Por los fans Capítulo diecisiete #4
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Capítulo diecisiete #4

Mi cuerpo se empeña en saltar todos los obstáculos que mi mente no para de ponerle delante a modo de barricada.

«Se supone que esto es solo por trabajo… No deberíamos…».

—Sí estoy grabando —dice, deteniendo la espiral de pensamientos obsesivos en la que me había sumido, y apunta con el móvil a la cámara de vídeo—. No iba a permitir que nuestros fans se perdieran esta sesión especial de sexo telefónico. Así que dale a tu audiencia lo que pide, superestrella.

«Bueno… En ese caso, vale…».

Me incorporo y echo un vistazo alrededor.

—Puede que no tenga mucho tiempo… ¿Y si vuelve mi compañero?

Avi se encoge de hombros.

—Pues más morbo, entonces —dice sonriendo—. Imagínate inclinado sobre la cama de la habitación del hotel, mostrándole a la cámara tu culito perfecto, sabiendo que alguien podría pillarte de un momento a otro…

No puedo negar que me gotea la polla solo de pensarlo, de modo que me pongo a cuatro patas, dándome por vencido y sucumbiendo a mi necesidad aparentemente inquebrantable de correrme de las formas más ilícitas posibles.

Apoyo el móvil contra la almohada y me doy la vuelta para enseñarle el culo en primer plano, con la cara ardiendo como un horno ante la idea de entregarme a él como un fulano.

Pero entonces oigo a Avi emitir un gemidito ronco y sensual de aprobación, y una oleada de deseo se apodera de mí por completo.

—Qué culazo… Es perfecto, joder —murmura—. Tócate el agujero para mí, precioso. Enséñame lo que me estoy perdiendo.

Extiendo la mano hacia atrás, me deslizo un dedo tembloroso alrededor del ano y cierro los ojos al percibir cómo su respiración se vuelve más pesada al otro lado del móvil.

—Quieres follarme, ¿verdad? —susurro, presionándome el agujero ligeramente con la punta del dedo. No está lubricado ni nada, pero el hecho de sentir su roce, desesperado por introducirse en mí, me impulsa a mover las caderas, deseando frotarme la polla dolorida.

—Sería capaz de pillarme un vuelo hasta allí ahora mismo solo para follarte —gruñe, provocando que se me tense el pecho y se me encoja el estómago.

—¿C-cómo lo harías? —balbuceo, con el pulso desbocado mientras noto cómo me estremezco de la expectación.

—Me acercaría a ti por la espalda —responde con un rugido—. Te hundiría la cara en el colchón y te introduciría hasta el último centímetro de polla. Con una… embestida… profunda.

Los gemidos se me escapan de los labios sin darme tiempo a contenerlos.

—¿Rápido o lento?

—Despacio al principio… —musita—, pero no voy a poder resistirme a cabalgarte con fuerza hasta el fondo en cuanto me adentre en tus paredes cálidas y prietas.

Dejo caer la cara en el edredón y, con el culo en pompa, procedo a meterme un dedo, ignorando el ardor de la penetración sin lubricante. No lo entiendo en absoluto, pero necesito sentirme lleno. El apetito que me invade es tan intenso que parece casi primitivo.

—Dios… Cómo me gustaría que fuese tu polla… —digo jadeando.

—Date la vuelta, cari —suplica Avi con voz ronca—. Enséñame tu cuerpo. Quiero apreciar tu belleza.

Ni siquiera recuerdo dónde estoy. El deseo me domina por completo y actúo por puro impulso. Me giro, cojo el móvil y me tumbo bocarriba, enfocándome el cuerpo desde abajo con la cámara.

—Ábrete de piernas —me ordena, y obedezco. Las separo bien y alzo las caderas un poco para que también me vea el culo y los huevos—. Qué bien… Pienso explorar todos esos lugares con la lengua.

Me agarro la polla y comienzo a tocarme poco a poco de nuevo, retorciéndome contra mi mano, mientras él resopla, gruñe y se la menea, igual que yo.

—Ahora humedécete el dedo.

Me introduzco el índice y el corazón en la boca, los chupo con cierta urgencia y luego me los deslizo por el pecho. Me acaricio los pezones y un escalofrío me atraviesa la ingle conforme voy descendiendo hacia la entrepierna.

—Sé que echas de menos mi polla… —gimotea—. Ojalá estuviera allí para follarte. Pero vas a tener que conformarte con tus dedos, ¿vale?

Me muerdo el labio y asiento rápidamente al mismo tiempo que los inserto entre las nalgas.

A estas alturas, ya no me importa ni el dolor ni la incomodidad…

Siento que estoy ardiendo en lo más profundo de mi ser y necesito aplacar las llamas.

Así que me meto los dedos, forzándome a relajar los músculos para acogerlos de una sola vez.

