Por los fans Capítulo dieciocho #5
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Capítulo dieciocho #5

«¿Ha dicho que soy… sexy?».

A ver, ser guapo es una cosa. Cualquier persona que te caiga bien puede parecerte guapa.

Pero sexy… Eso solo se lo dices a alguien que te atrae físicamente. Y sí, a lo mejor solo significa que quiere acostarse conmigo, pero, aun así, me resulta increíble.

«Esto no es solo por la cámara… Lo sé. Es un sentimiento genuino».

Kyran parpadea, porque me he quedado mirándolo como si me faltara un hervor.

—O sea, no me lo pareces, eres muy sexy… y tienes un cuerpazo… —se corrige.

De pronto, comienza a retorcerse más, se muerde el labio y rompe el contacto visual. Soy incapaz de contener la sonrisa psicótica que se me dibuja, así que entierro la cara en la curva de su cuello para ocultarla.

—Ah, ¿sí…? —murmuro con un leve ronroneo en la voz, besando su piel cálida.

—Sí —responde en tono ronco mientras le acaricio el pulso en círculos con la lengua.

—¿Te pone mi cuerpo, Ky?

Asiente con la cabeza.

—Sí… —Alzo la vista hacia él y fuerza una mueca de enfado que no engaña a nadie—. Pero no lo vayas contando por ahí.

Me echo a reír y él esboza una sonrisa, jugueteando con el pelo que me asoma por debajo de la gorra del revés que llevo puesta.

—Bueno, vale —susurro de forma provocativa—. Tu secreto está a salvo conmigo.

—Llámame guapo otra vez… —me pide, acomodándose en la cama.

—A tus órdenes, guapo —contesto al tiempo que le recorro la garganta a besos y desciendo hasta el pecho—. Eres una puta belleza, cari. —Le trazo el contorno de los pectorales con la lengua—. Qué bien sabes… Me dan ganas de hincarte el diente.

Se le escapa un gemidito cuando le rodeo el pezón con los labios. Lo succiono con fuerza y lo humedezco bien hasta que arquea la espalda.

—Es… increíble cómo mueves la boca.

—¿Te gusta que te bese por todas partes, bombón? —Le paso la lengua por el pezón y luego lo atrapo entre los dientes.

—Uf… Sí.

Su polla me está poniendo perdido y me vuelvo loco al sentir su tacto pegajoso contra mí.

Cambio al otro pezón, lo chupo un buen rato y restregamos las caderas hasta que ambos nos sumergimos en nuestros propios jadeos y gemidos.

Entonces le muerdo el contorno del pectoral y succiono sin parar, cada vez con más intensidad.

Kyran se deshace en quejidos de placer y, cuando por fin retiro la boca, veo una marca violácea donde estaban mis labios.

«Ay, mierda… Le he hecho un chupetón en el pecho».

Los sentidos se me nublan al contemplar mi obra y desciendo los labios hasta sus abdominales para morderlos y chuparlos del mismo modo…, dejándole tres marcas violáceas más sobre esas rocas de puro músculo.

Cuando alzo la vista para mirarlo, está completamente fuera de sí.

Tiene la cabeza echada hacia atrás, los ojos cerrados y los labios temblorosos.

Ni siquiera se da cuenta de lo que estoy haciendo.

Sonrío para mis adentros y sigo bajando por su cuerpo para dejarle más chupetones en la pelvis.

Como era de esperar, también aprovecho para chuparle la polla, porque es tan grande, gruesa y sabrosa que me resulta imposible resistirme…

, pero, al cabo de un rato, me obligo a apartarme de ella y sigo mi trayecto, besándole la parte interna de los muslos.

—Date la vuelta, precioso —murmuro, reclinándome hacia atrás para hacerlo girar hasta que se queda bocabajo sobre la cama.

Él se deja guiar sin rechistar y continúo besando y mordisqueando su piel dulce y cálida, dejando unos cuantos chupetones más en sus nalgas firmes.

—Te estás pasando con los mordisquitos, ¿no…? —gruñe, levantando el culo, como si lo estuviera disfrutando.

Me río entre dientes, le agarro las nalgas y se las separo de par en par, arrancándole un jadeo.

—Ay, qué tonto soy. Si yo había venido aquí a lamer.

Sin más dilación, porque llevo mucho tiempo queriendo hacerlo, cuelo los labios entre sus nalgas y le paso la lengua por el agujero.

—Ufff, joder… Avi, espera… —Se retuerce y hunde los dedos en el edredón—. Espera… Nadie me ha… Ay, Dios. Sí… Me encanta…

No puedo reprimir una sonrisita mientras le lamo el ano, besándolo y chupándolo como si fuera el bombón más dulce que he probado.

Nunca me han comido el culo, pero, a juzgar por cómo se estremece en mi boca, imagino que debe de estar recorriéndole el cuerpo un cosquilleo muy placentero.

Quiero seguir, pero siento que estoy a punto de explotar.

«Necesito metérsela o voy a acabar corriéndome sobre la cama».

—Cari, coge el lubricante que hay debajo de mi almohada —le ordeno, con la boca aún enterrada entre sus nalgas, y lo beso un par de veces más antes de alejarme de él.

Me pasa el bote y me echo un poco en los dedos para extendérselo por el agujero. Noto cómo lo aprieta ante mi tacto y dejo escapar un suspiro entrecortado mientras le deslizo la polla por el ano para humedecérmela bien.

