Capítulo dieciocho #2
«No pinto nada aquí. Yo solo soy un friki del arte y un fumeta perdido en medio de un mar de deportistas».
—Nos quedan dos partidos más para llegar a la Rose Bowl —anuncia el entrenador a medida que el tumulto se va dispersando—.
Y estoy plenamente convencido de que jugaremos en California.
Así que me gustaría dedicar un momento para agradecérselo en persona a nuestro capitán…
—Señala a Kyran—. El dorsal nueve, Kyran Harbor.
Un aplauso para nuestro quarterback, que ha conseguido el mayor número de yardas por pase de la división.
La sala vuelve a llenarse de vítores, gritos de alegría y silbidos dirigidos a Kyran, que permanece sentado, sonriendo de manera educada.
Tiene las mejillas sonrojadas y odio que esa imagen me provoque un cosquilleo en el estómago.
Me resulta ofensivo que sea tan guapo… No puedo evitar admirar ese pelo rubio arena que siempre lleva perfectamente peinado hacia atrás con los dedos, el brillo de sus ojos color avellana, su mandíbula marcada y sus labios carnosos.
Por no hablar de ese cuerpazo que se gasta…
«Venga ya, el tío podría esforzarse un poquito y dejar de parecer tan follable aunque sean dos segundos, ¿no?».
—Kyran, estamos más que orgullosos de hasta dónde has logrado llevar al equipo esta temporada —lo felicita el entrenador con una sonrisa.
—Ha sido un esfuerzo conjunto —murmura él con la formalidad de un político, como si se estuviera postulando para algún cargo—. Lo hemos conseguido entre todos.
Desliza la mirada por la sala y, cuando se encuentra brevemente con la mía, la sonrisa le flaquea un poco antes de desviar la vista hacia otro lado. Al percatarme de ese gesto, tengo que contenerme para no poner los ojos en blanco.
—Pero quiero hacer mención especial a alguien… que siempre ha estado ahí para apoyarme —añade Kyran, y, por alguna razón absurda que no comprendo, el estómago se me sube a la garganta. Acto seguido, se recoloca en la silla y eleva las comisuras de los labios—. Mi mano derecha, Samson Gutierrez.
Todo el mundo rompe en aplausos mientras Guty le dedica una sonrisita de complicidad a Kyran y le da una palmadita en el hombro.
Siento retortijones, como si hubiera comido algo en mal estado.
No hay ningún motivo lógico por el que deba sentir celos…
Tampoco es que Kyran y Guty estén liados.
Son solo compañeros de equipo y mejores amigos.
«¿Verdad?».
Parpadeo con fuerza.
«No, no pueden estar liados. Es absurdo».
«Además, ¿a mí qué me importa?».
—Vosotros dos, junto con el resto de los jugadores tan maravillosos que conforman el equipo, vais a llevarnos a la Rose Bowl —responde el entrenador con confianza—. ¡¿Quién está listo para traerse ese trofeo a Boston?!
Todos comienzan a saltar y a gritar de la alegría… Todos, menos yo. Aun así, nadie parece percatarse. A ojos de los demás, soy igual de invisible que la silla en la que estoy sentado.
—¡Muy bien! —exclama el entrenador, soltando una palmada al aire—.
¡Hora de prepararse para darles una buena paliza a los Spartans!
Y no os olvidéis del banquete del equipo del mes que viene.
Si todo sale según lo esperado, la próxima vez que cenemos juntos será la noche antes del partido del campeonato.
Se oyen algunos vítores y gritos más y entonces el segundo entrenador nos da vía libre para ir a servirnos la comida. La gente se levanta y se amontona alrededor de las mesas del bufet mientras yo me pregunto cuántos minutos más tendré que quedarme aquí antes de escabullirme sin que se note.
«A la mierda. Nadie va a darse cuenta de que me he ido de todas formas».
Estoy a punto de levantarme y salir pitando cuando otra persona rubia igual de molesta se deja caer en el asiento justo al lado del mío.
—¡Hola, Baldwin! —me saluda Lexi Erikson entre risitas, echándose el pelo hacia atrás por encima del hombro—. ¿No te parece alucinante?
—Ya te digo… —murmuro, aunque mi cara debería bastar para responder a su pregunta—. Me hago pis encima de la emoción y todo.
Ella entrecierra los ojos ligeramente, pero sigue mostrándome su sonrisa blanca y reluciente. Supongo que es guapa…, si te van las rubias de bote ultradelgadas.
«A mí no me atraen, pero allá cada uno con sus gustos».
Se ve que me inclino más por los rubios altos de hombros anchos y con el ceño siempre fruncido.
—Tu hermanastro es increíble, ¿a que sí? —dice con un suspiro de admiración mientras sigue a Kyran con la mirada, que está sirviéndose lasaña en un plato y bromeando con Guty y Theo—. Si ganamos este año, puede que lo fichen para la NFL.
Frunzo el ceño y luego desvío la vista hacia Kyran. No sé por qué no se me había pasado por la cabeza antes…, pero tiene toda la razón. Es un jugador excepcional. Cuando los ojeadores se dejen caer por aquí el año que viene, seguro que se fijan en él.
De pronto, una punzada de incomodidad me atraviesa el pecho, como si alguien estuviera clavándome los dedos entre las costillas.
