Capítulo diecisiete
Kyran
M e siento bastante incómodo.
De hecho, mi incomodidad alcanza unos niveles estratosféricos al abrir el archivo y el estómago me da volteretas ante la idea de lo que estoy a punto de ver.
Un vídeo mío manteniendo relaciones… con un hombre.
En concreto, un vídeo mío perdiendo mi virginidad anal con mi hermanastro… por dinero.
Todavía no sé si esto es real. Tal vez esté deambulando perdido por alguna dimensión rara.
«Estupendo… Ahora también me ha dado por hablar como él. Lo que me faltaba».
El vídeo empieza a reproducirse y noto cómo el corazón se me sube a la garganta.
Abro los ojos de par en par cuando aparecemos Avi y yo de pronto en la cama, que estaba vacía hasta hace un momento.
Comenzamos a besarnos e intento no revolverme de la incomodidad cada vez que me toca en pantalla, porque necesito verlo.
Solo para asegurarme de que está a la altura de mis estándares.
Aun así, el vídeo me resulta tan abrumador que me estoy planteando quitarlo. O sea, no hay más que vernos… ¿Qué cojones estamos haciendo?
La forma en la que sus manos me recorren los músculos y las mías hacen lo mismo con los suyos… es tan desconcertante como perturbadora. Ni siquiera nos reconozco. Parecemos dos personas completamente distintas.
Dos personas que dan la impresión de atraerse mucho…, muchísimo.
La escena sigue su curso con los labios de Avi sobre los míos y mis dedos empapados de lubricante. La polla se me está poniendo dura de recordarlo y no puedo dejar de moverme, nervioso, porque no quiero reaccionar de esta forma.
Nunca he consumido porno gay, pero ni siquiera en los vídeos caseros heterosexuales de Pornhub recuerdo haber visto nada tan sensual, indecente y realista.
Tengo la espalda arqueada sobre la cama, los labios temblorosos y los ojos tan en blanco que seguro que dieron una vuelta completa en las cuencas.
«¿Cuándo he actuado yo así?».
El único motivo por el que sé que soy yo el que sale en el vídeo es que, por desgracia, aún lo siento abriéndose paso dentro de mí, amoldando las paredes a su grosor, restregando su pelvis contra mis testículos y hundiéndome el miembro hasta el fondo, como si quisiera llegar a las amígdalas.
Han pasado unos cuantos días desde aquello y sigo sintiéndolo por todas partes, lo cual no presagia nada bueno, porque, en teoría, esto son solo negocios, un trabajillo al que accedí únicamente por el dinero. Pero no creo que haya nadie en el mundo que disfrute tanto trabajando…
Cuando el completo desconocido que se parece a mí comienza a deshacerse en un orgasmo, cierro la pantalla del portátil de golpe y suelto un resoplido.
—A la mierda.
Me llevo la mano a los pantalones y me acomodo la polla, que amenaza con salirse de ellos.
El vídeo está bien. Lo único humillante son los detalles que nadie sabe… Que no soy gay y que el tío que se me ha corrido en el culo es mi hermanastro, además de la persona a la que más detesto en la faz de la tierra.
A los fans va a gustarles. Se nota que hay química…
Me abstraigo todo lo que puedo de la situación, cojo el móvil y escribo a Avi.
Yo: Súbelo.
Tarda tan solo unos segundos en responderme.
Avi: Avi: Voy a tardar un momentito en editarlo. En cuanto esté, lo pongo como contenido de pago por visión. Avi: Tengo que distorsionarte la voz cuando gritas mi nombre
«Puaj».
Yo: Vale.
Avi: ¿Has pensado en lo que te dije?
Pongo los ojos en blanco al leerlo.
Avi me llamó ayer para tratar temas logísticos relacionados con nuestro negocio.
Bueno, a decir verdad, ignoré sus tres primeras llamadas, pero, a la cuarta, acabé contestando, porque había logrado cansarme, algo que le resulta sorprendentemente fácil, aunque no entiendo por qué y tampoco quiero darle muchas vueltas.
Me insistió en que me creara una cuenta anónima de Twitter para ayudarlo a promocionar las colaboraciones del OnlyFans.
Al principio me negué, como era de esperar.
Pero estoy aprendiendo por las malas que puede llegar a ser demasiado persistente cuando se lo propone y, por alguna razón que desconozco, siempre termino cediendo a sus exigencias.
No paro de repetirme a mí mismo que todo esto es solo por el dinero… Sin embargo, desde que nos embarcamos en esta aventurilla, cuando me tumbo en la cama por las noches afloran todos esos pensamientos que trato de enterrar durante el día.
El hecho de que sea él quien tome las riendas me tranquiliza de un modo que no sé cómo gestionar emocionalmente. Por no hablar de que no me siento preparado para asimilar la idea de tener a Avi sentado a mi lado en este avión que desciende en picado hacia un inminente desastre.
«Ay, Señor, llévame pronto».
Con la intención de quitármelo de encima (de manera figurada, supongo…), abro Twitter en el móvil y me creo un perfil rápido.
Ya tengo uno, aunque no lo uso nunca. Me lo hice cuando se puso de moda, antes de darme cuenta de lo…
irritante que podía llegar a ser la gente en esta red social.