Inclino la cámara para que Avi observe cómo me voy dilatando con ellos, impulsándolos hasta el fondo. La experiencia resulta tan placentera como frustrante, porque sé que mis dedos no igualan ni de lejos el grosor y la longitud de su pene.

—Eso es, métetelos y muévelos para que yo lo vea, cari.

—La voz le sale entrecortada, grave y baja.

Me encanta cómo suena… Parece estar cachondo a más no poder y a punto de correrse solo por verme.

Imagino que así deben de sentirse los fans—.

Fóllate ese agujero prieto con los dedos, tal y como lo haría yo con mi enorme polla si estuviera allí…

—Ufff, joder… Fóllame. Quiero que me folles… más fuerte. —Ni siquiera soy consciente de lo que digo, estoy concentrado en mover las caderas contra la mano mientras se me estremece la polla y se me hincha sobre el abdomen.

Cuando alzo el móvil y abro los ojos lo justo para echarle un vistazo a Avi, lo pillo mordiéndose el labio, con los ojos fijos en mis movimientos al mismo tiempo que se la sacude con gestos frenéticos.

—Te estoy follando fuerte, cari —dice jadeando, y yo gimo, hundiéndome los dedos en el ano una y otra vez—. Así me gusta… Siente mi polla.

—Córrete para mí —susurro, agitándome aún más al rozarme la próstata con los dedos—. Quiero ve-ver cómo te… corres.

—Estoy a punto —masculla—. Casi llego…

—Yo también.

Pongo toda mi atención en su rostro, en la forma en la que se esfuerza por mantener los ojos abiertos y no perderse nada de lo que hago…

Tengo las piernas abiertas de par en par mientras me estimulo el culo con la mano y la polla me gotea sobre el abdomen sin necesidad de tocarla. Parece fascinado con la imagen, al igual que yo. No hay nada que desee más en este instante que correrme…

A la misma vez que Avi. Por los fans… y también por él.

—Me corro, cari… —dice con un jadeo ahogado.

—Córrete dentro de mí —sollozo tan bajo como puedo al tiempo que me preparo para el clímax.

— Joder… Me corro dentro de ti. —Dirige la cámara hacia su miembro y lo veo exprimirse hasta la última gota, empapándose el torso de semen—. ¿Notas cómo me late la polla, cari?

—Sí, sí —gimo mientras me estalla la mía. El culo se me contrae alrededor de los dedos con tanta fuerza que apenas puedo moverlos—. Joder… Ay, Dios…

El semen me sale disparado de la punta y me aterriza en el pecho a la vez que tiemblo de placer y lucho por recuperar el aliento. Otro orgasmo alcanzado sin tocarme la polla…

«¿Pero qué cojones me pasa?».

Me tiro un buen rato inmerso en la euforia del momento, tumbado sobre la cama con los dedos en el ano y empapado de mi corrida, hasta que oigo ruido en el pasillo; abro los ojos de golpe y me enderezo.

—Hostia puta, me cago en todo… —Me levanto de un salto de la cama con los calzoncillos en la mano, salgo escopeteado hacia el baño y cierro la puerta, sintiendo cómo el corazón me martillea contra las costillas.

Avi se echa a reír y me coloco la pantalla delante de la cara.

—No tiene gracia. Creo que viene alguien…

—Qué adorable eres —me suelta entre bostezos.

Frunzo el ceño y apoyo el móvil contra el espejo del lavabo para limpiarme.

—Cierra el pico, capullo.

Ya no oigo nada más, así que supongo que me he alarmado sin motivo. Pero, aun así…, no podía arriesgarme. Lo último que necesitaba era que Guty irrumpiese en la habitación y me pillara cubierto de mi propia corrida, con los dedos metidos en el culo y haciendo una videollamada con mi hermanastro.

—Estoy deseando que vuelvas… —balbucea Avi.

Cuando miro a la pantalla, me lo encuentro medio dormido, acurrucado desnudo en su cama.

Al verlo, me invade un sentimiento extraño que se me asienta entre las costillas… Una presión incómoda parecida a la añoranza. Pero decido apartarla a un lado y termino de asearme, ignorando el escozor que siento en el culo y en el pecho.

—Tengo que irme —resoplo.

—No te vayas, cari… —susurra adormilado—. Déjame estar contigo…

No sé si lo dice en un sentido más profundo o si se refiere a que no finalice la videollamada, cosa que no puedo hacer por razones obvias, así que no importa.

—Voy a colgar ya, Avi —respondo con suavidad, mirando cómo duerme—. Nos… nos vemos pronto.

Cuando cuelgo, salgo del baño, pongo el móvil a cargar otra vez en la mesita y me acurruco en la cama. Y, como estoy agotado y satisfecho, no tardo en sumergirme en un sueño apacible…

Con una sonrisa en los labios que me es imposible reprimir.