—No tienes ni idea… —susurro, tirándole de las caderas hacia arriba hasta que se queda de rodillas— de las ganas que tengo de volver a rellenarte con mi polla.

Gira la cabeza por encima del hombro para mirarme.

—Supongo que las mismas con las que yo he estado deseándolo.

Me inclino sobre él, con el pecho pegado a su espalda, y le agarro la mandíbula al tiempo que mi polla se resbala entre sus nalgas.

—¿Deseando el qué? —Lo beso, metiéndole la lengua en la boca.

—Estar contigo —murmura con voz temblorosa contra mis labios—. Que me rellenes… y que me folles —añade, y traga saliva.

—No te bastó con una vez, ¿verdad, guapo?

—No. No he podido pensar en otra cosa que no fuera tu enorme polla cabalgándome el culo.

Tiemblo con tal intensidad que parece que convulsiono.

—Me estás haciendo perder la cabeza, cari… —Retiro las caderas y guío el miembro hasta su agujero.

—Ahora sabes cómo me siento yo —responde con un suave ronroneo.

Le apoyo la frente en el pelo y lucho contra la resistencia que opone su cuerpo, empujándole la punta poco a poco hasta que se desliza dentro de él con la ayuda del lubricante.

Se le escapa un gemidito ronco que me vuelve loco y comienza a restregar sus caderas contra las mías a medida que me voy introduciendo en él.

Lo penetro despacio, amoldándolo a mi grosor, hasta que mi pelvis choca con sus nalgas.

—Qué apretadito lo tienes, Kyran… —gruño, frotándome a un ritmo calmado contra la estrechez de sus paredes abrasadoras—. Me estás succionando la polla con el culo.

—Mmm… Jodeeer… Qué bien lo haces. —Los labios le tiemblan sin control alguno y los brazos se le estremecen mientras intenta sostenerse—. Fóllame, Avi… Más fuerte.

—¿Seguro? —Un escalofrío me recorre la piel y el corazón me martillea con fuerza el pecho conforme la saco lentamente y vuelvo a deslizarme dentro.

«Ni siquiera comprendo por qué me gusta tanto…».

Nunca me había sentido así haciéndolo… El sexo nunca me había parecido tan bueno como con él.

—Sí —contesta, hundiendo la cara en la almohada—. Destrózame.

—A tus órdenes, cari. —Le agarro las caderas, saco la polla casi por completo y, a continuación, se la vuelvo a meter con ímpetu.

Lo oigo sollozar contra la almohada, como si le doliera; sin embargo, por la forma en la que estira los brazos por encima de la cabeza y se agarra a las sábanas, temblando, parece estar completamente entregado al momento—.

Sería capaz de darte cualquier cosa que quisieras con tal de que no me privaras nunca de este culo…

No sé ni lo que digo… Se ve que me es imposible controlar lo que sale de mis labios mientras me muevo dentro de él de esta forma, inmovilizándolo debajo de mí y deslizándome hasta el fondo.

—Es tuyo —dice Kyran, para mi sorpresa, gimiendo y emitiendo quejidos de placer a medida que meto y saco la polla de su orificio caliente, resbaladizo y apretado—. Te lo juro… Esta sensación es incomparable.

—Entonces, ¿es mejor que tus dedos? —pregunto con voz ronca, embistiéndolo cada vez con más y más intensidad.

—Joooder, sí. Mucho… mejor.

El sonido del impacto constante de mi cuerpo contra el suyo se mezcla con nuestros jadeos entrecortados y el crujido de la estructura de mi cama, creando la melodía más erótica que he oído en mi vida.

Suena a polvo impetuoso, que es justo lo que está pasando, y me encanta.

Estoy empapado de sudor por la fuerza con la que contraigo los músculos mientras lo penetro una y otra vez sin piedad, sintiéndome al borde del colapso y a punto de estallar.

Levanto la mano que tengo apoyada en su cadera, donde mis dedos le han impreso su huella, y la extiendo hacia delante para rodearle la polla, que está dura como una piedra y aprisionada contra el colchón.

Él se estremece y se aprieta contra mí, incitándome a jugar un poco más con su cuerpo, de modo que le estrujo los huevos y comienzo a mover la mano de arriba abajo, agarrándole el miembro.

Le gotea tanto líquido que se lo ha empapado entero.

Me pringo los dedos de él, se los llevo a los labios y se los meto en la boca.

—¿Te gusta cómo sabe? —susurro mientras me los chupa con avaricia—. Solo yo soy capaz de hacerte chorrear así…

—Mmm —murmura, mostrándose de acuerdo.

—Esto es lo que te provoca sentir mi polla en el culo, Kyran.

Asiente con la cabeza de manera frenética. Le saco los dedos de la boca, lo agarro del cuello y lo levanto hasta pegarme su espalda al pecho. Me clava los dedos en los muslos, se restriega contra mí y marca el ritmo de mis embestidas, rebotando sobre mi miembro.

—Joder, cari… Eso es, cabálgame —le gruño en la oreja, succionándole el lóbulo, con una mano todavía alrededor de su cuello y la otra en el pecho, jugando con sus pezones.

—¿Por qué lo haces tan bien? —gime, retorciéndose contra cada centímetro de pene enterrado en su culo—. No me lo puedo creer… Jooder, Avi, me encanta tu polla.