Por los fans Capítulo diecinueve
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Capítulo diecinueve

Kyran

B ueeeno, pues…

Me he pasado toda la tarde haciendo algo que jamás en la vida pensé que haría voluntariamente…

Me he hecho un enema.

Vale, antes de que me juzgues, deja que te lo explique.

Estaba en Twitter leyendo los comentarios de los fans, interactuando y demás chorradas, tal y como me había pedido Avi.

Pero luego me pudo la curiosidad y empecé a cotillear las cuentas de otros creadores de OnlyFans, solo para ver qué tipo de contenido ofrecían y de qué palo iban en las redes, por si podía…

aprender algo de ellos. Vamos, como si se tratara de una investigación de campo.

Una cosa llevó a la otra y, sin darme cuenta, me dejé arrastrar por el vórtice gay de Tumblr. Acabé leyendo varias publicaciones de chicos gais (sobre todo pasivos) que describían sus… rutinas, por decirlo de una manera más fina.

Por mucho que me cueste admitirlo, me sentí como un auténtico novato leyendo todo aquello… Así que decidí tomar nota para no avergonzarme nunca delante de Avi, porque es mi… compañero.

Mi compañero de trabajo, me refiero. Eso y nada más.

«No lo hago por él, sino por mí. Y por los fans».

Me escabullí de incógnito a la farmacia, con una gorra tan calada que apenas veía por dónde iba, y compré todo lo que necesitaba. Luego esperé a que Guty se fuera y me tiré horas enteras encerrado en el baño, acicalándome…, ya sabes, las partes bajas, y limpiándome a conciencia con un enema salino.

No fue nada agradable y no, no pienso entrar en detalles.

Solo diré que ya estoy preparado para cuando se dé el próximo encuentro sexual con mi hermanastro. Supongo que toda esta parafernalia forma parte del estilo de vida que llevo ahora. Concretamente, el de un creador de contenido porno gay.

Nunca me imaginé que acabaría haciendo este tipo de cosas, pero intento con todas mis fuerzas dejar a un lado los prejuicios y aceptar que disfruto trabajando con Avi.

No hay más que ver los vídeos. Los polvos que he echado con él han sido los mejores de mi vida…

Y, aunque todavía no tengo muy claro cómo afecta ese hecho a mi identidad sexual, creo que recibir un pastizal a cambio de experimentar unos orgasmos alucinantes es incentivo suficiente para tratar de acallar mis dudas e inseguridades lo mejor que pueda. Al menos, por ahora.

Al margen de los negocios, mi relación con Avi sigue siendo un poco rara, y no sé si alguna vez dejará de serlo.

Al fin y al cabo, es imposible vivir todas estas experiencias con alguien sin acabar cogiéndole algo de aprecio.

Él ha sabido ver una faceta de mí que nadie más conoce y, aunque quiera seguir odiándolo, porque siento que es lo que debería hacer, no puedo evitar que mi animadversión hacia él vaya desapareciendo poco a poco.

Estoy empezando a pensar que la atención de los fans no es más que un añadido…, porque parece que la que ansío de verdad es la de esa persona a la que siempre creí que odiaba.

Dicho pensamiento me resulta muy inquietante por un montón de motivos.

El principal de ellos es que se supone que deberíamos haber limitado lo nuestro a un plano estrictamente profesional.

En teoría, nos habíamos metido en este embrollo solo por el dinero y nada más.

Sin embargo, la otra noche no me di cuenta de que habíamos estado grabando todo nuestro encuentro hasta que volví a mi habitación y me puse a dar vueltas en la cama mientras intentaba con desesperación quedarme dormido.

Me habría dado igual que la cámara no hubiera estado ahí.

Y ese es el problema, porque no soy gay y Avi es mi hermanastro.

Para empezar, no debería haber hecho nada de lo que he estado haciendo con él, pero, en cuanto perdamos de vista el motivo por el que tuvimos que meternos en este negocio secreto, todo esto va a convertirse en un problema aún mayor…

, uno capaz de poner nuestro mundo patas arriba.

No quiero ni pensar en enfrentarme a ello.

Mi único objetivo desde los doce años ha sido enterrar todos mis problemas en lo más profundo de mi ser.

Evitarlos, distraerme y fingir que no existen.

Así es como sobrevivo… Es la única forma que conozco de sobrellevar el tormento mental al que me somete mi vida.

Pero no creo que pueda seguir compaginando estas dos versiones tan dispares de mí mismo mucho más tiempo…

«¿Acaso alguna de ellas representa a mi verdadero yo?».

«¿Quién soy en realidad?».

Todo este caos solo contribuye a aumentar el estrés de mi situación actual. Ahora mismo estoy preparando una maleta para volver a casa por las fiestas.

Se supone que las vacaciones de Navidad son para pasárselo bien. Seguro que la mayoría está deseando disfrutar de esta época del año con su familia, abriendo regalos, bebiendo chocolate caliente y compartiendo risas y momentos, como cualquier persona normal.

En cambio, yo estoy completamente aterrorizado mientras sustituyo las prendas que hay metidas en mi bolsa de viaje por ropa limpia.

