Capítulo diecisiete #3
A la gente de Tucson no le ha sentado nada bien que lleguemos de Nueva Inglaterra a machacar a su equipo, pero da igual, porque esta temporada lo estamos petando y nos sentimos imbatibles.
Por eso, cuando Guty y Theo me suplicaron que me uniera a la fiesta que había organizado este último en su habitación con el resto del equipo y un montón de chicas, llegué a pensármelo de verdad, aunque el entrenador nos hubiera advertido muy seriamente que no nos pasáramos de la raya por la noche.
Pero entonces mi parte racional se impuso y decidí irme a la cama para descansar un poco. Tenemos el vuelo de vuelta a Boston a las siete de la mañana y preferiría viajar sin resaca.
Comparto habitación con Guty, pero, como él está liándola por ahí en el pasillo, la tengo toda para mí.
Me viene de perlas, porque lo único que me apetece es poner la tele a un volumen bajito y dejar que me arrulle hasta que me venza el sueño, que, a juzgar por el agotamiento físico y mental que acarreo, será más pronto que tarde.
Me quedo en calzoncillos, me meto en la cama del hotel, que, para mi sorpresa, es comodísima, y cambio de canal hasta decantarme por una reposición de The Office.
Pongo el móvil a cargar en la mesita de noche y programo dos alarmas para asegurarme de que no se me peguen las sábanas.
Justo en ese momento, me llega un mensaje nuevo.
Avi: Enhorabuena, superestrella. Gran partido el de esta noche.
Opto por contestarle de manera educada y breve.
Yo: Gracias.
Lo lee en cuanto le doy a enviar y no puedo evitar sonreír con suficiencia ante la idea de que estuviera esperando mi respuesta. Luego aparecen en pantalla los puntos suspensivos que me indican que está escribiendo y aguardo pacientemente la chorrada que seguro que va a soltar.
Avi: Veo que eres capaz de ganar sin tu amuleto de la suerte cerca… Avi: (O séase, yo)
Ensancho la sonrisa y se me escapa una risita de la boca antes de que me percate de ello, pero la reprimo para responderle.
Yo: Me ha costado mucho menos concentrarme sin tenerte meneando el culo por la línea de banda.
Avi: Sabía que estabas pendiente de mi actuación.
Resoplo en voz alta.
Yo: ¿¿Actuación??
Avi: Claro. La de Baldwin el Águila poseído por el ritmo del funky.
Yo: Eres tontísimo.
Avi: ¿Y qué estás haciendo ahora?
Entrecierro los ojos, con la vista fija en la pantalla.
Yo: Preparándome para dormir… ¿Por qué? ¿Qué estás haciendo tú?
Avi: Lo mismo. Avi: Así que… supongo que es como si nos fuéramos a la cama juntos
Yo: No. No lo es. Yo: Además, ¿allí no son las diez? ¿Qué haces en la cama tan temprano?
Avi: Vale, me has pillado. Es que estoy jugueteando con mi polla…
Trago saliva y me remuevo bajo las sábanas, con un cosquilleo de excitación indeseado en el estómago.
Avi: ¿Quieres verla?
Yo: No.
Pero, por supuesto, como es Avi, mi negativa no lo frena. Al cabo de un segundo, me aparece una fotopolla suya en la pantalla y me estampo el móvil bocabajo contra el abdomen de manera instintiva.
Sacudo la cabeza mientras murmuro «imbécil» a la nada. Acto seguido, me dispongo a dejar el teléfono en la mesita y dormir, pero mi mano le da la vuelta despacio en contra de mi voluntad.
«Solo un vistacito rápido…».
Es indudablemente el pene de Avi. En la foto sale duro y grande y lo está rodeando con la mano a la vez que se acaricia la punta gruesa y expuesta con el pulgar.
Avi: Te toca.
Yo: Paso.
Avi:
Yo: Avi…
Avi: ¿Estás solo?
Yo: Sí.
Avi: Entonces, pórtate bien y enséñame la polla.
Un escalofrío me atraviesa la piel al leer su mensaje. Las palpitaciones que me recorren los huevos me recuerdan que llevo un tiempo sin correrme y entonces mi mente se remonta a la última vez que lo hice… Y a lo que estaba pasando cuando ocurrió.
Me muerdo el labio, con la polla cada vez más dura tras pensar en todo aquello, pero me fuerzo a mantenerme firme y respondo.
Yo: No sirve de nada si no estamos grabando, tonto del culo.
Avi: ¿Quién te dice que no vaya a subir todo esto para los fans? Avi: Si me pasas un vídeo, mejor que mejor…
Estoy resistiéndome con todas mis fuerzas a la necesidad de ceder ante sus deseos cuando me llega otro mensaje.
Avi: Por favor, cari. Llevo todo el día pensando en tu culo… Me tienes chorreando.
Me llevo a regañadientes la mano que me queda libre a la polla, me la toco por encima de los calzoncillos y cierro los ojos.
«¿Por qué narices estoy haciéndole caso? ¿Y por qué se me han tensado tanto los huevos solo por un mensaje de mierda?».
No logro entenderlo. Escapa a toda lógica. Aun así, pese a que soy consciente de que no debería, me bajo los calzoncillos y saco una foto.
«Solo una. Para que se calle».
Avi me responde a los segundos de habérsela enviado.
Avi: Joder, me encanta tu polla.
Me muerdo el labio un poco más y contesto.
Yo: Va a ser que no.