«¿Y si seleccionan a Kyran? Podría acabar en cualquier rincón del país… En algún lugar muy lejos de aquí».
Siempre he tenido claro que lo del OnlyFans era algo temporal, pero esta revelación me ha hecho poner los pies en la tierra de golpe. Si se va, puede que ni siquiera necesite el dinero para los dos próximos años de universidad…
Y lo nuestro se convertirá tan solo en un recuerdo secreto.
No me cabe duda de que el sueño de Kyran es jugar en la NFL. Al fin y al cabo, es a lo que aspiran todos los jugadores de fútbol americano, ¿no? Fichar por un equipo nacional… Llegar a la Super Bowl.
Son metas perfectamente alcanzables para una superestrella como él. Ya está triunfando, así que no tardará mucho en dejar atrás todo esto y al fumeta inútil de su hermanastro.
—Sí… Oye, me alegro de verte, pero creo que voy a…
—¡Chicos, venid aquí! —me interrumpe Lexi, chillando y agitando los brazos para llamar la atención del grupito.
Guty y Theo se dirigen hacia nosotros con los platos mientras Kyran se queda atrás, con una mirada llena de rabia que me da a entender que no quiere acercarse a mí bajo ningún concepto. Sin embargo, ya es demasiado tarde para oponerse, porque sus amigos se han sentado en nuestra mesa.
—Estaba aquí charlando con Baldwin —dice Lexi con cierto desprecio, y después le lanza una sonrisita coqueta a Kyran, que avanza indeciso en nuestra dirección.
Noto cómo sopesa sus opciones al percatarse de que hay un asiento libre a mi lado y otro al de ella, pero al final escoge el que está junto a Lexi.
—Sabes que ese no es mi nombre de verdad, ¿no? —resoplo, poniendo los ojos en blanco.
—Ya. —Alza la barbilla hacia mí—. Pero es que no me acuerdo de cómo te llamas.
Me clavo los dedos en los muslos con fuerza y aprieto la mandíbula.
—Me lla…
—Le estaba comentando a tu hermanastro que seguro que te seleccionan para la NFL —vuelve a interrumpirme Lexi, girándose para batir sus pestañas postizas frente al quarterback del equipo.
Kyran desliza los ojos con nerviosismo hacia los míos antes de fijarlos en su plato y seguir removiendo la comida con el tenedor.
—Bueno, todavía no se sabe. Y, de todos modos, no sería hasta la próxima temporada…
—¿Qué dices, tío? —exclama Theo, entusiasmado—. ¡Los ojeadores van a fijarse en ti sí o sí!
—Eso es, Nueve —coincide Guty, entre bocado y bocado—. Probablemente estén también en la Rose Bowl viéndote menear ese culito sexy —añade con una sonrisita burlona, guiñándole un ojo.
Y ahora no puedo dejar de imaginármelos a los dos juntos…, enrollándose en secreto en la habitación que comparten, igual que nosotros en la mía.
«Solo está de broma, gilipollas. Guty es hetero…».
«Igual que él, supuestamente».
«Joder. Estoy harto de todo esto».
Kyran se ríe por lo bajo, pero la cara le cambia por completo en cuanto nuestras miradas se cruzan, como si mi presencia ahuyentara su felicidad.
«Que les den por culo a todos. No soporto estar aquí ni un minuto más».
—Ey, Avi… —La voz de Guty me distrae de mis planes de huida—. ¿Por qué no te apuntas a los partidos que jugamos fuera de casa? —Levanta la vista de su plato y sonríe con picardía—. Nos vendría bien un poco de tu energía en lo que queda de los playoffs.
No sé si me está vacilando o va en serio. Normalmente parece un tío bastante bromista, así que es difícil pillarle el tono.
—¡Eso, tío! Me flipa cuando te pones a hacer el robot. —Theo comienza a partirse de risa y Guty asiente con la cabeza para mostrarse de acuerdo mientras ambos se mueven como un robot en sus respectivos asientos.
En otras circunstancias, estaría descojonándome con ellos, pero ahora mismo la verdad es que no me apetece. Me cuesta incluso forzar una de mis típicas sonrisas despreocupadas, y creo que es porque la mirada de fastidio reprimido de Kyran me está poniendo de los nervios.
—Es mejor que no venga —murmura este, sin dejar de mover de un lado a otro la comida en el plato—. Nos distraería demasiado.
«Eh… ¿Perdona?».
Contraigo la cara en una mueca de desconcierto e irritación a medida que me inclino hacia delante y entrelazo las manos sobre la mesa.
—A lo mejor solo te distraigo a ti, superestrella.
Alza los ojos hacia los míos y me fulmina con los remolinos de color bronce y verde de sus iris.
—Lo que tú digas, acosador. No engañas a nadie, solo querías ser la mascota del equipo para tener una excusa para seguirme.
La furia me corroe por dentro como si fuera ácido.
—¿«Seguirte » ? A ver si nos bajamos un poco los humos, chico de oro. No me importas tanto como para ir detrás de ti por todas partes.
Deja caer el tenedor sobre el plato con un fuerte sonido metálico y se endereza en el asiento.
—Ah, entonces estás en la Boston College porque no me seguiste, ¿verdad?