Anoche volvimos de jugar un partido de los playoffs en Mississippi, en el que vencimos a Ole Miss por veinticuatro a diecisiete.

Fue un partido muy reñido… Su defensa se nos pegó como una lapa y creí que no lo conseguiríamos, pero al final logramos hacernos con la victoria por los pelos.

Me niego a admitir que tenía la cabeza en otro sitio, pero lo cierto es que me costó un poco concentrarme.

Y ahora me veo obligado a pasar una semana entera en la casa de la que tanto esfuerzo me ha costado escapar, compartiendo espacio con mi lamentable padre, mi pobre madrastra y el tío con el que he estado manteniendo relaciones sexuales a escondidas por dinero y que da la casualidad de ser también mi hermanastro.

«Si alguien tiene por ahí un frasquito de veneno que le apetezca meterme disimuladamente en el bolsillo del abrigo, este es el momento perfecto».

Guty se ha ido esta mañana temprano para coger su vuelo de vuelta a Nevada, así que estoy dando vueltas de un lado a otro por la residencia, y aún me quedan unas cuantas horas muertas antes de tener que marcharme…

Me saco el móvil del bolsillo, sin saber muy bien por qué, abro los mensajes y comienzo a escribir.

Yo: Ey… ¿Nos vemos un rato antes de volver a casa?

No paro de dar golpes en el suelo con el pie mientras me muerdo el labio y finjo que no estoy mirando la pantalla de reojo ni esperando impacientemente a que me lea.

Tras cinco largos minutos sin recibir respuesta, sacudo la cabeza y me dispongo a pedir un Uber, sintiéndome como un imbécil, pero, justo cuando voy a abrir la aplicación, me suena el aviso de un mensaje nuevo.

Avi: Sip, estaría bien.

Avi: Pásate por mi habitación. Y tráete hamburguesas

Pongo los ojos en blanco, guardo el móvil y me dirijo a la puerta con mis cosas.

Su edificio está a menos de cinco minutos andando, pero igualmente me subo el cuello del abrigo para protegerme del frío.

Cuando entro y subo hasta su planta, suelto un suspiro antes de llamar.

Los nervios me comen por dentro al oír sus pasos acercándose.

Abre de golpe, entusiasmado, pero la sonrisa radiante que le adorna los labios se le borra en cuanto me ve.

—¿A qué viene esa cara? —Me cuelo dentro y cierra la puerta—. ¿Esperabas a otra persona? —pregunto con una ceja enarcada mientras me quito el abrigo.

—Te pedí que trajeras hamburguesas y has tenido la osadía de presentarte aquí con las manos vacías. —Me rodea para ir a la cocina, en pantalones de chándal y con la gorra del revés, y me obligo a apartar la vista de su torso desnudo.

—No soy repartidor de comida a domicilio, capullo —gruño, cogiendo el vaso que me ofrece—. Si quieres hamburguesas, te las pides tú.

—Eres la alegría de la huerta —dice con una sonrisita sarcástica, y me encojo de hombros a la vez que le doy un sorbo a mi bebida.

Sin duda, me va a hacer falta para calmar el torbellino de emociones que se agita en mi interior por estar aquí de nuevo.

Creo que está claro que no soy de los que se dejan llevar.

A veces me gustaría, pero no va conmigo.

Llevo sin tener esa actitud despreocupada y optimista desde que era un crío.

Todo lo que hago está meticulosamente calculado para encajar con la imagen de mí mismo que he construido a lo largo de estos años y asegurarme de que no vuelvan a pillarme nunca con la guardia baja.

O al menos eso creía… hasta que empecé a mantener relaciones homoeróticas con mi hermanastro a cambio de dinero.

Que, por cierto, hablando de dinero, las cifras no han parado de aumentar.

Con los dos últimos vídeos hemos ganado más del doble que con los anteriores.

Y he de reconocer que ver el furor que causamos entre los fans, con mis propios ojos y en tiempo real, ha trastocado mis planes de dejar todo esto en cuanto consiga reunir la suma suficiente para cubrir los pagos de la residencia.

Al entregarme a esta situación, siento que me he puesto una nueva máscara.

Cuando estoy con Avi, soy otra persona. Interpreto un papel, y me da igual si parece real o no.

Esa versión de Kyran Harbor encuentra consuelo en el hecho de ceder el control…

Solo un poco, lo justo para abstraerse de la realidad y del insondable abismo de oscuridad que alberga dentro.

Ni siquiera responde al nombre de Kyran Harbor… Es simplemente @NoSoyTuCari .

—Oye, estaba pensando en una cosa… —dice Avi, mordiendo una pajita roja que ha metido en su bebida—. Deberíamos transformar mi OnlyFans en una cuenta conjunta. A la gente le flipan los perfiles de pareja. Además, ya no subo contenido en solitario.

A pesar de que estoy escuchándolo, no puedo apartar los ojos de la pajita a la que ha empezado a darle bocados.

—¿Eso es un Twizzler?

Esboza una sonrisa de oreja a oreja y asiente.

—¿Qué tienes? ¿Ocho años? —respondo.

—¿No te mola el rollito de Peter Pan que me traigo? —se burla.

Me quedo mirándolo unos instantes y luego sacudo la cabeza.

—Qué tonto eres.