Pero me imagino que es el mejor sitio para promocionar nuestros trabajitos sexuales en internet, dada la escasa censura que hay.
Existe una faceta porno en Twitter de la que no sabía nada hasta que Avi me enseñó su cuenta. Si indagas bastante, acabas encontrando el tipo de contenido que haría que Mark Zuckerberg mojara los calzoncillos de abuelo que seguro que lleva.
«Se ve que Elon Musk sigue unas directrices distintas».
Da igual. El caso es que esta cuenta es nueva y solo voy a utilizarla para este propósito. Nada de caras. Solo voy a poner un selfi de mi torso sin camiseta de foto de perfil.
Pese a lo poco que me apetece hacer todo esto, curvo los labios en una sonrisita de satisfacción al escribir mi nombre de usuario: @ NoSoyTuCari.
«Chúpate esa, @GorraDelRevés , a ver dónde te guardas ahora el ego».
Sigo a Avi y, antes de pasarle mi cuenta, me llega un mensaje suyo.
Me duelen las mejillas de sonreír y por dentro estoy dando saltitos triunfantes de alegría, pero, al cabo de un minuto, me envía un archivo y la cara me cambia por completo.
Es un GIF… de nosotros dos follando. Ha hecho un GIF de nuestro vídeo, concretamente del momento en el que me corro gracias a su polla y encojo los dedos de los pies dentro de los calcetines, que, por lo visto, se me pasó quitarme. Debajo ha escrito: «Pues aquí sí que pareces mi cari».
Borro el mensaje a toda prisa. Aunque tampoco es que eso vaya a servir de mucho, porque, si alguien se hiciera con mi móvil, encontraría igualmente material de sobra para exponer mi vergonzoso negocio secreto.
Avi: ¿En serio? Avi: @NoSoyTuCari…
Yo: Que te den.
Vuelve a enviármelo.
«¡Joder!».
Lo borro de nuevo.
Pero lo manda una y otra vez, de modo que me tiro un buen rato borrando mensajitos con el dichoso GIF, echando humo por las orejas.
«Menos mal que Guty está en el gimnasio ahora mismo y no puede cotillearme la pantalla por encima del hombro».
Yo: ¡PARA YA!
Avi: Jeje.
Yo: Déjate de tonterías y dime qué cojones quieres que haga con la cuenta.
Avi: Estoy subiendo el vídeo a OnlyFans. Cuando termine, retuitea el avance que voy a publicar en mi perfil.
Yo: Vale.
Avi: Bueno… ¿Nos vemos esta noche para seguir… trabajando?
Lo oigo en mi mente diciendo esas mismas palabras en voz alta y siento retortijones en el estómago solo de leerlas.
«Odio los nudos. Si fuera por mí, solo habría líneas rectas».
Yo: No.
Avi: ¿Por qué no?
Yo: Porque me voy a Arizona por la mañana y no tengo tiempo para aguantar tus movidas.
Avi: ¿Y no estarías mucho más relajado en los playoffs si pasaras un ratito con mi polla y te corrieras hasta quedarte bizco del gusto?
Un ruidito absurdo se me escapa de la garganta sin poder evitarlo y me muerdo el labio. Aprieto los dientes con rabia y le escribo un mensaje, ignorando las palpitaciones que noto en los testículos.
Yo: Vete a la mierda, Avi. Lo único que necesito de ti es el dinero. ¿Te enteras?
Guarda silencio durante un minuto entero y, cuando por fin responde, me envía solo un GIF de Óscar de Barrio Sésamo emergiendo de su cubo de basura.
Pongo los ojos en blanco, guardo el móvil, me levanto y voy dando pisotones hacia mi cuarto para coger la bolsa del gimnasio. Tengo la cabeza hecha un lío y me niego a permitir que la irritación y la confusión que siento ahora mismo acaben tomando el control de mi cuerpo.
«Necesito entrenar. Centrarme en el fútbol y nada más».
Al fin y al cabo, si no gano los partidos que quedan y mi equipo pierde el campeonato por culpa mía, estas chorradas no servirán de nada.
Salgo de la residencia y me sumerjo de lleno en el aire frío de diciembre para dirigirme al Fish Field House.
Es el edificio donde se llevan a cabo todos nuestros entrenamientos y prácticas.
El gimnasio está bastante bien. A veces vamos al del centro de recreo, pero, como nos encontramos en plenos playoffs y mañana jugamos fuera de casa, estoy seguro de que la mayoría de mis compañeros han acudido a este.
Tras ponerme los auriculares y coger mi botella de agua, guardo mis cosas en una de las taquillas y entro en el gimnasio.
Tal y como esperaba, muchos de los chicos del equipo están aquí y me saludan con un gesto de cabeza en cuanto aparezco por la puerta.
Algunos me gritan algo, pero no nos paramos a charlar.
Creo que notan por mi actitud que no estoy de humor para conversaciones triviales, así que perfecto.
Me coloco en una de las máquinas de piernas y echo un vistazo alrededor. No veo a Theo ni a Guty por ninguna parte, lo cual es raro, porque creía que me habían dicho que iban a bajar.
«A lo mejor han ido a la piscina…».