Avi: Sí, es enorme…
La respiración se me acelera y siento que me precipito de cabeza a un abismo insondable a medida que escribo las siguientes palabras.
Yo: La tuya también.
Avi: Lo sé. ¿Quieres que nos toquemos a la vez?
Me sorprendo a mí mismo asintiendo sin darme cuenta mientras cierro los dedos alrededor de mi polla y comienzo a acariciármela poco a poco.
«Solo necesito correrme y ya está. Un orgasmo es un orgasmo, da igual quién lo provoque…».
Avi: ¿Te apetece que le dé unos cuantos lametones a esa polla tan bonita que tienes?
Yo: Sí… Me gusta cómo lo haces.
Avi: Ya… Algo intuía por las gotitas de semen que te salen cada vez que te la chupo.
—Joder… —Echo la cabeza hacia atrás, cierro los ojos y muevo la mano de arriba abajo al mismo tiempo que me lo imagino jugueteando con mi polla entre esos labios suaves y carnosos.
No me puedo creer que esté haciendo esto… Es una completa idiotez y no forma parte de nuestro acuerdo. Además, Guty podría aparecer por la puerta en cualquier momento.
Pero ese pensamiento solo consigue ponérmela aún más dura.
Avi: Grábate.
Con las manos temblorosas por la adrenalina y la lujuria contenida, obedezco sus órdenes y pulso el botón de grabar mientras me masturbo. Aunque el vídeo solo dura unos segundos, se queda callado un minuto entero cuando se lo envío.
Avi: Joder, me vuelves loco.
«Le ha gustado…».
Yo: ¿Te gustaría que estuviera ahí contigo?
Avi: Sí… Me muero por tenerte en mi cama.
El deseo que me sacude por dentro está logrando doblegar mi voluntad de resistirme a pasos acelerados.
Yo: ¿Qué me harías?
Avi: Me metería tu polla en la boca y jugaría con ella.
—Mmm… —gimo sin poder controlarme, con la piel ardiendo entre las sábanas. Me agarro la polla con más fuerza, acelero el ritmo y me rozo la punta con los dedos, deseando que fuese su lengua.
Avi: Luego te colocaría una rodilla a cada lado del cuello y haría que te tragaras la mía centímetro a centímetro.
Antes siquiera de pensar en qué decirle, me envía un vídeo. Cuando lo abro, clavo los ojos en la pantalla de inmediato, maravillado ante la imagen de su polla de cerca y de sus largos dedos recorriéndola, descendiendo hacia los testículos para acariciárselos.
Avi: Ábrete bien para mí, cari. Avi: Quiero que me chupes los huevos… y que me lamas el culo.
Se me escapa un gemido tembloroso de la boca al imaginármelo sentado en mi cara, restregándome la cabeza húmeda de su polla por los labios, cabalgándome la boca…
Avi: Voy a llamarte por videollamada ahora mismo.
Una repentina punzada de miedo y vergüenza me tensa los músculos.
Yo: No, no me llames.
Avi: Contesta, Kyran, joder. Necesito verte.
Una sensación extraña me atraviesa el pecho, pero no me da tiempo a pensar en ella, porque el móvil comienza a sonar y veo una videollamada entrante. Me incorporo sobre los codos, me echo el pelo hacia atrás a toda prisa y, con los nervios a flor de piel, deslizo el dedo para contestar.
—Hola. —Ladea la cabeza y yo aprieto los dientes, intentando mantener desesperadamente mi mueca fingida de fastidio.
—¿Qué quieres…? —gruño, con las mejillas encendidas al notar su mirada fija en mí a través de la pantalla.
Me recorre con los ojos de arriba abajo al darse cuenta de que parezco no llevar nada de ropa, aunque no debería sorprenderle, teniendo en cuenta lo que estábamos diciéndonos hace un momento.
Él también da la impresión de estar desnudo, así que me resulta imposible dejar de masturbarme lentamente con la otra mano.
—Quiero hacer que te corras —susurra, mordiéndose el labio— a miles de kilómetros de mí.
Trato de fingir que me molesta con todas mis fuerzas, pero el hecho de que me esté observando me enciende por dentro y despierta en mí una pasión prohibida.
—Eso es… Sigue mirándome así. —Aletea las pestañas mientras mueve el otro brazo. Creo que está tocándose, igual que yo.
—¿Así cómo? —gruño. Ladeo la cabeza justo cuando inclina el móvil un poco hacia abajo y capto un destello de sus abdominales.
—Con ese ceño fruncido tan característico tuyo y esos ojos que me piden a gritos que te folle. —Sonríe perezosamente—. Me encanta que me mires así.
—Deja de hablar —farfullo entre dientes, echando la cabeza hacia atrás mientras me meneo la polla con el puño con más intensidad. La frustración que me produce cada interacción con él me sumerge en un torbellino confuso de deseo.
—Pero es que necesito decirte algo… —murmura, y abro los ojos despacio hasta encontrarme con sus iris grisáceos, oscurecidos por la penumbra de su habitación.
—Pues dímelo ya —mascullo.
—Quiero comerte el culo, cari —responde, provocando que los testículos me palpiten con fuerza.
Antes de que pueda echarle la bronca por lo de «cari», prosigue—: Llevo dándole vueltas desde la última vez que estuvimos juntos…
Quiero lamerte hasta que se te salten las lágrimas y luego rellenarte con mi polla.
—J-joder… —gimoteo, estremeciéndome ante sus palabras y su forma de susurrármelas a través del altavoz.
—Enséñame el culo, Ky —me ordena.
—P-pero no estás… grabando.