿Qué más quieres de mí?

Me lanza una mirada de reojo.

—Que estés pendiente. Responde a los comentarios de la gente. Interactúa. Es la mejor manera de ganar suscriptores nuevos.

—Vale —concedo a regañadientes, poniendo los ojos en blanco.

Me acomodo a su lado y reviso los comentarios del último vídeo que ha compartido. Por un momento, me da la sensación de que está observándome, pero, cuando le echo un vistazo, tiene los ojos en la pantalla.

—Madre mía —gruño, deteniéndome en el comentario de un tal Salvador_Delano1002—. ¿Tú has leído esto?

Avi empieza a partirse de risa mientras miro boquiabierto y muerto de vergüenza lo que pone:

Salvador_Delano1002: El pasivo está para comérselo. Yo también le destrozaría ese culito

Continúo bajando y se me escapa un grito ahogado al dar con otro aún más obsceno que el anterior.

PapiDom6969: ¿Podemos quedar? Para rellenar al rubio por arriba y por abajo como un pavo

—Dios bendito… —murmuro—. Mira esta mierda.

Pedritoelguapo7421: Os haría a los dos una dorada